Ren no respondió de inmediato.
Sus manos, que aún sostenían el rostro de Noah, se movieron con cuidado hasta atraerlo hacia él. Lo abrazó con firmeza, pero sin hacerle daño, lastimar sus heridas. Ambos se sentaron en el filo de la cama, buscando el apoyo del otro.
—Ya está... —murmuró Ren en voz baja, cerca de su oído—. Estoy aquí y no te dejaré solo de nuevo.
Noah se aferró a él con más fuerza, escondiendo el rostro en su pecho.
—No... no se detiene... —susurró con la voz ahogada—. Todo vuelve... todo...
Ren cerró los ojos por un momento, sintiendo cómo el cuerpo de Noah temblaba cada vez más. Pasó su mano por la espalda de Noah, despacio, en un gesto simple que buscaba calmar la tormenta.
—Mírame —dijo con suavidad.
Noah dudó, pero poco a poco levantó la mirada. Ren sostuvo su rostro otra vez, obligándolo a enfocarse en él.
—Respira —indicó en un tono firme pero tranquilo—. Despacio.
Inhaló primero, marcando el ritmo.
—Así... conmigo, ¿sí? —murmuró Ren, acercándose un poco más, con la voz baja y temblorosa, como si temiera que el momento se rompiera—. Quédate aquí... mírame. No te vayas, por favor. Respira conmigo, despacio...
Noah negó apenas, con un movimiento débil. Su pecho subía y bajaba de forma irregular, como si el aire se negara a quedarse, haciendo que cada respiración fuera una lucha.
—Lo intento... pero no puedo... siento que ...
Ren llevó una mano a su mejilla, sosteniéndolo con cuidado, con una delicadeza que hizo que el cuerpo de Noah se relajara un poco. Sus dedos temblaban apenas al tocarlo.
—Shh... tranquilo... no pasa nada —susurró, tan cerca que su voz parecía envolverlo—. Estoy contigo. Inhala... así, lento... no tienes que hacerlo perfecto... solo hazlo conmigo.
Noah obedeció a medias. El primer intento fue lento e irregular... pero no se apartó.
—Eso es... —murmuró Ren, deslizando su mano por su espalda en un gesto lento, constante y suave, intentando calmar su cuerpo y asegurándose de transmitirle que estaba allí para él—. No te suelto, ¿ves? Estoy aquí para ti... no me voy a ir.
La respiración de Noah seguía temblando, pero poco a poco comenzó a ceder, a encontrar un ritmo frágil. Las lágrimas, sin embargo, no se detuvieron; caían despacio, una tras otra.
—Tengo miedo... —confesó con la voz rota, apenas un hilo.
Ren cerró los ojos un instante y apoyó su frente contra la de él, tratando de calmar su corazón alborotado por la angustia.
—Lo sé... —susurró—. Lo sé... pero mírame... no estás solo esta vez.
El silencio que siguió no fue vacío. Estaba lleno de respiraciones compartidas, aún inestables, intensificándose hasta convertirse casi en un mismo latido.
—Llora si lo necesitas... —añadió Ren, limpiando una lágrima con el pulgar, con un suave toque—. No tienes que detenerte conmigo.
—No puedo parar...
—No hace falta que pares... —respondió con suavidad, acercándolo más contra su pecho, necesite tratando de protegerlo de lo que lo estaba rompiendo—. Puedes quedarte así... conmigo... todo el tiempo que necesites.
Noah se aferró una vez más a su ropa, percibiendo el aroma que salía de Ren, esa fragancia familiar que le daba la cálida sensación de estar en un hogar.
—No voy a dejar que te pierdas otra vez... —murmuró Ren, y en su voz había una matiz infinitamente suave y delicado—. ¿Entiendes?
Noah no respondió, pero tampoco se apartó. Su respiración, aunque aún frágil, ya no era un caos. Ren lo abrazó con más fuerza, cerrando los ojos, tratando de retenerlo en ese instante.
—Estoy aquí... —repitió en voz baja—. Y no pienso irme.
Noah apretó ligeramente la tela de su camisa, asegurándose de que era real.
—Pensé que... —su voz volvió a quebrarse—. Pensé que no ibas a volver...
—¿Por qué creíste eso...? —su voz salió baja, cargada de una emoción contenida—. Me he pasado noches enteras sin dormir, esperando una sola respuesta tuya... —Respiró hondo, sin apartar la mirada—. ¿De verdad crees que podría soltarte? —Negó apenas, con incredulidad—. ¿Cómo puedes pensar algo así...? Daría todo por ti... incluso lo que no debería, incluso lo que nadie sería capaz de perdonar. Si es por ti, no hay límite que no pueda cruzar.
Ren lo abrazó de nuevo, esta vez apretándolo más contra sí.
—Siempre voy a volver a ti por ello tú siempre tienes que esperarme.
El silencio volvió a llenar la habitación, tornándola poco a poco en un refugio cálido.
—Noah... he traído un regalo para ti —dijo Ren en voz baja, aunque en su tono se notaba una leve chispita de emoción—. Espérame un momento y te lo traigo.
Noah, con rapidez, sujetó la mano de Ren antes de que pudiera alejarse. Ren se detuvo sorprendido y lo miró.
—Ven aquí —dijo Ren con una sonrisa suave.
Tratando de no romper ese pequeño y valioso gesto de cercanía, tomó una manta y la colocó sobre los hombros de Noah, acomodándola con extrema delicadeza para luego darle un beso tierno en la frente.
—Listo... vamos.
Bajaron juntos. Sus pasos se tornaron constantes, resonando a través del eco de la casa. Al llegar, Noah alzó la vista y se quedó en silencio. Frente a él había varias bolsas de tela y cajas pequeñas que sobresalían de ellas, colocadas con cierto orden, aunque se notaba que habían sido reunidas con algo de prisa.
Noah dio un paso más, aún con cierta duda.
—¿Qué es todo esto...? —preguntó en voz baja.
Ren se acercó despacio.
—Algo que debí darte antes —murmuró con suavidad—. No es mucho... pero quería que tuvieras algo propio.
Noah abrió una de las bolsas. Sus dedos se detuvieron sobre la tela, recorriéndola con cuidado.
—Ren... esto es demasiado...
Ren negó ligeramente, esbozando una sonrisa suave.
—Nada que sea para ti puede ser demasiado.
Noah bajó la mirada, apretando la tela entre sus manos.
—No tenías que hacerlo...
—Tal vez no... —dijo al final, con voz tranquila—. Pero quería hacerlo. Porque mereces más que sobrevivir... mereces estar bien.