Un Novio de Mentiras

Capítulo 5 - Desconocido

PARANOID - Chase Atlantic

La clase terminó y sentí ese alivio corto que dura apenas unos segundos, y mientras tomaba mi mochila azul con mariposas, Merliah me tomó del brazo.
—Vamos a la cafetería. Necesito azúcar urgente.
Acepté sin pensar demasiado. Yo también necesitaba azúcar urgente. Cuando llegamos, nos sentamos en una mesa cerca de la ventana y empezamos a hablar de la fiesta de este fin de semana. Merliah estaba emocionada, contándome quiénes iban a ir, cómo eran las carreras, la música, el ambiente.
Yo la escuchaba, pero por dentro seguía repasando todo lo que había pasado esos días.
Hasta que una sombra pasó demasiado cerca de nuestra mesa, no alcé la vista, pero sentí el café caliente atravesar la tela de mi pantalón y el ardor me hizo levantarme de golpe.
—¡Ah!
Merliah también se puso de pie.
—¡Clover!
Elina estaba frente a mí, con la taza vacía en la mano y esa expresión falsa de sorpresa que ya empezaba a conocer demasiado bien.
—Ay, perdón —dijo sin sonar arrepentida en lo más mínimo.
El calor seguía quemándome la piel. No dije nada porque no quería darle el gusto de verme reaccionar. Solo tomé mi mochila y salí apresurada de la cafetería.
Necesitaba aire, necesitaba salir de ahí antes de perder el control y sacudirla del cabello.
Empujé la puerta con fuerza… y choqué contra alguien. Sus manos que me sostuvieron por los hombros para que no cayera.
Levanté la vista, y me encontré con esos ojos oscuros que ya sabía de quién trataba.
Chase.
Su mirada bajó automáticamente hacia mi pantalón empapado. Luego volvió a mis ojos. Detrás de mí, Elina apareció en la puerta. Pude sentir su presencia sin siquiera mirarla.
Yo apreté los dientes, apartándome rápidamente de él para dirigirme hacia el baño de la universidad.
Entré casi sin ver por dónde caminaba, empujé la puerta con más fuerza de la necesaria y el eco del golpe rebotó en las paredes vacías. Me acerqué al lavamanos y abrí la llave sin pensarlo y el agua salió fría.
Me incliné un poco y empecé a mojar la tela del pantalón, justo donde el café había caído. La piel todavía me ardía, pero el frío ayudaba a calmar un poco la sensación.
Respiré hondo. Otra vez Elina, siempre aparecía para arruinarme el día, ya no la soportaba. Solo deseaba estamparle la cabeza por la pared, pero no podía, mi mamá siempre me dijo que los golpes no solucionaban nada, pero a estas alturas yo creía que un golpe podía calmar a alguien.
Apreté los dientes mientras pasaba la mano húmeda sobre la tela, como si con eso pudiera borrar no solo la mancha, sino también todo el maldito día.
Estaba cansada de que me buscaran, de tener que aguantar. Cansada de sentir que siempre tenía que mantener la calma para no empeorar las cosas.
Apoyé ambas manos en el borde del lavamanos y bajé la cabeza.
—Ya está… —murmuré para mí misma intentando tranquilizarme.
Pero la rabia seguía ahí, latiendo fuerte en el pecho. Abrí más la llave y me llevé agua al rostro.
Me mojé la cara varias veces, respirando profundo, intentando que el nudo en el pecho aflojara un poco. Cerré los ojos unos segundos, dejando que el agua escurriera por mis mejillas.
Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Me lo repetía una y otra vez, y cuando me tranquilice, levanté la cabeza y la puerta del baño se abrió de golpe.
—¡Clover!
Era Merliah. Me giré hacia ella mientras me secaba la cara con las manos.
—¿Estás bien? —preguntó acercándose rápido.
Asentí.
—Sí… ya estoy calmada.
Pero ella no parecía concentrada en eso. Tenía los ojos abiertos de emoción, como si estuviera a punto de contar el mejor chisme del año.
—¡No sabes lo que pasó!
