Un monstruo perfecto

Comienzo

El abrazo permaneció unos segundos más. Ren podía sentir cómo Noah se aferraba a él, como si temiera que al separarse todo volviera a desaparecer. Pero, al mismo tiempo, sentía una inquietud punzante; algo en su interior le decía que nada de aquello era real, que nada era lo que él creía.

Su pecho empezó a inflarse con pesadez y su respiración se volvía cada vez más agitada. Sin embargo, al posar sus ojos en Noah, se dio cuenta de algo que lo paralizó: Noah lo miraba fijamente, pero con una expresión que nunca antes le había visto. Aquella mirada era netamente extraña, ajena, casi distante.

«De todas las miradas que he visto en él... ¿por qué esta me resulta tan extraña? Jamás presencié esa expresión en su rostro». Un escalofrío helado le recorrió la espalda.

Ren dudó, embargado por un gran pesar: el miedo a romper aquel instante, el temor a que Noah volviera a desvanecerse si se movía demasiado rápido.

Pero Noah no retrocedió.

Sus manos permanecieron sujetas a la camisa negra de Ren, arrugando la tela con suavidad, acercándolo apenas un poco más. Sus respiraciones comenzaron a mezclarse, irregulares, marcando un contraste con el vacío que Noah aún sentía dentro de su propio cuerpo.

Noah lo miró a los labios. En medio de la insensibilidad que lo rodeaba, juraría sentir una calidez incipiente que lo empujaba hacia él, una ilusión de vida a la que necesitaba aferrarse. Ren, en cambio, notó la frialdad helada que emanaba de la piel de Noah. Un nudo se le formó en la garganta, pero se obligó a ignorarlo, convenciéndose de que era solo un efecto pasajero del químico. Tenía que ser eso.

Y entonces ambos se acercaron tímidamente, hasta que sus labios se encontraron.

El beso comenzó como un roce suave e inseguro, un apenas medirse la distancia. Noah creía sentir un calor envolvente en el contacto, mientras que para Ren la frialdad de su piel era evidente, casi punzante. Sin embargo, no dijo nada; se negó a romper la fantasía.

A medida que la necesidad contenida tomó el control, la calma se rompió. Se sujetaron con fuerza, acortando cada milímetro en un choque torpe y desesperado de bocas y alientos, aferrándose el uno al otro como si el mundo fuera a acabarse en ese instante.

Ren profundizó el contacto con cuidado, acunando el rostro helado de Noah entre sus manos. Sus dedos descendieron lentamente por sus hombros y espalda con una delicadeza inesperada, buscando afianzar aquel milagro.

Noah respondió con torpeza al principio. Sin percatarse de la frialdad que transmitía, se dejó llevar por la sensación irreal de estar vivo. Su respiración se volvió más profunda, buscando sentir a Ren aunque por dentro su piel permaneciera en silencio.

Era un momento que ninguno quería que terminara; parecía un sueño demasiado bueno para ser real, pero cada roce confirmaba la verdad de estar juntos de nuevo.

Ren separó apenas sus labios y apoyó su frente contra la de Noah. Sus ojos estaban cerrados y su respiración temblaba.

—Pensé que te había perdido... —susurró, casi sin voz.

Noah abrió los ojos lentamente.

—Yo también pensé que no volvería... —respondió en un murmullo.

El aire entre ellos se volvió pesado, lleno de todo lo que aún no comprendían: la vida devuelta, el cuerpo cambiado y un sentimiento que ya no podían negar. Ren volvió a abrazarlo, esta vez con más fuerza, escondiendo el rostro en el cuello de Noah como si finalmente se permitiera descansar.

Al fin lo tenía de vuelta. Y esta vez, no pensaba soltarlo.

Pero mientras Ren se aferraba a aquello que creía perdido, el pueblo entero comenzaba a fracturarse.

Las calles ya no eran silenciosas; las voces se elevaban, los rumores crecían y la tensión entre los nobles y la clase baja se volvía cada vez más difícil de contener. El conflicto se había intensificado por el control del liderazgo y el hallazgo de pruebas sobre las desapariciones, pues ninguna de las partes estaba dispuesta a compartir lo que sabía.

Por tal motivo, los representantes más influyentes convocaron una junta y determinaron que habría dos líderes: uno noble y otro de la clase baja. No todos estuvieron de acuerdo, pero aceptaron la decisión. Si debían unir fuerzas para encontrar a los jóvenes desaparecidos, lo harían.

—Muy bien, ahora que hemos podido decidir —anunció uno de los consejeros—, tengo el agrado de presentar a Antonio Winkler, uno de los hombres más importantes en la industria del arte y el comercio, encargado de gran parte del puerto marítimo de Aethel.

—Y a Nicolás Kuens, un hombre respetado por los mayores del pueblo, quien logró superar su estatus sin perder su humildad; un gran líder político y comerciante textil.

Nicolás aceptó el puesto por una razón imperiosa: buscaba a su primogénito, quien había desaparecido hacía tres semanas. El corazón de un padre jamás está listo para rendirse.

El contraste entre ellos era evidente: Nicolás era alto y delgado, de piel morena clara y cabello café; Antonio, en cambio, era corpulento, de cabello rubio brillante y ojos azul claro, con una expresión fría y agotada.

—Nicolás —lo llamó Antonio en voz baja, con una tensión evidente.

—¿Qué ocurre?

—¿Has escrito al rey?

—Por supuesto.

—¿Hubo respuesta?

—Sí... pero se negó a enviar guardias. Dice que necesita a toda la guardia real porque se acerca el concurso.

Antonio se llevó una mano a la cabeza.

—No puede ser... Todo sería más fácil con su ayuda.

Con frustración, abandonó el lugar. Nicolás lo observó marcharse en silencio.

Ese año se celebraría una competencia de música a la que asistirían numerosos nobles. El año anterior, ambas ciudades habían sido testigos de crímenes que aún estremecían a la población. La capital, donde el arte y la música fluían con armonía, tenía menor tasa de delitos; sin embargo, al ser el centro del reino, concentraba toda la vigilancia real.



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 24.09.2026

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