Un Novio de Mentiras

Capítulo 6 - La Broma

Después de clases, busqué a Merliah apenas salimos del salón. La tomé del brazo y la llevé hacia un rincón del pasillo para contarle mi brillante idea.
A medida que hablaba, su expresión pasaba de curiosidad… a preocupación.
—Clover… eso no suena muy seguro —dijo en voz baja —.Estamos hablando de su moto.
—Precisamente —respondí cruzándome de brazos —.Por eso mismo.
Merliah suspiró, negando con la cabeza.
—Estás loca.
—Un poco —admití.
Aun así me siguió.
Fuimos hacia el estacionamiento con el corazón latiéndome más rápido de lo normal. No sabía si era nervios, emoción… o ambas cosas.
Para nuestra suerte, el lugar estaba casi vacío. Miré alrededor y no había nadie, ni estudiantes, guardias, ni profesores.
—Rápido —susurré.
Comenzamos a caminar entre los vehículos, mirando las motocicletas una por una, hasta que vimos la motocicleta negra de Chase. Y como si el universo, por una vez, estuviera de mi lado… su casco también estaba ahí colgado del manubrio.
Merliah me miró.
—Clover… todavía podemos irnos.
Pero yo ya estaba abriendo mi mochila, saqué el paquete de post-it. Un montón dee todos los colores, después la brillantina y el pegamento.
Merliah abrió los ojos como platos.
—No, no, no… esto ya es otro nivel.
—Demasiado tarde —susurré sonriendo.
Nos movimos rápido y empezamos a pegar post-it por toda la motocicleta. En el tanque, en los espejos, en el asiento, en la parte trasera, en los costados.
Amarillo. Rosa. Verde. Naranja.
Parecía que la moto hubiera chocado contra una papelería.
Luego, con extremo cuidado, puse pegamento en algunos sectores del asiento y Merliah, temblando de risa y miedo al mismo tiempo, dejó caer la brillantina encima.
Brillaba. Literalmente brillaba.
—Va a matarte —murmuró ella.
Yo di un paso atrás para admirar la obra. La motocicleta de Chase ahora parecía el proyecto artístico de un jardín de infantes.
—Falta algo… —murmuré, inclinando la cabeza mientras observaba nuestra obra maestra.
Merliah me miró con desconfianza.
—Clover, por favor no…
Pero yo ya tenía el casco oscuro en las manos. Saqué el pegamento otra vez.
—Clover…
No le hice caso.
Empecé a esparcir pegamento por toda la superficie del casco con una calma que hasta a mí me sorprendía. Como si estuviera haciendo una manualidad escolar.
Luego abrí el frasco de brillantina rosa. Sin pensarlo dos veces, lo volqué por encima. La brillantina cayó como lluvia, cubriendo el casco por completo. Brillaba exageradamente bajo la luz del estacionamiento.
Merliah se tapó la boca y yo ya no podía contenerme. Empecé a reír, y no era una risa normal, era una risa satisfecha, casi malvada.
—Esto… esto es arte —dije entre risas.
Puse rápidamente el casco en su lugar, y nos escondimos detrás de una camioneta estacionada, con el celular de Merliah listo para grabar.
—No hagas ruido —susurré agachándome.
Ella apenas podía contener la risa.
Desde allí teníamos vista perfecta hacia la moto. Y entonces vimos a Chase, venía caminando con sus dos amigos, riéndose de algo completamente relajado. Su mochila colgaba despreocupadamente de un hombro.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—Ahí viene… —murmuré.
Merliah enfocó mejor con el celular. Chase levantó la vista, y al ver su motocicleta se detuvo en seco. Fue tan repentino que casi tropieza. Su mochila se deslizó de su hombro, cayó al suelo, y la sonrisa que tenía desapareció de su rostro como si nunca hubiera existido.
Sus amigos también se quedaron congelados, mirando la motocicleta cubierta de post-it… y el casco que brillaba como una bola de discoteca rosa.
