Un momento más

Capítulo 4

—¡No! No lo hare.

Mis amigas están tratando que haga una estupidez.

—Vamos Kerent, has algo divertido y un bono será que Alexia quedará como estúpida —grita Lisa dando vueltas alrededor mía.

—No.

—Kerent yo también quiero que lo intentes —soltó Ariana de golpe.

—Me lo esperaba de Lisa, pero no de ti —murmure mirándola con enojo.

—Pero, si hasta Cedric ha aceptado ya.

—Pero... me da vergüenza.

—No harás nada malo, solo pasaras un momento agradable con Cedric frente a Alexia, y ella vera que tu no estas estancada con Adrián.

—Pero si estoy estancada —admití con desgano.

—¡Señoritas! Si fueran tan amables de no faltarle el respeto a mi clase —gritó el profesor.

—Hic —chillamos las tres al mismo tiempo.

Si... estábamos hablando en medio de la clase, ellas querían que yo le mostrara a Alexia que no me importaba que se revolcara con mi prometido.

—Después de clases nos vamos para mi habitación, te dejare radiante —susurro entre risas Ariana.

—Está bien —murmure derrotada.

En parte si quería demostrarle eso, pero por otro lado me avergonzaba que me vieran con otro chico que no es mi prometido, porque eso crearía chiste y la segunda razón era que sentía que estaba utilizando a Cedric y los humanos no se utilizan, además él es mi amigo.

||||

—Te queda perfecta esa sombra café con el labial rosa —se emocionó Lisa mientras me aplicaba la dichosa sombra con demasiada confianza.

—Oigan... creo que con este maquillaje voy a espantar a Cedric —dije, observándome en el enorme espejo de cuerpo completo.

Mi reflejo me devolvió una versión de mí que casi no reconocía.

—Pero ¿qué dices? —rio Ariana—. Te ves espléndida.

Intenté creerles, de verdad lo intenté.

—¿Saben qué? —dijo Ariana de pronto, pensativa—. Será mejor llamar a una sirvienta que sepa de maquillaje.

Asentí de inmediato, esa sí era una buena idea.

Habíamos crecido siendo atendidas toda la vida, saber arreglarnos por nosotras mismas nunca fue una necesidad real, lo poco que sabíamos era apenas la superficie.

Lisa fue por la sirvienta, y cuando regresó, la mujer trabajó con precisión y delicadeza, como si mi rostro fuera una obra que merecía respeto.

—Y así quedaría —afirmó al final, extendiéndome un pequeño espejo de mano, ya que estábamos lejos del espejo grande.

Tomé el espejo con manos temblorosas.

—Wow... —susurré—. Me veo tan bonita.

Mis ojos brillaban, eran hermosos.

—¡Kerent! Cedric ya te está esperando —gritó Lisa, zarandeándome de lo emocionada que estaba.

—Estoy nerviosa —susurré, sosteniéndome el estómago.

—Los nervios déjalos para después.

Ambas me jalaron de los brazos, sacándome de donde estábamos. Al llegar abajo, nos despedimos de la pelirroja y, cuando llegamos a la puerta, vimos a Cedric.

—¡SUERTE! —gritaron ambas, aventándome sobre él.

Qué malvadas... me mintieron, dijeron que iban a ir conmigo.

Levanté la mirada, apartándome un poco de su lado para poder verlo mejor sin que notara lo nerviosa que estaba.

—Kery, te ves... espléndida —susurró, tomando mis manos con suavidad.

"..."

Ja, ja... respira.

—Gracias... tú te ves... —seguí recorriéndolo con la mirada, desde su cabello hasta sus zapatos, intentando que no notara lo evidente que era mi admiración— atractivo.

Qué envidia... a él todo le quedaba tan bien.

Él carraspeó suavemente, bajando un poco la mirada mientras susurraba un agradecimiento, como si también estuviera intentando controlar sus propios nervios.

—Vamos —dijo finalmente, entrelazando sus dedos con los míos antes de empezar a caminar, guiándome hacia el lugar que Ariana había preparado.

Pasamos por varios pasillos, algunos alumnos desviaban la mirada hacia nosotros, cuchicheando en voz baja, otros simplemente nos ignoraban, demasiado ocupados en sus propios asuntos.

Cuando llegamos al gran árbol donde solíamos hacer los picnics, me quedé sin aliento, todo estaba espléndidamente arreglado: un mantel de cuadros perfectamente extendido sobre el césped, una canasta en el centro y pequeños detalles que hacían que el lugar se viera casi mágico bajo la luz suave de la tarde.

Me quedé observando el mantel unos segundos más, intentando recordar que todo esto era solo una actuación, una pequeña estrategia y una forma de devolver el golpe.

Pero cuando Cedric soltó mi mano solo para acomodar mejor la canasta y luego volvió a entrelazar sus dedos con los míos... algo dentro de mí se sintió demasiado real.

—¿Te gusta? —preguntó, mirándome de un lado a otro suspirando.

—Es... perfecto —respondí bajito.

Él sonrió, no esa sonrisa presumida que usan algunos chicos cuando quieren impresionar, era una sonrisa suave, casi tímida.

Nos sentamos sobre el mantel, la brisa movía ligeramente las hojas del gran árbol, y por un momento todo fue tranquilo.

—Toma —dijo, tendiéndome una galleta de chocolate.

Parpadeé un par de veces al reconocerlas, eran mis favoritas.

—¿Cómo...?

Él se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.

—No fue tan difícil averiguarlo.

—Gracias... —susurré, tomándola con cuidado, como si fuera algo frágil.

Le di un mordisco, el sabor dulce se mezcló con el nerviosismo que todavía no terminaba de irse, cerré los ojos un segundo.

—Siguen siendo tus favoritas, ¿no? —preguntó con una pequeña sonrisa.

—Sí... —murmuré—. Siempre lo serán.

Hubo un silencio cómodo.

Cómodo...

Cedric comenzó a sacar cosas de la canasta: jugo, frutas cortadas, pequeños pastelillos.

—Entonces... —dijo acomodándose mejor frente a mí— ¿estás lista para el interrogatorio?

Levanté una ceja.

—¿Interrogatorio?

—Claro, tengo que asegurarme de que esta cita falsa sea oficialmente la mejor que hayas tenido.

Solté una risa suave.

—Qué confiado.



#7297 en Fantasía
#1516 en Magia

En el texto hay: fantasia, academia de magia

Editado: 23.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.