Un otoño con mi lobo

Lejos de casa

Capítulo 23

 

Todos nos hallábamos reunidos en casa de Kitsune, el Alpha y Beta discutían lo que podíamos hacer, pero realmente la escena parecía ser sacada de una película terrorífica. Lo que Amets nos había contado, era que aquellos seres los cuales creímos inexistentes, viajaban en grupo y la devastación era inminente, pronto empezaríamos a escuchar de muertes al azar, después consecutivas hasta llegar al punto de exterminar todo un pueblo.

Normalmente, no iban a pueblos donde había manadas de lobos, porque les temían, pero al parecer el líder de ese grupo buscaba algo en Telluride, y Amets sabía porque no dudó en confesar un evento de su pasado, que conllevó a los vampiros a seguir su rastro con la intención de venganza.

—Solo es una sospecha, no lo tengo del todo claro, pero si se trata de Tayro, entonces si estamos en problemas, él guía a un grupo grande de vampiros y es el peor de todos, no podre negar que hay buenos entres ellos, sin embargo, todo el que se une al clan de Tayro es para crear destrucción —relató. Hubo un silencio largo y únicamente mi padre se atrevió a preguntar.

—De ser ellos, por qué los buscan a ustedes —interpeló y Amets cerró los ojos como si trajera recuerdos a memoria. Soltó un largo suspiro y movió los labios para contestar.

—Tayro y mi padre tenían diferencias, fue hace muchos años, cuando él estaba en sus inicios de recolectar miembros para su clan, quiso iniciar con el pueblo donde nos encontrábamos y mi padre lo detuvo, sin embargo, la hija biológica de Tayro murió en el ataque y él huyó sin dejar rastro, desde ese momento supimos que no descansaría hasta acabarnos —hizo una pausa tomó aire y prosiguió —. Pero Jonathan le ganó, atacó nuestra manada y ya les conté esa historia, luego de eso en misiones a las que Jonathan nos enviaba, conocí a unos que otros vampiros, estaban solos y decidieron no atacar humanos, vivían en los bosques alejados de la civilización, uno de ellos fue parte del Clan liderizado por Tayro, pero al ver tanta destrucción decidió huir. Solo puedo decirles una cosa, si seremos atacados por vampiros necesitamos entrenamiento y apoyo de manadas externas, no será igual que luchar contra Jonathan, los lobos somos lentos ante la velocidad de un vampiro —confesó y yo me levanté finalmente para intervenir.

—Qué podemos hacer para entrenar, según lo que relatas no tendremos oportunidad —repliqué.

—Nosotros tuvimos suerte años atrás porque él todavía no poseía la fuerza en su clan, eran pocos y pudimos vencerlos, pero el vampiro que conocí hace algún tiempo, confesó que cuando él huyó eran unos 150 y para los vampiros es un ejército, solo se necesita 20 para acabarnos a todos nosotros, ahora imaginen que sean 300, no tendremos oportunidad, necesitamos que un vampiro experto nos entrene indicando las debilidades de ellos para poder obtener un tipo de ventaja —aclaró. Podía sentir la tensión en todos, mi madre tenía una expresión de angustia total, yo temía por ella, si esos vampiros llegaban a nuestra manada ella estaría vulnerable.

—Bien, está decidido, enviaremos a un grupo con Amets para buscar a ese vampiro experto, no podemos perder tiempo —inquirió papá poniéndose de pie—. Amets será quien irá a la cabeza, Samika, Jemuel y Sam irán con él —culminó y quedé con la boca abierta, al no escuchar que mencionara mi nombre.

—Yo también quiero ir, estoy preparada, papá —manifesté y negó.

—Tú te quedarás aquí a apoyar nuestra manada, y no estoy dispuesto a discutir el asunto —pugnó dando fin a la conversación, no obstante yo por supuesto no estaba dispuesta a aceptar esa decisión.

—No, esto es injusto, sabes que estoy preparada, debes dejar que vaya con ellos para apoyarlos —insistí y alzó la voz.

—¡Dije que no!, calla y respeta a tu Alpha —exclamó. Todos permanecían mudos, nadie iba a objetar la decisión de papá, yo apreté la mandíbula y los puños para salir del lugar azotando la puerta.

Avancé hasta el bosque murmurando cosas sin sentido, pateando piedras con deseos de arrancar unas cuantas cabezas.
Mi respiración era rápida al igual que los latidos de mi corazón, me acerqué a una roca enorme la cual triplicaba mi tamaño y con el puño cerrado la golpeé una vez, soltó un crujido y explotó en miles de pedazos. El pecho me subía y bajada con intensidad y luego de eso escuché la voz de mamá justo detrás de mí.

—Fleur, cariño —inició en un tono suave. Permanecí inmóvil, no podía verla a la cara, estaba muy enojada.

—Déjame sola mamá —contesté conteniendo las lágrimas. Sentí sus pasos avanzar hasta quedar lo suficientemente cerca.

—Mi Fleur, sé que tus intenciones son aportar a la manada, pero debes entender a tu padre, él teme por tu vida, nunca nos habíamos enfrentado a esto y si algo te sucediera él no se lo perdonaría —confesó con un nudo en la garganta, giré para verla al rostro y pude contemplarla consternada por la preocupación, sus ojos llenos de lágrimas brillando y me rompí por completo. No soportaba ver a mi madre de ese modo.

—Lo siento mamá, pero es que yo quiero ayudar, papá dice que seré Alpha muy pronto, pero no me deja hacer absolutamente nada sin ser supervisada, entonces no entiendo sus decisiones —pugné dolida. Ella se acercó un poco más llevando sus manos a mi rostro, sosteniendo mis mejillas.

—Fleur, tu padre y yo pasamos por muchas cosas, tenemos suficiente experiencia para saber que es lo mejor para ti, él quiere protegerte porque eres lo más importante en su vida, te amamos hija, solo deja que él se encargue de esto y escucha su voz —me aconsejó y aunque no estaba de acuerdo aún, encogí los hombros. Me abrazó con fuerza y apreté su cuerpo al mío, amaba a mis padres, pero en ocasiones no estaba de acuerdo con sus ideales.

***

—Entonces, te irás —murmuré suave viendo la luna. Él no respondió, y tuve que mirarlo—. ¿Crees que vas a soportar ese viaje sin poder verme? —cuestioné en un tono pretencioso y sonrió.




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