Un Novio de Mentiras

Capítulo 9 - "Novios"

Era lunes. Y todavía sentía que seguía atrapada en el sábado. Todo había pasado demasiado rápido después de la fiesta. Chase me dejó frente a mi casa, apenas frenó la motocicleta y ni siquiera me dio tiempo de decir algo antes de que entrara a su casa.
Ni gracias.
Ni adiós.
Ni la oportunidad de devolverle su campera.
La tenía escondida en mi habitación desde entonces. Oculta al fondo de mi armario para que mis padres no la encontraran y empezaran con preguntas imposibles de responder.
Porque, sinceramente…
¿Cómo explicaba que tenía la campera de Chase Langston?
Imposible.
Lo peor era el olor. Su perfume seguía impregnado en la tela de una forma absurda. Muy fuerte, muy masculino, y...demasiado él. Cada vez que abría el armario, el olor salía otra vez.
Y odiaba admitirlo…pero olía increíble.
—¡Clover! —la voz de mi mamá subió desde la planta baja —.¡Tu papá te va a llevar!
Cerré rápido la puerta del armario apenas terminé de mirar por quinta vez, la campera de Chase escondida entre mi ropa.
Tomé mi mochila y bajé las escaleras.
El olor a café llenaba la casa y mi mamá ya estaba organizando cosas en la cocina mientras mi papá esperaba junto a la puerta con las llaves del auto en la mano.
—Buenos días, dormilona —dijo él.
—Buenos días…
Todavía tenía sueño y demasiados pensamientos acumulados. Tomé una tostada rápidamente y luego salimos.
Mi papá había cambiado su horario de trabajo hacía unos días, así que ahora podía llevarme de paso a la universidad antes de irse. Subí al auto y apoyé la cabeza contra la ventana mientras él arrancaba.
—¿Muchos planes hoy? —preguntó mientras manejaba.
—Solo sobrevivir a clases.
Él soltó una pequeña risa.
—Eso ya es bastante.
Miré las calles pasar lentamente. Mi papá tamborileó los dedos sobre el volante un momento antes de hablar otra vez.
—Entonces… ¿conociste al menos a algún chico en esa fiesta?
Giré la cabeza lentamente hacia él.
—No.
Mentí demasiado rápido.
Él me miró de reojo claramente sin creerme del todo.
—¿Ninguno?
—No.
Volvió la vista al camino, pero una pequeña sonrisa apareció en su cara. Y entonces cometió el error.
—Aunque… —dijo casualmente —.Chase Langston parece buen chico.
Casi me atraganto conmigo misma.
—¿Qué?
—Digo que sería un muy buen candidato.
—¡Papá!
Me miró divertido.
—¿Qué tiene? Es educado cuando quiere. Responsable. Inteligente. Además, se ofreció él mismo a venir a pintar la ñared de tu habitación luego de lo que hizo, ¿recuerdas?
Abrí la boca indignada.
—¡Es arrogante!
—No me parece.
—Porque no lo conoces.
Mi papá soltó una risa.
—Creo que tú lo conoces demasiado bien para odiarlo tanto.
Eso me dejó callada un segundo.
—No lo odio —murmuré automáticamente.
Error.
Mi papá sonrió más.
—Ajá.
—Solo… me desespera.
—Los chicos que desesperan suelen ser los peligrosos.
Rodé los ojos.
—Qué gran consejo paternal.
Él siguió hablando como si no me hubiera escuchado.
—Además, el muchacho tiene carácter. Y eso hoy en día no abunda.
Lo miré incrédula.
—¿Estás escuchándote?
—Perfectamente.
Apoyé la cabeza contra la ventana otra vez, derrotada.
—No voy a salir con Chase.
—Nunca dije que fueras a hacerlo.
La sonrisa en su voz hizo que quisiera bajarme del auto en movimiento. Mi papá volvió a hablar después de unos segundos.
—Ah, por cierto. Ya llegué a un acuerdo con el padre de Chase por lo de la ventana.
Giré la cabeza rápidamente.
—¿Qué acuerdo?
—No van a cobrarnos nada.
Parpadeé confundida.
—¿Qué?
Eso no tenía sentido.
—Pero… yo rompí la ventana.
Mi papá asintió tranquilo, como si estuviera hablando del clima.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué no van a cobrarnos?
Él estacionó en un semáforo y me miró apenas de reojo.
—Porque Chase ya lo solucionó también.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que lo solucionó?
—No pregunté demasiados detalles —respondió —.Pero al parecer él habló con su padre y arregló el problema antes de que escalara.
Me quedé en silencio.
Eso… no encajaba con la imagen que tenía de él. Porque Chase era impulsivo, sarcástico y fastidioso.
Pero aun así…había evitado que mis padres pagaran por algo que claramente había sido mi culpa.
Miré hacia la ventana otra vez intentando ocultar mi expresión. Y odié sentir ese pequeño calor incómodo en el pecho.
Pero yo sabía perfectamente que Chase no hacía cosas gratis.
No.
Definitivamente no.
Si había evitado que sus padres cobraran por la ventana… entonces seguramente pensaba cobrárselo él mismo. Y peor todavía. Yo seguía debiéndole “algo valioso” por lo de la motocicleta.
Solo recordar la forma en que me lo había susurrado hacía que el estómago se me revolviera de nuevo. Apoyé la cabeza contra el respaldo del asiento del auto soltando un pequeño suspiro.
