Un par oscurecido

T=Tormento

Después de un largo día de trabajo, Talmau solía relajarse en la terraza más pequeña y acogedora del castillo en compañía de su esposa, Nilise y su hijo Sorfael. Allí el tiempo pasaba volando mientras conversaban, reían y contemplaban el paisaje…pero esto había quedado atrás. Ya no iba a la terraza con la misma frecuencia de antes ni sabía cuándo volvería a poner un pie ahí. —Mamá, deberíamos hablar con él —sugirió Sorfael. —Sí, deja que lo haga yo. No quiero que se sienta cuestionando —dijo Nilise. —¿Por qué se sentiría cuestionado? —No lo sé, es que quiero evitar conflictos. —Papá nunca ha sido conflictivo, quizás un poco gruñón. —Humm, un poco gruñón y…además tan atormentado últimamente. Nunca lo había visto así. —¿Crees que…esté enfermo y no quiera decir nada? —No lo creo. Voy a hablar con él…pronto, no te preocupes. —Está bien. Esa noche Talmau intentó dormir y no podía conciliar el sueño. Era bastante tarde. De tanto moverse de aquí para allá despertó a Nilise. —Talmau, Talmau —. Le dijo bajito mientras le acariciaba el hombro. Volteó su rostro hacia ella sin pronunciar palabra. —¿Estás bien? Su silencio continúo. Solo se limitó a mirarla. —¿Quieres agua? —No, estoy bien. Voy a la terraza aire fresco. —¿A la terraza? Hace rato que no vas…y ¿solo? ¿Quieres que te acompañe? —No, no es necesario. —Ok…si necesitas algo me avisas. No respondió. Se levantó de la cama, tomó un largo y ancho albornoz beige y salió del cuarto. Caminó por el pasillo escasamente iluminado que parecía mezclarse con la oscuridad de la madrugada. Cuando llegó a la terraza se recostó al muro y exhaló con fuerza. Sintió paz. Miró al cielo y sus ojos se posaron en la luna, en especial en la intensidad de sus tonos blancos y celestes que alumbraban toda superficie. Algo de luz para su interior era lo que necesitaba con ansias desde hace tiempo. De repente una voz ronca le habló al oído y le dijó “sígueme al sótano“. Los pelos del cuello se pusieron de punta. No estaba sorprendido por esa voz. No quería ir; pero esa voz era insistente y manipuladora. Aquella voz tomó la forma de las risas traicioneras, humillantes y burlonas que lo lastimaron tanto. Dichos recuerdos saturaban su mente. Personas a las que les creyó el falso respeto y estima que decían tener por él. Sacudió su cabeza varias veces como negando su presencia. No quería eso. —Basta ya, Uromivo, te dije que no regresaras más. Uromivo recuperó su verdadera apariencia de monstruo de gran tamaño, carmelitoso y rojizo. Su cuerpo era grueso, lleno de garras retráctiles y varias extremidades elásticas con púas y seis ojos ovalados y negros. —Bueno, si no hubieras abierto el portal pues…no estuviera aquí. Tu curiosidad fue mayor y ahora no hay marcha atrás. —Déjame, ya basta. —Talmau, deberías agradecerme. Yo puedo hacer que recobres fuerzas, las que no tuviste en su momento y debiste tener. —Eso fue hace mucho tiempo. Fue un error haber hecho eso. Me arrepiento. Lárgate de una vez. —Tus inseguridades son lo que realmente te atormenta. Eso es lo que no superas. No olvidas las miradas lastimeras y los comentarios ofensivos que te han hecho. Yo puedo hacerte fuerte y quieres serlo a toda costa. Será una forma de hacer sentir que tú estás aquí y eres una persona que no admitirá que la pisoteen. Puedo hacerte fuerte de la forma que quieras. Tú solo di. Eres rey. —No, la última vez que pedí algo la sangre corrió. —¿La sangre podrida de esos malnacidos doble cara que te trataron como nada? ¿Esos supuestos