La miré confundida.
—¿Qué?
—¡Chase y Elina acaban de tener una discusión fuertísima en la cafetería!
Parpadeé.
—¿Qué?
—Sí, Clover. Delante de todos. Él estaba furioso y Elina comenzó a gritarle. Fue un espectáculo.
Merliah miró hacia las puertas de los cubículos y luego hacia el espejo, como si en cualquier momento alguien pudiera salir de ahí y bajo la voz.
—Te cuento… pero no aquí. Estas paredes oyen.
Asentí de inmediato. Ya había aprendido que en esa universidad los rumores caminaban más rápido que las personas.
—Ven a mi casa —le dije —.Mi mamá ya debe de estar por llegar a buscarme. Podemos pasar la tarde ahí.
Su expresión cambió al instante.
—¿En serio?
—Sí
Merliah sonrió emocionada.
—Entonces vámonos antes de que alguien más quiera arruinarte el día.
Tomé mi mochila, todavía un poco húmeda, y salimos del baño juntas. Cuando llegamos a la entrada principal, el auto de mi mamá ya estaba estacionado allí.
Ella bajó la ventanilla y apenas nos vio, me llamo.
—¡Clover!
Me acerqué con Merliah a mi lado.
—Mamá, ella es Merliah. Mi… nueva amiga.
Mi mamá sonrió de una forma muy dulce.
—¡Hola, Merliah! Mucho gusto. Suban, suban.
Nos acomodamos en el asiento trasero y el auto arrancó.
No habían pasado ni dos minutos cuando mi mamá empezó.
—¿Y de dónde eres, Merliah? ¿Vives cerca? ¿Qué estudias? ¿Hace cuánto estás en la universidad? ¿Tienes hermanos?
Merliah me miró con una sonrisa divertida, como diciendo ¿siempre es así?
Yo solo rodé los ojos.
—Sí… siempre es así —murmuré.
Así que respondió cada pregunta con paciencia, y mi mamá parecía encantada, como si acabara de aprobar un examen invisible sobre la persona que acababa de conocer.
Cuando llegamos a mi casa, el auto apenas se detuvo y Merliah seguía hablando con mi mamá como si se conocieran de toda la vida.
—…y ahí fue cuando lo vi —decía desde el asiento trasero —.A mi papá con otra mujer en el centro.
Yo abrí los ojos, mirándola de reojo.
¿En qué momento agarró tanta confianza?
Mi mamá también se quedó en silencio unos segundos, procesando la información, y luego la miró por el espejo retrovisor con una expresión suave y comprensiva.
—Debió ser muy duro para ti, cariño…
Merliah asintió como si nada, mientras se desabrochaba el cinturón.
—Sí, pero bueno… ya pasó.
Bajamos del auto y yo no podía creer lo rápido que Merliah había entrado en modo hija adoptiva.
Mi mamá cerró el auto y caminó con nosotras hacia la puerta.
—Pueden pasar toda la tarde juntas. Yo voy a preparar algo para que merienden —se dirigió hacia la cocina pero luego se giró nuevamente hacia nosotras —.Por cierto Merliah, no te preocupes, yo te llevare a casa, así que despreocúpate en toda esta tarde.
Mi madre volvio hacia la cocina, y miré a Merliah.
—Definitivamente ya le caíste bien.
Ella sonrió.
—Creo que a tu mamá le gusta adoptar gente.
Subimos a mi habitación y cerre la puerta apenas entramos. Ella no perdió tiempo y se tiró de espaldas sobre mi cama.
Yo me senté en la silla del escritorio, cruzándome de brazos.
—A ver… habla.
Giró la cabeza hacia mí, con una sonrisa cargada de emoción.
—Cuando tú te alejaste de la cafetería, todo explotó.
Me quedé quieta escuchando atentamente.
—Chase se quedó mirándote salir. Literal. No te sacaba los ojos de encima.
Tragué saliva.
—El me pregunto que pasó, y le dije que Elina había hechado su café sobre tu pantalón. Y ahí Elina empezó a decirle que yo exageraba y que no fue así, que tú siempre hacías drama, que solo había sido un accidente…
Hizo una pausa disfrutando el suspenso.