—¿En qué piensas tanto? —preguntó mi papá.
—En nada.
Mentira.
Estaba pensando en Chase demasiado seguido últimamente, y eso empezaba a convertirse en un problema bastante serio.
Cuando llegué a la universidad, me bajé del auto de mi papá con la mochila colgando del hombro.
—Portate bien —dijo él desde la ventana.
—Siempre —respondí, aunque no era del todo cierto.
Cerré la puerta y lo vi alejarse.
Entré al campus con ese ruido constante de gente hablando, pasos, risas, puertas abriéndose y cerrándose. Todo parecía normal otra vez… como si el sábado no hubiera existido.
Caminé hacia mi clase. Y en cuanto entré, escuché la noticia del día.
—Dicen que llegó un estudiante nuevo…
—¿Será más popular que Chase?
—O quizás sea la nueva víctima de Chase.
—Es guapo, lo vi en el estacionamiento…
Suspiré.
Otro más.
Busqué con la mirada a Merliah y la encontré casi al fondo del aula. Me acerqué rápido.
—Hola —dije sentándome a su lado.
—¡Clover! —me saludó como si nada, sonriendo.
La miré un segundo.
—Oye… el sábado… ¿cómo llegaste a tu casa?
Merliah parpadeó.
—Julian me llevó.
La miré confundida.
—¿Julian? ¿No estaba… borracho?
—Sí —respondió ella encogiéndose de hombros —.Pero decía que “sabía manejar perfectamente”.
Me quedé en silencio un segundo.
—Eso suena bastante ilegal.
—Probablemente lo fue —dijo riéndose —.Pero llegué viva, así que técnicamente funcionó.
Negué con la cabeza, todavía procesándolo.
—Ustedes dos son un problema.
—Pero un problema divertido —respondió ella como si fuera un argumento válido.
Y antes de que pudiera contestarle…el murmullo de la clase cambió otra vez. Alguien acababa de entrar.
¿Tal vez el nuevo?
Cuando giré la cabeza hacia la puerta, sentí cómo se me iba un poco la paciencia.
Era Chase obviamente.
Entró como si el aula le perteneciera, mochila al hombro, expresión tranquila… demasiado tranquila para alguien que normalmente parecía buscar problemas en cada esquina.
Rodé los ojos antes de darme cuenta.
—Genial —murmuré.
Merliah me miró de reojo.
—No empieces.
—No estoy empezando —respondí —.Solo… estoy reaccionando.
Ella soltó una risa suave.
—Ya falta poco para que Chase salga de esta clase.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que “salga”?
Merliah apoyó la mejilla en su mano, como si fuera un chisme entretenido.
—Depende del proyecto dual.
—¿Qué proyecto?
—El que nos dio el profesor —explicó —.Es básicamente su única forma de pasar al siguiente año. Si no lo aprueba, repite la materia.
Parpadeé.
¡Claro! Me había olvidado por completo del proyecto dual, en la que infelizmente hacemos equipo.
—¿Chase… está al borde de reprobar?
—Prácticamente sí —dijo ella —.Es bueno en muchas cosas, pero esta materia… la está salvando por poco.
Miré hacia donde estaba sentado. Él ya se había acomodado, como si no tuviera el más mínimo problema en el mundo.
Qué irónico.
El tipo que parecía invencible… dependía de un trabajo de clase para no repetir.
—No lo parece —murmuré.
Merliah se encogió de hombros.
—Nunca lo parece con él.
—Pero… —murmuré —.Si se le nota que no le gusta nada de esto, ¿por qué estudia aquí?
Suspiró como si fuera una historia conocida.
—Porque no siempre es una elección —dijo bajando la voz.
La miré confundida.
—¿Cómo?
Ella apoyó el codo en la mesa.
—Chase viene de una familia bastante adinerada. Y con eso vienen… expectativas.
Fruncí el ceño.
—¿Expectativas de qué?
—De todo —respondió simplemente —.Imagen, negocios, futuro. Su padre decidió que lo mejor era que estudiara administración.
Me quedé en silencio unos segundos.
Chase… siguiendo un plan que no eligió.
No encajaba con la forma en que siempre lo veía: seguro, arrogante, como si nada lo afectara.
—Entonces no es por gusto —murmuré.
—No —confirmó —.Más bien es por obligación.
Tragué el tema de Chase antes de que se me quedara dando vueltas en la cabeza. Demasiadas cosas nuevas en poco tiempo.
—Ok… y el nuevo chico del que todos hablan, ¿quién es?
Ella se encogió de hombros.
—Ni idea todavía. No lo he visto aún.
—¿Entonces por qué todos están como locos?
Merliah sonrió de lado.
—Porque ya hizo su entrada sin decir mucho… y eso siempre genera drama.
Rodé los ojos.
—Qué exagerados.
—Pero sí sé algo —añadió ella.
—¿Qué?
—Estudia arquitectura.
Me quedé pensando un segundo.
Arquitectura.
Otro estudiante nuevo, otro nombre rondando, otra pieza moviéndose en el tablero de la universidad sin que yo tuviera idea de dónde encajaba.
—Perfecto —murmuré —.Otro problema más.
Merliah soltó una risa.
—No empieces a dramatizar, Clover.
Pero yo ya tenía la sensación de que esta semana no venía precisamente tranquila.