amigos? Nunca fueron buenos y tú viste sus rostros reales. Que no te importen más, tú nunca les importaste y eso lo sabes. —Nunca quise que murieran. —Lo sé y no tienes que lidiar con ellos nunca más…y aun así pesa sobre ti la inseguridad que te dejó la hipocresía, eso que a veces te tiene disociado y en vela por las noches. —Odio que estés aquí. Vete, por favor. —Pero más odias lo que sientes. —Necesito claridad, no oscuridad y tú eres eso: oscuridad. —¿Claridad? Esa está sobrevalorada. Deja que te ayude. —Hazme caso. Te sentirás mejor. —No confío en ti y dudo que me sienta mejor. Tú no buscas ayudarme, quieres usar mi malestar para controlarme. Esa es la realidad. Uromivo frunció el seño. Estaba perdiendo la paciencia; pero decidió seguir intentando convencerlo. —Recupera lo que perdiste. Te daré poderes. Te sentirás omo deseas sentirte desde hace tiempo. El brazo de Uromivo se cubrió con una bruma rojo brillante y le ofreció a Talmau algo de sus poderes. —Tómalo, solo tienes que tocar la bruma. —¡No! —¡Tómalo! Una de las extremidades de Uromivo se lanzó sobre él; pero Talmau lo esquivó y sin titubear sacó una pequeña daga recubierta con magia que tenía guardada en uno de los bolsillos del albornoz y amenazó a Uromivo. —Te dije que te fueras. —¿Qué crees que vas a hacer con eso, idiota? Porque matarme no va a ser. Talmau lo atacó y cortó parte de dos de sus extremidades, de las que brotó un líquido vizcoso de color mostaza. Uromivo dejó ir un estruendoso grito. —Si fuera por mi te cortaría toda y cada una de esas cosas. —Ellas crecerán de nuevo. —¡Voy a acabar contigo y con tu fijación! —Tal vez para la próxima ¡cuando tengas agallas! Una de las extremidades impactó el cuerpo de Talmau sin darle tiempo a que pudiera reaccionar. Este soltó la espalda por la fuerza del golpe. Los ojos se lo tornaron negros, un aliento rojo escapó de su boca. Su cuerpo comenzó a esprender una bruma roja y varias siluetas del mismo color formaron círculos a su alrededor. Sintió que su voluntad había sido más sometida que antes. No sabía que hacer, estaba desesperado. —Ahora estás bajo mis órdenes. Si das un paso en falso mataré a tu esposa e hijo ¿entiendes? —¿Qué? ¡No te atrevas! Deja a mi familia en paz. —No tienes como impedirlo, pero si realmente los amas y los quieres vivos te quedarás tranquilo y yo estaré tranquilo también. El poder que te di solo yo puedo quitarlo y lo puedo manipular a mi antojo porque soy el dueño. Harás justo lo que te mande…y ya sé lo que quiero que hagas. El rostro de Talmau estaba rojo de furia. Sus dientes rechinaban de la impotencia que sentía. —Necesito poderes nuevos y tú me los vas a conseguir. —¿Poderes nuevos? ¿De qué hablas? —Secuestro y muerte de hechiceros jóvenes, de eso estoy hablando. Una vez que les quites los poderes dejarán este mundo. Jóvenes hechiceros es lo mismo que una magia más fresca y más moldeable. Eso vale como no te imaginas. —¿Qué? ¡No! ¡No lo haré! —Si quieres el bien de tu familia sí que lo harás. Aún quieres el bien de tu familia ¿verdad? ¿o quieres que algo muy malo les pase? —¡Maldito! —Crearé un clan y tú serás el líder. Todos los integrantes estarán encubiertos, por supuesto para preservar el anonimato. Soy malo; pero no tanto así —dijo Uromivo con sarcasmo—. No creo que la etiqueta de secuestrador y asesino le quede bien a un rey ¿no crees? Tengo un nombre: Abiulmok. Se llamará Abiulmok. Buen nombre ¿no? Tengo tres integrantes en mente para empezar. No te preocupes, usaré mi magia para que no te reconozcan. Te