Un monstruo perfecto

El final de la hora

Con el corazón a punto de salirse de su pecho, decidió acercarse, acortar la distancia y confirmar si a quien veía a lo lejos era aquel que lo llenaba de nuevas emociones. Al mirarlo, su corazón pudo respirar.

—No es él... —susurró para sí—. No es Ren.

Al mirar a sus alrededores, pudo ver cómo la gente observaba a aquel hombre; lo miraban con un gran odio en cada expresión. Por un segundo pudo imaginar cómo sería si Ren fuera descubierto: era como si mirara un futuro incierto, uno que no se definía.

La ejecución continuó. El sacerdote terminó sus palabras y el verdugo dio el paso final. Noah apartó la mirada; no podía presenciar aquello, no por asco ni disgusto, sino por a ver imaginado un escenario que lo aterraba. Un sonido seco atravesó la plaza, seguido de un silencio aún más pesado que antes.

Cuando volvió a mirar, la multitud comenzaba a dispersarse, algunos con el rostro endurecido, otros con la mirada perdida. La nieve cubría lentamente el patíbulo, como si quisiera borrar lo ocurrido.

Noah dio unos pasos atrás, mareado; no por haber presenciado una muerte, sino por todo el temor que sintió, por la angustia de no verlo más ,miedo y la incertidumbre de que depararía el futuro para Ren.

Con calma, pudo al fin respirar y pensar en lo más importante: Ren seguía con vida.

Pero esa certeza no lo tranquilizó.

Si no era él... entonces, dónde estaba?

Noah bajó la cabeza y respiró hondo. El frío ya no le calaba la piel, pero sí los pensamientos. La ciudad seguía viva de una forma retorcida, como si ocultara secretos bajo cada piedra.

Dio unos pasos más y entonces lo sintió: esa presencia sutil, casi imperceptible, que le erizó la nuca. No era miedo... era reconocimiento.

Noah avanzó con más cautela, dejando que la multitud dispersa lo empujara hacia una calle secundaria. Las casas se alzaban estrechas, con ventanas cerradas y puertas que parecían selladas por el miedo. Cada paso resonaba demasiado fuerte en su cabeza.

Se detuvo frente a una esquina. Algo en el aire había cambiado: un silencio más denso, expectante.

—No te escondas —murmuró, sin saber a quién hablaba—. Ya estoy aquí.

—Esta vez no huiré —pensó—. Enfrentaré a la muerte cara a cara; nada ni nadie me detendrá.

Alzó la voz, firme, aunque el pulso aún le temblaba.

—Así que, Ren... no te ocultes.

El eco de sus palabras se perdió entre las calles vacías. La nieve siguió cayendo, lenta, expectante, como si la ciudad entera aguardara la respuesta que estaba a punto de surgir desde las sombras.

Mientras tanto, un gran banquete en honor a un compromiso se celebraba en uno de los salones más lujosos de la ciudad. Entre risas forzadas, música suave y copas alzadas, se encontraba Ren, observando con el ceño apenas fruncido a las personas que lo rodeaban.

A pesar del brillo de los candelabros y del murmullo elegante, se sentía agobiado. Cada sonrisa le parecía vacía, cada palabra ensayada. Ren apartó la mirada por un momento, como si buscara aire entre tanta falsedad.

Al mirar a sus alrededores pudo ver una gran cantidad de guardias ,cosa que antes de entrar a la fiesta no se percato, claramente estaban ahí para evitar mas asesinatos.

Perdido en sus pensamientos, no se percató de quién lo llamó con un tono molesto.

—Ren, cómo has estado? Me alegra que hayas asistido.

—No podía faltar a este evento, abuelo.

—Muy cierto. Ven, te quiero presentar a mi amigo y a su preciada nieta.

Ren caminó tras su abuelo con pasos tranquilos, aunque por dentro sentía una inquietud difícil de ignorar. El murmullo del salón parecía desvanecerse a medida que avanzaban, hasta detenerse frente a una pareja que conversaba animadamente.

—Viejo amigo —dijo el abuelo con una sonrisa—, permíteme presentarte a mi nieto.

El hombre los observó con atención antes de asentir, orgulloso.

—Así que tú eres Ren. He escuchado grandes cosas sobre ti.

Ren respondió con una leve inclinación de cabeza.

Su gesto fue correcto, distante, tal como se esperaba de él. Entonces notó a la joven junto al hombre, pero apenas le dedicó una mirada fugaz, sin detenerse en sus rasgos ni permitir que la curiosidad se instalara.

—Ella es mi nieta —añadió el hombre—. Será un gusto que se conozcan.

No quería saber nada de ella. No buscaba nuevos lazos ni encuentros que pudieran malinterpretarse. Para Ren, aquel momento no era más que una formalidad.

—Es un gusto conocerlo —dijo con cortesía medida, sin dar pie a más conversación.

—Discúlpenme —dijo con voz firme—, lamento no quedarme más, pero debo retirarme.

El abuelo lo miró con sorpresa, como si fuera a decir algo, pero Ren negó suavemente con la cabeza, pidiéndole comprensión. No había enojo en su gesto, solo determinación.

—Será en otra ocasión —añadió, dirigiéndose al hombre con respeto.

Ren se marchó sin decir nada más. Quería salir a beber algo; aquel evento lo había dejado cansado. Se dirigió al bar, un lugar al que regularmente Noah solía asistir. Sabía que era el menos indicado para buscarlo, pues así como Noah se fue, Ren también había estado muy ocupado, y cuestionar cada acción de Noah no tenía sentido; aun así, quería saber por qué se marchó sin decir nada.

Sentado, miró su mano, en la cual había un reloj: el reloj que pertenecía a Noah, el que olvidó en un pequeño mueble el día que se conocieron.

Era algo viejo, pero aun así a Ren le gustaba. Tal vez porque, al igual que él, seguía avanzando aunque algo dentro estuviera roto.

Tras pasar varias horas, Ren anhelaba que por aquella puerta del bar entrara Noah; quería verlo una vez más. Pero, decepcionado, terminó recostándose sobre la mesa, vencido por el cansancio y la espera.

Al mirar nuevamente, creyó distinguir una silueta familiar. Parpadeó, intentando afinar la vista, y entonces lo vio, era Noah. Por un instante, Ren pensó que su mente le estaba jugando una mala pasada, que ya estaba alucinando, pues no esperaba que él estuviera allí.



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 06.01.2026

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