La clase terminó entre el ruido de sillas arrastrándose y mochilas cerrándose con prisa. Guardé mis cosas con calma, aunque por dentro tenía esa sensación molesta que no terminaba de irse desde la mañana.
Cuando me levanté, me acerqué a Merliah.
—Oye… —bajé la voz —.Por cierto, Chase ya sabe que fuimos nosotras.
Ella estaba tomando agua justo en ese momento y se atragantó.
—¡¿QUÉ?! —escupió el agua tosiendo —.¿CÓMO QUE LO SABE?
La miré sin emoción.
—Lo sabe.
Merliah abrió los ojos como si acabara de escuchar una sentencia.
—Nos va a matar. Literalmente nos va a matar. Clover, te lo dije...
—Merliah —la interrumpí agarrándole el brazo para que dejara de entrar en pánico—.Cálmate.
—¡No! No me puedo calmar, ese chico es peligroso cuando se enoja.
—Ya lo sé.
Ella se quedó en silencio un segundo y suspiré.
—Pero escúchame.
Me miró con desesperación.
—La única que “pagará” algo… soy yo.
Frunció el ceño.
—¿Qué dices?
Tragué saliva.
—Yo soy la que está en la mira. Yo soy la que está… a su merced con lo de la moto.
Merliah me miró como si quisiera discutir, pero no encontró las palabras. Porque, por más que lo negáramos…Chase siempre terminaba sabiendo las cosas de una forma u otra.
Salimos del aula y Merliah se desvió hacia una de las máquinas de snacks, dejándome sola por unos minutos.
—Te espero en el banco del jardín trasero —le dije.
Ella asintió sin mirar, ya distraída con lo que iba a comprar.
Caminé hacia atrás del edificio, donde el ruido de la universidad se volvía más lejano y el aire se sentía un poco más tranquilo. Me senté en uno de los bancos, apoyando la mochila a un lado.
Por fin, paz, tranquilidad y silencio, o eso pensé antes de que escuchara varios pasos acercándose hacia donde yo estaba. Levanté la vista y me encontré a Elina y su grupo, se colocaron alrededor del banco como si fuera algo natural, como si yo estuviera ahí para recibir visitas no deseadas.
Solté un suspiro largo.
—¿En serio? —murmuré pasando una mano por mi cara —.¿Qué quieren ahora?
Elina sonrió, pero no de forma amable.
—Tranquila —dijo cruzándose de brazos —.Solo veníamos a hablar.
—Ajá —respondí, sin molestarme en disimular el fastidio —.Qué sorpresa. Siempre vienen “solo a hablar”.
Una de sus amigas soltó una risita y Elina dio un paso más cerca.
—Escuchamos cosas interesantes de ti… y de Chase.
Ahí fue cuando rodé los ojos.
Otra vez él.
Otra vez todo girando alrededor de lo mismo.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —pregunté, apoyándome mejor en el respaldo del banco —.Porque sinceramente, estoy empezando a perder el interés en este tema.
Elina inclinó un poco la cabeza, como si estuviera disfrutando cada segundo de esto.
—En la universidad todos dicen lo mismo —dijo —.Que estás detrás de Chase.
Solté una risa breve, sin humor.
—Eso es mentira.
—¿Ah, sí? —respondió ella cruzándose de brazos —.Porque no se ve así.
Una de sus amigas asintió rápido, como apoyo silencioso. Elina dio un paso más cerca del banco.
—Chase es mío —dijo con seguridad absoluta —.Es mío y de nadie más.
Sentí cómo se me tensaba la mandíbula.
—Qué interesante —murmuré.
—Me ama —continuó ella, ignorando mi tono —.Por eso me besó cuando ganó la carrera. Me besó en frente de todos.
Ahí me quedé en silencio un segundo y la miré directamente sin dramatizar y sin darle el gusto de verme afectada.
—Felicidades —dije al fin encogiéndome de hombros.
Elina parpadeó confundida, ya que no era la reacción que esperaba. Me levanté del banco lentamente, tomando mi mochila.
—Si eso era todo, ya terminé la conversación —añadí, empezando a girarme —.Tengo cosas mejores que hacer que discutir sobre quién cree que “posee” a Chase.
Y sin esperar respuesta, trate de alejarme de ellas, pero no llegué ni a dar dos pasos cuando sentí movimiento detrás de mí. Eran dos chicos, amigos de Elins, y antes de que pudiera reaccionar, uno me arrancó la mochila del hombro.
—¿Qué haces? —me giré de inmediato.
El otro me agarró del brazo.
—Suéltame —dije intentando zafarme.
Pero el agarre no aflojó.
—No te vayas todavía —dijo uno de ellos, con una sonrisa incómoda.
El tirón fue suficiente para desestabilizarme.
—¡Oye! —protesté forcejeando —.¡Déjenme!
Me arrastraron unos pasos de vuelta hacia el banco.
Elina seguía ahí, mirándome como si todo eso fuera completamente normal. Sentí la rabia subir rápido.
—¿En serio vas a permitir esto? —le solté mirándola fijo.
Ella no respondió de inmediato y solo me sonrió un poco.
—Solo queremos que entiendas algo —dijo tranquila.
Intenté liberar mi brazo otra vez.
—No necesito “entender” nada de lo que tú quieras imponerme.
