Mientras tanto, yo seguía buscando desesperadamente a Estephanie.
Pasaron dos días completos sin saber nada de ella.
Ni mensajes. Ni llamadas. Nada.
Fui nuevamente a su casa esperando encontrar aunque fuera un poco de preocupación por parte de sus padres. Pero cuando su madre abrió la puerta, parecía más molesta que triste.
—¿Todavía sigues buscando a esa muchacha? —preguntó fastidiada.
La miré sorprendida.
—¿Cómo que “esa muchacha”? ¡Es su hija!
Su madre soltó una risa seca y cruzó los brazos.
—Si se fue, fue porque quiso. Ya está grandecita para hacer lo que le da la gana.
Sentí rabia inmediatamente.
—¿Ni siquiera llamaron a la policía?
—¿Para qué? —respondió con indiferencia—. Seguro anda con algún hombre. A mí ya me vale.
Esas palabras me dejaron helada.
Ahora entendía por qué Estephanie se sentía tan sola.
Salí de esa casa con el corazón acelerado. Si sus propios padres no iban a buscarla… entonces tendría que hacerlo yo.
Y sabía exactamente por dónde empezar.
Su exnovio.
Esa misma tarde fui hasta el parque donde él solía reunirse con sus amigos. Apenas me vio, rodó los ojos con fastidio.
—¿Qué quieres? —preguntó secamente.
—Quiero saber dónde está Estephanie.
El chico soltó una pequeña risa burlona.
—¿Y yo qué voy a saber? Esa loca ya no es mi problema.
Apreté los puños de la rabia.
—No le digas loca.
—Pues lo era —respondió encogiéndose de hombros—. Siempre llorando, siempre insegura, siempre necesitando atención.
Sentí ganas de golpearlo.
—Tú la manipulabas todo el tiempo.
Él se acercó un poco más, molesto.
—Mira, si escapó, seguro fue porque quería llamar la atención otra vez.
—Ella jamás haría algo así por atención —dije furiosa.
Por primera vez, el chico dejó de verse arrogante y pareció un poco nervioso.
—Hace unos días me habló de una tal Sara… —murmuró finalmente—. Dijo que ella sí la entendía.
Mi corazón se detuvo por un segundo.
—¿Sara quién?
—No sé. Solo sé que la conoció por internet.
El miedo comenzó a crecer dentro de mí.
Porque por primera vez desde la desaparición de Estephanie… tenía una pista real.
Caminé durante horas sin rumbo fijo después de hablar con el exnovio de Estephanie. Mi cabeza no dejaba de pensar en el nombre de aquella mujer.
Sara.
Las calles estaban casi vacías y los callejones oscuros me daban escalofríos, pero aun así seguí caminando intentando entender qué estaba pasando realmente.
—¿Dónde te metiste, Estephanie…? —susurré angustiada.
Cuando finalmente llegué a mi casa, ya era muy tarde. Apenas pude dormir pensando en ella.
A la mañana siguiente tomé una decisión.
Volví a su casa.
Toqué la puerta intentando verme tranquila. Su madre abrió con cara de fastidio.
—¿Ahora qué quieres?
—Eh… vine a buscar una cosa que le presté a Estephanie hace tiempo. Creo que olvidó devolvérmela.
La mujer suspiró con molestia y se hizo a un lado.
—Busca rápido. No tengo todo el día.
Entré directamente al cuarto de Estephanie.
Todo seguía exactamente igual: los pósters, la ropa tirada, el maquillaje sobre el escritorio, y la cama desordenada.
Ver su habitación vacía me dio un horrible presentimiento.
Entonces mis ojos se detuvieron en algo.
Su laptop.
Mi corazón comenzó a latir rápido.
—Perdóname, amiga… —murmuré mientras la encendía.
La contraseña fue fácil de adivinar. Usaba el nombre de su cantante favorita.
Empecé a revisar sus redes sociales y mensajes. Había muchísimas conversaciones con distintas personas, pero un nombre aparecía una y otra vez.
Sara.
Abrí el chat inmediatamente.
Al principio los mensajes parecían normales.
“Eres demasiado linda para sufrir así.” “Tus padres no te valoran.” “Conmigo sí tendrás una vida mejor.”
Sentí escalofríos.
Sara sabía exactamente qué decirle.
Seguí leyendo desesperadamente conversación tras conversación. Había fotos de ropa cara, hoteles, fajos de dinero y mensajes prometiéndole libertad.
Entonces encontré un mensaje que hizo que se me helara la sangre.
“Cuando llegues, no le digas nada a nadie. Las chicas inteligentes desaparecen en silencio”
Me quedé paralizada mirando la pantalla.
—¿Qué mierda…? —susurré asustada.
Y justo debajo de ese mensaje había una dirección.