Muy pocos te conocen de verdad.
Ante el mundo muestras la sonrisa justa,
la luz medida,
esa felicidad que todos creen completa
y nadie se atreve a cuestionar.
Eres experta en parecer bien,
en sostenerte firme,
en caminar como si nada pesara.
Pero yo sé
que hay noches donde el alma duda,
donde el miedo se sienta a tu lado
y las inseguridades susurran
cuando nadie más escucha.
A muchos les pareces una princesa,
por la forma en que el mundo se acomoda
cuando pasas.
Y lo eres.
Pero también eres la dama que lucha,
la que trabaja en silencio,
la que no se quiebra, aunque le duela,
la que aprende a levantarse sola
cuando el aplauso no llega.
No todos ven tus grietas,
ni tus batallas internas,
ni el cansancio que escondes
tras una risa impecable.
Yo sí.
Y lejos de restarte,
eso te vuelve inmensa.
Tal vez no seas perfecta para el mundo,
pero en mis ojos
lo eres sin esfuerzo.
Con tus miedos,
tus caídas,
tu fortaleza callada.
Eres perfección
no por no romperte,
sino por seguir siendo luz
incluso cuando nadie mira.