harás llamar…T. —No puedo creer esto ¡no puedo creerlo! Me haces pasar una encrucijada sin necesidad solo para tu propio entretenimiento, sádico de quinta. Talmau iba a darle un puñetazo; pero la magia incorporada la retuvo. —Acostúmbrate, es lo mejor que puedes hacer. Lo haría yo mismo; pero no tendría ninguna gracia, no sería divertido. Dentro de poco viajarás a Marfét. Estate listo. Y no hubo más palabras por parte de ninguno de los dos. Esa noche Talmau tampoco pudo dormir ni fue a la terraza de nuevo. Quería evitar a Uromivo. Sentía que se ahogaba y que en cualquier momento iba a perder la cordura; pero aun así seguía luchando para que la situación tan complicada por la que estaba pasando no terminara por aplastarlo permanentemente. Su esposa e hijo seguían preocupados. No lo atosigaban con preguntas; pero le hacían saber que no eran indiferentes a su actitud y que estaban pendientes. Sabían que algo no marchaba bien. Él se moría por contarles lo que estaba sucediendo; pero eso iba a resultar en fatalidad y él necesita que estuvieron a salvo. Tenía que preservarlos. Eran lo más valioso y lo más querido que tenía. Entonces llegó el día del viaje. Esa mañana amaneció nublada, con amenaza de lluvia. La noche anterior Talmau tampoco había podido dormir nada y no era para menos. El chantaje lo mantenía en alerta. Tenía el semblante marchito, sus ojos se notaban cansados con ojeras profundas y la voz horrible de Uromivo pegada a su oreja diciéndole que ya era hora de levantarse. Se dio un baño, se vistió, desayunó con apenas apetito en absoluto silencio y disociación con las miradas de tristeza de su esposa e hijo puestas encima de él. —Me voy a Marfét —. Le dijo a Nilise cuando regresó al cuarto. —¿Qué vas a hacer allá? Talmau tragó en seco. —¿Es por cuestiones de trabajo? —Ajá... —¿Cuáles cuestiones? —…Te digo en otro momento, estoy apurado ahora mismo. —Talmau ¿qué te pasa? Yo sé que te sucede algo. Desde hace tiempo estás irritable, distraído, apenas duermes, luces agotado ¿qué pasa? Habla conmigo. —No pasa nada, en serio, todo está bien. —No todo está bien. Algo pasa y no me lo quieres decir. Sorfael y yo estamos preocupados por ti. Por favor, si pasa algo dilo. Estamos aquí para ayudarte, somos tu familia y te queremos bien. Talmau la enfrentó con la mirada. Quería detener su insistencia. Suponía un peligro que quisiese saber lo que pasaba. —No pasa nada, en serio. Volveré pronto ¿está bien? No se preocupen. Todo está bien. Nilise no dijo más; pero no le creyó. Lo abrazó con fuerza y él besó su frente. Se puso una capa de aspecto discreto y tomó un equipaje bastante ligero. Nilise se arrimó a su brazo y salieron juntos de la habitación rumbo a la terraza. Talmau quería despedirse de su hijo. —Sorfael. —¿Sí?...¿vas a alguna parte?—. Le preguntó fijándose en su equipaje. —Voy a Marfét. Asuntos de trabajo. —¿Te demorarás en regresar? —No, pronto estaré de vuelta. —Bueno, buen viaje. Cuídate, te extrañaremos. —…Yo también a ustedes. Cuida el castillo por mi ¿ok? —Eso haré. —Tú vas a ir con escolta ¿no? —. Le preguntó Nilise. —De hecho, no. Voy a ir solo. Encubierto, por supuesto. Además, no voy a salir del país. Marfét está a unas pocas horas de aquí. —Papá, ¿de verdad vas tu solo? Eso es riesgoso ¿no lo crees? —Talmau, no vayas solo. —¿A qué le temen? No es la primera vez que salgo sin escolta. —Es cierto; pero ha pasado mucho tiempo desde la última vez. —No se preocupen más. Ya me voy, nos vemos pronto. Tras la despedida atravesó la puerta principal y