Un nuevo día

No confíes en Sara

Sara llevó a Estephanie por calles oscuras hasta llegar a un local grande y completamente cerrado. Desde afuera parecía abandonado, pero la música fuerte que salía desde dentro decía lo contrario.

Estephanie miró el lugar confundida.

—¿Qué es este sitio? —preguntó nerviosa.

Sara sonrió sin responder directamente. Luego señaló la puerta metálica.

—Entra.

Aunque algo dentro de ella le decía que tuviera cuidado, Estephanie decidió confiar. Después de todo, Sara había sido amable con ella desde el principio. Además, le había prometido ayudarla a conseguir la vida que siempre quiso.

Al entrar, el ambiente era extraño. Luces rojas, humo, música fuerte y hombres rodeados de alcohol y dinero llenaban el lugar. Varias chicas caminaban de un lado a otro usando ropa llamativa mientras fingían sonrisas.

Estephanie comenzó a sentirse incómoda.

Sara la llevó hasta una oficina pequeña donde un hombre mayor esperaba sentado detrás de un escritorio.

—Si quieres la vida de tus sueños, firma esto —dijo Sara entregándole un contrato.

La joven apenas observó las hojas. Estaba cansada, confundida y demasiado emocionada pensando en el dinero y la libertad que Sara le había prometido.

Así que firmó sin leer.

Sara sonrió satisfecha.

Después la llevó a un cuarto vacío con una cama sencilla y una pequeña lámpara.

—Descansa. Lo necesitarás —dijo antes de cerrar la puerta.

Agotada física y emocionalmente, Estephanie se acostó casi inmediatamente. Esa noche durmió imaginando una nueva vida: ropa cara, dinero, lujos, y personas que finalmente la valorarían.

Pero la realidad era muy diferente.

En plena madrugada, la puerta se abrió violentamente.

—¡Levántate! ¡Sal a trabajar! —gritó Sara.

Asustada, Estephanie se sentó rápidamente en la cama. Sara le lanzó un traje de baño diminuto que cayó sobre sus piernas.

—Póntelo.

—¿Trabajar…? ¿De qué hablas…? —preguntó confundida.

—Solo haz lo que te digo.

El miedo hizo que Estephanie obedeciera sin discutir. Temblando, se cambió y salió del cuarto.

Apenas entró nuevamente al salón principal, sintió decenas de miradas encima de ella.

Un hombre borracho levantó la mano llamándola desde una mesa.

Estephanie se quedó completamente paralizada.

No entendía qué estaba pasando.

Sara notó su miedo y la empujó hacia adelante.

—Ve. Te están llamando.

Con las piernas temblando, la joven caminó lentamente hasta el hombre.

—¿Qué se le ofrece…? —preguntó tímidamente.

El sujeto soltó una risa desagradable mientras la observaba de arriba abajo.

—Eso depende… ¿qué me ofreces tú?

Al escuchar esas palabras, el corazón de Estephanie se hundió.

Por fin entendió qué tipo de lugar era ese.

Llenándose de rabia y miedo, le dio una fuerte bofetada al hombre y salió corriendo hacia el baño. Entró rápidamente, cerró la puerta y comenzó a llorar desesperadamente.

—¿Qué hice…? —repetía entre lágrimas.

Pero después de varios minutos, un golpe brutal sacudió la puerta.

Sara entró furiosa después de forzarla.

—¡¿Creíste que te íbamos a mantener aquí gratis?! —gritó—. ¡Acá nadie regala nada!

Luego la tomó bruscamente del cabello y la obligó a levantarse.

Estephanie lloraba del miedo.

Sara acercó su rostro al de ella y habló con una sonrisa fría que daba escalofríos.

—Ahora trabajas para mí.

Sara seguía sujetando a Estephanie del brazo mientras la sacaba del baño. La joven apenas podía dejar de llorar.

Todo el salón parecía observarla.

La música seguía sonando fuerte, las luces rojas iluminaban el humo del lugar y los hombres continuaban riendo como si nada hubiera pasado.

Pero, de repente, Sara cambió completamente su actitud.

Soltó lentamente el cabello de Estephanie y suspiró.

—Ay, preciosa… —dijo con una voz mucho más suave—. ¿Por qué haces todo más difícil?

Estephanie la miró confundida y asustada.

—Tú me mentiste… —susurró entre lágrimas—. Dijiste que tendría una vida mejor…

Sara tomó su rostro con delicadeza fingiendo preocupación.

—Y la tendrás. Pero primero tienes que entender cómo funciona este mundo.

La llevó lentamente hacia el centro del local mientras seguía hablándole al oído como si realmente quisiera ayudarla.

—Mira alrededor, Estephanie. ¿Ves todas esas chicas? Ninguna quiere volver a ser pobre.

La joven observó en silencio: los vestidos caros, las joyas, los fajos de dinero sobre las mesas, las copas elegantes.

Sara notó perfectamente cómo la estaba impresionando todo aquello.

—Tú eres demasiado bonita para sufrir trabajando por miserias —continuó—. ¿O ya olvidaste cuánto tiempo trabajaste solo para ir a un concierto?

Esas palabras golpearon directamente la inseguridad de Estephanie.

Sara sonrió levemente al darse cuenta.

—Aquí los hombres pagan muchísimo dinero por chicas como tú. Dinero fácil. Dinero rápido.

—Pero… yo no soy así… —dijo Estephanie bajando la mirada.

Sara soltó una pequeña risa.

—Claro que no. Por eso les gustas tanto. Eres dulce, inocente… diferente.

Luego señaló discretamente a varias chicas sentadas con hombres ricos.

—Míralas bien. Todas empezaron igual de asustadas que tú.

Sara acomodó suavemente el cabello de Estephanie detrás de su oreja.

—Escúchame… los hombres allá afuera solo quieren usar a las chicas pobres y luego abandonarlas. Pero aquí al menos obtienes algo a cambio: dinero, lujos, protección.

Estephanie guardó silencio.

En el fondo seguía teniendo miedo… pero una pequeña parte de ella comenzaba a querer creerle.

Porque Sara sabía exactamente qué palabras decir para manipular a una chica rota y desesperada por sentirse especial.



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En el texto hay: mafia

Editado: 26.05.2026

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