Chase se llevó una mano a la cabeza, pasando los dedos por su cabello, incrédulo.
Yo me tapé la boca para no soltar una carcajada.
—Esto es mejor de lo que imaginé —susurré, sintiendo una satisfacción peligrosa recorrerme por dentro.
Chase caminó hacia la moto con pasos tensos, se agachó y arrancó el primer post-it con un tirón brusco.
Después otro. Y otro. Y otro.
Cada papelito salía volando por el aire mientras él murmuraba maldiciones entre dientes.
—¿Quién fue el idiota…? —gruñó, mirando alrededor como si esperara que el culpable saliera de la nada.
Sus amigos intercambiaron miradas. Se notaba que querían reírse de verdad. Uno incluso tuvo que girarse y cubrirse la boca con la mano, fingiendo toser. Pero ninguno se atrevía. Porque la tensión en el cuerpo de Chase era clarísima.
Estaba muy enfadado.
Arrancó otro post-it del asiento, y fue entonces cuando tomó el casco.
Se quedó quieto, mirándolo. Girándolo lentamente entre sus manos.
—Está muerto —dijo uno de sus amigos en voz muy baja.
Y yo, escondida detrás de la camioneta, sentí que… tal vez… Merliah tenía razón, y que había exagerado un poco.
Chase apretó el casco con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Sus ojos recorrían el estacionamiento como si pudiera oler al culpable.
—Encuéntrenlo —ordenó con una voz baja peligrosa —.Y tráiganmelo.
Sus amigos se pusieron tensos al instante.
—¿Y qué hacemos si lo encontramos y se resiste? —preguntó uno tragando saliva.
Chase no dudó ni un segundo.
—Lo golpean… —dijo arrancando otro post-it con furia —.Lo llevan al baño y le meten la cabeza en el inodoro.
El tono no era una broma. No estaba exagerando, lo decía en serio.
Merliah y yo nos miramos y la risa que teníamos atorada en la garganta desapareció por completo. Mi estómago dio un vuelco. De repente, la broma ya no parecía tan brillante.
—Creo que… —susurró Merliah —.Debimos quedarnos solo con los post-it.
Yo asentí muy lentamente, sin dejar de mirar a Chase. Porque había algo en su expresión…que daba miedo de verdad.
Sus amigos se dispersaron por el estacionamiento, mirando a todos lados como perros de caza. En cambio él ya no quitó ni un solo post-it más, solo se quedó quieto unos segundos, respirando pesado.
Luego, se colocó el casco lleno de brillantina, subió a la motocicleta y la encendió.
El motor rugió. Aceleró, y entonces pasó.
Del escape salió disparada una nube espesa de brillantina púrpura que se elevó en el aire como una bomba de confeti.
Por un segundo… hubo silencio. Chase miró el humo brillante. Miró su moto, y bajó lentamente, luego se quitó el casco y lo lanzó contra el suelo.
—¡¡¡MALDITOS!!! —gritó con una voz que rebotó en todas las paredes del estacionamiento.
Luego empezó a patear una piedrita con una furia infantil, soltando insultos por lo bajo. A mi lado, Merliah me miró con los ojos bien abiertos y yo la miré a ella.
Ninguna necesitó decir nada.
Salimos de nuestro escondite lo más rápido y silencioso que pudimos y con el corazón latiéndonos en la garganta.
Porque algo estaba claro. Chase no se iba a reír de esto. Y cuando descubriera quién fue…íbamos a estar en problemas muy, muy serios.
—Esto fue mala idea… muy mala idea —susurró Merliah a mi lado mientras caminábamos lo más normal posible hacia la salida del estacionamiento.
Yo intentaba mantener el paso firme, como si nada hubiera pasado. Como si no acabáramos de declarar la guerra al chico más problemático de toda la universidad.
—Cálmate —le dije en voz baja, sin mirarla—.No se va a enterar.
O eso intentaba convencerme a mí misma. Merliah me miró con los ojos llenos de pánico.
—Clover… ese chico dijo que al culpable lo iba a meter con la cabeza en el inodoro.