—Y Chase la miró con una cara… Clover, nunca lo vi así.
—¿Así cómo?
—Furioso.
Se incorporó un poco en la cama.
—Le dijo que era una maldita víbora. Así, tal cual.
Sentí un pequeño vuelco en el estómago.
—Le dijo que dejara de molestar, que estaba harto de sus jueguitos, y que lo que hizo contigo no tenía nada de gracioso.
Parpadeé, procesando cada palabra.
—Elina empezó a gritarle que él te estaba defendiendo.
—¿Qué?
—Sí. Le dijo algo como “¿Ahora la defiendes a ella?” y Chase solo se pasó la mano por el cabello, frustrado, y le dijo que ya estaba cansado de su actitud.
Merliah sonrió de lado.
—Y ahí fue cuando todos en la cafetería dejaron de fingir que no estaban escuchando.
Lvantó el dedo, señalándome.
—Pero ahí no termina la historia.
La miré confundida.
—¿Qué más pasó?
Se acomodó mejor sobre la cama, boca abajo ahora, con los codos apoyados y la cara entre las manos.
—Elina, cuando vio que Chase no estaba de su lado… hizo algo que lo terminó de sacar de quicio.
Sentí cómo mi atención se afilaba.
—¿Qué hizo?
—Se rió en su cara.
Fruncí el ceño.
—¿Reírse? ¿Y qué tiene de malo?
Merliah giró los ojos.
—Es el error más grande que puedes cometer frente a Chase cuando esta enojado. Pues la cuestión es que Elina se rió y dijo algo como: “Ay, por favor, solo le tiré un poco de café. ¿Vas a hacer tanto drama por esa rarita nueva?”
Apreté la mandíbula sin darme cuenta y ella continuó.
—Y ahí fue cuando Chase golpeó la mesa con la mano muy fuerte.
Tragué saliva.
—Le dijo que dejara de meterse contigo. Que no la quería ver molestándote otra vez.
Sentí un cosquilleo extraño en el pecho.
—Elina se puso roja, empezó a decirle que era un imbécil, que tú estabas intentando llamar la atención, que seguro querías provocarlo…
—¿Qué? —murmuré.
—Sí. Pero Chase no la dejó seguir. Le dijo que estaba harto de ella por inventar cosas y que dejara de comportarse como una niña caprichosa.
Me miró fijamente.
—Clover… él estaba realmente enojado. No fue una simple actuación, fue real.
Suspiré cruzándome de brazos.
—Es imposible —dije —.Es imposible que Chase sienta algo por mí. Seguro solo me defendió para… ya sabes, poner celosa a Elina.
Merliah bajó la mirada y su sonrisa desapareció un poco.
—…Tal vez tengas razón —murmuró —.Es Chase y Elina, ¿no? Novios. Probablemente solo te defendió para que Elina se pusiera celosa.
Sentí un nudo en la garganta, como si algo en mí quisiera negarlo, pero sabía que tenía sentido. Asentí, aunque por dentro algo se removía, incómodo y confuso.
—Sí… —susurré —.No hay otra explicación.
Merliah suspiró también y se acomodó en la cama, dejando que el pensamiento flotara entre nosotras. A veces lo que más querías ver no era lo que estaba allí.
Seguíamos hundidas en un silencio, hasta que Merliah giró la cabeza hacia mí, curiosa.
—¿Y tú? ¿Alguna vez has tenido novio?
La pregunta cayó demasiado ligera… para lo pesada que se sintió en mí.
Bajé la mirada de inmediato.
—No quiero hablar de eso —dije rápido, cerrando un poco más los brazos sobre mí.
El silencio cambió. Ya no era cómodo, era distinto. Y sin quererlo, mi mente me traicionó.
La voz de Alex llego a mi. Fría, manipuladora, aterrador. El tirón de mi cabello, mi espalda chocando contra la pared, el impacto de mi cuerpo al ser empujado. Mis dibujos… arrugados, rotos y tirados en el suelo como si no significaran nada.
