Un monstruo perfecto

Un gran fraude

De pronto vio a aquel joven junto a Noah, que tocaba su mano y era demasiado cercano a él. Aquello hizo que el corazón de Ren latiera con fuerza; le molestaba que ese sujeto, el mismo que no temía morir y que no salía de su mente desde el primer instante en que lo conoció. Negaba que estuviera actuando tan cariñosamente con un completo desconocido, era irritante ver esa faceta. Ren consideraba que Noah era una persona profundamente cambiante; no reconocía aquellas nuevas emociones, pues un noble no las debía sentir. Así fue criado: para ser digno de la alta sociedad, para no rebajarse jamás. Y aun así... Ren no pudo contener los sentimientos que llevaba tanto tiempo reprimiendo.

Quiso acercarse a la mesa donde Noah estaba, pero recordó que no tenía ni el derecho ni la potestad de hacerlo. Sabía bien que, si daba un paso en falso, corría el riesgo de que su secreto saliera a la luz, y aún tenía asuntos pendientes.

Aun así, Ren continuó asistiendo al mismo bar donde Noah iba, siempre acompañado de un joven distinto cada martes y viernes. Quería seguir observándolo, vigilando cada uno de sus movimientos.

Pero, a pesar de toda su cautela, no pudo escaparse de la mirada de Noah, quien lo notó desde el primer día. Noah no se molestó; estaba acostumbrado a que lo siguieran donde fuera. Por eso viajaba de ciudad en ciudad, disfrutando de la soledad, su eterna compañera, y cambiando de pareja cada semana.

Ren, por su parte, detestaba la compañía. Odiaba la rutina, odiaba que alguien se acercara más de lo necesario, odiaba tener que compartir emociones que nunca quiso reconocer.

—Noah, hay alguien que no deja de mirarte —susurró el joven que lo acompañaba.

—Lo sé —respondió Noah sin apartar la mirada de su copa—. ¿Te incomoda?

—Yo... un poco —admitió el joven, avergonzado.

—Bien. Entonces será mejor que lo dejemos para otro día —dijo Noah poniéndose de pie. El chico quiso responder, pero Noah ya había pagado la cuenta y se marchaba con su abrigo en la mano.

Ren esperó unos minutos antes de salir. Al cruzar la puerta, la brisa helada le golpeó el rostro. A pocos metros, apoyado contra la pared de piedra, Noah lo esperaba envuelto en el vapor de su propia respiración.

—Vaya, pero qué sorpresa —murmuró Noah, esbozando una sonrisa apenas visible—. El lunático que insiste en seguirme.

Ren se tensó, pero mantuvo la postura erguida. Se detuvo a una distancia prudente, sin dejar traslucir ninguna emoción.

—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó Ren, con tono seco.

—¿Eso importa? —Noah se encogió de hombros y dio un par de pasos lentos, rodeándolo con calma—. Tenías miedo de que revelara tu secreto, ¿no?

Soltó una risa suave y punzante que resonó en la calle desierta. Se detuvo justo frente a él, mirándolo con un atrevimiento casi burlón.

—Eres interesante. No solo me sigues, sino que descubriste mi nombre. Y lo mejor... —hizo una pausa, observando la rigidez en el rostro del noble— es que por más que intento provocarte, no reaccionas.

Ren guardó silencio.

Noah suspiró y se alejó unos pasos, pero se detuvo de pronto.

Noah suspiró, simulando decepción, y dio unos pasos para alejarse. De pronto, se detuvo y giró levemente el rostro.

—Ah, casi lo olvido... tuve que enviar a mi acompañante a casa por tu culpa. Se sintió bastante incomodado por tu forma de acecharnos, así que arruinaste mi noche. Creo que deberías compensarme, ¿no te parece justo?

Sin decir una sola palabra, Ren metió la mano en su abrigo, sacó una bolsa de cuero repleta de monedas y se la extendió con firmeza. El tintineo del metal resonó en el silencio de la calle helada. Noah la tomó, haciendo sopesar el peso del oro en su palma, y mostró una sonrisa genuina por primera vez en la noche.

—Así está mejor. Bueno, me voy. No te preocupes... nos volveremos a ver. Y gracias por las monedas.

Ren solo pudo observar cómo Noah se alejaba calle abajo. Su mente quería retenerlo, preguntarle tantas cosas, aferrarse a ese instante... pero no podía hacer nada. Era un sentimiento inexplicable. Bajo la fría nevada, contempló una vez más aquella figura que se perdía sin rumbo. Comprendió que Noah era arrogante y orgulloso, pero en el fondo, un ser profundamente solitario que prefería la distancia al riesgo de ser lastimado. Ren conocía bien a personas así: las estudió durante años para comprender las emociones humanas, lo que hacía que alguien pudiera considerarse humano.

Por eso quería saber más de él: descubrir qué temía, qué ocultaba... o tal vez era simplemente la fascinación oscura de imaginarlo vulnerable, de observarlo llorar, quebrarse, agonizar. Una fantasía tan perturbadora como imposible de admitir.

Ya había pasado cuatro meses y tras varios conflictos entre el pueblo y nobles continuaba, una vez más, el pueblo se reunió para conocer los resultados de las investigaciones realizadas tras el hallazgo de un cuerpo.

Mientras tanto los encargados de la autopista pudieron observar que era el cuerpo de Andre Jotthe el primer desaparecido un joven humilde hijo de aquella mujer que vivía sola, en la autopsia revelaron que la causa de muerte fue por medio de un asesinato y no de una bestia, aunque por lo revelado era un caso único y perturbador pues a su cuerpo le faltaban varias partes que fueron cortadas simétricamente ,el corazón fue arrancado así como sus ojos fueron extraídos, en varias partes presentaban signos de contusiones en donde había varios cortes con marcas de golpes, además habían extraído gran cantidad de sangre.

A pesar del fétido olor que emitía el cuerpo todo aquello encontrado en el cuerpo, al quitar las costuras de la boca se dieron cuenta de algo más oscuro que los dejó perplejos, el corazón estaba dentro de la boca cortado en partes diferentes. Impresionados se dieron cuenta de que no solo era un caso de un asesino común, sino que estaban en frente de un asesino serial, un caso que podría conectar con todas las demás desapariciones.



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 14.10.2026

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