Gédmun, Frídais, la Corte Real y Kalio Chali estaban reunidos
en la oficina principal. Kalio; el actual representante de Las
Repúblicas de Vrímyol estaba ahí debido a que recientemente habían empezado las negociaciones con
Járess, ya que Vantrus se había puesto en contacto con ellos y con el rey la reina de Yemakel también; pero debido a su súbito fallecimiento no hace mucho tiempo atrás; Kalio, en ese entonces segundo representante de las cuatro repúblicas lo relevó y le dio continuación a lo que se había
iniciado.
—Concretar esta alianza ha sido muy importante para Las Repúblicas —dijo Kalio, al terminar la reunión.
—Ha sido una alianza inesperada para nosotros. Nos orprendió que Vantrus nos contactara para negociar, debido a todo lo ocurrido con Kerveles, aunque respeto la
decisión de Vantrus de hacer crecer primero algo propio de las Repúblicas antes de dar un paso como este —dijo Gédmun.
—Tardó tiempo en lograrse; pero la situación del país cambió para bien con su mandato y continuará así si depende de mi. En cuanto a Kerveles él no tenía buenas
intenciones. Solo quería ser parte de los Cimuents con el objetivo de beneficiarse de lo que pudiera conseguir. No le interesaba su pueblo.
—Sí, Vantrus nos lo dijo. Una pena que ya no esté —. Se lamentó Gédmun.
—Sí, es realmente una pena. Su propósito siempre fue fortalecer nuestras naciones donde la colectividad fuera el motor impulsor y yo concuerdo con esas ideas.
—Y se logrará si todos nos unimos —dijo Frídais.
Esa tarde se realizó una exquisita cena donde todos estuvieron presentes. Kalio estaba de muy buen humor.
Deseaba que Vantrus estuviera ahí para ver que lo que quería para su gente se materializó. Al día siguiente Kalio partió hacia el Reino de Yemakel para reunirse con Durfaus y Seíma. El encuentro marchó y concluyó sobre ruedas.
—Entonces, seguimos en contacto —dijo Kalio.
—Este es un muy buen proyecto —comentó Seíma.
—Así es —reafirmó Durfaus —Por cierto, antes que se me olvide. Dile a mi sobrina que gracias por la carta que mandó y que cuando tenga un tiempo libre que venga a visitarnos.
—Se lo diré en cuanto la vea.
Al otro día, después de desayunar Kalio volvió a su casa en Notvak, capital de La República de Frinzil, que además era la base oficial de las cuatro repúblicas. Era un castillo de mediano tamaño rodeado de plantas de color verde con tintes dorados.
—Hola —saludó al atravesar la sala principal.
—¡Papá, hola! —exclamó Egeli al verlo.
Egeli se lanzó a sus brazos y Kalio la alzó por los aires y le dio vueltas para hacerla reir.
—¡Papá, me voy a marear! —exclamó Egeli entre risas.
—Está bien, está bien; ya paro.
Alguien se fue acercando a ellos. Era Yazlit, la mamá de Egeli.
—Hola, Kalio —dijo Yazlit con sequedad.
—Hola ¿Qué tal la estancia mientras estaba fuera?
—Bien, no es que fuera la primera vez que me quedo aquí…
aunque haya pasado tiempo desde entonces.
Kalio la miró con el semblante serio. Sabía a qué venían esas
palabras.
—Bueno, nosotros nos vamos.
—No, mami, déjame quedarme aquí más días con papá —. Le pidió Egeli.
—No, es mejor que…
—Por favor, mami.
—No, no se puede. Además, tú papá va a estar ocupado ¿sabes?
Trabajando…y demás —dijo con ironía.
Kalio frunció el seño y negó con la cabeza sin dejar de mirar a Yazlit.
—Hazle caso a tu mamá. La semana que viene nos vemos de nuevo como siempre ¿está bien?
Egeli se cruzó de brazos mientras miraba al suelo. Kalio se inclinó hacia ella y le dio unas tiernas sacudidas en los hombros.
—¿Estás molesta?
—Es que quiero quedarme aquí contigo y con Erisie.
Yazlit hizo una mueca de disgusto y desvió la mirada a otro lado. Kalio la miró de reojo.
—Me encantaría que te quedaras; pero mamá necesita pasar tiempo contigo en casa. Pronto nos veremos, prometido.
—...Está bien. Me voy con mamá.
—Ok, dame un abrazo.
Una vez que se despidieron, Kalio se dirigió a la oficina de Erisie, la cual se situaba al otro lado del castillo. La puesta del despacho estaba entreabierta. Tocó suavemente antes de entrar. Adentro Erisie estaba viendo una imagen proyectada a gran tamaño y rodeada de luces de varias de
sus clases de instrucción de artes mágicas.
—Hola —dijo en voz baja.
—Hola, Kalio…¿cuándo llegaste? —preguntó Erisie.
—Casi ahora mismo —respondió a la vez que se aproximaba a ella.
—Ya veo, traes hasta el equipaje.
—Ni siquiera desempaqué.
Se besaron por unos minutos. Él rodeó su cintura y ella sostuvo su rostro entre sus manos. Sonrieron
complacidos.
—No sabes cuánto te extrañé —dijo Kalio.
—Yo también a ti.
—Si por mi fuera me quedaría atrapado en tu cama tanto como pusiera.
—¿Atrapado como la medianoche aquella en la cocina?
—Ajá y llenos de miel. Miel en la cocina, literal.
Eririe rio.
—Cierto, de tanta emoción nos cayó un jarrón de miel encima —dijo.
—Debimos haberlo quitado de la repisa y guardarlo en otro lado. Me costó quitarme la miel. Tuve que bañarme casi tres veces.
—Bueno, al menos ibas a oler bien.
—Sí ¿no? Para la próxima tendremos más cuidado. Por
cierto, tu tio me dijo que te diera las gracias por la carta que les mandaste y que cuando estés libre vayas a hacer la visita.
—Ok. Kalio…tengo algo que decirte.
—Dime ¿qué es?
—…Estoy embarazada.
Kalio abrió los ojos de sorpresa. Su rostro se iluminó.
—¿Es en serio?
—Sí, es en serio. Estoy embarazada. Lo supe ayer.
—Ah, por eso era por lo que te sentías mal entonces.
—Sí, eso me hizo sospechar que podría estar embarazada.
—Egeli se va a alegrar mucho cuando lo sepa.
—¿No crees que es muy pronto para decírselo? ¿No sería mejor esperar un poco?
—¿Por qué lo dices?
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Editado: 28.04.2026