Un Novio de Mentiras

Capítulo 7 - Asher

Bajé las escaleras todavía acomodándome el cabello con los dedos. Sentía esa mezcla rara entre nervios y emoción que no sabía muy bien de dónde venía. Tal vez por la salida con Merliah, por la fiesta de esta noche o tal vez por todo. Cuando llegué a la sala, me detuve en seco.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —pregunté.
Merliah estaba sentada en el sofá como si viviera en mi casa. Tenía las piernas cruzadas, el celular en la mano y una sonrisa enorme.
—Buenos días para ti también, amargada —dijo —.Vine a rescatarte. Hoy es día de compras.
No pude evitar reír.
—Estás loca.
—Y tú no tienes nada decente para ponerte esta noche, así que levanta ese ánimo.
Mi mamá apareció desde la cocina con una taza en la mano.
—¿Ya listas, chicas?
—Sí, señora —respondió Merliah con una educación exagerada que me hizo rodar los ojos.
Me acerqué a mi mamá y la abracé rápido.
—Vamos a volver después del almuerzo.
—No vuelvan muy tarde —dijo mirándome con esa expresión que ya conocía —.Y compórtate.
—Siempre me comporto —mentí descaradamente.
Mi mamá sonrió, pero sabía perfectamente que no le estaba diciendo la verdad. Tomé mi bolso, Merliah se levantó de un salto, y juntas salimos de la casa.
Arranqué el auto de mi mamá con cuidado mientras Merliah se acomodaba en el asiento del copiloto.
El camino era tranquilo al principio. Música baja. Ventanas un poco abiertas. Por un momento casi parecía un día normal.
Merliah miraba su celular, moviendo el pie con ansiedad, como si estuviera esperando el momento exacto para decir algo.
—Clover… —dijo de repente.
—¿Qué?
Hubo una pausa corta.
—Chase va a participar en la carrera otra vez.
Mis manos se tensaron apenas en el volante.
—¿Cómo sabes eso?
Merliah levantó la vista.
—Julian me lo dijo.
Fruncí el ceño.
—¿Y quién es Julian exactamente en este universo de información peligrosa? Ya me dijiste que era tu amigo, pero ¿Cómo sabe todo esto?
Ella suspiró, como si ya hubiera explicado eso antes.
—Está metido en todo ese ambiente de las fiestas y las carreras. Chase tiene un grupo de tres amigos, y Julian está en ese grupo, no solo son los tres que siempre vemos. Julian es como un consejero de Chase, solo los veras juntos algunas veces.
No respondí.
—Dice que Chase logró reparar su motocicleta… —continuó —.Que la dejó como nueva.
Ese detalle me cayó peor de lo que esperaba.
—…¿Como nueva?
—Sí.
—O sea que no lo sacamos de la carrera —murmuré más para mí misma.
Merliah me miró de reojo.
—No.
Apoyé una mano en el volante, mirando la calle sin realmente verla.
—Genial…
Pero esta vez no sonó como sarcasmo divertido.
Nos detuvimos en un semáforo en rojo. Por un segundo todo fue normal, hasta que el ruido de motores nos rodeó. Miré por los espejos.
Cuatro motocicletas. Dos a cada lado del auto cerrando el espacio como si lo hubieran planeado. Mi garganta se secó al instante.
—Clover… —susurró Merliah sin apartar la vista —.Son ellos.
No necesité preguntar quiénes.
Chase y su grupo.
Tragué saliva, manteniendo las manos firmes en el volante aunque ya no lo sentía del todo seguro. Las motos se quedaron ahí, a nuestro lado, como si simplemente estuvieran esperando.
—Es increíble —murmuró Merliah tensa —.Cada vez que hablamos de él… aparece.
No respondí.
Porque en ese momento, una de las motos avanzó apenas un poco, lo suficiente para que pudiera ver a través del casco.
Y sentí esa sensación incómoda otra vez.
Como si de alguna forma, esto no fuera coincidencia. El motociclista que estaba a mi lado hizo una señal con la mano, indicando que bajara la ventanilla por completo.
Lo miré fijo un segundo. Y sin pensarlo mucho…subí la ventanilla del todo.
