Un monstruo perfecto

Silencio

—Ren... buenos días. —Noah tocó su mejilla con cautela mientras Ren lo abrazaba suavemente entre las mantas.

—Noah... —murmuró Ren, soltando un suspiro adormilado.

Noah sonrió apenas al verlo tan tranquilo.

—Ren, será mejor que ya nos levantemos.

—No... hoy no. —Ren cerró más los ojos y se acomodó contra él—. Dile al sol que hoy no era el día para salir.

Noah soltó una pequeña risa.

—Qué cosas dices.

—Ven aquí. —Ren lo abrazó con más fuerza, impidiendo que escapara mientras Noah intentaba soltarse sin mucho éxito.

—Ren...

—Cinco minutos más.

—Eso dijiste hace rato.

—Entonces diez.

Noah negó divertido.

—De acuerdo... pero solo diez minutos más. Ni más ni menos.

—Me parece bien.

Ambos se quedaron mirándose en silencio. Había algo cálido y tranquilo en la forma en que sus ojos se encontraban cada mañana, como si por unos segundos el resto del mundo dejara de existir.

La distancia entre ellos desapareció lentamente hasta que sus labios se encontraron en un beso suave y tranquilo.

Ren extendió un poco más la manta sobre ambos y terminó acurrucándose entre los brazos de Noah, disfrutando del calor de su cuerpo y de aquella calma que rara vez podía sentir.

Y, al final, ninguno despertó hasta dos horas después de lo previsto.

Cuando finalmente volvieron a abrir los ojos, ya eran las diez de la mañana.

Ambos terminaron despertándose con prisa al notar la hora. Después de cambiarse y arreglarse un poco, bajaron a desayunar juntos. La mañana transcurrió tranquila, acompañada únicamente por conversaciones suaves y el sonido de los cubiertos chocando de vez en cuando.

Cuando terminaron, Ren llevó a Noah por el pasillo hasta una habitación que permanecía cerrada la mayor parte del tiempo.

Al abrir la puerta, Noah se quedó en silencio.

Frente a él se alzaban enormes estanterías repletas de libros. Algunas llegaban casi hasta el techo y otras estaban cubiertas de pequeñas flores secas, velas apagadas y papeles cuidadosamente acomodados. El aroma a madera antigua y páginas envejecidas llenaba toda la habitación.

—¿Te gusta leer? —preguntó Ren mientras observaba su reacción.

Noah recorrió los estantes con la mirada, claramente sorprendido.

—Sí... aunque hace mucho que no toco un libro.

Ren sonrió apenas, apoyándose contra una de las estanterías.

—Entonces este lugar podría gustarte.

Noah avanzó despacio entre los libros, pasando los dedos por algunos lomos con cierta curiosidad. Hacía mucho tiempo que no sentía una calma así.

Pero entonces Ren pareció recordar algo.

—Ah, por cierto... hay algo que aún no te he dado.

Noah giró levemente la cabeza para mirarlo.

—¿Algo más?

Ren soltó una pequeña risa.

—Sí.

Caminó hasta uno de los cajones cercanos y sacó una pequeña caja decorada con delicadas rosas azules grabadas sobre la tapa.

Luego regresó junto a Noah y la sostuvo frente a él con cuidado.

—Es para ti.

Noah lo observó con curiosidad.

—¿Qué es eso...? —preguntó, inclinando apenas la cabeza.

Ren dudó un instante.

—Algo que compré hace tiempo... En realidad pensaba dártelo antes, pero nunca encontré el momento.

Se acercó despacio y dejó la caja entre las manos de Noah.

—Ábrela.

Noah retiró la tela con cuidado. Sus ojos se detuvieron de inmediato en la pequeña caja musical de oro que brillaba suavemente bajo la luz que entraba por la ventana. Los delicados grabados recorrían toda la superficie y, sobre la tapa, varias rosas azules parecían florecer entre pequeños zafiros tallados con una precisión casi irreal.

Por unos segundos no dijo nada.

—Ren...

Sus dedos recorrieron las rosas lentamente, como si temiera dañarlas.

—Es hermosa.

Ren sonrió apenas, observándolo más a él que al regalo.

—Me recordó a ti.

Noah levantó la mirada, incrédulo.

—¿A mí?

—Sí —respondió con tranquilidad—. Porque, incluso entre todo lo oscuro de este lugar... sigues siendo lo único que logra verse diferente.

El silencio cayó entre ambos, cálido y suave.

Noah bajó la vista otra vez hacia la caja.

—Debe haber costado mucho.

—No me importa eso.

Ren tomó asiento junto a él.

—Lo vi en el mercado y no pude dejarlo ahí.

Noah abrió lentamente la tapa.

La melodía comenzó a sonar despacio, delicada y melancólica, llenando el cuarto con notas suaves que se mezclaban entre los libros y el suave aroma a madera.

Noah quedó inmóvil escuchándola.

—Es bonita...

Ren apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá, sin apartar la vista de él.

—Quería darte algo que permaneciera contigo... incluso cuando yo no estuviera cerca.

La mano de Noah se tensó apenas sobre la caja.

—No digas cosas así.

Ren guardó silencio unos segundos.

—Entonces haré lo posible para quedarme.

Noah cerró lentamente la caja musical y, esta vez, fue él quien buscó la mano de Ren.

—Idiota... —murmuró en voz baja, aunque su expresión se había suavizado por completo.

Noah permaneció unos segundos en silencio, todavía sosteniendo la pequeña caja musical entre sus manos. La melodía ya se había detenido, pero el eco de aquellas palabras seguía dando vueltas en su pecho.

"Haré lo posible para quedarme."

Sus dedos se tensaron lentamente sobre la tapa dorada.

Ren apenas tuvo tiempo de notar el cambio en su mirada cuando Noah dejó la caja a un lado y, de pronto, lo sujetó de la camisa.

—¿Noah...?

Pero no terminó la frase.

Noah tiró de él hacia adelante y unió sus labios con los suyos.

El beso fue torpe pero lo suficientemente inesperado para que Ren bajará la guardia.Ren abrió apenas los ojos, sorprendido por la cercanía, aunque terminó correspondiéndole sin pensarlo demasiado.

Sus manos se apoyaron con suavidad en la cintura de Noah, aferrándose a él con cuidado.



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 02.06.2026

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