Un otoño con mi lobo

No soy nada sin ti


Capítulo 8

 

 


Estar de vuelta en el pueblo luego de un año entero, se sintió como volver a casa, pero a la vez esos recuerdos tormentosos seguían intactos. Solo tomé aire y esperé que Kitsune me recogiera, de nuevo volví para el otoño como so de un déjà vu se tratara, todo seguía tal cual lo dejé, y contemplar aquel hermoso paisaje ante mis ojos me llevaba a esos momentos tan íntimos que pasé junto a Eyolf.

No podía negar que lo extrañaba, todas las noches lloraba por esa terrible ausencia que me dejaba estar lejos de él, ese vacío abismal y oscuro lleno de tristeza, soledad y depresión por 365 días completos. Ni siquiera sabía como iba a reaccionar al verlo, porque de algo estaba segura en lo absoluto, y eso era que yo amaba a Eyolf con toda mi alma.

Me senté en una banca a las afueras del terminal de autobuses, contemplé el amarillo y naranja de los árboles que bailaban con el viento, luego un niño halando el brazo de su madre mientras le suplicaba señalando un hombre con paletas de caramelo coloridas, me hizo sacar una sonrisa porque la mujer iba casi a rastras del niño, luego de eso el sonido de un claxon robó mi atención y la voz escandalosa de Kitsune que me llamaba desde su camioneta.

—¡Hey, guerrera del Amazonas!—gritó el imprudente y todos se lo quedaron viendo, yo torcí los ojos y me levanté llena de vergüenza. El idiota se bajó del vehículo y no me dio oportunidad para reaccionar…

Me sujetó de la cintura y alzó por el aire dándome una vuelta para luego fundirme en un abrazo.

—¡Ahhhh, noooo, Kitsune!—exclamé riéndome. Él me regresó a la tierra por fortuna viendo mi rostro después de ese caluroso apretón

—Moon, ¡Te extrañé tanto!—dijo con sinceridad y alegría

—Yo también idiota—respondí y soltó una carcajada

—No has dejado de ser una amargada, ¿eh?—bromeó y negué encogiendo los hombros.

—¿Qué puedo decir? Así soy—expresé y él removió mi cabello

—Realmente agradezco que hayas venido, la verdad no te hubiera molestado si no fuera algo tan delicado—quiso hacerme saber, pues durante el año que estuve ausente, a pesar de tener comunicación, él jamás insistió en pedirme regresar a Telluride

—Sí, creo que a fin de cuentas ninguno de ustedes puede vivir sin mí—alardee y abrió la boca como si estuviera indignado, sin embargo, sonrió dándome la razón

—Realmente eres importante para la manada, pero más aún para Eyolf y creo debes saber qué hace poco casi muere en manos de los nómadas—apuntó con la voz preocupada

Me quedé en silencio por varios segundos y solo dirigí mis pasos hacia la camioneta, aunque deseaba responder algo, no podía hacerlo porque un nudo inmenso se formó en mi garganta, por lo cual, él captó y subió Al vehículo para conducir de regreso.

Llegamos a casa de More y apenas ella salió por la puerta, corrí a sus brazos para rodearla con los míos, me fundí en su pecho y lloré de alegría mientras la abuela me daba besos por todos lados. Al parecer la tomó por sorpresa mi visita, porque había olvidado mencionar a mamá que le hiciera saber, no obstante, eso era irrelevante, puesto que ya me hallaba frente a ella.

—Mooni, cariño, ¡cuánta falta me hiciste!—vocifero entre lágrimas—Te extrañé mi pequeña, me hacía falta prepararte esos panqueques que tanto te gustan—indicó alegre

—A mí también me hiciste mucha falta abue, yo lamento haberme…—quise disculparme y ella puso su dedo índice entre mis labios.

—No te preocupes cariño, lo importante es que ya estás de vuelta…—pauso levantando una ceja y preguntó—¿Lo estás?—miró mi rostro buscando la respuesta y bajé la mirada, la verdad no tenía ganas de hablar sobre eso, me daba tristeza pensar que solo estaba de visita y luego me iría. Oh, entiendo, bueno… Me alegra que hayas venido a visitarnos—completó con la voz quebrada.

Entramos a la casa y luego de ponerme al día con la abuela, tomar un té caliente hablando sobre los cambios evidentes en el entorno, acordé con Kitsune ir por Eyolf, teníamos cosas que hablar y aunque me quisiera preparar física y mentalmente para ese encuentro, nada podría darme esa capacidad.

Volvimos a la camioneta, yo fijé la mirada por la ventanilla observando a More que estaba de pie en el porche, cerré los ojos soltando un suspiro melancólico y volví a poner la atención adelante. El camino no fue largo, pero cuando pasamos por ese lugar, todos esos recuerdos se revolvieron dentro de mí, la carretera donde ocurrió accidente de Celey, ese sitio en el cual perdí a la persona más increíble que haya conocido jamás, seguía igual, pero a la vez tan diferente.

—Plantamos flores ahí—murmuró Kitsune sin dejar de ver el camino.

—¿Qué?—contesté viéndolo

—Justo allí —señaló, yo miré de vuelta y efectivamente, un prado hermoso de flores color violeta se hallaba, yo sabía que ella amaba las flores de ese color y fue un detalle bastante bonito por parte de la manada haberlo hecho en su memoria. Trague saliva pasando el nudo que se me hizo y apreté los labios sin decir nada.

Llegamos a casa del padre de Kitsune, quien me recibió con un abrazo caluroso al igual que todos los demás, fue como estar de nuevo en mi casa, los ruidos escandalosos de todos esos lobos, sus peleas y discusiones sobre quién era el más fuerte me generó satisfacción porque extrañaba todas esas pequeñas cosas, que juntas se volvían muy grandes en el espacio de mis recuerdos. Esperé ansiosa que llegara Eyolf, pero no regresaba, según los chicos él estaba en su ronda de guardia, pero últimamente hacía lo que le venía en gana sin informar a nadie.

—Tranquila, él volverá, aunque...—mencionó 
Freud—Espero no te asustes—agregó con admiración. Yo lo miré con extrañeza, pues no comprendía a lo que se refería.

—No la asustes—dijo Yamaul.

—¿Por qué tendría que asustarme?—interrogué de brazos cruzados y antes de poder obtener una respuesta la puerta de la sala se abrió y su voz hizo estremecer la habitación.




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