—No —murmuré.
Merliah me miró en shock.
—¿Clover?
—No voy a hablar con ellos. Mucho menos con él.
Pero apenas terminé de decirlo, otra moto se colocó justo delante del auto. Bloqueando el paso.
—Genial… —susurró Merliah —.Nos están rodeando.
Apreté el volante con fuerza. Las otras motos se quedaron a los costados, como si hubieran cerrado una jaula alrededor del auto.
Volvieron a golpear mi ventanilla. Tres toques cortos insistentes.
—Baja la ventanilla —se escuchó a través del vidrio.
Esta vez dudé y Merliah me miró, nerviosa.
—Clover…
Respiré hondo. Y contra todo instinto, bajé la ventanilla apenas un poco.
Se quitó el casco por completo dejando ver a la persona que ya tenía en mente. Su cabello un poco desordenado por el viento, la mirada fija directamente en mí, como si todo lo demás no existiera.
No parecía sorprendido de verme. Más bien… como si me hubiera estado esperando.
—¿Qué quieres? —pregunté, intentando que mi voz sonara firme.
Él no respondió de inmediato. Solo me miró unos segundos.
—Tenemos que hablar —dijo al fin con calma.
Lo miré incrédula, apoyando el codo en la puerta del auto.
—¿Hablar? —repetí —.¿En serio? ¿Aquí? ¿En medio de la ruta?
Chase no apartó la mirada.
—Sí.
Solté una risa corta, sin humor.
—Claro, porque esta es exactamente la forma normal de pedir una conversación.
Se escuchó un bocinazo atrás, pero nadie se movía. Las motos seguían bloqueando el auto como si el mundo entero hubiera quedado en pausa alrededor de nosotros.
Merliah estaba rígida a mi lado, mirando alternadamente entre Chase y los motociclistas.
—Esto no es una conversación —seguí más tensa —.Es una emboscada.
Chase ladeó apenas la cabeza.
—Si fuera una emboscada, no estaría hablando contigo.
Lo miré fijo.
—Eso no lo hace mejor.
Por un segundo, sus ojos bajaron ligeramente hacia el interior del auto, como si estuviera registrando la presencia de Merliah, mis manos tensas en el volante y mi postura defensiva.
Luego volvió a mirarme a mí.
—Solo baja del auto —dijo —.Dos minutos.
—No.
Chase volvió a insistir, con la misma calma tensa de antes.
—Baja del auto —repitió —.Solo dos minutos.
Yo solté un suspiro largo, apoyándome mejor en el asiento.
—Lo que tengas que decirme, dímelo aquí —respondí mirándolo fijo —.Sin tanto drama.
Por un segundo no dijo nada. Solo me miró. Y Merliah se movió incómoda a mi lado.
—Clover… —susurró.
Pero yo no aparté la vista de él. Chase apretó ligeramente la mandíbula, como si no le gustara nada la situación… pero tampoco pensara irse.
Finalmente, habló otra vez.
—No es algo que quieras discutir con medio mundo escuchando.
—No tengo nada que esconder —respondí rápido.
Eso hizo que su expresión cambiara apenas un poco. No era enojo, era algo más… serio.
—No estoy aquí por lo de ayer —dijo más bajo.
Y en ese instante, sentí que el aire dentro del auto se volvía más pesado. Solo de cortó un poco cuando Chase habló de nuevo, esta vez más serio.
—Alguien te está siguiendo —dijo sin rodeos —.Ten cuidado.
Parpadeé, confundida.
—¿Qué?
Sus ojos no se apartaron de mí.
—Y no solo a ti —añadió mirando brevemente hacia el interior del auto —.También a tu amiga.
Merliah se tensó al instante y yo fruncí el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Respiró hondo, como si no le gustara tener que explicarlo ahí.
—No es una broma, Clover.
Sentí cómo algo dentro de mí se encendía otra vez, pero no de rabia… sino de incredulidad.
Solté una risa corta.
—La única persona que me “sigue” eres tú —le dije cruzándome de brazos —.Y nadie más.
Merliah me miró de reojo, nerviosa, y Chase no reaccionó como esperaba. No se rió. Solo me sostuvo la mirada un segundo más largo.