Uno de los chicos me empujó al suelo haciendo que me arrodillara, y sentí mi rodilla arder al chocar por el suelo, una humillación más en la lista. Todo esto ocurría mientras una de las amigas de Elina grababa la escena.
Elina dio un paso a mi, con esa seguridad que ya empezaba a sentirse más como una amenaza que como simple celos.
—Esto va para ti… y para cualquiera —dijo mirándome fijo —.Para todas las chicas que creen que pueden acercarse a Chase.
Sentí cómo se me endurecía la expresión.
—Cualquiera que intente quitarme el amor de Chase… lo paga caro.
Las palabras me hicieron soltar una risa corta, sin alegría.
—¿“El amor de Chase”? —repetí incrédula—.Estás delirando.
Uno de los chicos que estaba a mi lado me tomó del cabello.
—Cállate —murmuró.
Elina continuó, ignorando mi reacción.
—Tú no eres nada aquí, Clover. Solo estás jugando a algo que no entiendes.
Mi respiración se volvió más pesada, pero no de miedo, sino de rabia.
—Suéltame —dije esta vez más firme.
Ella sonrió apenas.
—¿O qué?
—No tienes idea de lo que estás diciendo —solté, intentando levantarme —.Y mucho menos derecho de tocarme.
Elina comienza a reír, como si lo que le hubiera dicho fuera algo gracioso. Y luego chasquea los dedos para que una de sus "amigas" le pasara una botella de agua.
—Te crees muy lista, Clover —dijo Elina destapando la botella —.Pero no eres más que una mujerzuela que busca atención masculina.
Eso fue la gota que derramó el vaso, me levanté furiosa y me lancé por ella agarrándole del cuello. Trate de tumbarla, pero nuevamente sus amigos me agarraron para empujarme al suelo.
—Eres una maldita perra loca —soltó Elina acomodándose la blusa.
—Aquí la única perra eres tú —escupí.
Elina al oír eso, se enfada más y se acerca a mi para luego derramarme el agua por la cabeza, empapándome por completo.
De repente, sentí cómo me levantaban del suelo con rapidez.
—¿Estás bien? —la voz de Asher sonó cerca.
Me acomodé el equilibrio, todavía con el pulso acelerado.
—Sí… gracias —respondí.
Él frunció el ceño, mirando la escena frente a nosotros.
—¿Qué está pasando aquí?
Antes de que pudiera responder, Elina cambió por completo su expresión. Su tono se volvió más suave, casi quebrado.
—Asher… —dijo acercándose un poco —.Ella me está haciendo daño. Esta chica… está diciendo cosas terribles sobre mí.
Parpadeé, incrédula.
¿En serio?
Asher la miró un segundo, confundido.
—¿Elina…?
—Eres mi primo —añadió ella rápido, como si eso explicara todo —.Solo intenta ayudarme.
Sentí que se me tensaba la mandíbula.
—¿Prima? —repetí en voz baja.
Elina no me miró. Solo siguió con su actuación. Asher giró la cabeza hacia mí, ahora con el ceño más fruncido.
—Clover… —dijo despacio —.¿Es cierto lo que está diciendo ella?
Me quedé quieta. No entendía absolutamente nada. Elina actuando, los chicos detrás de mí y Asher mirandome como si yo fuera la que tenía que explicar todo.
Tragué saliva.
—Yo… —empecé confundida —.No sé de qué está hablando.
Elina bajó la mirada de nuevo, como si estuviera a punto de llorar.
—Ella empezó todo… —dijo con voz temblorosa —.Me atacó sin razón… incluso trató de asfixiarme.
Sentí cómo se me helaba el cuerpo.
—¿Qué? —solté incrédula —.Eso es mentira.
Pero una de sus amigas ya le había pasado el teléfono a Asher.
—Mira —dijo mostrándole la pantalla.
Era el video. Pero el clip… estaba cortado. Solo mostraba el momento en el que yo ataque a Elina, sin mostrar lo que había pasado antes.
Asher lo miró en silencio y su expresión cambió.
—Clover… —dijo con una voz más fría —.¿Qué es esto?
—No es lo que parece —respondí rápido —.Ellos me estaban sujetando, yo no...
—¿Entonces el video es falso? —interrumpió él.
Abrí la boca, pero las palabras no salieron como quería. Elina seguía detrás, con una expresión de satisfacción, y Asher dio un paso más cerca.
—No creí que fueras de este tipo de mujer —dijo ahora claramente molesto.
—No —dije más firme de lo que realmente me sentía —.No es así. Yo fui la víctima aquí, no Elina.
Se hizo un silencio corto. Asher me miró como si intentara encontrar algún rastro de duda en mi voz… algo que lo hiciera cambiar de opinión. Pero su expresión no suavizó, al contrario.
—Clover… —dijo despacio, como si estuviera eligiendo las palabras —.Ya vi el video.
Di un paso hacia él.
—Ese video está cortado. Ellos me estaban sujetando antes. Me quitaron la mochila, me arrastraron hasta aquí, me estaban humillando.
—Basta —me interrumpió Elina.
Asher negó con la cabeza, frustrado mirándome.
—No tienes que mentir para salir de esto.
Sentí cómo se me tensaba la garganta.
—No estoy mintiendo.
Pero él ya no me estaba escuchando igual. Su mirada bajó un segundo, como decepcionado.
