Un Pasado Para Daril

Visita a casa de tio Steven

      

Después de aquel encuentro fortuito con su tío, a Daril le era completamente imposible concentrarse en nada, se sentía inquieta, como si quedándose allí estuviera perdiendo el tiempo. Le urgía ahora reunirse con él, como si aquel hombre fuera de verdad su tío, hermano de su verdadera madre. Desde que murieron sus padres había estado sola. Sí, estaban sus hermanas, pero parecían muy lejanas ahora y sorprendentemente apenas pensaba en ellas, como si no hubieran existido. Tenía la necesidad de estar con una familia y aquel hombre era lo más parecido que le quedaba ahora, aunque fuese parte de aquel pasado tan efímero.

—“Pero ahora es mi presente, el hecho de que me vaya a quedar o no aquí por siempre, no depende de mí. No sé en realidad qué destino hay preparado para mí, pero mientras permanezca en él, haré lo posible por aprovecharlo y estar con las personas de mi familia.” —pensó, mirando como el pequeño Tommy les tiraba piedrecitas a los dos perros, acuclillado un poco más lejos. Así que, fue a la oficina de correos y le mandó un telegrama a su tío avisándole que iría. Al día siguiente fue a hablar con Carol, y le dijo que mañana a primera hora se iría en tren hasta casa de su tío.

— ¿No me dijo que no tenía familia en la ciudad?

— Y no la tengo, se fue de aquí muy joven a buscar fortuna en Canadá y para mí es un completo desconocido, pero es mi tío al fin y al cabo y debo ir a verle para que me explique cosas sobre mi familia.

— Bueno, ya cuidaré del muchacho mientras esté fuera, ¿va a quedarse por muchos días?

No Carol, me he hecho responsable de él mientras su madre se repone y vendrá conmigo. —el niño, el cual lo había oído todo, preguntó no muy convencido:

¿Y qué voy “haser” allá? ¡no “conosco” a nadie!

— Pues no serás el único, yo tampoco conozco a nadie allí —el pequeño se estrujó con nerviosismo una punta de su camisa, no le hacía ninguna gracia ir a casa de unos extraños.

La chica, adivinando sus pensamientos le preguntó:

¿Y por qué quisiste quedarte conmigo entonces? —éste se encogió de hombros sin saber qué responderle.

— No... no “quero” estar en mi casa, hace frío, mi mamá tá mala y no como bien, aquí es mucho “mejod”.

— Pues entonces también será mejor que vengas conmigo, tu mamá te dejó a mi cuidado y no estaría bien que te dejara aquí solo. Carol bastante tiene con cuidar de la casa, no le voy a dar esa responsabilidad.

 

Aquella misma tarde fue a verla. Habían pasado dos días desde que decidieran que un médico la visitara y quería asegurarse de que estaba bien. La vio estirada en su jergón, el bebé lo tenía Nuka en brazos y al preguntarle cómo había ido la visita del doctor, ésta respondió:

— El joven amigo suyo vino acompañado de un médico, estuvo toda la mañana observándome y me dio un jarabe para la tos y unas hierbas. Dice que tardaré en ponerme bien del todo, que en parte es porque el viento entra por las ventanas rotas, pero que con el transcurrir de los días al final mejoraré.— Daril le explicó los planes que tenía de marcharse de viaje y la madre le dijo que le confiaba a su pequeño, que en cualquier otro lugar estaría mejor que allí con ella, que si debía marcharse, que se lo podía llevar.

De ese modo, ya más tranquila, regresó a su casa. Echaba de menos a su adorado Christopher, deseaba verle y explicárselo todo, pero sabía que durante un tiempo estaría muy ocupado con sus exámenes y no debía molestarlo.

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Por la mañana, Daril se despertó un poco aturdida. Había soñado con Heyrin, la verdad es que se le había aparecido frente a su cama y le había sonreído. Parecía muy difusa su imagen, como si fuera un holograma y estuvo esperando a que le dijera algo, pero se limitó a observarla atentamente hasta que poco a poco desapareció.

Entonces, mientras se ponía una bata de seda, oyó como Carol le decía algo a Tommy en el jardín y se asomó a la ventana medio adormilada. El niño, vestido solamente en ropa interior, estaba agachado cerca de la fuente, todo manchado de tierra y escarbaba tratando de plantar un manojo de hierbas. No le dio importancia y esperó que viniera Carol con todo lo del baño para preguntarle:

— ¿Cómo es que estáis levantados tan temprano? Son apenas las siete de la mañana.

— El pequeño hace mucho que está despierto, deambulando por la casa y el jardín haciendo cosas raras, como plantar ramas y hablar solo. Parece que la está esperando impaciente. Además, no cesa de repetir que una niña estaba con él jugando en el jardín.

— Um... gracias por cuidarte de él, después de arreglarme bajaré a desayunar. Haz el favor de limpiarle la tierra y vestirlo, por favor. —le dijo sin querer demostrar su nerviosismo. ¿Habría visto aquel niño la aparición de Rosalind?

Después de asearse y vestirse, colocó alguna otra muda en su maletín de mano y bajó a la cocina. Mientras tomaba café con leche, tostadas y unos cuantos buñuelos, el niño se sentó frente a ella apoyando la barbilla en ambas manos, observándola comer en silencio. Daril pensaba que aquel niño era un poco raro, pero lo achacó a su humilde condición. Seguramente nadie había podido cuidarle debidamente. Pero pese a todo le caía bien.

— ¿Quieres más buñuelos? —éste negó. Entonces se atrevió a sacar el tema— Dice Carol que estabas con otra niña jugando en el jardín. ¿Te dijo algo ella? — éste levantó la mirada de su plato, pero no le contestó. — pues si ya has comido, dile a Carol que prepare bocadillos para el viaje. Mientras tanto le diré a tu papa que vaya a buscarnos un coche para ir a la estación.




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