—Piensa lo que quieras —dijo al fin —.Pero no bajes la guardia.
Y sin decir nada más, volvió a ponerse su casco como si la conversación hubiera terminado… pero no del todo.
Las motos arrancaron una por una, rompiendo el bloqueo alrededor del auto hasta dejar el camino libre.
El sonido de los motores se fue alejando rápido, hasta que solo quedó el ruido normal de la calle otra vez.
Me quedé unos segundos mirando hacia adelante, sin moverme. Merliah soltó el aire que estaba conteniendo.
—Esto estuvo raro… muy raro —murmuró apoyándose en el asiento.
Yo apreté el volante y arranqué el auto.
—Solo está intentando asustarnos —dije con voz tensa —.Es su forma de jugar.
Merliah me miró de reojo.
—Clover… no parecía un juego.
—Siempre parece más serio de lo que es —respondí rápido —.Solo quiere que tengamos miedo.
Cuando llegamos al centro comercial, intenté desconectarme de todo lo que había pasado en la ruta.
—Hoy solo compramos cosas bonitas —dijo Merliah, empujándome suavemente hacia las tiendas.
Entramos a varias tiendas de ropa, probándonos vestidos, conjuntos, riéndonos, criticando telas y colores como si no existiera nada más fuera de ese lugar.
Merliah eligió un top precioso, pero sencillo, y cuando se miró al espejo sonrió como si ya estuviera imaginando la fiesta.
—Este es —dijo segura.
Yo en cambio, terminé con varias bolsas.
Tops, faldas, conjuntos, una chaqueta ligera, y hasta unas botas que no planeaba comprar pero que Merliah insistió en que “eran demasiado yo para dejarlas pasar”.
Cuando terminamos, ya estábamos cansadas y con hambre.
—Vamos a un restaurante —anuncié levantando una bolsa como si fuera un trofeo.
Merliah rió.
—Por favor, sí.
Nos dirigimos a uno dentro del mismo centro comercial, buscando una mesa tranquila para sentarnos.
Salimos del restaurante riéndonos, todavía hablando de vestidos, de la fiesta, de qué peinado quedaría mejor y de si valía la pena usar tacones en un lugar donde probablemente habría tierra.
Cuando llegamos al estacionamiento. Abrí el baúl y empecé a meter todas las bolsas dentro del auto. Merliah me alcanzaba algunas mientras seguía hablando sin parar.
Y entonces…no sé por qué, creo que fue puro instinto por el que baje mi mirada hacia las ruedas. Y se me heló el cuerpo.
—Merliah… —dije despacio.
Ella dejó de hablar.
—¿Qué?
Se acercó y ambas miramos la rueda delantera derecha. Estaba completamente desinflada. Pinchada más bien. Era como si la hubieran hecho a propósito.
—Yo estacioné bien… —murmuré —.Estaba perfecta cuando llegamos.
Merliah no dijo nada, solo miraba la rueda… y luego a su alrededor, como si de pronto el estacionamiento se hubiera vuelto un lugar incómodo.
Y, sin que pudiera evitarlo, la voz de Chase volvió a mi cabeza.
—“Alguien te está siguiendo.”
Tragué saliva y obligué a mi cuerpo a relajarse. No. No iba a entrar en pánico por eso.
—Seguro fueron unos preadolescentes aburridos —dije, encogiéndome de hombros con una seguridad que no sentía del todo —.Siempre hay idiotas que hacen estas cosas en los estacionamientos.
Merliah no parecía muy convencida, pero asintió. Yo me agaché un poco para mirar mejor la rueda.
Sí, definitivamente estaba pinchada. Y entonces otro problema cayó sobre mí como un balde de agua fría.
—Increíble… —murmuré.
—¿Qué pasa?
—No tengo rueda auxiliar.
Merliah abrió los ojos.
—¿Qué?
—Mi mamá la había sacado hace semanas porque dijo que ocupaba espacio y que “igual nunca la usamos”.
Solté una risa nerviosa que murió rápido. Miré alrededor del estacionamiento, como si en algún lugar fuera a aparecer mágicamente una solución.