Tragué saliva.
—No sabe que fuimos nosotras.
—Pero puede sospechar…
—No tiene pruebas —respondí rápido casi cortándola.
Con cada paso que dábamos se sentía más pesado que el anterior, y yo repetía en mi cabeza una y otra vez:
No se va a enterar.
No se va a enterar.
No se va a enterar.
Pero muy en el fondo… una parte de mí sabía algo. Chase no era tonto. Y si alguien podía atar cabos…
era él.
Ya estábamos por llegar a la salida cuando, a pesar de todo, no pude evitarlo.
La imagen de Chase deteniéndose en seco, la forma en que se le borró la sonrisa, el silencio absoluto antes de explotar… volvió a mi cabeza de golpe.
Y me reí.
Primero bajito. Luego un poco más.
Merliah me miró como si estuviera loca.
—¿Te estás riendo? —susurró —.Clover, esto es serio, si se entera nos hará mierda.
Me mordí el labio intentando controlarme, pero no podía.
—Es que… su cara —dije entre risas —.Merliah, su cara fue…
—Fue de alguien que nos va a matar cuando se entere que fuimos nosotras —me interrumpió.
—Pasame el video —le pedí aún sonriendo—.Y no lo publiques en ningún lado, ¿ok?
Merliah dudó.
—Esto es literalmente evidencia de nuestro crimen.
—Es entretenimiento —respondí rápido —.Y supervivencia emocional.
Ella suspiró, desbloqueando el celular.
—Estás enferma, Clover.
—Ya me lo haz dicho muchas veces —dije tomando el teléfono y mirando el video otra vez.
Y volví a reír. Aunque esta vez… un poquito más nerviosa.
Cuando llegué a casa, subí directo a mi habitación. Me cambié rápido, dejándome caer en la silla con la laptop ya encendida.
Abrí el video otra vez. Y otra vez me reí.
—No puede ser… —murmuré entre risas apoyándome en el escritorio —.Es que su cara fue…
Repetí el video una vez más. Y otra, como si no fuera suficiente.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Merliah llamando.
—¿Qué? —contesté aún sonriendo.
—Clover —dijo ella rápido —.Julian me dijo algo.
—¿Julian?
—Sí, un "amigo" mío. Dice que escuchó que Chase probablemente no va a participar en la carrera de mañana.
Mi risa se apagó un poco.
—¿La carrera…?
Y entonces lo recordé.
La fiesta y las carreras clandestinas era mañana.
Tragué saliva.
—Mañana es la fiesta… —murmuré para mí.
El video quedó congelado en la pantalla. La sonrisa de Chase borrándose.
Y solo alli… no supe si reírme otra vez o preocuparme de verdad. Merliah siguió hablando al otro lado del teléfono, bajando un poco la voz.
—Clover… su motocicleta se fundió por la brillantina.
Parpadeé.
—¿Cómo que se fundió?
—Julian dijo que el motor se llenó de eso, que el escape está mal y que probablemente no pueda usarla para la carrera de mañana.
Me quedé en silencio un segundo.
—…ah.
—Y no solo eso —continuó ella —.Ya todo el mundo en la universidad se enteró.
Sentí un pequeño vacío en el estómago.
—¿De qué exactamente?
—De la moto. Del casco. De la brillantina. De todo el desastre.
Me enderecé en la silla.
—¿Y… saben quién fue?
Hubo una pausa.
—No —respondió Merliah rápidamente —.Eso es lo raro. Nadie sabe que fuimos nosotras, y en la Universidad toda las paredes oyen y ven.
Exhalé despacio, apoyándome en el respaldo. Una parte de mí sintió alivio.
Otra… no tanto.
Porque si todos ya estaban hablando de eso… tarde o temprano hablaria un chismoso.
—Perfecto… —murmuré sin emoción.
—Clover… —dijo preocupada —.Esto se está saliendo de control.
Miré la pantalla de la laptop otra vez. El video seguía congelado en su cara de furia, y la llamada terminó de golpe, dejando la habitación en un silencio raro, pesado.