El aire se me atascó en el pecho.
—¡Hipócritas! —repetí casi sin creerlo —.¿De verdad? ¡Estás creyendo esto!
Asher frunció el ceño, pero no me interrumpió. Elina, en cambio, ya estaba detrás de su máscara de “víctima perfecta”, mirando al suelo como si yo fuera el problema.
La rabia me subió de golpe.
—¡Ella es una mentirosa! —solté señalandola —.¡Todo lo que dijo es mentira!
Uno de los chicos dio un paso adelante.
—Ya basta.
Pero yo ya no podía parar.
—¡Me estaban sujetando! ¡Me arrastraron hasta aquí! ¡El video está recortado!
Elina levantó la mirada apenas, con una expresión tranquila que me dio más rabia todavía. Eso fue demasiado y me lancé hacia ella sin pensarlo.
—¡No te hagas la inocente!
Pero antes de llegar…alguien me empujó muy fuerte, perdi el equilibrio y el suelo golpeó contra mí. El aire se me escapó de los pulmones en un segundo y me quedé ahí en shock, mirando hacia arriba.
Lo único que sentí en ese momento fue la mezcla de rabia y humillación quemándome por dentro mientras intentaba volver a levantarme.
Pero una de las chicas me pateo en el estómago, sentí que el aire comenzaba a faltarme, luego otro golpe. Me toque el rostro y noté que mis labios estaban sagrando al igual que mi nariz, me miré las rodillas y estaba igual o peor que mis labios, el golpe que recibí hace un rato por caer de rodillas al suelo había hecho que mi pantalón se rompiera y me sangrara la rodilla.
Todavía me ardía, pero lo peor no era eso. Era el nudo en la garganta, el calor en los ojos, la rabia mezclada con esa sensación horrible de no ser escuchada. Tragué saliva con fuerza, intentando no llorar aquí enfrente de ellos, ni mucho menos de Elina.
Entonces en ese momento escuché pasos y una voz que reconocí de inmediato.
—¿Qué están haciendo?
Levanté la mirada y me encontré con Chase. El aire cambió apenas llegó. Asher fue el primero en reaccionar, enderezándose un poco como si intentara recuperar control de la situación.
—Solo es un problema de chicas —dijo rápido, forzando una calma que no le salía bien.
Chase lo miró de arriba abajo.
—¿Entonces qué haces tú aquí?
Solo un silencio respondió. Asher abrió la boca… y no dijo nada, no tenía respuesta. Chase no esperó más y se agachó frente a mí.
—¿Estás bien?
Su voz no fue dura y sin pensar demasiado, le dejé tomarme del brazo. Me ayudó a ponerme de pie y sentí su mirada sobre mí.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó.
Abrí la boca para responder…pero no salió nada. Negué despacio, incapaz de formar palabras. Chase frunció el ceño apenas al verme así y tenso la mandíbula.
—¿Ellos te lastimaron? —preguntó.
No sabía que responder. Tenía miedo de decir que si, y que él también se pusiera de lado de ellos.
El silencio se estiró incómodo, él seguía sosteniéndome del brazo, pero su mirada ya estaba fija en los demás.
—¿Qué pasó? —repitió esta vez más firme.
Nadie respondió.
Elina bajó la vista otra vez, como si el papel de víctima le saliera de forma natural y uno de los chicos se movió incómodo.
—Voy a preguntar una última vez —dijo Chase con un tono más frío —.Y luego no me va a importar cómo termine esto.
El aire cambió. Incluso Leslie, la amiga de Elina pareció dudar un segundo pero al final habló.
—Clover estaba molestando a Elina —dijo señalándome apenas —.Elina solo se defendió.
Me quedé helada, no podía creer lo fácil que lo decía. Chase la miró en silencio un segundo y luego soltó una risa corta y sarcástica.
—¿Clover? —repitió como si la idea fuera absurda.
Leslie frunció el ceño.
—Sí. Eso es lo que pasó.
Chase negó lentamente con la cabeza.
—No.
Ese “no” fue seco. Sus ojos volvieron hacia mí un segundo y luego otra vez a ellos.
—Clover no es así —dijo más seguro ahora—.Si algo pasó aquí, lo más probable es que ella fuera la víctima.
Asher dio un paso adelante, como si esta vez fuera él quien insistirá.
—Estás malinterpretando todo, Chase...
No terminó la frase, porque Chase lo alcanzó de lleno dándole un puñetazo, haciendo que Asher retrocediera de inmediato llevándose la mano a la mandíbula.
—No vuelvas a hablar de ella como si la conocieras —dijo Chase con la voz baja.
Elina abrió los ojos, claramente descolocada. Uno de los chicos dio un paso atrás y Asher apretó la mandíbula, furioso, pero no volvió a avanzar de inmediato.
Chase lo miró fijo, sin apartarse.
—Y escuchen bien todos —añadió levantando la voz lo justo para que quedara claro —.No quiero que nadie vuelva a tocarla ni a meterse con ella.
Todos quedaron en silencio.
—Porque la próxima vez… no voy a estar de buen humor.
La advertencia quedó suspendida en el aire. Y aunque nadie se movio, la tensión dejó claro que todos entendieron exactamente lo que acababa de pasar. Uno de los chicos tragó saliva y dio un paso al frente.
—Yo… —dijo con la voz baja —.Fue una exageración.
