Friends — Chase Atlantic
El presentador volvió a hablar por los altavoces, su voz cortando el ruido de la multitud.
—¡Atención! ¡Los competidores están por llegar a la meta final!
El ambiente cambió de inmediato y la gente comenzó a acercarse hacia allí con gritos y vítores, entonces Asher me miró.
—Ven —dijo sin dudar.
Antes de que pudiera responder, tomó mi mano. No fue brusco y me guió entre la gente hacia la zona de la meta.
—Por aquí se ve mejor —explicó.
No solté su mano y no sé por qué, solo lo seguí. El ruido de los motores se intensificó, las luces enfocaron la recta final y entonces aparecieron entrando a toda velocidad, una tras otra.
Chase cruzó la meta primero y el lugar explotó en gritos, aplausos, gente corriendo hacia él. Todos se movían alrededor como una ola. Pero yo solo me quedé quieta sosteniendo todavía la mano de Asher. Mirando cómo Chase se quitaba el casco mientras lo rodeaban, sin verme… o sin querer verme.
Pero me equivoque, levantó su mirada encontrándose con la mía, y esbozó una leve sonrisa, pero que pronto se le borró del rostro al notar cómo Asher aún me sostenía la mano.
Su mandíbula se tensó de una forma tan marcada que incluso desde esa distancia pude notarlo. Estaba clarísimo que estaba sintiendo celos. En ese momento, Elina apareció a su lado y se colgó de su cuello, buscando abrazarlo.
Pero Chase sin apartar la vista de mí.
La besó.
Sentí algo arderme en el pecho. Algo entre enojo, orgullo herido y una necesidad absurda de no perder esa guerra silenciosa. Así que hice lo peor que podía hacer, apreté más la mano de Asher y me acerqué un poco más a él. Lo suficiente para que desde lejos pareciera que nos besabamos.
Si Chase quería jugar…yo sabía jugar peor.
El DJ comenzó a subirle el tono a la música, y la pista improvisada se llenó de cuerpos bailando sin importar ya quién había ganado. Asher me miró con una sonrisa ligera.
—¿Bailas?
Asentí. Nos movimos entre la gente, y empezamos a bailar al ritmo de la música. Nada exagerado ni fuera de lugar. Pero mi mirada aún buscaba a Chase, hasta que lo vi recostado contra su motocicleta, en una esquina más oscura, con los brazos cruzados mirándonos sin disimular
Asher y yo nos movíamos cada vez más cerca, casi sin darnos cuenta… o tal vez dándonos demasiada cuenta. Su mano se apoyó en mi cintura y la mía en su hombro. Nuestras caras quedaron a centímetros, podía sentir su respiración y por un segundo, todo el ruido alrededor desapareció.
Hasta que alguien lo empujó con fuerza. Asher dio un paso hacia atrás, sorprendido, yo levanté mi vista y me encontré con Chase.
—Aléjate de ella —dijo con voz ronca.
—¿Qué te pasa? —salté de inmediato, poniéndome delante de Asher —.No tienes derecho a venir a empujar a nadie.
Chase ni siquiera me miró al principio. Sus ojos solo estaban clavados en Asher.
—Te dije que te mantuvieras lejos.
—Ella no es tuya —respondió Asher.
Chase me tomó del brazo muy fuerte.
—¡Suéltame! —protesté.
Pero él ya me estaba sacando de ahí, abriéndose paso entre la gente sin escuchar nada de lo que yo decía. Me arrastró entre la gente sin soltarme mientras que yo forcejeaba tratando de soltarme.
—¡Chase, suéltame!
No respondió. Me llevó hasta una esquina más oscura, lejos del ruido y recién ahí me soltó el brazo.
—¿Qué demonios te pasa? —exploté.
—¿A mí? —replicó con una risa seca —.¿A mí me preguntas?
—¡Empujaste a Asher como si fuera un criminal!
—Porque no quiero que te acerques a gente como él.
