Un mundo de silencio

Un mundo de silencio

Hace mucho tiempo, Luzuria era un país alegre, podria sonar repetitivo, pero Luzuria era un país próspero, perfecto como un país de ensueño. En ese entonces, su gobierno estaba al mandato de Cynthia Boch, una gobernante que se preocupaba por sus habitantes.

La libertad de expresión era el tema de cada día, sitios de grafiti, de lectura o de debate pacifico. Todo era felicidad hasta que sucedió lo peor. Después del sexenio de Cynthia se hicieron las elecciones por un nuevo gobernador.

La gente siempre se deja influenciar por palabras bonitas, y eso sucedió en aquella elección. Engatusando el oído, Kairo Armendáriz, el participante que luego sería gobernador, con mentiras y promesas vacías, así se ganó al pueblo.

Habiendo ganado las elecciones, Kairo inició una dictadura, en la cual toda opinión que no fuera a favor de él, era prácticamente una ofensa de muerte, y después… no se sabía más de esa persona.

Lo peor no era eso, pues se tenia la esperanza de que después del sexenio, dejara el cargo, pero no fue así, desde aquel día, no hubo gobernante que no fuera el, siendo reelegido hasta la fecha siete veces.

Actualmente tengo 14 años, y he vivido en esta dictadura, siendo testigo de todos sus horrores, haciendo parecer aquella Luzuria de antaño como un sueño imposible.

—Buenos días queridos televidentes, Gretel Van Seul, reportándose como siempre desde su noticiero de confianza. Iniciando con las noticias, hoy desde la mañanera, recientes ataques contra el palacio municipal iniciaron una movilización por parte del ejército, llevando detenidos a 74 hombres y mujeres de distintas edades, el veredicto de nuestro presidente, muerte sin tregua, un veredicto digno de nuestro respetable presidente, volvemos después de un anuncio comercial, aquí donde están las noticias al momento —dijo nerviosa aquella reportera en la televisión.

—¡A la mierda el gobierno! —exclamó enojado mi hermano mayor, Santiago.

—Santiago, ese vocabulario no esta permitido en esta casa —regañó mamá enojada, mandándolo a limpiar la mesa para desayunar.

—Pero no se le puede decir con otras palabras a este gobierno de la fregada —refutó yendo a la mesa enojado.

—Zack, cielo, saca los platos y los vasos —Me ordenó mamá.

—Ya voy —respondí obediente.

Siempre he sido un opositor al gobierno, creo que para este punto todo el país lo era, pero por más que se hable pacíficamente, se hagan manifestaciones o se atente contra la vida del presidente, todo acaba en muerte de inocentes y en un desanimó en el pueblo.

Aunque seguía incomodo por lo que habían dicho en el noticiero, me encontraba feliz, pues iría ver a mi hermano Yan a la cárcel.

No es que hubiese hecho algo malo, de hecho, fue todo lo contrario. Fue en una noche que el salía de su turno en el hospital, afuera se encontró con un hombre lastimado y lo ayudo sin pensar, lamentablemente, aquel hombre era un opositor, y cuando lo encontraron en el hospital, se lo llevaron a el y al doctor a cargo, el cual era mi hermano.

Nos alistamos con nuestra mejor ropa después de desayunar, agarramos el carro y nos fuimos. Mi papá trabajaba hasta la noche, así que solo iríamos mi mamá, mi hermano y yo.

Llegamos a la cárcel, pacientemente llegamos a la sala de visitas del lugar, esperamos cerca de 10 minutos hasta que lo vimos, tenia sus ojos apagados, con una sonrisa sin fuerza y una voz melancólica.

Nos saludó con la mejor sonrisa que pudo, se sentó y comenzó a platicar. Mi mamá había llevado unos bocadillos, que tan pronto como los vio, empezó a comerlos.

Su comer era desesperado, pero, feliz. Era como un niño viendo su pastel de cumpleaños, tan pronto los acabó, se disculpó con mamá por la escena vergonzosa, ella por supuesto no le recriminó, al contrario, estaba feliz de poder verlo contento.

Santiago y yo le contamos como nos iba en la escuela, la verdad no era muy difícil para mí, había salido superdotado, pero para no mortificarme a tan temprana edad, decidí cursar la escuela de manera normal, teniendo el apoyo de mamá.

Mi hermano Santiago, no era bueno para los estudios, pero si para el deporte. Le contó acerca de cómo había ganado el último torneo de futbol. Mi hermano Yan solo escuchaba, con una leve sonrisa en su rostro.

Después de una hora, terminó la hora de visitas, mi mamá se despidió primero con un beso en la mejilla, además de darle la bendición, luego se despidió Santiago, quien le dio un apretón para posteriormente salir de la sala.

Al final solo quedamos él y yo. Yan me acarició la cabeza, un acto que solía hacerme en la casa desde que tengo memoria. Me miró tiernamente para luego darme un beso en la frente, no pude resistirme y lloré. El me vio, mirándome con suavidad, para luego me acercó a su pecho para consolarme.

Era difícil estar sin él, él era siempre el que me buscaba en la escuela, o cuando no tenia clases me llevaba a su trabajo donde me explicaba cosas de medicina. Esos tiempos, eran tiempos que añoraba.

El policía de la puerta tosió, haciéndonos entender que debíamos darnos prisa, con lágrimas en los ojos me despedí, aunque antes de irme, él me dijo.

—Te quiero mucho hermanito, cuídate si —Me susurró entre lágrimas.

Viéndolo alejarse mientras mi corazón se retorcía del dolor. Sali de la sala con los ojos rojos, ni Santiago ni mi mamá preguntaron, pues ellos se sentían igual.

Pasó el día con relativa tranquilidad, lo mismo de siempre, trabajar, seguir las reglas, escuchar cómo se llevaban a opositores del gobierno, no había mucha diferencia, mi papá había llegado hace poco cansado, el trabajo lo tenía estresado.

—¿Cómo les fue con Yan? Espero que se encuentre bien. Ojalá hubiese podido ir con ustedes.

—No te desanimes cielo, hiciste lo que pudiste para que te dieran el día, pero, a veces las cosas no se dan.

—Lo se amor, pero aún así, tenia ganas de poder darle un abrazo, aunque sea.



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En el texto hay: distopia, drama, gobierno corrupto

Editado: 16.01.2026

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