Sentí un nudo en la garganta. Parpadeé rápido, volviendo a la habitación de golpe, con Merliah mirándome con preocupación.
—Clover… —susurró.
Tragué saliva forzando una respiración estable.
—Estoy bien —mentí, aunque mi voz salió baja.
Se levantó de la cama y se acercó a la ventana con curiosidad, apartando un poco la cortina.
—La vista es muy bonita desde aquí… —murmuró, apoyando las manos en el vidrio.
Yo seguí sentada en la silla de mi escritorio, todavía intentando sacarme de la cabeza lo que había recordado.
De pronto, Merliah se quedó quieta.
—…Clover.
Su tono me hizo levantar la mirada.
—¿Qué?
Se giró lentamente hacia mí, con los ojos bien abiertos.
—Chase está en la casa del frente.
Me quedé en silencio un segundo. Luego suspiré.
—Sí… ya lo sé.
Merliah parpadeó.
—¿Cómo que “ya lo sé”?
Me recosté un poco en el respaldo de la silla, como si ya no tuviera fuerzas para sorprenderme de nada.
—Es mi vecino. Vive ahí.
El silencio duró medio segundo.
Después Merliah abrió la boca como si fuera a gritar… pero terminó soltando una risa incrédula.
—¿Y recién me lo dices ahora? —dijo llevándose una mano al pecho —.O sea, te estás peleando con tu vecino, compañero de universidad, chico problemático… y lo guardas como información secundaria.
Me encogí de hombros.
—No me pareció importante.
Merliah soltó una carcajada.
—Sí, claro… nada importante. Lo tienes muy bien guardado Clover. Muy sano de tu parte.
—No es la gran cosa —dije encogiéndome de hombros —.Chase no es el último hombre en la tierra, Merliah.
Ella me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—¿Estás loca? —soltó señalándome —.Tener a Chase de vecino es literalmente un regalo.
Rodé los ojos.
—Un regalo… claro.
Se volvió otra vez hacia la ventana, como si ya se estuviera imaginando la escena.
—Imagínate espiarlo todo el día —dijo bajando la voz con emoción —.Verlo caminar por su casa… sin remera…
—Merliah —la interrumpí, entre divertida e incrédula —.Estás mal.
Ella se giró hacia mí totalmente seria ahora.
—No, tú estás mal. Tienes al chico más atractivo, respetado y problemático de la universidad viviendo enfrente de tu casa y actúas como si fuera un vecino cualquiera.
Negué con la cabeza, intentando no reír.
—Sigue siendo un idiota.
Merliah se dejó caer otra vez en la cama, riéndose.
—Un idiota… pero uno muy interesante.
Solté un suspiro, mirando hacia otro lado.
—Es un maleducado —dije —.Y además… probablemente es un mujeriego.
Se incorporó de golpe en la cama, como si esa palabra le hubiera dado energía.
—Bueno… —dijo, pensativa —.Si yo fuera su novia, no me importaría mucho si es mujeriego.
La miré con incredulidad.
—¿Cómo que no te importaría?
Ella se encogió de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.
—Mientras me presuma siempre, todo bien.
Rodé los ojos.
—Definitivamente, no me cabe duda de que estas mal de la cabeza.
Merliah se rió, y luego ladeó la cabeza, observándome con una sonrisa curiosa.
—Pero dime algo… cuando dices “maleducado”… ¿en qué sentido exactamente?
Su mirada cambió a una mas pícara e insinuante. Y en ese instante entendí perfectamente a qué se refería.
Abrí los ojos un poco más.
—Merliah…
—Solo digo —insistió levantando las manos—.Es una duda válida.
Negué rápidamente con la cabeza, sintiendo cómo me ardía un poco la cara.
—No es lo que estás pensando.
Pero ya era tarde. Porque ella ya estaba sonriendo como si hubiera descubierto algo que yo ni siquiera había admitido en voz alta.
En ese momento, la puerta se abrió suavemente.
—Les traje la merienda —dijo mi mamá entrando con una bandeja.
