Me teletransporte hasta donde yo sabía que se encontraba la superior, efectivamente, estaba ahí, en sus aposentos, parecía una reina sentada en su trono, con aquel setro que nunca soltaba, pero se veía muy enojada, algo que hizo que empezara a sudar debajo de la máscara.
— Dime la verdad, ¿dónde estabas?
Esa simple pregunta era prueba de que ella ya sabía dónde estaba yo, pero fingía no saber.
— Yo... Estaba...
— Tú como sub superior sabes perfectamente las reglas, especialmente las que te impuse a ti por andar vigilando a ese mortal.
— Lo siento... Pero de verdad necesito verlo.
Ella me miró furiosa, se levantó de su trono y caminó hasta mi, al ser más alta que yo tuve que levantar la mirada para verle la cara.
— Me importa poco si ese mortal y tú fueron algo en el pasado, no me gusta tu obsesión hacia él.
Cuando pensé que iba a golpearme, entró Ivan con su sonrisa pícara e hizo un comentario que habría hecho explotar a la superior, de no ser que quien había dicho eso era su propio hijo.
— Mami, ¿a poco te gusta mi hermano? ¿No serías muy asaltacunas?
La ira de la superior se disipó de inmediato al oír la voz de Ivan, no sabía si agradecer o enojarme por el comentario, pero me había salvado de una tragedia.
— Yo creí que te gustaba el señor fuego.
— Ivan, deja de decir esas cosas. — fue lo único que respondió la superior, aunque ya no estaba furiosa.
— Pero mami, le impones muchas reglas a mi pobre hermano como si estuvieras celosa de que a él le guste un mortal.
Sentí un calor subirme desde el cuello hasta la frente, no podía creer lo que acababa de decir Ivan. Seraphine me miró seria antes de mirar a Ivan con una mirada suave, la misma que ocuparía una madre para calmar a su hijo... O eso creo.
— Solo quiero que él siga las reglas generales, porque de eso se trata ser superior, pero pronto entenderás, pequeño.
Ivan no era idiota, no se creyó ese cuentito, pero no dijo nada más al respecto. Seraphine volvió a mirarme con seriedad.
— Haz lo que quieras, pero cuando pierdas tu puesto de sub superior no vengas llorando hacia mi.
Pude notar como Ivan la fulminaba con la mirada disimuladamente antes de fingir una sonrisa. Yo, por mi parte, solamente asentí y me retiré del lugar.