Un poco de ti.

Capítulo 3. Kerem

Ansel

—¿Dónde está Asya? Tengo rato buscándola. 

Hope me mira como si yo fuera la peor mierda que ha pisado el mundo. 

—Mi hermana no quiere verte. 

—Te pregunté en dónde está, hace rato que la busco  y no da señales de vida. 

—Asya se fue. 

—¿A dónde? 

—A un lugar donde no hay salida, donde no puede verte ni tenerte. Más bien donde tú no puedes jugar con ella ni con sus sentimientos. 

—De qué hablas, Hope. Dime ahora mismo dónde está Asya o verás las consecuencias. 

—¿Me estás amenazando? — escupe. 

Si, y ella mejor que nadie sabe que nunca me tiento el corazón cuando amenazo. 

—Tal vez lo esté haciendo. 

—Eres un puto cabrón, Ansel. Hiciste abortar a mi hermana y todavía tienes el descaro de venir a buscarla. Pues entérate que Asya se fue del país. No quiere volver a saber de ti nunca más. Supéralo. 

Donde sea que haya ido, la voy a encontrar más  rápido de lo que ella cree. Asya se podrá esconder de mi hasta por debajo de las piedras pero jamás me daré por vencido. 

—Dile a Asya que no se va a poder esconder de mí por mucho tiempo. 
 

 

Asya

Este país no es como lo imagine. 

¡Es mejor! 

Tiene tantas cosas y lugares para visitar, hay cientos de rutas a las que ir. Soy feliz poniendo mi playlist de Spotify y yendo a dar una vuelta por el condado boscoso aunque eso quiera decir que me quede sin gasolina en menos de una semana pero qué rayos importa. 

—¿Y te gusta? 

—Diablos, Hope. Es hermoso. Me encanta. Te perdiste una maravilla. 

—Nah, sabes que prefiero mi vida aquí. 

—Bueno, lo disfruto por las dos. 

—Asya…— ese tono de voz quiere decir que tiene algo por decirme. —Ansel ha estado rondando la casa. Ha venido a buscarte por una semana entera. 

—Ese cabrón— susurro. Cuanta rabia me genera pensar en él —Dile que no quiero verlo, que se pudra en el mismísimo infierno. 

—Se lo dije y dijo “la arrastraré conmigo” eso me hace cuestionar si fue una buena idea haberte ido. Ansel es muy impulsivo, hermana. 

—No temas, estaré bien. No quiero que sepa sobre mi hijo nunca, así sea lo último que haga en mi vida. Ansel jamás sabrá de su existencia. 

—Te felicitó por tu fuerza de voluntad. 

Más bien orgullo. 

Ansel se equivocó conmigo. Seis meses de espera fueron suficientes para entender que no merezco ser tratada solo cuando necesita quien sacie sus necesidades en la cama. 

—Hablamos después, creo que hoy pasa el inspector a la habitación. 

—¿Cómo carajos vas a hacer para estudiar y tener un bebé? Asya. 

—Mamá dice “solo la muerte no tiene solución” 

Hope se ríe y corta. 

Me cepillo el cabello y recojo el tiradero que dejo mi compañera de habitación. Es una sucia pero me cae bien, es asiática y me enseñará su idioma. Es una ventaja. 

tocan a la puerta cuando ni siquiera he terminado de levantar la ropa sucia de mi compañera. 

Mierda. 

Me apresuro y abro la puerta, el hombre al otro lado huele como los mismísimos ángeles, no sé cómo huelen Los Ángeles pero debe ser algo así. Es demasiado bueno. 

—H-hola, inspector. Buenos días. 

—Buenos días, señorita — busca mi nombre en su lista —Asya. 

—Pase, por favor. No tenemos marihuana, cigarrillos ni alcohol. 

—Eso espero –canturrea. 

Ingresa e inspecciona todo, hasta que no hallan ácaros en la cama… 

—Muy bien, recuerda que el establecimiento tiene reglas —asegura—Y no quiero quejas de ninguna parte. ¿Entendido? 

—Si, señor. 

—No me digas señor, dime Elijah. 

***

—¡Volvió mi hermana favorita! 

—Por favor, Hope. Soy tu única hermana. 

—Mujer sí, recuerda que tenemos un hermano. 

Eso es verdad. 

—Por cierto ¿dónde esta? Le estuve llamando ayer y nada que contesto. Cada día se vuelven más rebeldes. 

—Ay, calla. Es mayor que tu, sabe lo que hace. 

Me ayuda con mi maleta y la mete al auto.

—¿Y nuestros padres? 

—Esperando en casa. Ninguno de los dos quiso venir porque querían tener todo preparado. 

—Son tan perfeccionistas. 

—Como tu. 

Nah, para nada. 

Hope observa a mis espaldas, una pequeña personita venir de la mano de un señor. 

—¿Él es mi sobrino? — chilla.

—Creo que lo es. 

Hope corre hacia ellos, le vale un gorro quien sea quien viene con mi hijo. A ella le interesa abrazar y llenar de besos los cachetes rosados de mi hijo. 

Kerem se carcajea con los besos de su tía. A mi bebé le gusta que le apapachen y llenen de mimos. 

—Tia, me llenas de baba — se queja. 

—Lo siento, me emocione. 

—Ya lo noté — sonríe —¿Cómo me dijiste que te llamabas? 

—Demonios, niño. Soy tu única tía y olvidas mi nombre. 

—Perdona, tía. No olvido cosas importantes — explica —Como las caricaturas o las películas que vemos con mamá. 

—Ya veo— bufa —Me llamo Hope. 

—Te dire tía Ho. 

—No me gusta que me digan Ho. 

Hay choque de egos. 

—Bueno, pues tendrás que acostumbrarte porque no pienso llamarte de otra forma. 

Mi hijo viene a mi lado y Hope se queda paralizada. 

—No está muy chiquito para ser tan elocuente — me pregunta insistente. 

—Tiene cuatro años — le digo—Ya es todo un adulto, verdad cariño. 

Kerem asiente felizmente. Le gusta que le diga que es un adulto, si supiera que serlo te hace volver a querer ser niño de nuevo. 

—Bueno, entonces que esperamos para ir a casa. Mamá nos espera. 




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