Había galletas, jugo y algo dulce que olía demasiado bien como para ignorarlo.
Merliah se incorporó de inmediato.
—Gracias —dijo con una sonrisa.
Mi mamá dejó la bandeja en el escritorio y la miró con amabilidad.
—Merliah, ¿te sientes cómoda?
Ella parpadeó, sorprendida por la pregunta, pero enseguida asintió.
—Sí, estoy bien señora.
Mi mamá sonrió satisfecha y luego nos miró a ambas.
—¿Qué les parece si después de merendar van a dar un paseo al parque? Les haría bien salir un poco de la habitación.
Merliah abrió la boca emocionada antes de que yo pudiera responder.
—¡Sí, nos encantaría!
Yo la miré de reojo.
—Supongo que no es mala idea…
Mi mamá asintió contenta.
—Perfecto. Entonces merienden todo y luego salgan a despejarse.
Y salió de la habitación dejando la bandeja con la merienda, mientras Merliah ya estaba prácticamente planeando el paseo como si fuera el mejor evento del día.
Nos sentamos en el suelo, usando la cama como respaldo, y en cuestión de minutos la bandeja quedó casi vacía.
Merliah se llevó la última galleta a la boca y habló mientras masticaba.
—Está riquísima la merienda.
Sonreí un poco.
—Mi mamá cocina demasiado bien. Es su forma de demostrar cariño.
Asintió, limpiándose las manos en el pantalón.
—Me adopta cuando quiera.
Solté una risa leve y me levanté.
—Vamos antes de que se haga más tarde.
Bajamos las escaleras casi corriendo, y luego salimos de la casa rumbo al parque, buscando un poco de aire y sobre todo, distraer la mente de todo lo que había pasado en el día.
El parque no estaba lejos. En unos diez minutos caminando ya estábamos entrando por el sendero principal, los árboles formaban una especie de túnel natural sobre el camino, dejando pasar rayos de sol entre las hojas haciendo que el aire se más fresco.
—Es hermoso… —murmuré mirando alrededor.
No entendía cómo mi mamá sabía de este lugar si apenas llevábamos días en la ciudad. Merliah caminaba a mi lado con total seguridad, como si hubiera recorrido ese sendero mil veces.
"Pues obvio, ella vive aquí Clover. Que tonta" me dije en la cabeza.
—¿Ya habías venido? —se me salio de la boca.
Ella sonrió.
—Sí. Varias veces. Este lugar es perfecto cuando quieres despejarte.
Caminaba unos pasos por delante, señalando distintos rincones del parque como si fuera una guía turística improvisada.
—En invierno, por las noches, acá hacen ferias —dijo —.Se llena de luces, puestos de comida, música, juegos… es precioso.
La escuchaba mientras miraba alrededor, intentando imaginar el lugar iluminado.
—Y más al fondo está la fuente de los deseos. Dicen que si tiras una moneda y pides algo, se cumple.
Sonreí apenas.
—Claro… seguro.
Merliah estaba por responder cuando de pronto giró la cabeza hacia un costado, y sus ojos brillaron.
—¡Algodón de azúcar!
Antes de que pudiera decir nada, ya estaba corriendo hacia un pequeño puesto colorido al costado del sendero. Me quedé atrás, negando con la cabeza, mientras la veía llegar emocionada como una niña pequeña dispuesta a gastar sus últimas monedas en azúcar.
Aproveche el momento y me desvié del camino hacia un pequeño estanque que había unos metros más al frente.
No había casi nadie por esa zona, solo un par de bancos vacíos, el sonido leve del agua moviéndose y algunos patos nadando tranquilos, dejando pequeñas ondas detrás de ellos.
Me acerqué despacio, apoyándome en la baranda de madera que rodeaba el estanque.
El parque ya era… silencioso, demasiado, pero en el buen sentido, te relajaba y por un momento, sentí que podía estar en paz. Me senté en uno de los bancos de madera frente al estanque y saqué el teléfono.
