Un Nerd en Mi Casa.

Capítulo 15

Concha llevaba todo el día atando cabos. Miradas, silencios, puertas que se cerraban demasiado fuerte. Así que cuando Elías entró en casa aquella noche, se lo soltó sin rodeos: —Carol se va a una sala de fiestas de Gijón. Con Arturo. Elías se quedó quieto, como si alguien le hubiera empujado por dentro. Había tenido un día horrible. Uno de esos en los que todo pesa, en los que la cabeza no para y el orgullo te muerde por dentro. Si aquello seguía así, el que acabaría marchándose sería él. No podía soportar verla con Arturo. No en su casa. No después de todo. Y no, no creía ni una palabra de ese supuesto amor. Le parecía una broma cruel. Carol sabía jugar. Siempre había sabido. —¿Te has quedado tonto? —le espetó Concha. —No… —respondió él, seco. —Yo, en tu lugar… —¿Qué harías en mi lugar? —saltó—. Dilo. —Que no me gusta Arturo. Y menos a estas horas. Elías ya no escuchaba. —¿Dónde está Carol? —Arriba. Preparándose. —Vale. Y se fue sin decir nada más. Los padres miraron a Concha. —¿Qué le pasa ahora? —preguntó el padre. —Nada importante —mintió ella. Pero no dejó de mirar hacia arriba. Sabía lo que iba a pasar. Elías no pensó. Subió de dos en dos los escalones, empujó la puerta y entró en la habitación. —¿Quién anda ahí? —preguntó la voz de Carol desde el baño. No respondió. Miró alrededor. Nunca se había fijado en esa habitación. Nunca le había importado. Pero ahora todo le parecía distinto. —¿Quién…? —Carol salió envuelta apenas en ropa interior y se detuvo en seco—. ¿Cómo te atreves? —Ponte una bata —ordenó él—. Sal. —¿Pero tú estás loco? —O te la pones, o entro yo a por ella. —Vaya carácter el tuyo. —Déjate de ironías. Y hazlo. Ella desapareció un segundo y volvió con una bata corta de felpa blanca, atándosela con calma provocadora. —¿Qué te pasa? ¿Te imaginas lo que pensará tu padre si le digo que entras así en mi habitación? —No dramatices. —Claro. Para ti nada es importante. Elías respiró hondo, perdiendo la paciencia. —¿Es cierto que te vas con Arturo? —Sí. ¿Te molesta? —No vas a ir. —¿Perdón? —He dicho que no vas a ir. Ella lo miró entonces de otra forma. Más despacio. —¿Y eso por qué? —preguntó—. ¿Celos? Elías apretó los dientes. —No digas tonterías. —Solo me quedaré si me lo pides tú. Aquello lo desarmó. —Haz lo que quieras —gruñó, girándose hacia la puerta. Pero Carol se le plantó delante. Le cortó el paso. Estaba demasiado cerca. Demasiado. —Si me pides que no vaya… Elías cerró los ojos. Sabía que debía salir. Sabía que no era buena idea quedarse allí un segundo más. Pero no se movió. Ella se apoyó contra él, apenas un roce, y todo se vino abajo. Elías la rodeó con los brazos sin pensarlo, buscó su boca, la besó con una mezcla de rabia y necesidad que le quemó por dentro. Fue un beso largo. Demasiado. Se separó de golpe, como si se hubiera quemado, y salió casi corriendo. Pero aún la oyó, con la voz baja, segura: —No iré, Elías. No iré. Se lo soltó a su padre aquella misma noche, sin rodeos, como quien se arranca una muela sin anestesia. —Me vuelvo a Madrid. Su padre lo miró como si acabara de decir una barbaridad. —¿Desde cuándo haces tú esas tonterías? —Nunca —respondió Elías—. Pero ahora sí. Quiero seguir estudiando. En serio. —Elías, estás diciendo disparates —replicó el padre—. Tomás ya dejó claro que te quería en la notaría todos los días. Eso es lo que harás. Y el año que viene volverás a presentarte a las oposiciones. —Papá, eso no funciona así. No hay notarios jóvenes. Es una locura. Si quiero aprobar, tengo que estudiar invierno y verano. No perder el tiempo. —Pues tardarás más —le cortó Sebastián—, pero no te vas a Madrid en verano —y añadió, con media sonrisa—. Además, no hace falta ser notario para casarse. Elías se quedó helado. —¿Qué estás diciendo? —Nada que no sepas ya. Si alguien quiere casarse, se casa. Y sigue estudiando. No contestó. Dio media vuelta y salió de casa. Prefería eso a seguir escuchando. Prefería huir. Se metió de cabeza en la notaría de don Tomás y trabajó como un poseso. Leyó, escribió, copió, revisó… cualquier cosa con tal de no pensar. Porque pensar significaba recordar a Carol entre sus brazos. Su boca. La forma en que lo había besado. Y eso era peor que cualquier suspenso. El amor de Carol: una locura. Una maldita locura deliciosa. Al mediodía salió con la idea de despejarse, de ir un rato a la playa. Y entonces la vio. Estaba en el portal de la notaría. Esperándolo. Elías se tensó como un cable a punto de romperse. —¿Qué haces aquí? —preguntó, seco. —Hola. Nada más. Y fue suficiente. Estaba preciosa. Demasiado luminosa, con esa sonrisa que siempre parecía saber más de lo que decía. —Carol… no quiero que… No terminó la frase. Ella se colgó de su brazo, firme, decidida. —Carol, te digo que… —¿Eres mi novio, no? —No. No. No. —Entonces —replicó ella sin soltarlo—, ¿por qué me besaste? Elías abrió la boca, pero no encontró palabras. —Porque tú… porque… Ella rió bajito y buscó sus gafas con los dedos. —Me gusta ser tu novia —dijo—. Aunque tenga que esperarte años. No podría ser de otro. —Eres una descarada. —Contigo me gusta serlo —susurró, coqueta—. Y ya ves que te hice caso. No fui con Arturo. Bajó aún más la voz mientras caminaban calle abajo. —No me gusta Arturo. Nunca podría divertirme con él. ¿Me llevarás tú esta noche a una sala de fiestas? —No —respondió Elías de inmediato—. Claro que no. —¿Tienes miedo de mí? —¿Qué dices? —Yo sí lo tengo de ti. Aquello le golpeó el pecho. Dolor y placer mezclados. Rabia y deseo. Todo a la vez. Y en ese mismo instante tomó una decisión. Carol no iba a ganar. No esta vez. No por mucho que dijera amarlo. No por mucho que él la amara. Se iría a Madrid. Esa misma noche. —Te tengo miedo porque eres así —seguía diciendo ella—. Duro por fuera, sentimental por dentro. —¿Sentimental yo? —Mírame a los ojos —insistió—. No de lado. De frente. ¿Eres capaz de decirme que no me quieres? Elías se detuvo. Y supo que, dijera lo que dijera, ya había perdido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.