Me quedé mirando la pantalla del teléfono unos segundos sin moverme. Ya no había risa, ya no había bromas.
Solo una sensación incómoda, creciendo despacio en el pecho.
Chase no iba a participar en la carrera, eso significaba que no estaría distraído, no estaría ocupado y tendría tiempo para pensar y para buscar a los culpables.
Tragué saliva, bajando la mirada hacia mis manos.
—Ok… —susurré —.Esto ya no es gracioso.
Me levanté de la silla y empecé a caminar por la habitación sin rumbo, como si moverme ayudara a ordenar mis ideas.
Pero no lo hacía, porque la verdad era simple. Chase no era el tipo de persona que dejaba algo así pasar.
Y ahora que todos sabían del desastre...solo era cuestión de tiempo antes de que empezara el infierno.
Y cuando lo hiciera…yo ya no estaría tan segura de poder esconderme detrás de una broma.
Me obligué a dejar el teléfono a un lado y respirar. Necesitaba calmarme, y solo una cosa me calmaba, tomé mis pinturas otra vez y me acerqué a la pared. Empecé a dibujar sin pensar demasiado, dejando que los colores ocuparan el espacio de mi cabeza.
Por un momento… funcionó. Las líneas, las formas, el silencio, era como si todo lo demás se hubiera apagado.
Me detuve un segundo para admirarlo.
Y entonces, el impacto de una pintura amarilla me asusto. Fue un impacto seco. La pintura habia explotado en la pared, arruinando parte del dibujo en un segundo.
Me quedé congelada.
—¿Qué…?
Giré de inmediato hacia la ventana. Otra bola de pintura impactó por el suelo. Me acerqué despacio, con el corazón ya acelerado otra vez.
Lleve la vista a la ventana de la casa del frente, y solo allí lo vi en el balcón.
Chase estaba sosteniendo una pistola de paintball en la mano, completamente tranquilo, como si nada fuera extraño en absoluto.
Nuestros ojos se cruzaron. Y por un segundo… el mundo se quedó en silencio.
Fue él quien había disparado, el que había arruinado mi dibujo. Sentí cómo la rabia me subía de golpe al pecho.
—¡¿Qué te pasa, imbécil?! —grité con todas mis fuerzas.
Chase ni se inmutó. Se quedó mirándome con total tranquilidad… y luego señaló su oído, como si no escuchara nada.
—¡No oigo nada! —gritó, con una expresión completamente falsa de inocencia.
Y volvió a disparar otra bola de pintura.
Me aparté por instinto.
—¡¿Te falla el cerebro o qué?! —le grité aún más fuerte, furiosa.
Y entonces pasó. Otra vez disparo. Pero esta vez… la pintura impactó directamente en mí pecho.
Me quedé congelada, mirando la mancha de pintura en mi ropa, sin procesar lo que acababa de pasar.
Levanté lentamente la cabeza. Y sin pensarlo dos veces… le levanté el dedo del medio.
Chase no dijo nada. Pero su expresión cambió apenas un poco, como si acabara de declarar oficialmente una guerra. Me quedé unos segundos mirando la mancha en mi ropa.
Y algo dentro de mí hizo clic.
—Ah… no.
Me di la vuelta de inmediato. Mi papá tenía ese equipo. La pistola de paintball que guardaba en el garaje para “diversión familiar”.
Bajé las escaleras casi corriendo.
—Papá, ¿dónde está la pistola de paintball? —dije sin aire.
Me miró confundido desde la sala.
—¿Qué?
—¡La pistola!
Después de un par de segundos de discusión rápida, la encontré.
La agarré como si fuera un arma de guerra y subí otra vez a mi habitación corriendo, me acerque a la ventana cargando la bola de pintura, y para mi suerte, Chase estaba de espaldas.
Apunté sin pensar y disparé. La bola le dio directo en la espalda. Se giró de inmediato sorprendido, mirando alrededor hasta que me encontró.
