Hace incontables siglos, un grupo de hombres y mujeres fue marcado por una maldición que los apartó del destino común de los mortales. A cambio de la mitad de su vida, recibieron dones sobrenaturales, y con ellos la condena de transmitir aquella carga al ser que más amaban. Invisible como el viento, intangible como la sombra, la maldición se convirtió en un legado oscuro que atravesaba generaciones, un poder oculto que se heredaba sin ser visto.
Junto a ellos surgieron cinco armas divinas, tan poderosas que incluso los dioses apartaron la mirada. Su aparición quebró el equilibrio del mundo y dio inicio a una era de hierro y ceniza. Miles de inviernos y veranos se consumieron en guerras interminables: ciudades que nacían solo para arder, mares teñidos de muerte, generaciones enteras que jamás conocieron la paz. La tierra se cubrió de ruinas, y los hombres aprendieron a vivir bajo la sombra de la destrucción.
Con el paso del tiempo, los portadores de la maldición fueron desapareciendo, y las armas divinas se perdieron en el olvido, ocultas en lugares que nadie ha vuelto a encontrar. El mundo, lentamente, volvió a respirar. Hoy, las maldiciones siguen existiendo, aceptadas como parte de la realidad, aunque muchos mueren sin saber que cargaban con ese poder en silencio.
De las cenizas de aquellas guerras surgieron cuatro grandes reinos, pilares de un mundo dividido pero estable:
• Helgard en el norte, bastión de la fuerza
Una ciudad fortificada entre montañas nevadas, símbolo de resistencia y tradición guerrera. Sus habitantes, los helgardianos, son altos, de piel clara, cabellos rubios o castaños, y ojos endurecidos por el invierno. Culturalmente, son disciplinados, poco dados a la empatía, pero reconocidos como grandes luchadores. Su riqueza es la fuerza, y su poder militar los convierte en la nación más extensa y temida.
• Solaria en el sur, canto de la felicidad
Una urbe bañada por el sol, famosa por sus mercados, música y riqueza cultural. Los solarios tienen rasgos como piel morena, cabellos oscuros y ojos cálidos que transmiten alegría. Son personas de buen humor, amables y carismáticas, capaces de transformar la vida cotidiana en celebración. Su riqueza es la felicidad, y su cultura se expande como un canto que une a quienes la escuchan.
• Eryndor en el este, raíz de la sabiduría
Una ciudad rodeada de bosques ancestrales, centro espiritual de su pueblo. Los Eryn poseen rasgos únicos como piel clara, cabellos lisos y oscuros, ojos rasgados que reflejan serenidad y disciplina. Son inteligentes, empáticos y profundamente conectados con la naturaleza, practicando rituales que honran la vida y el equilibrio. Su riqueza es la sabiduría, y su legado se transmite en enseñanzas que perduran más allá del tiempo.
• Marvella en el oeste, tesoro del comercio
Una ciudad cercana al desierto, rica en minerales y en la creación de artilugios, armas y armaduras. Los marvellanos son personas de piel cobriza, cuerpos fuertes y tatuajes que narran su historia. Son resilientes, trabajadores incansables y comerciantes hábiles, capaces de sostener el comercio mundial con su esfuerzo. Su riqueza es el dinero, y su prosperidad se mide en la abundancia de sus mercados.
En la actualidad, los reinos viven en paz dentro de sus fronteras. Sin embargo, más allá de ellas, existen tierras sin jurisdicción, donde bandidos, mercenarios y traficantes prosperan en la sombra. El mundo parece estable, pero la historia enseña que la paz es un cristal suspendido en el aire: basta un suspiro para quebrarlo.
Editado: 19.01.2026