salió del castillo. El reflejo de Uromivo se manifestó frente a él. Sintió como su cara comenzó a apretujarse y a transformarse en otro rostro. Cuando llegó a Marfét, Uromivo le indicó que fuera a la casa de campo. Esta estaba un tanto intrincada, rodeada de frondosa arboleda. Hacía tiempo que no visitaba la casa. Talmau estaba preocupado porque Uromivo eligió ese lugar porque lo implicaba directamente a él y a su familia. Era arriesgado y podían descubrirlo. Sin embargo, para su suerte muy poca gente sabía que esa casa era de su propiedad. Eso resultó ser un pequeño alivio para él. Cerca de allí los esperaban los otros integrantes. Uromivo se había puesto en contacto con ellos días atrás. —Hola —dijo Uromivo—. Ya están todos aquí. T; ellos son Anríl, Ruff y Jiru. —¿Te llamas T? —preguntó Anríl un tanto escéptico. —Debe ser que le dicen así —agregó Ruff. —¿Cuál es tu verdadero nombre? —. Le preguntó Jiru. Talmau garraspeó un poco. Estaba nervioso por la pregunta; pero respondió igualmente. —Me dicen T. Mi nombre es muy largo como para siquiera pronunciarlo. Asó que para todos los efectos soy T. Los tres se miraron como analizando la contestación sin percatarse de que la mirada fija de Uromivo estaba sobre ellos. Una vez que lo notaron se estremecieron ante Uromivo. Tenía esa mirada de que no deberían seguir haciendo preguntas y mantener la boca cerrada. —Ok, T —concluyó Anríl. —Bueno, es hora de entrar a la casa —indicó Uromivo—. Les diré como será todo. Idear y armar un clan con un objetivo tan nefasto como Abiulmok tomaba su tiempo. No podía salir nada mal si Uromivo quería obtener lo que quería. Talmau no entendía como Anríl, Ruff y Jiru se habían dejado convencer para trabajar para Uromivo. Tal vez…¿los chantajeó, los manipuló como a él o estaban ahí por voluntad propia? Quería saber a toda costa; pero no se conocían. No había una cercanía entre ellos como para preguntar eso y obtener una respuesta sincera. Tendría que esperar. Y entonces Abiulmok se puso en función. Por meses comenzaron a desaparecer y morir hechiceros jóvenes y esto comenzó a hacerse eco. Por meses Talmau se ausentó por el mismo motivo: cuestiones de trabajo. Sus viajes a Marfét se volvieron más frecuentes y además tenía que mantenerse inalterable y pretender en casa que todo estaba bien y demostrarlo con convicción pese a la preocupación de Nilise y Sorfael. El tormento que sentía iba en creciente sin frenos. Talmau no veía la hora de derrotar a Uromivo para de una vez librarse de él; pero no sabía cómo, no sabía por dónde empezar sin que Uromivo se diera cuenta. —¿Cómo se decidieron a hacer esto? —. Les preguntó Talmau un por fin un día cuando Uromivo no estaba presente. —Uromivo es nuestro mentor, nuestro guía. Vamos a llenarnos los bolsillos porque el compartirá sus ganancias con nosotros —dijeron todos al unísono mirándolo sin siquiera pestañear. Un escalofrío recorrió la espalda de Talmau al oir esto con tanta precisión. Además, notó como la silueta de los tres se tornó ligeramente rojiza; un color muy parecido al poder que Uromivo posee. Entonces lo entendió todo. Uromivo los tenía controlados, hipnotizados con mentiras y falsedades. Lo mismo que en su caso particular, con la diferencia que Talmau no se dejó engañar con esas palabras. Él no iba a compartir ninguna ganancia con ellos, era evidente. No iba a haber ninguna ganancia. Solo daño para ellos. Uromivo era un sádico desalmado. Disfrutaba el sufrimiento ajeno. Una noche tuvo un sueño sorpresivo. Algo que le dio un chute de