—Bueno… —dije, intentando pensar con claridad —.Podemos llamar a una grúa… o a mi papá… o…
Pero ninguna opción me convencía.
Un chico que estaba unos metros más allá, acomodando bolsas en la parte trasera de su camioneta, nos miró un par de veces. Hasta que se acercó.
—¿Todo bien? —preguntó con amabilidad.
Se veía tranquilo. Y le señalé la rueda.
—Pinchada… y no tengo auxiliar.
El chico miró la rueda, luego a nosotras, y sonrió un poco.
—Justo tengo una rueda auxiliar en mi camioneta. Puedo ayudarlas a cambiarla si quieren.
Merliah y yo nos miramos. Yo dudé apenas un segundo. Pero el chico parecía genuinamente amable.
—¿En serio? —pregunté.
—Claro, no es problema.
Fue hasta su camioneta y sacó la rueda, junto con las herramientas. Se movía con total seguridad. Se agachó junto al auto y empezó a trabajar, en cambio Merliah y yo solo lo mirabamos agradecidas.
—De verdad, gracias —le dije —.Nos salvaste.
Él levantó la vista un segundo y sonrió.
—No pasa nada.
Mientras trabajaba con la rueda, el chico no dejaba de hablar. Y supuse que era una de esas personas que hablaban hasta por los codos.
—Esto me pasó una vez a mí —decía mientras aflojaba las tuercas —.Salí del cine y tenía las dos ruedas pinchadas. Dos. Ahí sí que fue mala suerte.
Merliah soltó una risa.
—Bueno, al menos a nosotras solo nos tocó una.
—Menos mal —bromeó él.
Yo sonreí por educación.
—¿Suelen hacer esto mucho por aquí? —pregunté.
—A veces. Hay chicos que se divierten dañando autos ajenos —respondió encogiéndose de hombros —.Nada nuevo.
Hablaba con naturalidad, como si estuviera conversando con amigas de toda la vida.
Nos preguntó qué estudiábamos, si éramos de la zona, si veníamos seguido al centro comercial.
Merliah, como siempre, le seguía la corriente sin problema, respondiendo con soltura.
Yo también respondía, pero con más cuidado. El chico parecía completamente inofensivo, amable e incluso simpático.
Terminó de ajustar las tuercas y se puso de pie, sacudiéndose las manos.
—Listo —dijo con una sonrisa satisfecha —.Esta rueda ya las va a salvar por hoy. Pero no manejen muy rápido.
Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—En serio… gracias. Nos ayudaste muchísimo.
Merliah asintió varias veces.
—Sí, de verdad.
El chico acomodó las herramientas en su camioneta y antes de subir, se giró hacia nosotras.
—Ah, cierto. No me presenté.
Se apoyó en la puerta.
—Soy Asher. Y vivo por aquí.
—Clover —dije.
—Merliah.
Él sonrió con amabilidad.
—Un gusto conocerlas. Aunque preferiría que hubiera sido en una situación menos…caótica.
Se despidió y se fue. Nosotras hicimos lo mismo, dejé a Merliah en su casa primero. Ella bajó todavía mirando la rueda como si esperara que se desinflara en cualquier segundo.
—Avísame cuando llegues —me dijo antes de cerrar la puerta.
Asentí y seguí camino.
Manejé más despacio de lo normal, con las manos firmes en el volante y la cabeza llena de pensamientos que no lograba ordenar. La advertencia de Chase, la rueda pinchada, el chico amable que apareció justo cuando lo necesitábamos…
Demasiadas casualidades para un solo día.
Cuando llegué a mi casa, estacioné con cuidado y me quedé unos segundos dentro del auto, luego bajé y entré, encontrándome a mi mamá en la cocina.
—¿Ya llegaron? ¿Cómo les fue?
Dejé las bolsas sobre la mesa y suspiré.
—Bien… más o menos.
Ella me miró.
—¿Qué pasó?
—Encontré la rueda del auto pinchada en el estacionamiento.
Abrió los ojos.
—¿Qué? ¿Y cómo viniste?
—Un chico nos ayudó. Tenía una rueda auxiliar y la cambió.
Mi mamá frunció el ceño.