—¿Y tú quién eres para decirme con quién puedo o no hablar?
Su pecho subía y bajaba rápido. Estaba furioso.
—Te dije que no te mezclaras con otros bandos.
—¡No soy parte de tu maldito ejército!
Las palabras salieron antes de que pudiera frenarlas. Sus ojos se oscurecieron y dio un paso hacia mí hasta quedarnos peligrosamente cerca.
—Deja de desafiarme Clover —dijo en voz baja, pero cargada de advertencia —. Fue una pésima idea que vinieras.Y peor todavía venir a coquetear con un desconocido que conociste hace unas horas.
Sentí que la sangre me hervía.
—Es mi vida Chase —respondí firme —.Y ni tú ni nadie puede meterse en lo que hago.
Él apretó la mandíbula.
—No entiendes nada.
—¿Ah, no? —repliqué —.Porque yo no te eché en cara que te besaras con Elina enfrente de todos.
Eso pareció golpearlo.
—Eso no fue lo mismo.
—Claro que lo fue.
El silencio que quedó entre los dos fue denso. Como si cualquier palabra más pudiera prender fuego todo. Chase se giró, pasó una mano por su cabello y respiró hondo, como si intentara calmar algo que claramente no podía. Luego volvió hacia mí.
—¿Estás celosa?
Solté una risa corta y sarcástica.
—Por favor.
Él me miró fijo.
—¿De verdad estabas celosa por haber visto ese beso?
Negué con la cabeza, todavía con esa sonrisa que ya no era tan firme como quería aparentar.
—No eres tan importante, Chase.
Chase inclinó apenas la cabeza, mirándome como si acabara de confirmar algo que ya sospechaba.
—Si no fuera importante… ¿por qué actúas así?
Fruncí el ceño.
—¿Así cómo?
—Como una niña haciendo berrinche —dijo sin suavizarlo —.Llenando mi motocicleta de post-it y brillantina. Casi la fundes.
Sentí que el estómago se me cayó al piso, trague saliva.
Maldición.
¿Cómo carajos se enteró de eso? Merliah y yo estamos muertas.
—Yo no fui.
Mi voz salió menos firme de lo que quería y Chase soltó una risa baja sin humor.
—Clover…
Dio un paso hacia mí.
—Sé que fuiste tú.
El aire se volvió pesado, y en ese momento solo quería que la tierra me tragara.
—Tú y tu amiga.
Me quedé callada. Porque en sus ojos no había duda, lo sabía, alguien se lo dijo. Lo miré a los ojos, y ya no pude sostener la mentira.
—Sí —solté de golpe —.Fui yo.
Su expresión no cambió.
—Y no me arrepiento.
Esperé que explotara. Que me gritara, que me insultara por haber dañado de esa forma su motocicleta. Pero no lo hizo.
—Tienes agallas, Clover.
Alcé las cejas, confundida.
—Cualquiera en esta universidad ni siquiera se atrevería a pensar en hacer algo así conmigo.
—¿Y quién fue el soplón? —pregunté cruzándome de brazos.
Chase ladeó la cabeza, con una media sonrisa.
—Un pajarito me lo contó.
—Ese pajarito es un chismoso.
Se rió por lo bajo, luego su expresión cambió apenas.
—¿Quién era el tipo con el que estabas bailando?
—No es de tu incumbencia.
Sus ojos se afilaron un poco, pero no dijo nada de inmediato. Solo me sostuvo la mirada, como si estuviera decidiendo si insistir… o dejarlo pasar.
—Me debes una —dijo con total calma.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Por los post-it… la brillantina… casi arruinas mi moto.
Mi estómago se tensó un poco.
—Ya te dije que...
—Sí, sí—me cortó.
Chase inclinó apenas la cabeza, como si jugar de esa forma conmigo le resultara gracioso.
—Y las deudas se pagan.
Tragué saliva.
—No te debo nada.