El reflejo del agua, los patos, la luz entre los árboles… encuadré la foto y disparé. En ese instante, el teléfono vibró en mi mano.
Número desconocido.
Fruncí el ceño y abrí el mensaje.
“Estás hermosa, quién diría que eres una gran problemática.”
El aire se me quedó atrapado en el pecho y el corazón empezó a latirme más rápido. Escribí de inmediato, con los dedos temblando.
¿Quién eres?
La respuesta llegó casi al instante.
“No te alteres. No trato de hacerte daño esta vez. Por cierto, me gusta tu blusa rosada. Te queda bien.”
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Levanté la cabeza de golpe y miré alrededor. Alguien… me estaba viendo. Guardé el teléfono con manos torpes y empecé a caminar rápido hacia donde estaba el puesto de algodón de azúcar.
Pero cuando llegué… Merliah ya no estaba. Miré a un lado, luego al otro. Nada. El pecho se me apretó.
—¿Merliah? —llamé, girando sobre mí misma.
Comencé a caminar más rápido, mirando entre los árboles, por el sendero, hacia los bancos.
El corazón me latía en los oídos. Sentía que todos los sonidos del parque se habían vuelto más fuertes y más lejanos al mismo tiempo.
Di un paso hacia atrás sin mirar… y un ciclista estaba viniendo a toda velocidad, y no lo vi venir. Solo sentí un tirón brusco en mi brazo. Un cuerpo que me jaló hacia atrás con fuerza, el ciclista pasó rozándome Y yo quedé pegada contra alguien respirando agitada con el corazón a punto de salírse del pecho.
Me separé despacio, todavía con el pecho subiendo y bajando con fuerza, y al levantar la vista… me encontré con los ojos de Chase.
Llevaba una remera negra que se pegaba a su piel, y dejaba al descubierto su brazo cubierto de tinta: varias pequeñas mariposas como si estuvieran por alzar vuelo, una serpiente enroscada entre ellas y una especie de rayo que recorria todo su brazo. En su cuello, asomaba la silueta de un dragón chino que se perdía bajo la tela.
Tragué grueso, y al notar que su mano aún estaba apoyada a mi cintura, recuperé la compostura a la fuerza y di un paso atrás, alejándome rápido, como si la cercanía quemara.
—Estoy bien —murmuré aunque mi voz no sonó tan firme como hubiera querido.
Chase me miró de arriba abajo, todavía con esa expresión seria que parecía juzgarlo todo.
—Casi te atropella ese ciclista —dijo como si fuera lo más obvio del mundo —.¿Qué estabas haciendo caminando así? Estás loca.
Sentí cómo algo se me encendía por dentro.
—¿Perdón? —respondí de inmediato —.No estaba “loca”, estaba buscando a mi amiga.
Chase soltó una risa corta, sin humor.
—Claro… y por eso no miras por dónde caminas.
Apreté los puños.
—No necesito que me hables como si fuera una irresponsable. Tú no estabas ahí antes.
Él dio un paso más cerca, cruzándose de brazos.
—No, pero sí estoy ahora. Y te acabo de salvar de que te pasaran por encima.
Lo miré fijo, molesta.
—No te pedí que me salvaras.
Eso lo hizo fruncir el ceño.
—Otra vez con lo mismo —dijo —.Pues si no te salvo yo, lo haría otra persona, porque siempre terminas metida en algo peligroso.
Me reí sarcásticamente.
—¿Y tú qué? ¿Ahora eres mi guardaespaldas oficial?
Chase apretó la mandíbula.
—Si sigues así, ni siquiera vas a necesitar uno. Porque se hartaran de tí.
Lo miré fijo, todavía con el corazón acelerado, pero ya no por el susto… sino por él.
—Deja de seguirme —le solté firme cruzándome de brazos.
Chase ladeó apenas la cabeza, como si lo que acababa de escuchar le pareciera absurdo.
—¿Seguirte? —repitió —.Eres tú la que aparece en todos los lugares donde estoy.
Abrí la boca de inmediato.
—¡Eso no es verdad!
Él soltó una risa corta, sin una pizca de humor.
