En su pequeño mundo, Ren y Noah, tranquilos por fin, se permitían olvidar el caos que amenazaba con hundirlos.
Ren comenzó a besar con anhelo el cuello de Noah, recorriendo su piel suavemente.
—Ren, espera... —murmuró Noah, con la voz entrecortada.
—¿Qué ocurre? —preguntó Ren, deteniéndose a escasos centímetros de sus labios.
—¿A dónde quieres llegar con esto?
—¿Qué? —Ren lo miró fijamente, frunciendo ligeramente el ceño—. Bueno, eso es algo que el momento lo dirá. Pero para serte sincero... quiero tenerte, estrecharte en mis brazos y saber que eres completamente mío.
—Ren... —susurró Noah—. ¿Estás seguro de que me deseas de esa manera?
—¿Por qué no lo haría?
—Pues no lo sé... ¿Cómo es que deseas a alguien como yo? Estoy completamente roto.
—Noah, déjate querer.
—De acuerdo... pero no te detengas.
Con eso, Noah agarró fuertemente el cabello de Ren. Antes de que pudiera decir más, acortó la distancia y besó a Ren con una intensidad que lo devoraba por completo, perdiendo la noción del tiempo y sintiendo cómo cada una de sus cicatrices quemaba.
—Ren, te... —dijo, aunque no pudo continuar—. Lo siento...
Ocultó el rostro en su pecho mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas.
—Noah, mi dulce Noah... yo también te amo —respondió Ren, envolviéndolo en un fuerte abrazo.
Noah sonrió.
A la mañana siguiente, Ren preparó todo para continuar el viaje. Revisó las ruedas de la carroza, acomodó las provisiones y volvió a encender un pequeño fuego para calentar agua. Mientras tanto, Noah seguía dormido, completamente ajeno a todo el trabajo que Ren hacía.
—¿Ren...? —murmuró al despertar.
Ren levantó la vista de inmediato.
—¿Ya despertaste, Noah?
—Sí...
—¿Cómo te sientes?
Noah tardó unos segundos en responder.
—Estoy bien...
Ren bajó la mirada al instante.
—Perdóname.
—No importa.
Ren lo observó con preocupación.
—¿Seguro?
—Sí, qué dolor... —murmuró Noah casi para sí mismo mientras avanzaba con dificultad.
—¿Qué dijiste?
Noah se puso rojo de inmediato.
—Nada —dijo mientras se paraba recto para que Ren no notara su dolor.
Ren soltó una pequeña risa.
—Bueno, será mejor partir.
—Sí, vamos.
Ren le acercó una taza de té caliente y un plato con dos rebanadas de pan con mermelada.
—Tú descansa. Yo me encargaré de todo.
—Gracias.
Noah tomó el té entre sus manos y se dirigió hacia la carroza. Pero antes de entrar, se detuvo. Se acercó a Ren y le dejó un beso rápido en la mejilla.
—Gracias por cuidarme tanto.
Cuando Noah volvió a entrar, Ren permaneció inmóvil unos segundos. Luego se tocó la mejilla y sonrió para sí mismo antes de tomar las riendas.
—Vamos, Noah. Aún nos queda mucho camino.
Al llegar finalmente a la posada, Ren pudo ver lo hermoso que era el lugar. Estaba rodeado de árboles y flores, y el ambiente era tranquilo. Después de tantos días de viaje, aquel sitio parecía un refugio.
—Noah, llegamos.
—Ren, dame un segundo... De acuerdo. Yo hablaré con la dueña, tú espérame por favor.
—¿Seguro?
—Sí.
—De acuerdo —dijo Ren mientras le daba una cálida sonrisa.
Noah bajó de la carroza y caminó hasta la entrada. Apenas golpeó la puerta, esta se abrió de par en par.
—¡Noah! —gritó una mujer apenas lo vio.
—¿Marta?
La mujer lo abrazó con fuerza.
—¡Mi dulce niño! ¿Cómo estás?
Noah sonrió.
—Bien. ¿Y tú? ¿Todo ha estado bien por aquí?
—Bien, mi niño, bien. Pero dime, ¿qué te trae por aquí?
—Bueno... necesito un lugar donde quedarme por un tiempo.
—Claro que sí. Sabes que siempre serás bienvenido aquí. Entra.
Noah soltó una pequeña risa.
—Espera, Marta. Esta vez no vine solo.
—¿No?
—No.
Marta lo observó con curiosidad.
—¿Quién vino contigo?
Noah se rascó la nuca con timidez. La mujer abrió los ojos de par en par al divisar a la persona detrás de él.
—¿Eres Ren, verdad? ¿La pareja de mi Noah?
—Sí, soy Ren. Es un placer conocerla —dijo mientras se inclinaba en señal de reverencia.
—El placer es mío. Así que tú eres quien conquistó a mi Noah... Eres muy valiente.
Marta sonrió de oreja a oreja.
—Y dime, muchacho... ¿fue difícil enamorar a Noah? Porque te aseguro que cuando era pequeño era más terco que una mula.
—¡Marta! —replicó Noah con molestia.
—¿Qué? Es la verdad.
Ren soltó una pequeña risa.
—Bueno... sí fue un poco difícil.
—¡Lo sabía!
—Marta...
—Y aun así te quedaste con él. Debes tener mucha paciencia y mucho valor —dijo Marta en un tono más serio—. Sabía que ambos se encontrarían... están hechos el uno para el otro.
Los miró a ambos con profundo afecto.
—Y me alegra que mi consejo te haya servido.
Noah levantó la cabeza y sonrió.
—Sí. Gracias por tu ayuda.
Marta observó a los dos jóvenes y suspiró con alivio.
—Solo quería verte feliz, Noah...
Noah bajó la mirada con una sonrisa.
—Y dime, Ren... ¿cómo está el pueblo?
—Pues...
Continuaron hablando mientras Marta se llevaba a Ren al interior, y Noah contemplaba con ternura cómo interactuaban las dos personas que más quería en el mundo.
A varios kilómetros de allí, el mar golpeaba suavemente los pilares de madera del muelle.
Un joven permanecía de pie al final de la plataforma, sosteniendo varios documentos entre sus manos. El viento agitaba las hojas mientras sus ojos recorrían cada línea con atención.
—Todo está listo —murmuró.
Cerró la carpeta y observó el horizonte. El sol comenzaba a ocultarse lentamente detrás del agua. Durante unos segundos guardó silencio.
—Ren... todo saldrá bien —murmuró mientras su cabello se movía al ritmo del viento.
Sus dedos se cerraron sobre los documentos.
—Solo aguanta un poco más... solo un poco más.