Yo ya estaba asomada por la ventana, respirando fuerte, con la adrenalina a mil.
—¡Estamos a mano, idiota! —grité.
Chase no se dio por vencido, volvió a cargar su paintball y volvio a disparar hacia mi. El impacto fue seco, directo en mi cabeza.
Solté un pequeño quejido de dolor, y me llevé la mano al lugar, sintiendo la pintura chorrear por mi frente mientras, del otro lado, Chase se doblaba de risa como si aquello fuera el mejor espectáculo de su vida.
Eso me enfureció más. Volví a cargar la pistola con torpeza, respirando agitada. Apunté y disparé, pero Chase ya se había agachado y la bola pasó de largo.
—¡Dejá de moverte! —grité.
Volví a cargar. Y sin pensar apreté el gatillo, el sonido que vino después no fue el de la pintura contra pared.
Fue la de un vidrio estallando en pedazos que me congeló la sangre. Me quedé inmóvil y bajé la pistola de paintball lentamente de mis manos.
Miré hacia el costado y vi la ventana lateral del balcón…hecha pedazos.
Cerré la ventana de golpe. El sonido del vidrio rompiéndose seguía rebotando en mi cabeza como si no quisiera desaparecer.
Me quedé quieta un segundo… y después empecé a caminar en círculos por mi habitación.
—Ok… ok… ok… —murmuré, pasando una mano por mi cabello —.Esto no era parte del plan.
Mi respiración estaba agitada. Había roto una ventana, una ventana de la casa de los Langston.
No de cualquier casa.
De esa casa.
Chase probablemente lo tomaría como una guerra más. Pero sus padres…ahí era donde el problema cambiaba de nivel.
Me detuve en seco.
—Seguro a él no le importa… —me dije en voz baja, intentando convencerme —.Pero a sus padres sí…
Sentí un pequeño nudo en el estómago. Me llevé las manos a la cara y solté un suspiro largo.
—Genial, Clover… genial…
Di otro par de pasos por la habitación, nerviosa, mirando hacia la ventana como si en cualquier momento alguien fuera a aparecer del otro lado.
En la noche intenté comportarme como si nada hubiera pasado, mis padres estaban en la mesa, riéndose de alguna broma tonta de la pizza. Yo me reía de vez en cuando, pero sentía el estómago raro.
—Hoy estás muy callada —dijo mi mamá entre divertida y curiosa.
—Está cansada —respondió mi papá antes que yo pudiera decir algo.
Asentí rápido.
—Sí… eso.
Y entonces el sonido del timbre me asusto y me quedé congelada en mi asiento.
—Yo voy —dijo mi mamá levantándose.
No.
No, no, no.
Sentí cómo el aire se me iba y me levanté casi al mismo tiempo.
—No, yo voy —dije demasiado rápido.
Mi mamá me miró raro.
—¿Todo bien?
Asentí, forzando una sonrisa.
—Sí, sí… yo voy.
Caminé hacia la puerta con el corazón golpeándome en los oídos. Cada paso era peor que el anterior. Lentamente abrí la puerta, y yo solo pensaba una cosa:
Por favor que no sea él.
Pero no era Chase, era su madre. Me quedé quieta un segundo, parpadeando, intentando procesar todo.
—Buenas noches —dijo ella con calma educada, como si nada raro estuviera pasando.
—Buenas… noches —respondí aún algo tensa.
Su mirada se posó en mí con cortesía.
—¿Tu mamá está en casa?
Tragué saliva. Antes de que pudiera responder, escuché pasos detrás de mí.
—Estoy aquí —dijo mi mamá apareciendo en el pasillo.
Me giré de inmediato y ella sonrió al ver a la señora Langston.
—Hola, ¿todo bien?
La madre de Chase asintió.
—Solo quería pasar a saludar… y hablar por lo ocurrido de esta tarde.
Sentí cómo el aire se me atascaba en la garganta.
Lo de esta tarde.
Mi mamá la miró confundida.
—¿Lo de esta tarde?