—¿No? En la Universidad. En la cafetería. Ahora el parque.
Cada palabra era un golpe directo a mi orgullo.
—No te estoy siguiendo —dije más tensa—.Tengo una vida igual que tú, ¿sabes?
Chase dio un paso más, lo suficiente para que tuviera que levantar un poco la cabeza para mirarlo.
—Entonces deja de actuar como si el mundo girara alrededor de ti y de tus problemas —murmuró —.Porque no es así.
Apreté los dientes.
—El mundo no gira alrededor de mí. Eres tú el que siempre está donde yo estoy.
Él me miró en silencio un segundo. Luego con esa calma irritante suya, respondió:
—O tal vez eres tú la que no deja de encontrarme.
El silencio se quedó entre los dos, pesado e incómodo. Chase ya estaba girándose, como si la conversación hubiera terminado para él.
—Quédate tranquila —dijo con tono sarcástico sin mirarme del todo —.Seguro la próxima vez intento no salvarte… así no te molesto.
Eso fue suficiente. Sentí cómo algo me explotaba por dentro.
—¡¿Perdón?! —grité, dando un paso hacia él—.¡No te he pedido nunca que actúes como si fueras el héroe de nada!
Chase siguió caminando y ni siquiera se detuvo.
—¡Eres imposible! —seguí alzando más la voz —.¡Siempre haces lo mismo! ¡Te crees superior y...
—Respira Clover. No te vayas a desmayar —murmuró él, girandose mientras caminaba de espaldas y mirándome mientras reía.
Eso me hizo enojar aún más.
—¡No me digas que respire!
Volvio a voltearse, dandome la espalda, mientras se iba alejando entre los árboles del parque, como si mis palabras no le importaran en absoluto.
—¡Eres un maleducado, Chase! —grité por última vez.
El solo levantó la mano en un gesto indiferente, sin detenerse, desapareciendo poco a poco entre el sendero y dejándome con la rabia ardiente en el pecho.
Me quedé en el mismo lugar unos segundos, con el pecho subiendo y bajando rápido. La rabia todavía me quemaba por dentro.
Respiré hondo, intentando calmarme. Y entonces lo recordé.
El mensaje. Ese “número desconocido”.
Mi mano tembló un poco cuando saqué mi teléfono del bolsillo.
Lo desbloqueé rápido y volvi a leer de nuevo las palabras.
“Estás hermosa…”
Tragué saliva.
—Fue él… —murmuré para mí apretando el teléfono —.Seguro fue él.
Tenia que ser Chase, tenía que ser él.
¿Quién más iba a estar ahí? ¿Quién más iba a aparecer justo cuando yo estaba sola?
Guardé el celular de golpe, con rabia mezclada con nervios. Y sin darme cuenta, empecé a caminar más rápido hacia la salida del parque, como si el lugar de repente ya no fuera seguro.
En la salida finalmente me encontré con Merliah, venía caminando rápido hacia mí, con el algodón de azúcar ya a medio terminar y el ceño fruncido.
—¡Clover! —dijo apenas me alcanzó —.Te estuve buscando por todas partes, ¿dónde te metiste?
Me detuve un segundo, intentando recuperar la respiración normal.
—Fui hacia el estanque de patos —respondí, encogiéndome un poco de hombros —.Estaba ahí.
Ella me miró con alivio.
—No debías haberte alejado de mi.
—Lo sé —la interrumpí rápido —.Solo… necesitaba estar un rato sola.
No añadí nada más, no le conté lo del casi accidente, no le conté del mensaje. Y definitivamente no le conté que Chase había aparecido otra vez.
Ella solo me observó unos segundos, como si sospechara algo, pero al final suspiró.
—Bueno… al menos estás bien —dijo bajando un poco la tensión —.Eso es lo importante.
Asentí.
—Sí… estoy bien.
Pero incluso mientras lo decía, sentía que no era del todo verdad. Cuando llegamos a casa, Merliah ya se había ido. Mi mamá la había llevado un rato antes a su casa después del paseo.
