Un Pequeño Paso Hacia Una Nueva Vida

La motivación es una visitante, no una compañera permanente

CAPITULO 3
El día en que las ganas desaparecen

Hay una etapa de cualquier cambio que casi nadie menciona.

El comienzo.

Ese momento en el que todo parece posible.

Cuando compras el libro.

Cuando haces el plan.

Cuando escribes tus objetivos.

Cuando sientes que esta vez será diferente.

En esa etapa no necesitas convencerte.

Las ganas están ahí.

Pero después llega una parte menos emocionante.

El miércoles normal.

La mañana con sueño.

El día lleno de reuniones.

La tarde en la que algo sale mal.

El momento en que la novedad desaparece.

Y aparece una pregunta:

"¿Qué hago ahora que ya no tengo la misma motivación?"

Muchas personas interpretan ese momento como una señal de fracaso.

Piensan:

"Ya no quiero hacerlo."

"Supongo que esto no era para mí."

"Volví a ser la persona de antes."

Pero la desaparición de la motivación no significa que el cambio haya terminado.

Significa que empieza la parte importante.

La motivación es una emoción, no una estrategia

La motivación tiene una función maravillosa.

Puede darte energía.

Puede ayudarte a comenzar.

Puede mostrarte una dirección.

Pero tiene una característica que la convierte en una base débil:

Cambia.

Algunos días aparece con fuerza.

Otros días casi desaparece.

Depende de muchas cosas:

  • tu descanso;
  • tu estado emocional;
  • tus circunstancias;
  • tus preocupaciones;
  • tu entorno.

Esperar que una emoción variable sostenga una transformación permanente es como construir una casa sobre una superficie que se mueve constantemente.

Puede funcionar durante un tiempo.

Pero no es estable.

El error de negociar cada día contigo mismo

Muchas personas viven atrapadas en una conversación diaria.

"¿Hoy hago ejercicio?"

"¿Hoy estudio?"

"¿Hoy trabajo en ese proyecto?"

"¿Hoy empiezo?"

Cada día vuelven a tomar la misma decisión.

Y cada decisión consume energía.

Porque no solamente estás haciendo una actividad.

También estás intentando convencerte de hacerla.

Un sistema efectivo reduce esa negociación.

No elimina la dificultad.

Pero elimina una parte innecesaria de la lucha.

Las personas constantes no siempre tienen más disciplina

Existe un mito sobre las personas disciplinadas.

Pensamos que tienen algo especial.

Que nacieron con más autocontrol.

Que siempre tienen ganas.

Pero muchas veces la diferencia está en otra parte:

Han reducido la cantidad de decisiones que necesitan tomar.

Una persona que prepara su ropa deportiva la noche anterior no necesita debatir tanto por la mañana.

Una persona que deja el libro junto a la cama no necesita recordar dónde está.

Una persona que tiene una hora establecida para una tarea no tiene que decidir cada día cuándo empezar.

La disciplina no siempre consiste en resistir más.

A veces consiste en necesitar resistir menos.

Diseñar para los días difíciles

Un sistema personal no se demuestra cuando todo funciona perfectamente.

Se demuestra cuando aparece la dificultad.

Por eso necesitas crear una versión de tus hábitos para esos momentos.

No una versión perfecta.

Una versión de emergencia.

Ejemplo:

Tu objetivo es entrenar.

Versión ideal:

Una hora de gimnasio.

Versión difícil:

Diez minutos de movimiento en casa.

Tu objetivo es escribir.

Versión ideal:

Mil palabras.

Versión difícil:

Una idea escrita en una página.

Tu objetivo es leer.

Versión ideal:

Treinta minutos.

Versión difícil:

Dos páginas.

Algunas personas piensan:

"Eso es demasiado poco."

Pero olvidan algo importante:

El objetivo de esos días no es maximizar resultados.

Es mantener la conexión con la persona que están construyendo.

La identidad se construye en los momentos pequeños

Imagina dos escenarios.

Una persona decide:

"Solo voy a hacer cinco minutos porque hoy estoy cansada."

Otra piensa:

"Como no puedo hacerlo perfecto, no hago nada."

La diferencia parece pequeña.

Pero con el tiempo crea dos identidades diferentes.

La primera persona aprende:

"Soy alguien que encuentra una manera de continuar."

La segunda aprende:

"Solo actúo cuando las condiciones son perfectas."

La identidad no se forma solamente con grandes victorias.

Se forma con pequeñas decisiones repetidas.

El Sistema de Acción sin Motivación

Cuando no tengas ganas, utiliza estas cuatro preguntas.

1. ¿Cuál es la versión mínima?

Reduce la acción.

Pregúntate:

"¿Cuál es la forma más pequeña de mantener este hábito vivo?"

2. ¿Cuál es el momento exacto?

No dependas de una intención vaga.

No digas:

"Lo haré más tarde."

Define:

"Después de desayunar."

"Cuando termine mi jornada."

"Antes de dormir."

3. ¿Qué obstáculo puedo eliminar?

Busca fricción.

Ejemplos:

  • preparar materiales antes;
  • dejar menos opciones;
  • quitar distracciones.

4. ¿Qué evidencia quiero crear?

Recuerda:

No estás solamente completando una tarea.

Estás demostrando quién estás llegando a ser.

La trampa de esperar sentirte preparado

Muchas personas creen:

"Cuando tenga más confianza empezaré."

Pero la confianza suele llegar después de actuar.

No antes.

Un músico no consigue seguridad antes de practicar.

La consigue porque practica.

Un escritor no se siente escritor antes de escribir.

Se convierte en escritor porque escribe.

Una persona disciplinada no espera sentir disciplina.




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