Yo me quedé completamente inmóvil. Porque en ese momento… no tenía ni idea de qué excusa podía salvarme de lo que venía después.
Mi mamá invitó a la señora Langston a pasar con total naturalidad, como si no hubiera ningún tipo de tensión invisible flotando en el aire.
—Por favor, siéntese —dijo amable —.Clover, cariño… ¿nos das un momento?
Me quedé quieta. Un segundo. Dos.
—Sí… claro —respondí demasiado rápido.
Subí las escaleras con pasos lentos, intentando no parecer nerviosa. Pero en cuanto entré a mi habitación, y cerré la puerta el aire cambió.
—Ok… ok… —susurré para mí misma —.Está aquí por la ventana.
No había otra razón. La ventana rota y el desastre que armamos con Chase. Empecé a caminar por la habitación otra vez, más rápido, pasando las manos por mi cara.
—No puede ser… no puede ser…
Trague saliva, la madre de Chase venía a hablar por lo de la ventana rota. Y yo, encerrada en mi cuarto…solo podía esperar a ver cuánto daño había hecho exactamente mi “broma”.
La puerta se abrió sin que yo la escuchara.
—¿Se puede?
Di un salto.
—¡Papá!
Entró con calma, cerró la puerta detrás de él y se quedó mirándome unos segundos. No parecía enojado.
Eso me asustó más.
—Ya sé lo que pasó —dijo.
Mi estómago se hundió.
—¿Qué… qué sabes?
Él cruzó los brazos, apoyándose contra la pared.
—Que rompiste la ventana ajena.
Abrí la boca.
—¿Cómo…?
—Clover —suspiró —.Para eso querías el paintball, ¿no?
No supe qué responder y me senté en la cama, derrotada.
—Fue un accidente… yo no quería romper nada… él empezó… yo solo…
Las palabras se enredaban. Papá no me interrumpió, solo me dejó hablar hasta que me quedé sin aire.
—La señora Langston vino muy tranquila —dijo —.No vino a reclamar.
Eso me hizo fruncir el ceño.
—¿No…?
—Vino a avisar que su hijo también estuvo disparando hacia acá.
Parpadeé.
—¿Qué?
Papá giró la cabeza hacia mí.
—Que esto fue mutuo.
Sentí un calor subir por mi cara.
—Entonces… ¿no estás enojado?
Él me miró con una ceja arqueada.
—Estoy decepcionado.
Eso dolió más.
—No por la ventana —agregó —.Sino porque pensé que eras más inteligente que entrar en una guerra de paintball con el vecino desde tu balcón.
Bajé la mirada. Tenía toda razón. Esto fue muy infantil de mi parte.
—Mañana voy a ir a hablar con el padre de Chase para arreglar lo del vidrio —continuó—.Y tú vas a pedir disculpas.
Alcé la cabeza de golpe.
—¡¿Yo?!
—Pues ni modo, tú fuiste quien rompió la ventana. No yo.
—¡Pero él empezó!
—Y tú seguiste.
No respondí nada más, no sabía que más decir.
—Clover —dijo más suave —.No puedes reaccionar así cada vez que alguien te provoca.
Asentí, despacio.
—Lo sé…
Papá caminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.
—Y por cierto…
Lo miré.
—El chico se ve bastante responsable. Se ofreció a venir a limpiar el desastre que dejó por la pared de tu habitación.
Mi cerebro tardó en procesar eso.
—¿Chase… qué?
Pero papá ya había salido, y yo me quedé sentada en la cama, mirando la puerta, completamente confundida.
¿Por qué Chase haría eso?
Apreté la almohada contra mi cara y grité. Grité todo lo que no había gritado antes, un grito ahogado, furioso, lleno de frustración. Cuando me quedé sin aire, dejé caer la almohada a un lado y me quedé mirando el techo.
—¡Idiota! —murmuré —.Idiota… idiota…
Me giré boca abajo y hundí la cara en la cama.
¿Por qué tenía que ser así?
¿Por qué tenía que empezar primero?
