Un monstruo perfecto

Lirien

Lección número 7. Ha sido complicado aprender. El piano es mucho más difícil de lo que imaginaba... pero lo lograré. Lo haré por él.

Lección número 9. Ojos negros, brillantes... únicos. ¿De verdad soy digno de alguien como tú? No importa. Voy a mejorar. Lo prometo.

Lección número 13. Ángel.

15 de enero

Ren. Edad: 24 años. Familia Braidon, comerciantes de zafiro. Pianista. Trabaja para el Estado. Hijo de Evelyne Valmont y Dorian Braidon. Animal favorito: las mariposas, supongo, pues siempre que las ve se queda observándolas y sus ojos brillan al hacerlo. Interés amoroso: ninguno.

15 de junio

Intruso. Alguien últimamente ha estado rondando. Ahora Ren lo sigue y lo vigila. Sus ojos son como zafiros, pero no sé qué le ve Ren a ese chico, por qué lo sigue tan desesperadamente.

17 de junio

Noah Sorony. Edad: 23 años. Va de bar en bar y siempre está con diferentes chicos, no sé cómo se lo permiten. Persona más cercana: una tal Marta, pues siempre le llegan cartas de ella. Noah...

Junto a su nombre había una fecha, pero estaba incompleta: 21, muerte.

Antonio pasó la página con cuidado. El papel estaba más desgastado en esa parte. Al final de tantas lecciones, solo había un único nombre escrito en una sola hoja: Ren.

Antonio no apartó la mirada. Cerró el diario despacio, sin hacer ruido; alguien podría escucharlo incluso ahí, en la soledad de su oficina. Apoyó el cuaderno sobre la mesa, pero no retiró la mano de inmediato.

—Esto no tiene sentido... ¿Qué quieres que vea, Nicolás? ¿Que tu hijo estaba enamorado? —murmuró en voz baja. Sus dedos se tensaron sobre la tapa—. Y Noah... la fecha. Espera, a Noah lo he escuchado antes.

Antonio se levantó y fue directo a los archivadores de su escritorio. Abrió los cajones y sacó todos los registros de muertes de los últimos meses. El sonido del papel llenó el silencio mientras buscaba con rapidez, pasando páginas sin detenerse.

Hasta que lo encontró.

—Noah... Es verdad, este joven ya está muerto —dijo Antonio en voz alta mientras observaba el expediente.

21 de junio de 1897

Registro de defunción. Causa de muerte:

El cuerpo fue encontrado destrozado entre las rocas. Múltiples fracturas, hemorragias internas y pérdida masiva de sangre. Los médicos declararon imposible cualquier intento de salvarlo. El sujeto sobrevivió varios minutos después del impacto antes de fallecer desangrado.

Antonio frunció el ceño.

—Entonces... ¿qué es esto? ¿Cómo es que Caleb sabía sobre este caso? —susurró.

Volvió a mirar el diario. La fecha en el expediente concordaba con las anotaciones de Caleb. Su mirada se endureció al comprender las implicaciones: si esto tenía relación directa con la cadena de asesinatos, entonces estaba mucho más cerca de la verdad de lo que imaginaba.

Tomó el teléfono de su despacho sin dudar un instante.

—Mañana —ordenó con firmeza al otro lado de la línea—. Quiero a todos los guardias desplegados en la entrada de la ciudad.

Al día siguiente, Antonio decidió continuar las inspecciones en las residencias ubicadas a las afueras de la ciudad, justo antes de la zona fronteriza, comenzando por los nobles de mayor prestigio. Nadie se negó ni mostró desacuerdo con los registros, lo cual le resultó conveniente e inquietante al mismo tiempo.

—Comenzaremos por las familias más influyentes —anunció Antonio a su regimiento, con voz firme y la mirada recorriendo a los presentes.

—De acuerdo —respondieron varios oficiales, asintiendo con cierta rigidez.

El recorrido fue largo y tenso. Cada puerta se abría con una cortesía fría y calculada; cada respuesta de la aristocracia era simple, medida, sin añadir un solo detalle que no fuera estrictamente necesario.

—¿Han notado algo inusual en los últimos días? —preguntaba Antonio, observando con atención las reacciones de cada residente.

—Nada fuera de lo común —respondían todos, manteniendo impecable la compostura.

Por último, llegaron a la mansión de la familia Braidon, ubicada al sur de la ciudad. Imponente y excesivamente ordenada, la casona proyectaba un aire distante; aunque la decoración pretendía ser cálida, la atmósfera helada del lugar no terminaba de sentirse natural.

—Agradecemos su cooperación —dijo Antonio al cruzar el umbral, deteniéndose unos segundos para examinar el vestíbulo.

—Estamos a su entera disposición —respondió una mujer de porte elegante, haciendo una leve inclinación de cabeza sin demudar el rostro. A su lado se encontraba un joven de facciones similares—. Soy Elena Braidon, prima de Ren. Y él es Alan Braidon, mi hermano.

Las preguntas de rutina continuaron. Respuestas precisas. Ningún detalle extra. Antonio no apartaba la mirada de ellos, analizando cada pequeño gesto, cada parpadeo y cada silencio que se alargaba más de lo necesario.

Cuando estaba a punto de dar la orden de retirarse, Antonio se detuvo en seco.

—Ren —dijo, girándose apenas hacia los hermanos—. ¿Dónde se encuentra él?

Hubo un breve y pesado silencio. Una mirada rápida cruzó entre Elena y Alan antes de responder.

—Él no reside aquí —contestó Elena finalmente, manteniendo un tono perfectamente controlado.

Antonio entrecerró ligeramente los ojos.

—Necesito su dirección —añadió sin apartar la vista.

—Tiene una residencia propia... —dijo Alan tras dudar un instante—. Al norte, cerca del río Lirien.

Antonio alzó levemente la barbilla, esperando a que completaran la información.

—No es difícil de encontrar —añadió Elena—. La reconocerá de inmediato por los rosales.

—¿Rosales? —repitió Antonio con marcado interés.



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 14.10.2026

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