esperanza, algo lleno de nítida claridad se remontó a la época en que Talmau actuando desde la ira abrió el portal que contenía a Uromivo y recordó que este llevaba en su cuello una gema que aparecía y desaparecía constantemente. Una frase en ulás golpeó su memoria: Regrouser ell ourijun y la retuvo ahí, en su memoria. Cuando Talmau despertó al otro día lo primero que hizo fue pronunciar la frase y sintió como el poder que cargaba dentro se quería escapar de su cuerpo. Su silueta tiritaba en medio de tonos rojos. Esto le provocó cierta intranquilidad; incluso sus manos y brazo comenzaron a doler; pero… Talmau no podía estar más feliz. Había encontrado la forma de librarse de Uromivo. Solo necesitaba ser discreto y esperar que el mounstruo no tuviera la habilidad de leer mentes ni nada parecido. Tan mala suerte no podía tener, ya llevaba mucho a cuestas. Talmau quería abandonar el clan de una vez por todas. No podía sostener por más tiempo el peso de la culpa de haber sido parte de algo tan vil, bajo y sucio, aunque la razón de haberlo hecho fuera proteger a su familia; no lo creía justificación suficiente. Dos pensamientos enfrentados constantemente. No podía soportarlo más, era demasiada angustia. Tenía que ponerle punto y final a ese asunto. El siguiente objetivo en cuestión era Yunsi, una joven estudiante de la Academia Priusporte. Era una de las mejores estudiantes de su clase. Regresaba a su casa muy contenta porque había obtenido una buena nota en su trabajo expositivo. La alegría en su rostro no pasó desapercibida. —Hola, Yunsi—. La saludó una vecina. —Hola ¿cómo estás? —respondió ella. —Bien; pero tú pareces estar mejor que yo. Yunsi se echó a reír. —Sí, la verdad es que estoy muy contenta. —Qué bueno. Intercambiaron un par de palabras y después cada quien siguió su camino. —Sorkol ¿estás aquí? —preguntó Yunsi al entrar a su casa. —¡Sí! Estoy aquí en la cocina —respondió. Sorkol salió a su encuentro para darle un abrazo. —¿Cómo te fue hoy en la escuela? —. Le preguntó Yunsi. —Muy bien. Ya hice las tareas y estudié también. —Vaya, vaya, qué eficiencia. —Sí, me he adelantado antes de que me lo mencionaras. —Ok, voy a preparar la cena. —Te voy a ayudar. —Eficiencia es poco —dijo Yunsi entre risas. Sorkol rió también. Era una risa vivaz, de esas que se suele recordar cuando va acompañado de buenos momentos, los que contrarrestan los no tan buenos, aquellos suficientemente tristes como para que no cicatricen nunca. Unos toques secos en la puerta se dejaron oir. Yunsi se acercó abrir, pero antes de hacerlo vio como se deslizaba por debajo de la puerta una neblina extraña. Aquello puso en alerta a Yunsi. —Sorkol, ve al escondite —dijo susurrando a la vez que señalaba el suelo del comedor. —¿Cómo dices? ¿Qué pasa? —preguntó preocupado. —Haz lo que te digo —ordenó —. Y no salgas, ok, no vayas a salir. Sorkol tragó en seco confundido. Su corazón comenzó a acelerarse. Salió corriendo al escondite. Yunsi se puso en guardia. De pronto un golpe estruendoso echó la puerta abajo y tres hombres encapuchados entraron rápidamente al interior de la casa. Usaron su magia para atacar a Yunsi y ella hizo lo mismo. Luchó con firmeza; pero el poder de los otros pudo más. —¿Quiénes son us…tedes? —¿Qué quieren…de mi? —dijo entrecortadamente. Uno de los hombres indicó a los otros dos que revisaran la casa para ver si no había nadie mientras él la vigilaba. Sorkol miraba por una rendija lo que pasaba. Estaba muy asustado; pero muy dispuesto a salir a defender a su hermana. Quería