La casa estaba en silencio, ese tipo de silencio tranquilo que solo aparece cuando el día ya está terminando.
Subí directo a mi habitación y después de un rato decidí ducharme. El agua caliente me ayudó a despejar un poco la cabeza. El parque, el mensaje, Chase… todo seguía dando vueltas, pero al menos ya no me sentía tan tensa.
Cuando salí del baño, con el cabello húmedo y ropa cómoda, me miré un segundo en el espejo.
Y entonces lo pensé. Tal vez una pequeña… venganza. Una sonrisa mínima se me escapó sin querer.
—Ok… —murmuré —.Me las vas a pagar, Chase. Vas a pagarme el haberme hecho una broma de muy mal gusto.
No sabía exactamente cómo todavía. Pero en lugar de sentir rabia… sentí ganas de jugar el mismo juego.
En eso, mi padre tocó la puerta suavemente.
—Clover, ¿puedo pasar?
—Sí —respondí acomodándome en la silla.
Él entró con tranquilidad, apoyándose en el marco de la puerta.
—Pedí pizza. Tu mamá ya llegó también. ¿No vas a bajar a cenar?
Me acomodé un poco el cabello todavía húmedo.
—No tengo hambre —dije rápido —.Me voy a quedar en mi habitación.
Mi papá me miró unos segundos, como evaluando si insistir o no, pero al final solo asintió.
—Está bien… pero no te encierres mucho.
—Ajá.
Cuando salió y la puerta se cerró, esperé unos segundos para asegurarme de que no hubiera más interrupciones.
Me levanté. Fui hacia la ventana, apagué la luz de mi habitación, y el cuarto quedó en penumbra. Solo entonces asi tomé los binoculares con calma, como si ya supiera exactamente lo que estaba haciendo… aunque en realidad ni siquiera quería decirlo, porque sonaría mal.
Me acerqué al vidrio. Y miré hacia su ventana. La ventana de su cuarto era enorme, bueno, en realidad no era una ventana como tal, y ni siquiera sabia porque yo le decia que era un ventaba cuando en realidad era puerta de vidrio que daba a un balcón.
Tragué saliva sin darme cuenta cuando lo vi aparecer.
Se quitó la remera con total naturalidad, como si no hubiera nadie mirando del otro lado de la calle, y salió al balcón.
Se colocó de espaldas a la baranda y empezó a entrenar. Solo allí pude notar sus otros tatuajes en la espalda, aunque no podía darle forma, pero aun así sus tatuajes se veían atractivos.
Subía y bajaba con los brazos, sujetándose del marco superior, moviéndose con una fuerza controlada, como si lo estuviera haciendo sin esfuerzo pero aun así exigiéndose al máximo.
Me quedé quieta.
Los binoculares seguían en mis manos, pero ya no sabía si estaba realmente pensando en usarlos o solo sosteniéndolos por costumbre.
Respiré hondo.
—Esto no es espiar Clover… tranquila —murmuré para mí misma tragando grueso.
Aunque si, eso era espiar. Estaba mal, lo sé. Pero no quería admitirlo, era una dama según mi madre y espiar no quedaría bien conmigo. Pero maldición, no podía apartar mi mirada de él.
La forma en la que se movía, concentradose en lo que hacia, como si el resto del mundo no existiera para él. Su espalda se marcaba con cada movimiento, sus brazos tensándose con fuerza, los tatuajes recorriéndole la piel como si fueran parte natural de él. El cabello desordenado y aun de espaldas, se veía… ridículamente atractivo.
Apreté los labios.
—No —murmuré.
Sentí cómo mis propios pensamientos empezaban a traicionarme. Bajé los binoculares de golpe y me aparté de la ventana como si me hubiera quemado.
—¿Qué estoy haciendo?
Sacudí la cabeza, caminando por la habitación.
No.
No iba a quedarme ahí admirándolo como una tonta. Recordé entonces lo que había decidido.
La broma, la pequeña venganza.Y una sonrisa lenta volvió a dibujarse en mi cara.
—Ok, Chase… —susurré —.Ahora me toca a mí.




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