—Menos mal. ¿Y si no aparecía?
Me encogí de hombros.
—No sé… supongo que hubiéramos llamado a papá.
Ella negó con la cabeza.
—Cada día pasan cosas más raras contigo.
Y no sabía cuánto tenía razón.
La noche llegó más rápido de lo que esperaba. Y cuando me di cuenta, ya estaba lista frente al espejo. Llevaba un crop top blanco que me llegaba hasta el ombligo, una chaqueta por encima, una falda corta de color negra, y botas altas del mismo color.
Me miré unos segundos y no parecía yo. Bueno si, pero una versión diferente de mi. Me acomodé el cabello con los dedos y solté el aire. Tomé mi teléfono, y bajé las escaleras.
Merliah ya estaba en la sala cuando bajé. También estaba lista. Se había arreglado mucho más de lo normal, y apenas me vio, abrió los ojos.
—Ok… no sabía que hoy iríamos a conquistar el mundo.
Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír.
—Cállate.
Pedimos el taxi desde el teléfono y mientras esperábamos, mi mamá apareció desde la cocina.
Nos miró de arriba abajo.
—Wow… ¿a dónde se supone que van así?
—A una fiesta —dije tomando mi bolso.
Ella suspiró, pero sonrió.
—Tengan cuidado. Y me avisan cuando lleguen.
Nos acercamos a despedirnos. Me dio un beso en la frente y a Merliah también. El taxi llegó unos minutos después.
Salimos rápido, nos subimos y mientras el auto arrancaba, sentí ese cosquilleo otra vez en el estómago.
La noche recién empezaba. No hablamos mucho durante el trayecto. Y en un parpadeó, ya habíamos llegado, el taxi nos dejó a unos metros del lugar, y la música se escuchaba incluso antes de que pudiéramos ver nada. Caminamos el resto del tramo y cuando doblamos, lo vimos.
Carpas improvisadas con luces colgando. Motocicletas alineadas bajo una de ellas. Autos deportivos brillando bajo los focos. Grupos de personas repartidos por sectores, como si el lugar estuviera dividido de forma invisible.
Pero no era invisible, cada grupo tenía un color. Algunos llevaban pañuelos negros atados al brazo. Otros gorras azules. Otros llevaban un tipo de listón rojo por la muñeca.
—Son bandos —me explicó Merliah cerca del oído para que pudiera escucharla por encima del ruido —.No son oficiales ni nada, pero siempre se agrupan así. Compiten entre ellos.
Miré alrededor con atención.
Todo parecía caótico, pero tenía un orden que solo quienes frecuentaban ese lugar entendían. Merliah señaló discretamente hacia una carpa un poco más apartada.
—Ese es el equipo de color negro. Es el bando de Chase.
Seguí su mirada. Varias motos negras, ropa oscura. Gente apoyada con actitud relajada, pero atenta a todo. Era el verdadero grupo que no necesitaba llamar la atención para imponer presencia.
Un chico pelirrojo y con muchas pecas se acercó entre la gente, saludando a Merliah con confianza.
—¡Ey!
Ella sonrió.
—Julian. Justo a quien necesitábamos.
Se giró hacia mí.
—Clover, él es Julian. Te hablé de él.
Nos dimos un saludo rápido con la mano.
—Un gusto.
Julian nos miró de arriba abajo, evaluando el panorama.
—¿Ya tienen bando?
Merliah negó con la cabeza.
—Aún no.
Julian hizo una mueca pensativa y luego señaló, sin disimulo, hacia la carpa del bando de Chase.
—Lo mejor sería que se unan al de Chase. En serio. La mayoría de los otros bandos son… problemáticos. Peleas, apuestas raras, gente pesada.
Solté una risa seca.
—¿Y me estás diciendo que el de Chase no es problemático?
Julian me miró divertido.
—Es problemático… pero es el problema que nadie quiere tener en contra.
Eso no me tranquilizó en lo absoluto.
—Claro —dije con ironía —.Nadie superaría al bando de Chase, seguramente.
Merliah me dio un codazo leve, pero Julian solo sonrió, como si supiera algo que yo no. Caminamos con él hasta el bando de Chase.