hacerlo; pero por otro lado sabía que si salía no sobreviviría. Era un hechicero novel. Sus poderes no estaban aún desarrollados. Estaba de manos atadas y Yunsi también por desgracia. Entonces vio unas botas oscuras entrar en la casa. Su caminar era pausado, como si estuviera cansado. Oyó decir la palabra “jefe“ y rápidamente miró para ver quién era; pero…quedó algo confundido y sorprendido porque se veía la cara de un hombre que se distorsionaba por segundos, como si fallara su funcionamiento y dejaba ver un rostro que le resultaba familiar y que todo el país conocía…el rostro de Talmau, el rey del Reino de Járess. Sus ojos se abrieron a más no poder. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Le parecía una mala jugada de su cabeza; pero no, era Talmau en verdad. Luego de que le dijeron los otros que no había nadie más en la casa se dispuso a arrebatarle los poderes a Yunsi y meterlos en un frasco ovalado. Tras esto murió y su cuerpo desapareció. Sorkol permaneció en el mismo lugar tras la partida de ellos. Estático, sin moverse; sin reaccionar, preso del impactante suceso. Media hora después salió del escondrijo y observó todo a su alrededor. Sintió un inmediato vacío por la ausencia de Yunsi. Estaba en shock. Tenía ganas de llorar, de gritar y buscar de los que le habían arrebatado a su hermana y desaparecerlos. De repente un torrente de lágrimas brotó de sus ojos y se dejó caer al suelo. Su llanto se hizo cada vez más perceptible y la furia en su semblante comenzó a notarse. Furia entre gritos que trasladó a una fuerte patada a dos sillas y luego… —¿Por qué le hice caso a Yunsi? ¿Por qué no salí y la defendí? —. Se repetía así mismo una vez, dos veces, tres… Pero para él la única parte buena de ese desastre fue que… pudo reconocer a todas las personas involucradas. Alguien más se había dado cuenta del desperfecto de la fachada de almau y ese era Jiru. Lo vigiló a la distancia mientras se lavada la cara en el patio de la casa. Volvió a ver la falla y esa vez…estaba claro, ya que la primera vez creyó haberse equivocado; pero ya no habían dudas. No entendía como siendo rey había terminado envuelto en un asunto de ese tipo. Su curiosidad, completamente separada de la hipnosis de Uromivo hizo que registrara las pertenencias de Talmau cuando este no estaba presente y encontró algo, un dibujo donde aparecían Talmau, donde se enfocaba su rostro y además la figura de una mujer y un joven de cuerpo entero y casi de espaldas; pero sus rostros se veían un poquitín difusos. La vestimenta de ambos se veía elegante y formal. Las iniciales T, N y S se ubicaban en la parte baja del dibujo. —Esto de aquí debe hacer referencia a sus nombres. Una media sonrisa cínica se esbozó en su rostro. Calculadora y repleta de avaricia. Guardó el papel en su bolsillo y acomodó la mochila de Talmau justo como estaba. Se alejó de allí y se reunió con Anríl y Ruff en la sala. —Bueno, yo me voy. Chao —dijo Talmau al regresar el patio. —Chao…T—dijo Jiru. —Hasta la próxima —. Se despidió Anríl. —Ve con cuidado —. Le aconsejó Ruff. —“Alguno ganancia tengo que sacar de ese dibujo“, pensó Yunsi. Yunsi fue la última víctima de Talmau. Él no volvió a reunirse con los otros y sabía muy bien lo que eso significaba. Pasaron los días y no había rastro de Uromivo como tampoco del dibujo que llevaba en su mochila. Pensar en que ese dibujo no estaba donde tenía que estar lo intranquilizó y además pensaba, además en cómo sacar a Anríl, Ruff y Jiru de la casa de campo. Quería con todas sus