Todos lo miraron y el chico evitó la mirada de Elina.
—No debimos agarrarla así. Y el video… está recortado.
Elina abrió la boca de inmediato.
—¿Qué estás diciendo?
Pero él ya no la estaba mirando. Se giró hacia mí.
—Lo siento —dijo sincero esta vez —.No estuvo bien.
Asentí apenas, todavía sin encontrar del todo mi voz. El chico bajó la mirada y sin esperar más, se alejó rápidamente del lugar.
Uno por uno, los demás hicieron lo mismo.
Elina se quedó rígida, como si no entendiera cómo la situación se le había salido de control. Asher tampoco se movió de inmediato, y al final, el espacio quedó reducido a nosotros cuatro.
Asher se giró de golpe hacia Elina.
—Di la verdad —dijo tomándola de los hombros.
Elina se tensó.
—Asher… suéltame.
—¡DIME LA VERDAD! —repitió sacudiéndola una vez.
Elina lo miró un segundo. Ya no había actuación en su cara. Solo incomodidad… y algo de miedo. Y entonces habló.
—Yo… exageré —admitió al fin bajando la voz —.Fui yo quien vino a molestarla… yo invente lo demás porque quería quedar bien contigo.
El aire se quedó helado y Asher se quedó completamente quieto.
—¿Estás diciendo… que inventaste todo?
Elina no respondió de inmediato. Y ese silencio fue suficiente, Asher soltó sus hombros de golpe, como si no pudiera creerlo.
—Eres una mentirosa —dijo con rabia contenida —.La culpe sin siquiera saber la verdad solo para protegerte.
Elina bajó la mirada, ya sin defensa. Asher pasó una mano por su cara, frustrado y dio un paso atrás.
Elina no se quedó a escuchar más, dio media vuelta y salió corriendo del lugar, desapareciendo entre los pasillos del campus sin mirar atrás.
Asher se quedó quieto unos segundos, como si todavía estuviera procesando lo que acababa de pasar. Luego bajó la mirada.
—Yo… —empezó, con la voz más baja —.Actué impulsivamente. Elina es como una hermana para mí. Siempre la he protegido… y pensé que esto era otra de esas veces.
Levantó la vista hacia mí, sin esa seguridad rígida de antes.
—Cometí el error de defenderla sin saber qué estaba pasando. No debí asumir que tú eras la culpable.
Era un reconocimiento tardío. Y aún así… no borraba lo que había pasado. Asher bajó la mirada, soltó un suspiro pesado y dio un paso hacia mí.
—Clover… —dijo, y esta vez se notaba que le costaba hablar —.Lo siento. En serio, no debí juzgarte así.
Yo solo asentí a medias. Tenía un nudo en la garganta y me vibraba el pecho; no me daba el cuerpo para ponerme a hablar o aceptar sus disculpas. Entonces él se giró hacia Chase.
—Lo siento.
Pero él no le contestó. Ni siquiera se movió. Solo se quedó mirandolo con una cara de pocos amigos que daba miedo. El ambiente se volvió a cortar, Asher se quedó esperando que Chase lo volviera a golpear, o que le soltara un insulto o cualquier cosa.
Pero Chase no hizo nada de eso. Dio un paso adelante. Luego otro. Hasta que le plantó cara, pegado a él.
—Te voy a decir esto una sola vez —le soltó Chase, con esa voz baja que usa cuando está furioso de verdad —.Y más te vale que te quede claro.
Asher no se movió un milímetro. Chase me señaló de reojo, sin dejar de mirarlo.
—Es la primera y la última vez en tu vida que la culpas de algo sin saber la verdad. ¿Entendido?
Asher ardó unos segundos, pero terminó asintiendo, con el cuello tieso. Ahí fue cuando Chase remató, mirándolo fijo a los ojos:
—Y otra cosa.
Chase curvó sus labios en una sonrisa para luego soltar lo que tenia que decir:
—Clover es mi novia.
Sentí como si se me parara el corazón.
Me quedé mirandolo de golpe, con los ojos abierto como platos.
—¿Qué? —susurré.
Asher se quedó de piedra, procesando la información. Chase ni se molestó en mirarme para ver la cara que había puesto y siguió a lo suyo.
—Nadie aquí tiene derecho a humillarla —siguió hablando como si nada —.Y mucho menos de tocarla.
Asher miraba a Chase y después a mí, totalmente descolocado, intentando entender qué estaba pasando. Y yo estaba exactamente igual.
Porque eso era mentira. Chase se lo acababa de inventar de la nada… y lo había dicho con una tranquilidad que daba escalofríos.
—Entiendo —fue lo único que dijo Asher antes de alejarse y perderse en el pasillo con una expresión que mezclaba culpa y desconcierto.
Y entonces…quedamos solos. Mientras que mi cabeza repetía una sola frase una y otra vez.
“Clover es mi novia.”
¿Qué demonios acababa de hacer?
Giré lentamente hacia Chase.
—¿Estás loco? —solté al fin, todavía atónita—.¿Por qué dijiste eso?
Él se encogió de hombros, como si no acabara de alterar mi estabilidad mental.
—Funcionó.
—¡No puedes decir ese tipo de cosas así como así!
—¿Preferías que siguieran molestándote?
—¡Ese no es el punto!