Él sonrió apenas, pero no era una sonrisa tranquila. Se acercó a mí oído y bajó la voz.
—Me tienes que pagar con algo valioso.
El aire se me quedó atrapado en la garganta.
—¿Qué… qué estás diciendo?
—Que tienes que pagarme.
Me quedé inmóvil sin saber si empujarlo… o si el problema era que no lo estaba haciendo.
Y le huce caso a mi subconsciente, lo empujé de inmediato, como si eso pudiera devolverme el control de la situación.
—Eres un aprovechador —solté con la voz más alta de lo que quería.
Chase apenas retrocedió un paso. Frunció el ceño, claramente molesto ahora, pero no por lo que yo había dicho exactamente.
—No es lo que estás pensando.
—¿Ah, no? —repliqué —.Porque suena bastante a eso.
Él apretó la mandíbula.
—Deja de sacar conclusiones estúpidas.
Me reí sin humor.
—Claro, porque tú explicas todo súper claro, ¿no?
Se pasó una mano por la cara frustrado, como si estuviera intentando no perder la paciencia.
—Me refiero a que me pagues con algo valioso de verdad —dijo al fin —.No con lo que piensas que es. Que cochina mente tienes.
Me quedé mirándolo.
—¿Y qué sería “valioso” para ti?
Sus ojos se clavaron en los míos un segundo más de lo normal.
—Ya lo voy a decidir.
En ese instante mi teléfono vibro y lo saqué sin pensar, todavía con la respiración algo agitada.
Abrí el mensaje y era una foto de mi estando con Chase, es una foto de ahora. Mi estómago se cerró de golpe, y debajo de la imagen, un texto:
“¿Tan rápido te olvidaste de mí?”
El aire se me fue.
—No… —susurré sin darme cuenta.
Mis ojos se movieron rápido alrededor, buscando entre la gente cualquier rostro que no encajara.
Sentí cómo el ruido de la fiesta se volvía distante.
—Clover… —la voz de Chase me sacó un poco del trance —.¿Estás bien?
Levanté la mirada hacia él. Pero mi mente seguía en otra parte.
—Yo… —tragué saliva —.Creo que alguien me está vigilando.
Me quitó el teléfono de la mano antes de que pudiera reaccionar.
—¿Qué haces? —intenté decir, pero mi voz ya no salía bien.
Su expresión cambió apenas vio el mensaje.
—Es una broma —dijo, devolviéndome el teléfono —.Tal vez alguien que solo quiere asustarte.
Pero yo ya no estaba escuchando bien. El ruido de la fiesta se volvió lejano, como si estuviera debajo del agua y mis manos empezaron a temblar.
—No… no es una broma… —susurré.
Mi respiración se cortó, y se volvió de forma irregular. Intenté inhalar, pero no entraba el aire como debía.
—Clover —Chase dio un paso hacia mí —.Ey, mírame.
Negué con la cabeza, mirando otra vez alrededor.
—Está aquí… alguien está aquí…
Mi pecho se apretó más. Y entonces sentí el miedo subiéndome de golpe. Chase me tomó por los hombros.
—Respira —dijo tratando de tranquilarme —.No estás sola.
Pero no funcionaba. Y entonces sin avisar, me rodeó con los brazos y me abrazó fuerte como si eso fuera suficiente para frenar el caos en mi cabeza.
No quería que Chase me viera así, débil, vulnerable, pequeña, pero era inevitable no sentirme así. Sentía el corazón golpearme el pecho con una fuerza desesperada, como si quisiera salir corriendo por su cuenta. Mis dedos estaban helados, la vista se me nublaba por momentos y el aire entraba a tirones, rasgándome la garganta.
No cabía dudas de que alguien me estaba siguiendo a dónde iba. Era el mismo número que me había escrito en el parque, pero esta vez estaba segura de que no era Chase.
