—Antonio…
—¿Qué ocurre? —preguntó Antonio levantando la vista.
—¿Podemos hablar?
—Claro, por favor pasa.
Nicolás entró lentamente al despacho y cerró la puerta detrás de él.
—¿Qué has logrado descubrir? —preguntó Nicolás.
Antonio guardó silencio unos segundos antes de responder:
—Escucha… es complicado decirlo, pero tu hijo sigue siendo un posible sospechoso, al igual que gran parte de las personas que han estado opinando sobre el caso.
—¿Qué…? —murmuró Nicolás.
—Sí, como escuchaste.
Nicolás frunció ligeramente el ceño.
—¿Y quiénes crees que son?
Antonio suspiró cansado.
—He estado pensando en algunos nombres.
—¿Quiénes?
—Aún no tengo pruebas suficientes… pero sospecho de familias nobles como los Valmont, los Alderic… y especialmente los Braidon.
—¿Por qué mencionas de repente a los Valmont? Su familia dejó de existir; la única que sobrevivió fue su única hija y heredera, la madre de Ren… Además, ella está gravemente enferma.
—Lo sé, pero siento que su poder e importancia no han desaparecido por completo.
—No te adelantes a sucesos que no te conciernen, Antonio. Ese caso es sumamente confidencial —advirtió Nicolás, levantando la mirada de inmediato—. Espera… también mencionaste a los Braidon. ¿Por qué sospechas de alguien de la familia Braidon?
Antonio apoyó ambos brazos sobre el escritorio antes de responder:
—La verdad, esa familia me parece extraña. Son demasiado estrictos y sospecho que intentaron matar a Noah para obligar a Ren a regresar. Sin embargo, eso no coincide del todo con el asesinato imputado a Noah, pues el culpable huyó. Además, luego de su muerte se encontraron otros cuerpos recientes. Cuando fuimos a visitarlos… no hablaron bien de Ren. No parecía haber preocupación alguna.
Nicolás bajó lentamente la mirada, como si acabara de recordar algo importante.
—El tío de Ren… Cassian Braidon… —murmuró en voz baja—. Aún recuerdo cuando hablamos del caso de Noah. Cassian miró con molestia apenas mencionamos ese nombre. Fue extraño… demasiado extraño. Y más extraño aún es que esa familia tenga un líder y un representante: Dorian y Cassian Braidon.
—Lo sé. Aquel hombre vive en las sombras. Era un hombre callado que casi nunca se involucraba en nada y siempre permanecía apartado de los demás. Aunque cuando se trata de Ren es diferente; claramente no tienen una buena relación.
—La manera fría en que me miraba cada vez que su nombre aparecía en una conversación… —añadió Nicolás—. Había algo extraño en su actitud, algo que hacía sentir incómodo incluso el ambiente de la habitación.
—Será mejor investigar a toda su familia y reunirnos con ambos representantes cuanto antes —concluyó Antonio.
Mientras tanto, lejos de la ciudad, Ren y Noah viajaban en una carroza la cual el sonido de las ruedas acompañaba el camino silencioso. Ren sostenía las riendas con tranquilidad mientras el viento frío movía apenas su cabello.
Noah lo observó unos segundos antes de hablar.
—Y bueno, Ren… cuéntame qué te gusta de mí.
Ren parpadeó confundido.
—¿Qué?
Noah soltó una pequeña risa.
—Solo bromeaba.
Pero Ren desvió apenas la mirada hacia él.
—Bueno… todo.
—¿Eh?
—Todo de ti es hermoso —murmuró con naturalidad—. Me gusta tu sonrisa, tus ojos, tu personalidad… incluso lo alegre y enérgico que eres. Me gusta lo sincero que eres.
Noah se quedó completamente en silencio. Después giró el rostro hacia otro lado, intentando ocultar la evidente vergüenza en sus mejillas. Ren sonrió apenas al verlo así.
—A mí también me gusta todo de ti… —murmuró Noah casi en voz baja.
—¿Qué? —preguntó Ren acercándose apenas.
Noah se hundió más en su asiento.
—No puedo repetirlo.
—Sí lo escuché —dijo Ren conteniendo una risa—, pero quería volver a oírlo.
Ambos sonrieron.
—Y aun así me quieres.
Noah rodó los ojos y miró hacia otro lado. El cielo ya comenzaba a oscurecer.
—Noah —dijo Ren mientras seguía manejando—, ¿quieres dormir en una posada o mejor afuera?
—Si vamos a una posada hay una alta probabilidad de que sean estafadores; se sabe que hay muchos por estas zonas.
—Tienes razón. Entonces mejor quedémonos por aquí —respondió Ren mientras miraba a sus alrededores—. Vamos a alejarnos un poco del camino.
Cuando cayó la noche, Ren detuvo la carroza cerca de un árbol donde ataron a los caballos. Noah ayudó a encender una fogata y después ambos se sentaron bajo una manta. El fuego crepitaba suavemente frente a ellos mientras el bosque permanecía tranquilo.
Ren abrazaba a Noah mientras observaba el fuego.
—No hay animales cerca… eso es bueno.
Noah soltó un pequeño suspiro y terminó apoyando la nuca sobre el pecho de Ren. El sonido tranquilo de su respiración y el calor de la fogata les brindaban una paz reconfortante.
—Noah… ¿cómo sabes todo eso de ladrones y lugares?
—Ah, pues yo viví viajando. Iba a donde el viento me llevaba.
—¿Ibas solo o con compañía?
—¿Por qué quieres saber? —dijo Noah mirándolo.
—Pues por simple curiosidad.
—Pues viajaba solo. Me gustaba mucho ir a donde mi corazón sintiera que era lo correcto.
Noah guardó silencio un instante antes de continuar:
—Ren… esos hombres que vinieron el otro día, ¿están sospechando de ti?
Ren bajó un poco la mirada.
—Noah… vinieron a interrogarme.
Noah levantó apenas la cabeza para verlo.
—¿Y todo está bien?
—Sí —respondió después de unos segundos—. Pero no quiero volver ahí.
Noah permaneció en silencio. Ren lo abrazó un poco más fuerte contra su pecho mientras observaba las llamas de la fogata.
No quiero que sepan de ti, mi Noah. Nadie tiene que descubrir la verdad sobre tu nuevo comienzo, pensó mientras acariciaba lentamente su cabello.
—Ren, no importa lo que tengamos que afrontar, yo ya te elegí a ti y afrontaré todo reto que venga. Estaré contigo porque sé que no eres un monstruo…