Un Mundo de Blanco y Negro

Capitulo 1

En el año 1542, el mundo era un lugar donde la justicia actuaba de forma aleatoria; no existía rincón alguno que fuera extremadamente seguro. Ese año, el 7 de febrero, nació una niña a la que llamaron Nayeli Cupper. Su existencia estaba destinada a revolucionar el mundo entero.

2028, 10 de Enero.

En un bosque oscuro donde los cuervos observan a esa figura envuelta en ropajes que cubren todo su ser, a excepción de su rostro, es donde empieza la historia... ¿O acaso tendrá otro principio?

—... A decir verdad, esos cuervos parecen estar acechándome —al caminar, siento sus miradas oscuras fijas en mí. Es como si supieran a la perfección que no soy de aquí... pero ni siquiera puedo saber eso, solo me siento... como un forastero.

—Eso están haciendo, ¿o eso te da miedo que estén haciendo? —al oír esa voz tan grave detrás de mí, automáticamente me giré para ver quién o qué me habló. No vi absolutamente nada, solo cuervos que seguían sin apartar sus miradas y, cuando iba a darme la vuelta...

Solo son cuervos, ellos ven por primera vez a un individuo por aquí —el cuervo se posó delante del individuo que, sin poder creerlo, solo pudo expresarse con un rostro que reflejaba la indignación y negación de escuchar y ver lo que acaba de presenciar; sus sentidos no le engañaban.

—... ¿Acabas de hablar? —pudo preguntar con una voz casi frágil.

—Eso no debería sorprenderte, me deja en claro algo... No eres de por aquí, ¿verdad? —

dijo el cuervo, inclinando su cabeza para que su ojo izquierdo capturara la imagen completa del individuo frente a él.

Antes de que él pueda hablar, el cuervo interrumpe nuevamente:

—Bueno, creo saber que no es del todo así, Shima.

El nombre lo deja con los ojos abiertos y un recuerdo fugaz pasa por la mente del muchacho, causándole un pequeño dolor de cabeza. El recuerdo era simple: una aldea atacada por criaturas que tenían forma humana, pero cuya piel parecía más gruesa; sus partes estaban deformes y algunos, incluso, tenían distinto color de piel, como rojo o violeta. Sin embargo, la imagen era tenue, ya que había mucho fuego que no dejaba ver con claridad. Cuando el recuerdo parecía chocar con la realidad, casi como si lo viviera de nuevo en su mente, Shima volvió al presente, donde el cuervo seguía de pie en unas ramas a la altura de su mirada.

—Parece que acabo de darle un poco de iluminación a tu cabeza hueca, niño.

—Necesito una explicación... ¿Qué eres tú? ¿Dónde estoy? ¿Por qué siento que sabes más de mí que yo mismo?

El cuervo se posó en su hombro.

—Eres muy ingenuo. ¿Crees que un cuervo puede responder todo eso y más... sin recibir un beneficio?

Shima hizo una mueca de razonamiento; era evidente que no iba a ser fácil y tenía que tenerlo en cuenta de ahora en adelante. Bastante suerte había tenido ya al no tener que lidiar con esa situación en solitario.

—No tengo dinero... —dijo, empezando a moverse. Curioso, miró de reojo hacia atrás, al árbol caído donde estaban los cuervos; ya no había ninguno.

—Ofrecerle dinero a un cuervo es como ofrecerle un arma a un tanque: simplemente no le sirve.

Shima lo pensó por varios segundos y, antes de que se cumplieran cinco minutos exactos, el cuervo habló:

—Si quieres información, hagamos un pacto, Shima.

¿Un pacto? Bueno, ver a un cuervo que habla ya es algo normal en comparación a un pacto. Shima estaba cuestionando las intenciones del cuervo, pero era precipitado dar por hecho que alguien lo iba a ayudar de verdad; aun así, decidió que tenía que saber sobre sí mismo.

—Entonces... ¿Qué quieres pactar?

El cuervo vuela y se posa en una rama; Shima avanza los pasos siguientes y la iluminación fuera del bosque lo capta. Shima cierra los ojos por el sol al salir de la espesura y su expresión se nubla al presenciar un pueblo completamente abandonado, o eso parece. El cuervo no responde, no sigue la conversación; solo vuelve al hombro de Shima mientras este se pone en marcha hacia el pueblo.

Camina por un sendero donde ya no crece la vegetación y observa a su alrededor distintas cabañas donde no parece vivir nadie, pero que se ven impecables.

—Es como si el viento se hubiera tragado al pueblo... —al entrar a una cabaña, observa cómo hay frutas podridas en un tazón sobre una mesa de madera, pequeña y junto a la cama.

—Pierdes tu tiempo aquí —clama el cuervo.

Aunque no tienes un objetivo aún —agrega el ave, con un tono que le da a entender a Shima que no tiene un propósito.

Shima sigue dando vueltas en el pueblo sin lograr encontrar nada; el ave lo espera justo donde termina el caserío. Después de diez minutos de una búsqueda sin sentido, Shima llega hasta donde está el cuervo.

—Dime qué clase de pacto quieres... Estoy perdiendo la paciencia; me siento como un ave enjaulada.

—Los chistes de aves no se te dan muy bien —dice el cuervo, posándose en su hombro—. Shima, a cambio de información limitada... quiero que me vuelvas a ver dentro de cinco años. Shima abrió los ojos sorprendido, de par en par.

—¡¿Planeas abandonarme?! —preguntó alzando el tono.

—No es mi deber guiarte. Además... el pacto no puede beneficiarte más de lo que te puedes imaginar. Te daré información limitada hasta que el amanecer me reclame; será entonces nuestra despedida.

Shima traga saliva; quiere negociar esto, pero sabe que la información puede servirle mucho.

—Dime... ¿Por qué sabes mi nombre? — pregunta decidido, pero luego se arrepiente y cambia su pregunta—. Mejor respóndeme esto... ¿Quién soy yo?

El cuervo se queda en silencio por varios segundos; su mirada ya no se fija en él, sino en el cielo del atardecer.

—Eres Shima, un campesino que sobrevivió a la invasión de demonios —el cuervo hace una pausa; sabía que necesitaba otra explicación.

—¿Demonios...? —el cuervo asiente.

—Así es: seres demoníacos que se alimentan de carne humana. Sobreviviste porque te caíste en un pozo mágico; fue entonces cuando el alma de Shima murió... o así lo describiría si fuera otra cosa. Lo que me pareció fue que su alma no murió, sino que fue reclamada por el más allá. Shima se inclina apoyando sus manos en sus rodillas, con la mirada fija en el suelo.



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Editado: 14.03.2026

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