Intentaba recorrer con la mirada cada rostro que veía en la fiesta, pero todos se veían iguales. Borrosos, amenazantes, desconocidos. Podía ser cualquiera de ellos, y esa era la peor parte. Porque podía estar detrás de mí, a mi lado, incluso podía ser alguien que ya había mantenido una conversación conmigo. Mi mente volvió a pensar en aquella frase:
¿Tan rápido te olvidaste de mí?
¿Olvidarme de quién? ¿Quién hablaba como si me conociera?
Mi respiración temblaba contra el pecho de Chase, y por más que intentaba controlarla, no podía. Sentía que el suelo ya no era seguro. Que el aire estaba tóxico y que todo el lugar se había convertido en una trampa invisible. Y lo peor...era no saber de qué parte mismo venía el peligro.
—¿Quieres agua? —preguntó bajando un poco la voz.
No confiaba en mí misma para hablar, así que solo asentí. Él dudó un segundo, como si no quisiera dejarme sola pero terminó separándose despacio.
El frío me golpeó apenas se alejó y me senté en una banca cercana porque sentía las piernas demasiado débiles para seguir de pie. Abracé mis propios brazos, intentando estabilizar la respiración mientras miraba alrededor una y otra vez, tenía miedo, pero... ¿de qué?
Entonces vi a Chase regresar entre la multitud con una botella de agua en la mano. Y odié admitirlo…pero fue la primera cosa que logró hacerme sentir un poco menos sola.
Se sentó a mi lado y me extendió la botella de agua. La tomé despacio pero me quedé mirándola unos segundos sin abrirla. Él notó la duda enseguida.
—No le puse nada —dijo con sarcasmo —.Aunque gracias por asumir que soy un criminal.
No pude evitarlo y una pequeña sonrisa se escapó de mis labios.
—No sería tan raro viniendo de ti —murmuré.
—Qué considerada eres conmigo.
Negué apenas con la cabeza y abrí la botella. El agua fría me ayudó más de lo que esperaba. Sentí cómo mi respiración empezaba a estabilizarse poco a poco.
El ruido de la fiesta seguía alrededor, pero ya no parecía tan lejano ni tan agresivo. Chase se quedó sentado a mi lado, apoyando los brazos sobre las piernas. Después de unos segundos, giró apenas la cabeza hacia mí.
—¿Ya te sientes mejor?
Lo pensé un momento. Todavía tenía miedo y sentía ese vacío incómodo en el pecho. Pero ya podía respirar. Así que asentí despacio.
—Sí… un poco.
—¡Cloooover! —escuché la voz de Merliah.
Levanté la vista y ella venía prácticamente colgada del brazo de Julian, ambos riéndose de absolutamente nada. Julian también estaba claramente borracho, caminando como si el suelo se moviera.
Chase soltó una risa nasal al verlos acercarse.
—Miren nada más… encontraron alcohol y perdieron la dignidad al mismo tiempo.
—¡Cállate, Langston! —protestó Julian entre risas —.Tú también estás....sospechosamente tranquilo esta noche.
Merliah entrecerró los ojos mirándonos a ambos sentados juntos en la banca. Luego sonrió, y vaya que esa sonrisa era peligrosa era la de persona ebria que acaba de tener una idea terrible.
—Oooh…
No. Ya conocía ese tono.
—¿Qué? —pregunté alarmada.
Julian apuntó hacia nosotros.
—Ustedes... se declararon y son novios —soltó arrastrando cada palabra.
Abrí la boca.
—¿Qué?
Pero Merliah ya estaba riéndose. Y luego empezó a cantar.
—Chaaase y Cloooover son novioooos. Chase y Clooover son novioooos.
—¡Merliah! —exclamé horrorizada.
Julian se unió riéndose, repitiéndolo como un coro ridículo. Yo esperaba que Chase dijera algo, que al menos los callara, que los regañara. Pero no. El idiota solo estaba sentado ahí… sonriendo como un...idiota. Como si estuviera disfrutando cada segundo, eso me hizo reaccionar todavía más rápido.