Chase suspiró como si mi reacción fuera exagerada. Luego sus ojos bajaron hacia mi brazo raspado y mi rodilla golpeada.
—Vamos a la enfermería.
—No necesito ir.
Tomé mi mochila y giré para irme. Necesitaba alejarme de él antes de que mi cerebro explotara. Pero apenas di unos pasos…sentí cómo me levantaban del suelo.
—¡CHASE!
El idiota literalmente me había cargado. Un brazo detrás de mis piernas. El otro sosteniéndome la espalda.
—¿Qué haces? —exclamé agarrándome de su hombro por reflejo.
—Llevarte a la enfermería.
—¡Bájame ahora mismo!
—No.
—¡La gente nos está mirando!
—Que nos miren.
Eso solo empeoró todo. Porque todos estaban mirando. Y yo podía sentir mi cara ardiendo mientras Chase avanzaba tranquilamente conmigo en brazos por toda la universidad como si no tuviera el más mínimo problema con eso.
Cuando llegamos, me bajó lentamente. Mis pies tocaron el suelo y lo primero que hice fue acomodarme la blusa, todavía sintiendo la cara ardiendo de vergüenza. La enfermera levantó la vista apenas nos vio entrar.
—Vaya… ¿qué pasó aquí?
—Nada grave —murmuré rápido.
Chase me hizo sentar sobre una de las camillas como si yo no tuviera fuerza.
La enfermera comenzó a revisar mis brazos y mi rodilla raspada mientras yo evitaba mirar a Chase, porque sinceramente todavía seguía procesando el hecho de que acabara de decirle a Asher que yo era su novia, y que no pasaría ni un día para que medio campus también lo supiera.
Su novia.
Dios ¿A caso no tenía otra cosa que inventar?
—Esto debió doler —comentó la enfermera mientras limpiaba uno de los raspones.
—Me caí de las escaleras —mentí automáticamente.
La mujer me miró con clara duda.
Sí.
Ni yo me creería esa excusa.
—Bueno, tuviste suerte de que tu novio te trajera cargando hasta aquí —dijo con una pequeña sonrisa.
Abrí la boca de inmediato.
—Él no es mi...
La mano de Chase apareció cubriéndome la boca antes de que terminara y lo miré horrorizada.
—No iba a dejarla a su suerte —dijo él tranquilamente.
La enfermera sonrió como si eso fuera adorable.
Yo quería morir en ese momento. Y le aparté la mano apenas pude.
—Deja de decir cosas raras —murmuré entre dientes.
Él soltó una pequeña risa y se apoyó contra la pared, cruzado de brazos completamente relajado. Como si no acabara de destruir mi paz mental en menos de veinte minutos.
Cuando la enfermera terminó de curarme, me puso una pequeña venda en la rodilla y dijo que evitara “volver a caerme por las escaleras”.
Sí.
Claro.
Salimos de la enfermería y apenas la puerta se cerró detrás de nosotros, solté el aire que llevaba reteniendo quién sabe cuánto tiempo. Necesitaba cinco minutos de paz mental lejos de Chase Langston. Mínimo, pero obviamente eso no iba a pasar.
—¿Quieres que te lleve a tu casa? —preguntó él mientras caminábamos por el pasillo.
Lo miré como si acabara de ofrecerme saltar de un edificio.
—No.
Mi respuesta fue demasiado rápida y él arqueo una ceja.
—Qué considerada.
—Puedo ir sola.
Él metió las manos en los bolsillos, caminando a mi lado con demasiada tranquilidad.
—Como quieras. Aunque apenas todo el campus se entere que eres mi novia… —comentó casualmente enfatizando la palabra novia.
Me tensé de inmediato.
—No vuelvas a decir eso.
Ignoró completamente mi protesta.
—Supongo que tendremos que venir juntos a la universidad.
Lo miré horrorizada.
—¿Qué?
—Y también irnos juntos.
—No.
—En mi motocicleta.
Mi cerebro imaginó la escena antes de que pudiera evitarlo.
Sentí escalofríos.
—Eso sería un infierno —murmuré.
Él soltó una risa baja.
—Para mí suena divertido.
Claro. Porque el demonio siempre disfruta el caos del infierno.
—¡Clover!
Merliah apareció prácticamente corriendo hacia nosotros. Y apenas vio las vendas en mi rodilla y los raspones en mis brazos, abrió los ojos de golpe.
—¿Qué te pasó?
Abrí la boca automáticamente.
—Me caí por las...
—Elina y sus amigos la rodearon —interrumpió Chase sin el menor esfuerzo —.La golpearon y quisieron hacerla quedar como la mala.
Giré la cabeza hacia él inmediatamente.
—¡Oye!
Pero ya era tarde. Merliah abrió la boca horrorizada.
—¿QUÉ?
Su mirada pasó de mí a Chase y luego otra vez a mí.
—¡Esa chica es una víbora! —exclamó —.¡La peor de toda la universidad!
Suspiré derrotada.
—Merliah, no hagas un escándalo.
—¿Cómo no voy a hacerlo? —dijo indignada—.¡Te golpearon!
—No me golpearon exactamente…
—¡Pero te lastimaron!
Bueno. Sí.
—Juro que si la veo le voy a arrancar las extensiones de cabello.
Eso hizo que Chase soltara una pequeña risa.
—Me agradas —le dijo.
—Gracias —respondió Merliah con orgullo.