¿Y por qué, de todos los finales posibles, él terminaba ofreciéndose a venir a mi casa y arreglar la pared de mi habitación?
Eso era lo peor.
Si hubiera venido a quejarse o a amenzarme todo sería más fácil.
Pero no.
Tenía que hacer eso, tenía que confundirme. Rodé sobre la cama y miré hacia el techo.
—Lo odio…
Mi teléfono vibró sobre la cama. Lo tomé todavía boca arriba, con el ánimo por el piso.
Merliah: “¿Qué tal me queda este vestido para mañana?”
Abrí la foto.
Era un vestido ajustado, corto, de tirantes finos. Le quedaba… demasiado bien.
Suspiré.
Yo: “Te queda hermoso.”
A los pocos segundos volvió a escribir.
Merliah: “¿Y tú qué vas a usar?”
Me quedé mirando el mensajez luego miré mi armario desde la cama.
Buzos. Jeans. Remeras grandes. Ropa cómoda. Ropa invisible.
Nada que sirviera para una fiesta con carreras clandestinas, luces, música y… buen ambiente.
Hice una mueca.
Yo: “¿Mañana quieres ir a comprar ropa? No tengo nada lindo para ponerme.”
Tardó exactamente tres segundos en responder.
Merliah: “SÍ. Te paso a buscar temprano.”
Sonreí sin querer. Tal vez necesitaba eso. Salir y pensar en otra cosa.
En algo que no fuera motos, problemas… y vecinos insoportables con tatuajes.
Luego le mandé un audio a Merliah porque no tenía ganas de escribir todo. Le conté lo del paintball, mi dibujo arruinado, la ventana rota, que la madre de Chase vino a mi casa, y que mi papá sabía lo que pasó.
Cuando terminé, hubo unos segundos de silencio. Luego llegó su mensaje.
Merliah: “Clover…y si él ya sabe.”
Fruncí el ceño.
Yo: “¿Sabe qué?”
Tardó unos segundos en responder, como si estuviera pensando cómo decirlo.
Merliah: “Que fuimos nosotras la que fundimos su motocicleta.”
Sentí un frío recorrerme la espalda.
Yo: “No puede saberlo.”
Merliah: “Clover… No tendria motivos del porque dispararte con un paintball de la nada.”
Abrí la boca, ofendida…tenía razón.
Merliah: “Lo del paintball no fue casualidad.”
Tragué saliva. En eso me entra una llamada de Merliah.
—No sabe nada —dije apenas conteste, tratando de convencerme a mí misma —.Y nunca va a saber que fuimos nosotras.
Del otro lado del teléfono hubo un suspiro largo.
—Clover… —su voz sonaba tensa —.Ojalá tengas razón.
—La tengo.
Me levanté de la cama y empecé a caminar por mi habitación, de un lado a otro, mirando la pared arruinada por la pintura seca. El desastre seguía ahí, mirándome como prueba de que todo esto ya se había salido de control.
—Él solo disparó porque es un idiota —seguí —.Porque le gusta molestar. No porque sepa nada.
Silencio.
—Merliah, piensa. Nadie nos vio. Nadie. Nos escondimos, y no dijimos nada.
—Pero todos saben que ustedes se odian —respondió ella en voz baja.
Eso me frenó en seco.
—Eso no significa nada.
—Significa todo.
Me quedé mirando hacia mí estante de libros.
—Clover… él no es tonto.
—Y yo tampoco.
Hubo otro silencio incómodo.
—Yo solo digo que… si mañana en la fiesta él se te acerca —dijo Merliah —.No actúes nerviosa.
—No voy a actuar nerviosa.
—Porque si lo haces…
—No lo haré —repetí firme.
Apreté el teléfono contra mi oído.
—Él no sabe nada.
Lo dije otra vez. Esta vez más despacio, como si al decirlo suficiente veces pudiera volverlo verdad.
—No sabe nada —susurré.
Pero en el fondo…una parte de mí empezaba a preguntarse si Merliah tenía razón.




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