—¡No somos nada! —solté interrumpiéndolos —.Absolutamente nada.
El silencio duró poco. Y por alguna razón…la sonrisa de Chase cambió un poco después de escuchar eso.
Merliah hizo un puchero dramático.
—Ay, qué aburridos…
Julian negó con la cabeza aparentemente decepcionado.
—Se verían demasiado bien juntos.
—Sí —continuó Merliah, señalandonos como si estuviera presentando una teoría irrefutable —.Serían la pareja más envidiada de toda la universidad.
Sentí calor subir por mi cara.
—¿Pueden dejar de inventar cosas?
Julian se rió.
—Se ven...jodidamente buenos como novios.
—Ambos se ven compatibles —añadió Merliah.
—Y ademas...casi mata a Asher hace rato —remató Julian.
—¡No lo hizo! —protesté demasiado rápido.
Ambos me miraron como si eso confirmara aún más sus sospechas. Solté un suspiro frustrado.
—Entre nosotros no hay nada —dije otra vez —.Ni siquiera amistad.
El silencio cayó apenas terminé de hablar. Volví a mirar a Chase, aún tenía una leve sonrisa, pero sus ojos ya no se veían como hace un momento.
—Los dejamos solos de nuevo par de tórtolos.
Merliah terminó arrastrando a Julian otra vez hacia la pista, ambos riéndose y cantando cosas incomprensibles mientras se alejaban.
Solté un suspiro largo y me pasé las manos por la cara, frustrada.
—Dios… qué vergüenza.
Me levanté de la banca intentando ignorar completamente la situación. Pero Chase también se levantó.
—¿Ni siquiera amistad? —preguntó con sarcasmo.
Su voz venía demasiado cerca. Giré apenas la cabeza y lo vi acercarse lentamente, con esa expresión peligrosa que siempre aparecía antes de decir algo que me descolocaba.
—Qué cruel eres conmigo, Clover.
Rodé los ojos.
—No empieces.
—¿Entonces qué somos? —preguntó acercándose otro paso.
Retrocedí instintivamente.
Mala idea.
—Nos gritamos. Nos perseguimos. Arruinaste mi motocicleta. Yo arruine tu dibujo. Me abrazas cuando entras en pánico…
—Yo no te abracé.
—No te alejaste tampoco.
Sentí el calor subir directo a mi cara.
—Estás inventando cosas.
Inclinó apenas la cabeza, observando mi reacción con demasiada atención.
—¿Sí?
Su tono bajo hizo que mi estómago se tensara.
—Porque hace rato parecías bastante celosa con Elina.
—Y tú parecías un psicópata con Asher.
Eso lo hizo sonreír de lado.
—Entonces estamos a mano.
Intenté apartarme otra vez, pero terminé quedando contra una de las mesas altas que estaban detrás de mí.
Genial.
Apoyó una mano a mi lado, atrapándome prácticamente sin tocarme.
—¿Sabes qué es lo peor? —murmuró.
Tragué saliva.
—¿Qué?
Su mirada bajó apenas hacia mis labios antes de volver a mis ojos.
—Que sigues fingiendo que no pasa nada entre nosotros.
Y odiaba admitirlo… pero mientras él hablaba tan cerca de mi…cada vez era más difícil pensar con claridad.
—No pasa nada entre nosotros —repetí, aunque mi voz ya comenzaba a traicionarme —.Somos completamente opuestos.
Chase sonrió apenas.
—¿Y?
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que “y”? Tú y yo no encajamos en nada. Somos piezas de diferentes rompecabezas.
Él volvió a bajar su vista a mis labios, y acercó su rostro lo suficiente para obligarme a mantener la mirada en él.
—Eso es lo divertido.
Sentí un pequeño escalofrío recorrerme la espalda.
—No veo qué tiene de divertido querer arrancarnos la cabeza todo el tiempo.
Chase soltó una risa baja.
—Las relaciones entre personas opuestas siempre son más interesantes.