Mientras más nos acercábamos, más se sentía la diferencia con el resto: menos ruido, más miradas, más atención aunque nadie lo demostrara abiertamente. Julian levantó una mano cuando vio a Chase.
—Chase.
Él estaba de espaldas, hablando con dos chicos más. Al escuchar a Julian, se giró lentamente. Y entonces me vio y se detuvo un segundo analizandome.
—Hay dos chicas que quieren unirse —dijo Julian con naturalidad.
El silencio se hizo raro por un instante. Chase posó su mirada en Merliah, luego volvió otra vez a mirarme a mí. Su expresión cambió apenas… como si algo le resultara demasiado familiar.
—¿En serio? —dijo al fin con ese tono sarcástico que ya conocía demasiado bien.
Fruncí el ceño de inmediato.
—¿Qué?
Él ladeó la cabeza.
—No sabía que a la princesita le gustaba lugares como este.
Sentí cómo la sangre me subía a la cara.
—¿Perdón?
Merliah me tocó el brazo, nerviosa, pero yo ya había dado un paso adelante.
—No vine a escuchar tus comentarios ridículos.
Chase soltó una risa corta, sin humor.
—No lo parece.
Y ahí estaba otra vez. Esa forma suya de provocarme como si fuera lo más fácil del mundo. Sacó dos pañuelos negros y nos los extendió sin decir mucho más.
Merliah lo tomó enseguida y se lo ató en la muñeca con naturalidad, como si ya supiera exactamente cómo funcionaba todo eso. Yo lo sostuve un segundo en la mano, dudando entre si ponermela o no.
—¿Y esto tiene que ser obligatorio? —pregunté.
Chase me miró, arqueando apenas una ceja.
—Nadie te considera parte de un bando si lo llevas como si fuera un souvenir.
Rodé los ojos.
—Perfecto.
Me giré para atarlo a mi bolso, pero antes de que pudiera hacerlo, sentí el tirón.
—Oye.
Chase me arrebató la pañoleta de la mano.
—No.
—¿Qué te pasa ahora? —espeté ya irritada.
Él no respondió. En cambio, tomó mi brazo con firmeza y me acercó un poco hacia él. Estábamos muy cerca, demasiado.
—Quédate quieta —murmuró.
Antes de que pudiera protestar, me ató la pañoleta negra en uno de los pasa-cintos de mi falda. Sus dedos rozaron la tela y mi piel apenas un instante. Luego me soltó y yo retrocedí de inmediato, como si quemara.
—Ya está —dijo él, como si no hubiera pasado nada.
Lo miré fijo.
—Podías haberlo dicho sin agarrarme.
Chase me sostuvo la mirada un segundo.
—Y tú podías dejar de complicarlo todo.
El aire entre los dos volvió a tensarse...como siempre, interrumpido por la voz del presentador que retumbó por los parlantes improvisados.
—¡Atención! ¡La carrera está por comenzar! ¡Competidores, acérquense a la pista!
El ambiente cambió en segundos. Los motores empezaron a rugir, la gente se movía con más prisa, y todas las miradas se dirigían hacia la zona iluminada al fondo.
Chase tomó su casco de una mesa cercana. Pero antes de avanzar, levantó la voz.
—Escuchen todos.
Todos los de su bando se acercaron, formando un pequeño círculo alrededor de él. Merliah y yo quedamos incluidas casi sin darnos cuenta.
Chase miró a uno por uno, serio.
—Se saben las reglas de siempre. Pero lo repetiré nuevamente para los nuevos que se integraron hoy.
Su tono ya no tenía nada de sarcástico.
—Nada de buscar problemas primero. Si otro bando empieza, ahí sí responden.
Algunos asintieron.
—Nada de aceptar retos raros. Nada de apuestas con gente de otros bandos. Nada de separarse solos.
Hizo una pausa breve.
—Y si algo se pone feo… se van. No quiero que se hagan de los valientes y termine mal.
Sentí algo raro al escucharlo. Porque no sonaba como el chico insoportable que discutía conmigo por todo, mas bien sonaba como alguien que sabía exactamente en qué tipo de lugar estaban y que quería que su gente saliera intacta de ahí. Se colocó el casco bajo el brazo.