fuerzas que se fueran de ahí y buscaran otro sitio. Había serenidad en el ambiente, una calma extraña como augurando algo…feo, desagradable. La serenidad al menos le dio a Talmau horas de sueño, apetito, mejor semblante; la tranquilidad en la cara de Nilise y Sorfael; pero desgraciadamente esa serenidad no duró porque un buen día. Nilise y Sorfael desaparecieron cuando él no estaba en el castillo. —“Esto es obra de Uromivo “, se dijo a sí mismo. Varios guardias le habían informados que se oyeron gritos en las habitaciones y que al no obtener respuesta rompieron la puerta; solo para encontrar que no había nadie dentro. Talmau se llenó de valor y decidió resolver ese tema solo a pesar del “Majestad, no debería “. Se dirigió rápidamente a Márfet a la casa de campo, arriesgándose a que los otros lo reconocieran; pero tenía que arriesgarse. Era su familia lo que estaba en peligro. El poder de la bruma lo halaba hacia adelante; como queriendo volver a su lugar de origen. —“Regrouser ell ourijun“, pensó Talmau. Al llegar a la casa de campo la rodeó y entró por el patio. Intentó abrir con la llave; pero no pudo. La puerta estaba atascada incluso en el picaporte de la puerta se veía una gruesa línea roja bien acentuada. El poder de Uromivo la mantenía sellada. Talmau la golpeó con fuerza y eso logró que la bruma roja saliera súbitamente de dentro de él. Esta rompió la puerta tomando el cuerpo de Talmau como vehículo en movimiento. Allí estaba sentados en el suelo, Nilise y Sorfael espantados y petrificados mirando unas imágenes móviles que Uromivo les mostraba. Esas imágenes ponían en evidencia a Talmau como jefe del clan Abiulmok. Su rostro verdadero salió a flote. Su mirada se encontró con la de su esposa e hijo. Estaban avergonzados, al igual que él. Uromivo los observó con cara de stremecedora satisfacción. —¿Cómo pudiste hacer eso? —Te dije que si fallabas, ellos serían tu precio a pagar. —Me arrepiento tanto del día que abrí ese portal. —Talmau… —susurró Nilise. —Papá —dijo Sorfael. Talmau se acercó a los dos con la cabeza gacha. Apenas podía mirarlos. —Sí, ya sé lo que están pensando; pero no tuve opción. Yo no quería hacerlo. Uromivo me chantajeó. Me siento tan mal. Lo hice por ustedes, por preservar sus vidas. —Y aún así mira dónde estamos —dijo Nilise. —No podía más con lo que había hecho. Decidí salir antes de que la culpa me carcomiera más y entonces Uromivo los raptó. —Justo como hiciste tú y el resto ¿no? —dijo Nilise. —No lo hice porque sí, no quería hacerlo. De haber existido otra vía te aseguro que la hubiera tomado. Fui algo extremo, lo sé; pero no tenía otra alternativa. Sorfael abrazó a Talmau…con firmeza y le dijo: —Yo te creo, papá, te creo, de verdad. —Gracias, hijo mio. —Bueno, ya basta de sentimentalismo ¡Atrás! —ordenó Uromivo. Con sus extremidades rodeadas de bruma oscura lanzó a Talmau contra la pared y luego tomó con otra extremidad a Nilise y a Talmau. Abrió su boca más grande de lo normal de donde brotaban espinas llenas de veneno. —¡Nooo! —gritaron Nilise y Sorfael. Estaban indefensos, no tenían herramientas para enfrentarse a Uromivo; pero Talmau sí tenía. Pronunció la frase Regrouser ell ourijun con ímpetu y en alto. Uromivo lo miró con cierto desconcierto. No se esperaba eso. —¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó. Y la gema de su cuello hizo su aparición con suma nitidez. —¡Regrouser ell ourijun! —exclamó. La bruma roja salió disparada hacia él, abandonando su cuerpo y aventándolo contra la pared. Fue toda tan