La palabra relaciones me golpeó directo en el pecho.
—¿Quién habló de relaciones? —pregunté rápido.
—Tú acabas de hacerlo.
Abrí la boca y la volvi a cerrar sin saber que responder.
Maldito Langston.
—Además —continuó con tranquilidad —.Si fuéramos iguales sería muuuuy aburrido.
—Tú ya eres aburrido.
—Y aun así no puedes dejar de pensar en mí.
Eso hizo que mi corazón diera un salto incómodo.
—Eres insoportable.
—Pero sigues aquí conmigo.
Por más que quisiera apartarme…cada vez que Chase me miraba así, sentía que algo dentro de mí empezaba a traicionarme.
De repente, el ambiente cambió. Los gritos dejaron de ser de emoción y se convirtieron en gritos de alerta. La gente comenzó a correr hacia las motos, los autos. Algunos apagaban luces, otros guardaban cosas a toda velocidad.El caos explotó en segundos y no comprendí del todo lo que estaba pasando.
—¿Qué está pasando?
Chase volteó hacia la entrada del lugar y su expresión cambió de inmediato.
—La policía —fue lo único que dijo.
Mi corazón dio un salto. Y me desespere.
—¿Qué?
Pero él ya me estaba tomando del brazo.
—Vamos.
Me jaló entre la multitud rápidamente, abriéndose paso hacia la zona donde estaban las motocicletas.
—¡Espera! —protesté frenándome apenas —.¡Merliah!
Intenté mirar entre la gente, desesperada.
—No puedo dejarla aquí.
Chase se detuvo para mirarme.
—No le va a pasar nada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque Julian no la va a dejar sola.
El ruido de sirenas empezaba a escucharse a lo lejos y él volvió a tirar suavemente de mi brazo.
—Clover, muévete.
Y esta vez…lo seguí. Llegamos hasta su motocicleta entre el caos de gente corriendo y vehículos saliendo. Chase buscó algo rápido en uno de los compartimientos y luego se quitó su campera negra para lanzarmela directamente.
—Póntela.
La miré confundida.
—¿Qué?
—La campera que traes no te va a cubrir nada del aire frío que sentiras en la motocicleta.
Miré mi chaqueta ligera y luego la de él. Estaba aún todavía tibia por haberla llevado puesta.
—Chase, no necesito..
—Clover.
Ese tono fue directo y sin tiempo para discutir. Suspiré frustrada y terminé poniéndomela rápido.
Me quedaba enorme.
Las mangas me cubrían casi por completo las manos y el olor de su perfume quedó atrapado alrededor mío de inmediato. Eso no ayudó a mi estabilidad mental.
Subió a la motocicleta y tomó otro casco.
—Toma.
Lo atrapé apenas y las sirenas sonaban más cerca ahora.
¿En qué momento la situación dejó de sentirse como un juego ilegal divertido?
Ahora solo quería salir de ahí.
Subí detrás de él con torpeza, intentando no pensar demasiado. Pero apenas me senté en la motocicleta, el miedo volvió de golpe.
Odiaba las motos. Las odiaba.
Me puse el casco con manos temblorosas y ni siquiera le puse el sujetador.
—¿Lista? —preguntó Chase por encima del ruido.
No, para nada.
Pero antes de responder, la motocicleta rugió debajo de nosotros y cerré los ojos al instante. El vehículo arrancó con fuerza, haciéndome contener un pequeño grito.
La velocidad me revolvió el estómago y no tuve opción. Mis manos se aferraron a Chase automáticamente, abrazándolo por la cintura con fuerza y sentí cómo él soltaba una pequeña risa apenas perceptible.
—¿Miedo? —preguntó con evidente diversión.
—Cállate y conduce —respondí rápido enterrando más la cara contra su espalda.
La moto aceleró todavía más. Y yo solo podía pensar en una cosa:
Si sobrevivía a esa noche…jamás volvería a subirme a una motocicleta.