—¿Quedó claro?
Todos respondieron que sí. Entonces se puso el casco y sin mirarme, comenzó a caminar hacia la pista.
Julian se acercó a nosotras cuando Chase se fue.
—Vengan. Si quieren ver bien la carrera, colóquense al costado de la pista.
Nos abrió paso entre la gente hasta dejarnos en una zona con buena vista, donde ya había varias personas del mismo bando.
Las luces apuntaban al tramo recto donde se alinearían las motos. El ruido de los motores vibraba en el pecho.
Y entonces mi mirada encontró a Elina, estaba unos metros más allá, con su grupito de siempre. Todas llevaban la misma pañoleta negra pero atada a sus cabellos.
—Lo que faltaba… —murmuré.
Merliah siguió mi mirada y abrió los ojos.
—No me digas que…
—Sí —respondí seca —.También son del bando de Chase.
Elina aún no me había visto, pero sabía que era cuestión de segundos para que me viera.
El presentador alzó la mano, y el murmullo general bajó apenas.
—¡En sus marcas!
Las motos se alinearon, las luces reflejadas en los cascos, y los motores rugiendo impacientes. Yo solo podía sentir la vibración en el suelo, subiéndome por las piernas.
—¡Listos!
Apreté sin darme cuenta el borde de mi bolso mientras que Merliah contenía la respiración a mi lado.
—¡Tres… dos… uno!
El estruendo fue inmediato. Las motos salieron disparadas al mismo tiempo, levantando polvo y gritos del público.
Pero una se adelantó apenas en los primeros metros. Era Chase, quien tomó la delantera con una facilidad que parecía insultante. Como si no estuviera compitiendo, sino simplemente demostrando que ese era su lugar.
La voz del presentador no dejaba un segundo de silencio.
—¡Y ahí va! ¡El número siete tomando la delantera desde el arranque! ¡Qué salida tan limpia!
La multitud gritaba cada vez que mencionaban su posición.
—¡Chase Langston demostrando por qué siempre es el favorito!
Los vítores aumentaban. Alrededor mío todos aplaudían, silbaban, gritaban su nombre.
Yo intenté decirle algo a Merliah.
—¿Viste cómo...?
Pero ella no me estaba escuchando. Estaba girada hacia Julian, riéndose por algo que él acababa de decirle. Los miré un segundo.
—Claro… —murmuré.
Volví la vista hacia la pista. Sola entre el ruido, las luces y el rugido de los motores. Y con el pecho extrañamente apretado cada vez que la voz del presentador volvía a halagar a Chase.
Me estaba sintiendo fuera de lugar. Merliah seguía riendo con Julian y yo ya no tenía ganas de quedarme ahí parada como espectadora de algo que ni siquiera sabía si quería ver.
Así que me aparté.
Caminé unos metros, dándole la espalda a la pista, buscando un poco de aire entre la gente.
—Vaya… qué casualidad.
Esa voz la había escuchado hace poco. Me giré y me encontré con Asher sonriendo como si de verdad le alegrara verme.
—Hola —dijo —.Pensé que no volvería a verte después de esta mañana donde cambie la rueda de tu auto.
No pude evitar soltar una pequeña risa.
—Hola, Asher.
Se acercó un poco, metiendo las manos en los bolsillos.
—No sabía que frecuentabas este tipo de...eventos.
—Yo tampoco sabía —respondí sincera.
Él rió suavemente.
—Bueno, al menos sé que tu auto está a salvo. Aquí los que corren peligro son otros.
Y por fin… alguien me hablaba sin sarcasmo, sin tensión, sin esa guerra constante que parecía seguirme a todos lados.
—¿Viniste sola? —preguntó mirando alrededor.
Negué con la cabeza.
—No. Vine con mi amiga.
Le señalé discretamente con la mirada. Merliah seguía riéndose con Julian, ambos estaban muy empalagosos. Asher observó la escena unos segundos y luego sonrió de lado.
—Ah.
Volvió a mirarme.
—Ahora entiendo por qué te alejaste.
Suspiré.
—No quería quedarme ahí como poste mientras ellos estaban en su propio mundo.