rápido que Uromivo no pudo ni reaccionar. La bestia saltó por los aires mientras se agrietaba su piel, de la que emanó un líquido vizcoso color mostaza. La bruma roja lo envolvió con tanta fuerza que terminó exprimiéndolo. Un último gruñido se dejó oir ante de volverse un charco rojizo y amarillo que se perdió el color y desapareció en pocos segundos. Talmau se puso en pie con lentitud y se dirigió a Nilise y a Sorfael. —Nilise, cuánto lo siento —dijo Talmau con la voz quebrada. Nilise finalmente lo abrazó. Sus palabras lograron conmoverla. Veía el sufrimiento y la tristeza en su rostro. —Lo siento mucho, en serio. —Uromivo me estaba chantajeando y no pude escapar de eso —dijo Talmau casi entre lágrimas. —Disculpa mi indolencia, es que es muy difícil de asimilar. Te creo cuando dices que no tenías otra opción, que querías protegernos. —No lo hubiese hecho de haber tenido otra opción. —Te creo, te creo —continúo Nilise. —Papá ¿y ahora qué pasará? —No lo sé, yo… —Esto no puede saberse jamás ¿me escucharon? Eso sería una deshonra para nuestra familia. —dijo Nilise —. Yo sé que no es justo por lo que murieron y lo siento mucho por ellos; pero tenemos que protegernos. —Pude pasar desapercibido. Tenía un rostro diferente cuando estaba en el clan. Idea de Uromivo, aunque tuvo fallas mínimas espero que…no haya sido reconocido. —¿Y qué pasa con los otros de clan, papá? ¿Qué vas a hacer al respecto? —preguntó Sorfael. Gédmun se quedó pensativo. —Ellos están hipnotizados por Uromivo. No creo que estuvieran del todo conscientes de lo que estaban haciendo. —¿Cómo estás tan seguro? —preguntó de nuevo. —Seguridad absoluta no tengo; pero ahora que Uromivo no está supongo que…el efecto de su magia en ellos desaparecerá en algún momento si es que no pasó ya. —No debemos dejar ningún cabo sueldo ¿me entiendes? Yo propongo que mandemos a buscarlos —sugirió Nilise. —Por ahora…lo dejaremos así. No es la mejor decisión; pero haremos eso. Sorfael los miró a los dos con verguenza. Estaba preocupado por la situación y por lo que podría pasar. Unos días después, la partida repentina y discreta de Talmau tuvo lugar. Dejó una carta encima de la almohada de la cama para que cuando Nilise despertara en la mañana la viera. Le partía el corazón hacerlo. En la carta expresaba la profunda vergüenza que le produjo todo lo sucedido, que no se sentía capaz de superarlo. No se creía merecedor de su corona, esta estaba manchada al igual que su reputación, por lo tanto, no iba a regresar. Al menos tuvo la pequeña suerte de conservar la habilidad que Uromivo le prestó; poder cambiar de rostro a voluntad a un rostro nuevo que nadie más había visto antes, de esa forma nadie podría reconocerlo. Esto le permitiría convertirse en otro desconocido más en tierras lejanas. No sabía por cuanto tiempo tendría esa habilidad; pero esperaba no perderla pronto. Tras saber que su padre se había marchado para siempre, Sorfael comenzó a ahogar por primera vez sus penas en el alcohol para aliviar el dolor. La bebida se convirtió en su refugio recurrente y lo volvió más dependiente cuando pasado un tiempo encontraron a Talmau muerto en la arena; víctima de un accidente marítimo y esta vez sí se mostró su rostro real. El poder cambiar de rostro se esfumó tras su fallecimiento y con eso todo empeoró para Nilise y Sorfael. Ya nada volvería a ser como antes, nunca más. Lo único que les quedó fueron aquellas lindas memorias del tiempo compartido. Solo eso permaneció.




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