Genial. Ahora se llevaban bien.
No fue tan difícil mentirles a mis padres.
Sorprendentemente.
Mi mamá apenas vio los raspones empezó a hacer mil preguntas, pero repetí la historia de “las escaleras” con suficiente seguridad como para que terminaran creyéndolo. Mi papá incluso soltó una charla sobre que “siempre camino distraída”.
Si supieran la verdad probablemente me encerrarían de por vida.
Así que sí. Mentir salió demasiado fácil. Lo que no era fácil…era dejar de pensar en lo otro.
Estaba acostada en mi cama mirando el techo, con la luz apagada y el teléfono descansando sobre mi pecho mientras mi cabeza repetía una y otra vez la misma escena.
"Clover es mi novia."
Seguramente, para mañana, media universidad ya lo sabría. Me cubrí la cara con una almohada soltando un quejido ahogado.
¿Por qué había hecho eso?
Giré hacia un lado frustrada. Porque ahora ya no se trataba solo de una mentira impulsiva.
No.
Conociendo a la universidad…eso iba a convertirse en un desastre enorme.
Mi teléfono vibró sobre mi pecho, sacándome de mis pensamientos. Fruncí el ceño al ver un número desconocido.
Abrí el mensaje.
"Soy Asher"
Me quedé mirando la pantalla unos segundos antes de seguir leyendo.
"Me siento terrible por lo de hoy. Quiero arreglar mi error. ¿Podemos hablar mañana?"
Suspiré lentamente. Después de todo lo que había pasado… no sabía si quería hablar con él o no.
Mis dedos dudaron sobre el teclado antes de responder.
"Lo hecho, hecho está."
Pensé que ahí terminaría.
Pero el indicador de “escribiendo…” apareció otra vez. Y luego llegó otro mensaje.
Asher: No fue tan simple para mí, Clover.
Fruncí apenas el ceño y seguí leyendo.
Asher: Elina y yo crecimos juntos prácticamente toda la vida. Su madre murió cuando éramos pequeños y mi familia terminó cuidándola también. Ella pasaba más tiempo en mi casa que en la suya, su padre era un alcohólico.
Mi expresión se suavizó un poco.
Asher: Siempre fue problemática… pero también era la persona que más lloraba cuando algo salía mal. Supongo que me acostumbré tanto a protegerla que reacciono antes de pensar.
Leí el siguiente mensaje más despacio.
Asher: Cuando éramos niños, varias personas la molestaban porque era muy sensible. Una vez terminó encerrada sola durante horas y desde ahí… siempre sentí que tenía que cuidarla.
Tragué saliva.
Asher: No justifico lo que hice hoy. Solo quiero que entiendas por qué reaccioné así. De verdad me siento mal, Clover. No quería culparte así. Solo… reaccioné sin pensar.
Me quedé mirando las palabras unos segundos. Todavía me dolía recordar cómo me había mirado. Como si realmente creyera que yo era capaz de hacer algo así. Pero también podía notar el arrepentimiento detrás de cada mensaje.
Suspiré y finalmente escribí:
"Hablaremos mañana"
La respuesta llegó rápido.
Asher: Gracias.
Apagué el teléfono y lo dejé a un lado de la cama. El cuarto volvió a quedar en silencio. Y mi cabeza también empezó a llenarse otra vez, porque últimamente todo parecía demasiado confuso.
Me acomodé entre las sábanas mirando el techo oscuro. A veces las personas más seguras son las que más fácil te hacen dudar de ti mismo. Y otras veces…las personas que parecen un desastre terminan siendo quienes más rápido te sostienen cuando caes.
Cerré los ojos lentamente.
Porque estaba empezando a descubrir algo peligroso sobre Chase Langston. Detrás de toda su arrogancia…él siempre aparecía cuando más lo necesitaba.
Al día siguiente, entré a la universidad esperando el desastre. Las miradas, los rumores de:
“¿Ya oiste? Chase y Clover son novios”
Pero nada pasó. Todo seguía exactamente igual. La gente caminaba de un lado a otro, las clases empezaban, los profesores seguían arruinando la estabilidad emocional de los estudiantes con tareas imposibles y nadie parecía saber absolutamente nada.
Ni una sola mirada rara, ni un comentario fuera de lugar, ni siquiera Merliah mencionó el tema. Y lo más extraño de todo, es que Chase no apareció en toda la mañana. No había rastro alguno de él. Nada.
Una parte de mí sintió alivio. La otra… estaba demasiado consciente de su ausencia.
Lo odiaba.
El día pasó sorprendentemente normal y cuando llegó el almuerzo decidí ir a uno de los restaurantes cerca de la universidad para despejarme un poco.
Me senté junto a la ventana y pedí algo sencillo mientras revisaba el teléfono distraídamente. Entonces alguien se detuvo frente a mi mesa.
Levanté la vista y me encontré con Asher. Traía una expresión mucho más tranquila que el día anterior, aunque todavía parecía algo nervioso.
—¿Puedo sentarme? —preguntó.
Lo miré unos segundos. Luego asentí despacio.
—Sí.
Asher tomó asiento frente a mí con una calma extraña, muy diferente al chico seguro y relajado que había conocido en el estacionamiento.
Ahora parecía… realmente preocupado. Se pasó una mano por el cabello antes de hablar.
—No dejé de pensar en lo que pasó ayer.




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