Asher soltó una risa baja.
—Hiciste bien. A veces uno necesita escapar un poco del ruido… incluso cuando el ruido está justo al lado. Mierda, no sonó como yo quería —hizo una mueca de vergüenza —.¿Tienes bando? —preguntó cambiando de tema.
Bajé la mirada hacia la pañoleta negra atada a mi falda.
—Sí.
Él siguió mi mirada y asintió.
—Negro.
Luego señaló su propio brazo. Llevaba una pañoleta roja.
—Yo soy del rojo.
Levanté las cejas.
—¿En serio?
Asher asintió con una media sonrisa.
—Primera vez que me uno a algo así. Un amigo insistió tanto que terminé viniendo… y bueno, aquí estoy.
Lo miré un segundo.
Era raro.
Hablar con alguien de otro bando como si nada, cuando hacía apenas unos minutos Chase había dejado tan claras las reglas.
“Nada de hablar con otros bandos.”
Y luego miré a Asher.
Sonriendo tranquilo. Sin tensión. Sin dobles intenciones aparentes.
Pensé: al diablo las reglas de Chase.
—¿Y qué haces normalmente cuando no estás salvando chicas con ruedas pinchadas ni viniendo a carreras clandestinas? —pregunté.
Asher rió.
—Estudio arquitectura. Y tú… dibujas, ¿no?
Lo miré sorprendida.
—¿Cómo sabes eso?
—Cuando cambié tu rueda hoy en la mañana, noté en el interior de tu vehículo una caja de pinturas y pinceles. Además, tus manos —dijo, señalándolas —.Se nota muy bien que son las manos de un artista. Y tus uñas… están recortadas como alguien que trabaja con detalle.
Bajé la vista, casi avergonzada.
—Sí. Dibujo. Pinto. Es lo único que me mantiene cuerda.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Como cuáles?
—Como por qué miras todo como si estuvieras guardándolo para dibujarlo después.
Sonreí sin darme cuenta. La conversación empezó a fluir con una naturalidad peligrosa. Hablamos de música, de estudios, de cosas cotidianas. Nada de bandos, ni de carreras. Nada de Chase.
Y mientras más hablábamos, más me daba cuenta de algo.
No me sentía tensa, no estaba a la defensiva. No estaba esperando el próximo ataque verbal. Y me sentía cómoda.
Asher era atento en cada detalle. Demasiado, incluso.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó.
—Si hay cóctel… un poco —respondí.
—Ya vengo.
Regresó al rato con un vaso.
—El cóctel está en otra mesa. Traje esto para mi, ¿podrías sostenerlo un rato mientras vuelvo? —dijo entregándome el vaso —.Es ron.
Lo tomé, dudando.
—Voy a buscar el cóctel —añadió, y volvió a perderse entre la gente.
Me quedé sola otra vez, sosteniendo el vaso. Y entonces, un chico que no había visto antes se acercó.
—¿Quieres? —me ofreció extendiéndome un cóctel ya servido.
Lo miré un segundo. Se veía bastante bien, por lo que también lo sostuve. Y justo cuando estaba por llevarlo a la boca el vaso salió volando de mi mano, derramándose en el suelo.
Me giré sobresaltada. Era Asher respirando un poco agitado.
—No —dijo firme.
Lo miré confundida.
—¿Qué haces?
—Acabo de enterarme que varios cócteles están alterados. Les pusieron cosas.
Sentí un frío recorrerme la espalda. Miré el líquido desparramado en el suelo. Luego al chico que me lo había dado pero ya no estaba.
—¿Pero quién sería tan idiota como para hacer algo así? —pregunté todavía con el corazón acelerado.
Asher miró alrededor con desconfianza.
—Sospechan del equipo lila.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—Porque la mayoría de los que están ahí… son de ese tipo de personas —dijo en voz baja —.Ya tuvieron problemas en otros eventos. Les gusta “divertirse” a su manera.
Sentí un nudo en el estómago. Miré hacia las carpas, hacia la gente, hacia los colores que distinguían a cada grupo, y de repente el ambiente dejó de parecer una fiesta.
Y empezó a sentirse… peligroso.




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