Un Pasado Para Daril

Epílogo

Heyrin llegó a su casita en las afueras, parecía un poco cansado, triste después de haber tenido que confesar su secreto. Pero todo estaba bien ahora, había hecho lo correcto.

Una vez entró en la cocina, abrió la nevera y bebió un vaso de zumo, le dio de comer al gatito callejero que le salió mimoso a recibir y oyó una débil voz que lo llamaba, desde una de las dos habitaciones.

Entró presuroso a su encuentro y contempló sonriendo a la anciana que, medio incorporada en la cama, con el televisor encendido, lo miraba amorosamente. Éste se sentó en la gran cama de matrimonio junto a ella y la besó en la frente. Ésta lo miró emocionada y le dijo:

—Gracias por sacarme de allí, te estoy muy agradecida. ¿Puedes apagar el televisor, por favor? Me produce dolor de cabeza —éste obedeció dándole al botón del mando y contempló tristemente a su nieta, adivinó que le quedaban pocas horas de vida, parecía extremadamente débil. Ésta supo lo que pasaba por su cabeza, porque, emitiendo un suspiro, abrazó al hombre y le pidió, poniendo una voz como de niña pequeña:

—¿Puedes cantarme esa canción, abuelito? La que le cantabas a Ella... a mamá —este asintió y, sin dejar de acariciarle los suaves cabellos blancos, comenzó a cantar en voz baja:

—“Mia bela knabino, vi krucis tre longan ponton kiu cin portis tre malproksime, al la pais de viaj songo, kie l'gojo kaj gi esperas...” (Mi bella niña, cruzarás un puente muy largo que te llevara muy lejos, al país de tus sueños, donde la alegría y esperanza...)

Estuvo cantando aquella canción de cuna, sintiendo la respiración casi inexistente de la anciana, hasta que ésta se quedó inmóvil, los ojos cerrados, aflojando la presión de su mano contra la de él. Éste dejó de cantar por un momento observando su apacible rostro, iluminado con una sonrisa y luego, siguió con aquellas estrofas, mientras una lágrima caía por sus mejillas.

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El entierro tuvo lugar en el cementerio de la ciudad de Boston, depositó sus restos junto al panteón familiar, un recinto de mármol lleno de flores frescas, con la figura de una bella mariposa de cristal tallado que reflejaba todos los colores del arco iris y donde ponía:

Familia Buterfly/Bladmore

“Jamás dejaremos que vuestro recuerdo se borre de nuestras vidas”

 

Esperó a que el enterrador se hubiese marchado, se mantuvo unos minutos con la cabeza gacha, dio media vuelta y se marchó lentamente. La verdad es que ya no le quedaba nada que hacer por allí, supuso que había excedido ya el tiempo de permanencia en ese planeta y decidió regresar.

Mientras caminaba algunos kilómetros, despidiéndose en silencio de aquel mundo que lo había acogido, pasó por delante de una calle tranquila, llena de mansiones victorianas y se detuvo delante de la puerta de una de ellas, la más grande de todas. Del interior se oía un agradable murmullo, eran voces infantiles que repetían la lección. Entonces vio el cartel que había en la entrada, una placa de madera y leyó:

“Residencia infantil Daril Bladmore para niños sin recursos,”

Heyrin sonrió, sin duda el viaje forzado de su tataranieta había cambiado favorablemente el futuro y, sin querer demorarlo más, ando hacia un pequeño parque que en aquellos momentos estaba solitario, se quedó de pie inmóvil y cerró los ojos alzando los brazos, al instante una luz intensa lo rodeó por completo y cuando por fin se apagó, aquella figura había desaparecido completamente.

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*Daril Taylor, ahora conocida como Sra. Bladmore siguió con su empeño de ayudar a las familias poco favorecidas, su esposo también la ayudó, una vez finalizada la carrera de medicina, decidió dar asistencia a la gente pobre, compaginándolo con su trabajo en el hospital. Cuando murieron, sus hijos siguieron con aquella labor humanitaria y transformaron la mansión en una residencia para niños pobres.

*Las dos hermanas, Carla y Nuka consiguieron prosperar en sus estudios. Nuka, la mayor jamás olvidó a los tíos de Daril. En cuanto fue un poco más mayor regresó a Canadá, le dieron cobijo allí y conoció a Benjamin, convertido ya en capataz del rancho, con el cual se casó y tuvieron tres hijos. Benjamin le mostró su poblado, a Nuka le apasionó la vida y la cultura de los indios esquimales y decidió quedarse a vivir con ellos, convertida en escritora, reflejando en sus novelas y reportajes, la vida de los esquimales de Canadá.

*Mr. Jacobs jamás dejó su ajetreada vida, se recuperó favorablemente de su herida y siguió recibiendo la visita de jóvenes de vida alegre. Siguió con su obra pictórica y recuperó su fortuna haciéndose mundialmente famoso por sus cuadros mitológicos de desnudos. Falleció a la edad de 76 años. A su entierro acudió poca gente, algunos admiradores de su obra, una envejecida Madam Barion, alguna de las chicas que frecuentaban su casa y un poco más alejados, una triste Daril con su esposo.




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