Un Ocaso Prematuro - Izumi y la grieta del Este

Capítulo 22 – Una flor peligrosa

La aparición repentina de la mujer tensó el aire del gremio. Izumi se giró y la miró directo a los ojos, mientras Max, instintivo, empuñaba su espada.

—Guarda tu arma —le ordenó con firmeza.

Izumi, sereno, añadió:

—Este encargo es nuestro. No te entrometas.

La mujer, confiada y con un gesto coqueto, arrancó la daga clavada en la tabla. En un movimiento súbito, su cuerpo se desvaneció por completo, como si la sala la hubiera tragado. El silencio se volvió opresivo. Un instante después, reapareció detrás de Max, rozándole el hombro con la punta de la daga.

—Tranquilos, niños. No quiero pelear… quiero hacer un trato.

Max retrocedió con sorpresa, pero Izumi mantuvo la calma, observándola con cálculo.

—¿Qué quieres de nosotros?

—Hace tiempo espero a alguien que se atreva con este encargo. Me mata la curiosidad por ese monstruo del bosque, pero sola no pienso entrar. Dime, joven guapo… ¿quieres hacer equipo conmigo?

Izumi respiró hondo.

—Saciar tu curiosidad no basta. ¿Qué más quieres?

—Un reparto justo: cincuenta y cincuenta.

—No lo es —replicó Izumi con firmeza—. Será un tercio para cada uno. Si aceptas y entiendes que no te protegeremos, puedes venir.

Max intervino, desconfiado:

—¿Estás seguro? Necesitamos el dinero. Yo no confío en ella.

La mujer se acercó demasiado a Max, mirándolo con desdén.

—Tranquilo, príncipe. No te haré daño.

Max frunció el ceño.

—¿Cómo sabes quién soy?

Ella rió con descaro.

—Eres conocido en mi ciudad… aunque no creo que seas gran cosa.

Izumi cortó la tensión:

—Si quieres ganarte nuestra confianza, preséntate.

La mujer los miró desafiante.

—Está bien. Mi nombre es Daisy Neville.

Max abrió los ojos con sorpresa.

—Neville… ese apellido es de…

—Así es —lo interrumpió ella—. Soy la cuarta princesa de Helgard, el reino del norte.

El silencio se quebró con la incredulidad de ambos.

—¿Qué hace una princesa fuera de sus fronteras? —preguntó Max.

—Lo mismo podría preguntarte a ti —rió Daisy—. No soy primera en la sucesión. Mi padre me asignó explorar los cuatro reinos, buscando guerreros con dones que quieran unirse al norte.

Izumi la examino con calma.

—Tú también portas una maldición, ¿verdad?

—Tú también portas una maldición, ¿verdad?

—Así es —respondió con tono provocador—. Si quieres saber cómo funciona, peleemos juntos contra el monstruo.

Izumi pensó un instante y asintió.

—Está bien. Seremos tres, y las ganancias se repartirán.

Max apartó la mirada con gesto de rechazo, mientras Daisy sonreía satisfecha, como si ya hubiera ganado algo más que un acuerdo.

Los tres se acercaron a la recepción con la solicitud en la mano. La encargada, les explicó con voz grave:

—Un hombre pidió eliminar al monstruo que habita en el bosque al norte de la ciudad. Lo ha visto tres veces mientras transitaba por allí. Teme que algún día ataque la zona residencial. Lo describe como una criatura de cuatro patas, con pelaje blanco y extenso. Cada vez que aparece, se escucha un zumbido constante, como si miles de abejas lo rodearan. La recompensa exige traer su cabeza.

Izumi asintió sin dudar. Max frunció el ceño, y Daisy sonrió con un brillo extraño en los ojos. Los tres aceptaron las condiciones y emprendieron el camino hacia el bosque.

El trayecto fue silencioso. Max caminaba adelante, con pasos tensos y mirada fija en el horizonte. Izumi lo seguía en el centro, mientras Daisy cerraba la marcha, sin apartar la vista de él. En un momento, aceleró el paso y se colocó a su lado.

—Al engreído que va adelante ya lo conozco por los documentos de Solaria —dijo con tono juguetón—. Pero tú... tú eres distinto. Tu aura de misterio y melancolía me intriga. ¿Quién eres realmente?

Izumi la miró con calma, aunque sus ojos reflejaban desconfianza.

—Izumi Nagisa. Vengo de Aokami, un pueblo del reino del Este.

Daisy abrió los ojos con sorpresa exagerada.

—¡Vaya! Un Eryn del Este. No he visitado mucho esos reinos... ni siquiera sabía de tu pueblo. Debe ser pequeño.

Izumi sostuvo su mirada, desafiante. Daisy, divertida, añadió:

—La gente del Este no suele destacar en batalla. ¿Cómo ganaste la confianza de Maximiliano? ¿Sabes pelear?

Izumi respondió con frialdad:

—Cuéntame cómo funciona tu habilidad y yo te contaré sobre la mía. Así podremos planear una estrategia contra el monstruo.

Daisy sonrió, como si hubiera estado esperando esa invitación.

—Está bien. Puedo camuflarme con el entorno. Volverme invisible, tanto yo como lo que toco.

—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Izumi.

—Hasta que mi cuerpo aguante. Una hora, si me esfuerzo.

Izumi asintió con calma.

—Yo también cargo una maldición. La mía me permite controlar el agua a voluntad.

Daisy reaccionó con un brillo de curiosidad peligrosa. Durante el resto del viaje, lo bombardeó con preguntas sobre su habilidad, mientras Max se mantenía en silencio, distante.

Al llegar al bosque, el mundo cambió. Árboles gigantes cubrían el cielo, la luz del sol se filtraba en tonos dorados entre las hojas, y la vegetación era tan densa que parecía tragarlos. El silencio era absoluto, pesado, como si el bosque mismo contuviera la respiración.

Los tres avanzaban juntos, tensos. Max rompió el silencio con ironía:

—Oye, princesa, ¿alguna vez viste un monstruo?

—Convivo con algunos a diario en el castillo de Helgard —respondió Daisy con una sonrisa—. Mis hermanos. Aunque si hablas de criaturas como la de la solicitud... nunca he visto una así.



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En el texto hay: adventure, fight, fantacy

Editado: 31.03.2026

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