Un otoño con mi lobo

¿Heroína o presa?

Capítulo 5


Regresé a casa, y mis padres aun no llegaban por fortuna. El teléfono sonó y contesté de inmediato, la voz de Sam al otro lado de la línea me generó un poco de disgusto, ya que al recordar lo sucedido con él, me trajo ese mal sabor de boca, sin embargo, todo cambió cuando en un tono bajo y arrepentido intentó pedir disculpas.

—Fle, lamento haberme portado como idiota, de verdad no fue mi intención —empezó lo más suplicante posible, yo deseaba colgar la llamada, no obstante ese chico era lo mas cercano que yo tenía a un hermano, fue entonces cuando se me ocurrió una idea fascinante.

—Solo te perdonaré porque no acostumbras a ser un cretino, pero tengo una condición para ti —expuse y no me dejo terminar cuando ya había aceptado.

—Sea lo que sea, lo aceptaré solo si me perdonas —añadió lleno de emoción.

—¿No vas a preguntar de que trata? —interpelé curiosa y negó.

—No me importa, solo dime y lo haré.

—Bien, me alegra que estés tan receptivo, porque tengo pensado invitar al chico nuevo a tu fiesta —confesé y hubo un silencio casi sepulcral, hasta que se animó a pronunciar palabra.

—¿Al tal Amets?

—Sí, creo que te portastes como un idiota y se lo debes —expliqué autoritaria.

—Fle, pero es que...

—Ah, ah, ah,—lo interrumpí para proseguir—. ¿Quieres que te perdone? —pregunté.

—Sí —contestó resignado

—Bien, te veo mañana a las 8 —culmine para colgar la llamada, luego solo me quedaba esperar al día siguiente para poder invitar a Amets, ya que yo había metido la pata con él, y tenía que resolverlo de una u otra manera.

***

Me concentré en estudiar para los próximos exámenes, hasta que llegaron mis padres, tuve que pedir tres pizzas por el hecho de que el apetito de papá mezclado con el mío, era cosa de miedo. Mamá por lo contrario, era como una niña en cuanto a comer se refería, puesto que nosotros llevábamos una ventaja como seres mitad lobo mitad humanos, parte de nuestra naturaleza lobuna nos obligaba a comer exageradamente, sin importar el sexo, ya que nuestros cuerpos poseían fuerza, velocidad, capacidades mentales más avanzadas que las de un humano común y eso requería energía la cual obteniamos a través de la alimentación.

Papá se veía menos preocupado que horas antes, quizás pudieron resolver la situación, aunque la perdida de un miembro no era algo fácil de superar, nosotros estábamos unidos como uno solo y perder a alguien de los nuestros, provocaba grietas dolorosas, ya que al leer nuestras mentes sabíamos lo que otros pensaban y sufrían si eran familiares cercanos, o mantenían un interés afectivo.

—Fleur, a partir de mañana estaré haciendo guardias con el grupo de Kitsune, voy a necesitar de tu apoyo para poder cuidar a tu madre—pidió papá, yo amplíe los ojos, pero asentí sin refutar.

—Eyolf, mañana tu hija irá a la fiesta de Sam, ¿Recuerdas que te pidió permiso hace semanas? —intervino mi madre, yo trague saliva y bajé la mirada hacia la porción de pizza en mi mano, de esa forma evitaba confrontamiento directo.

—Es cierto, lo olvidé, ¿pero podrás venir temprano? —se dirigió a mí, yo alcé la vista y encogí los hombros.

—Sí, puedo llegar a las 11:00 pm si te parece bien—comenté como proposición, él negó para responder.

—1:30 am, sé que la fiesta comenzará tarde y al menos espero que puedas compartir un rato con los chicos—señaló dando así por terminado el tema, y seguir comiendo su cena. Papá a veces solía ser un poco estricto, eso no lo podía negar porque su deseo como Alpha y obviamente al ser mi padre, deseaba protegerme, quizás temía que ocurriera lo mismo de hace años lo cual anhelaba borrar de mi memoria para siempre.

Al pensar en ese evento desagradable, me puse de pie para ir a mi habitación, dejando a mis padres seguir con sus temas de conversación.

—¿No vas a terminar tu pizza? —interrogó mamá, yo moví la cabeza en forma negativa para anunciar que ya estaba satisfecha.

—Estoy bien, déjale a papá el resto, se ve que tiene hambre —agregué señalando a mi progenitor, que se hallaba tragando dos rebanadas enteras como una pastilla. Mamá lo vio y soltó una carcajada, porque nos miró de reojo y se sonrojó.

—Ustedes los lobos son un barril sin fondo —manifestó bromeando, intenté sonreír, pero aquel amargo recuerdo lo impedía, por lo tanto, le di un beso a ambos y subí hasta la habitación, cerré la puerta haciendo hasta lo imposible por no despertar sospechas, puesto que si papá se enteraba de que sufría esos constantes ataques de pánico tendría la obligación de enviarme a ver con el psicólogo encargado de la manada, era algo obligatorio para todos, muchos de nosotros pasamos por circunstancias trágicas o difíciles, la cuales debían ser tratadas porque era extremadamente peligroso para seres con nuestra naturaleza, mantener un gran estrés, puesto que cualquier persona inocente podría acarrear esas consecuencias.

Yo estuve con Dina, algún tiempo, de hecho ella pudo firmar mi recuperación, pero pasado algunos años ese trauma volvió más fuerte que nunca, y me aterraba hacerle daño a alguien por esa causa, pero tampoco tenía la intención de volver con ella, ya que me vería obligada a abrirle mi mente y darle ese espacio donde ella vería cada espacio sin secretos, esa era la regla más importante porque como profesional en el área, Dina estaba capacitada para dar un diagnóstico sobre los problemas en específico, muchos de esos exámenes terminan en aislamiento de la manada y en ocasiones exageradas podrían terminar en una jubilación de por vida.

Cuando ella examinaba a un paciente y sabía que no estaba en condiciones para seguir cumpliendo alguna función en la manada, debía notificar al Alpha, o sea a mi padre, para que él pudiera encargarse de dar aviso a esa persona, esos lobos quedaban algo parecido a la incapacidad, porque al no poder ejercer cargos permanentes en el grupo, era como ser un inútil por esa razón ir a examinarse con Dina, era el mayor terror de cualquier miembro.




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