Un monstruo perfecto

Documento

—Señora, llegaron los documentos.

—Gracias. Puedes retirarte.

—Como lo ordene, mi señora.

El hombre dejó la carpeta sobre el escritorio y salió.

La mujer permaneció unos instantes observándola sin tocarla. Estaba de pie junto a la ventana, vestida con un elegante vestido rojo vino que se ajustaba a su figura. La tela resaltaba su silueta delgada, mientras su cabello negro y ondulado caía con suavidad sobre sus hombros. Era una mujer alta, de piel clara y rasgos mestizos que conservaban una belleza difícil de ignorar.

Finalmente se acercó al escritorio y abrió la carpeta.

Habían tardado semanas en reunir toda aquella información.

Posible trastorno de la personalidad. Se recomienda seguimiento.

Frunció ligeramente el ceño y continuó leyendo.

Más abajo se mencionaban problemas familiares ocurridos durante años y varios incidentes registrados tiempo atrás.

No era exactamente lo que esperaba encontrar.

—Con que era eso...

Murmuró para sí misma.

Repasó algunas páginas más antes de cerrar la carpeta lentamente.

Durante unos segundos permaneció pensativa.

—Ren... ¿qué es lo que estás intentando hacer?

Apoyó una mano sobre la carpeta y desvió la mirada hacia la ventana.

—Esto tiene que terminar. No más de tus jueguitos.

Tomó la pequeña campana que descansaba sobre el escritorio y la hizo sonar.

Un sirviente apareció poco después.

—¿Sí, señora?

Ella tomó un sobre distinto al resto de los documentos y se lo entregó.

—Envía esto.

El hombre recibió el sobre con cuidado.

—Como ordene.

La mujer sostuvo su mirada unos segundos.

—Y asegúrate de que lo lea.

—Entendido, señora.

El sirviente hizo una reverencia antes de retirarse.

La puerta se cerró detrás de él.

Esta vez, una pequeña sonrisa apareció en los labios de la mujer.
—Noah, no deberías seguir bebiendo.
—¿Por qué?
—Porque ya vas por la tercera copa.
—Mentiroso. Es la segunda.
Ren señaló las copas vacías sobre la mesa.
—Noah.
—Está bien, es la tercera.
Ren soltó una pequeña risa.
La posada estaba tranquila. Marta ya se había retirado a descansar y solo quedaban ellos dos junto a una lámpara que iluminaba débilmente la mesa.
Noah giró la copa entre sus dedos.
—¿Sabes? Nunca había tomado vino así.
—¿Así cómo?
—Sin estar preocupado por algo.
Ren lo observó en silencio.
—Eso suena triste.
—Lo es un poco.
Noah bajó la mirada.
—En mi casa no era raro escuchar gritos.
Ren frunció ligeramente el ceño.
Era la primera vez que Noah mencionaba algo de su familia por iniciativa propia.
—¿Tus padres?

Noah asintió.

—Discutían mucho.

Ren permaneció en silencio.

—¿Por qué?

Noah giró la copa entre sus dedos durante unos segundos.

—Ren... sé que no me juzgarás, ¿verdad?

—Claro que no.

Noah soltó una pequeña risa sin humor.

—Bueno... mi hermano murió por mi culpa.

Ren levantó la mirada de inmediato.

—Fue un accidente.

Durante unos segundos Noah pareció debatirse entre seguir hablando o callar.

—Jamás fui el favorito de nadie. Ni de mis padres, ni de mis abuelos, ni de la mayoría de mi familia.

—Nunca me importó demasiado. Al menos eso me decía a mí mismo.

Tomó un pequeño sorbo de vino.

—Cuando tenía quince años organizaron una gran celebración para mi hermano. Había estudiado durante años y estaba a punto de convertirse en gobernador de una ciudad.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios.

—Todos estaban orgullosos de él.

Bajó la vista hacia la copa.

—Y yo estaba cansado de escuchar lo perfecto que era.

—Así que me fui a mi habitación.

Guardó silencio unos segundos.

—Después comenzó el incendio. No sé de dónde ni cómo, pero consumió todo el lugar. Mi familia salió rápidamente, pero mi hermano fue a buscarme.

Su mano se tensó alrededor de la copa.

—Todo pasó muy rápido. El humo estaba por todas partes. Intenté salir, pero no pude.

La voz comenzó a temblarle ligeramente mientras Ren sentía un nudo en el pecho.

—Me encontró y me sacó de allí.

Noah tragó saliva.

—Pero cuando intentamos salir... un muro se derrumbó.

Hizo una pausa para respirar.

—Yo sobreviví.

Sus ojos permanecieron fijos en la mesa.

—Él no.

Ren observó cómo Noah evitaba levantar la cabeza.

—Después de eso todo empeoró.

—Noah...

—Mi familia necesitaba a alguien a quien culpar.

Soltó una pequeña risa amarga.

—Y yo estaba vivo.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

—Intenté arreglar las cosas. Intenté hablar con ellos. Intenté que me escucharan.

—Pero nunca funcionó.

—¿Qué pasó después?

—Me encerraron durante años. Apenas podía salir de casa.

Noah observó la copa vacía.

—Cuando tuve la oportunidad, tomé algo de dinero y me fui.

—Vagué de un lugar a otro hasta que encontré esta posada.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Y conocí a Marta.

Ren sonrió apenas.

—Ella fue buena contigo.

—Mucho más de lo que tenía derecho a esperar.

Noah apoyó la cabeza sobre una mano.

—Después seguí viajando.

Su mirada se suavizó.

—Y terminé llegando a Aethel.

Ren sostuvo su mirada unos segundos.

—Y me encontraste.

Noah sonrió.

—Sí.

—¿Y supiste algo de tu familia?

—Bueno, no me buscaron. Ni siquiera lo intentaron.

—Lo último que supe fue que mis padres tuvieron dos hijos gemelos y que vivían en el campo.
—Debió doler mucho.
Noah soltó una pequeña risa.
—Sí.
—¿Y ahora?
—¿Ahora qué?
—Si aparecieran frente a ti mañana.
Noah permaneció pensativo unos segundos.
—No lo sé —dijo mientras giraba lentamente la copa.
—Antes habría querido que me pidieran perdón.
Su sonrisa se volvió más débil.
—Ahora creo que solo me gustaría saber si alguna vez me extrañaron.
Ren, sin decir nada, extendió la mano y tomó la suya.
Noah bajó la mirada hacia sus dedos entrelazados.
Esta vez sonrió de verdad.
—Pero supongo que ya no importa tanto.
—¿Por qué?
Noah levantó la vista.
—Porque ahora tengo algo mejor.
Ren parpadeó.
—¿Algo mejor?
—Sí.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Noah.
—Te tengo a ti



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En el texto hay: boyslove, triller, un asesino

Editado: 07.07.2026

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