Un Profesor Encantador

Capítulo 10: Confesión

Narra Brenda

 

Alan me tenía en sus brazos, y de repente, sucedió lo inesperado. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado. No parecía una fantasía, era real, era una locura, pero era real.

 

En ese momento, nada más importaba. No escuchaba a nadie que me llamara a la distancia, solo sentía la suavidad de sus labios y el calor de su cuerpo.

 

Pero entonces, la realidad vino a mí como un balde de agua fría. Él era mi profesor, esto no estaba bien. Me separé de él inmediatamente, tratando de recuperar la compostura.

 

- ¡NO! Esto no está bien - dije agitada, mientras salía corriendo de la habitación.

 

Salí de la habitación, con la mente llena de pensamientos y emociones encontradas. ¿Cómo podría concentrarme en el examen si no podía sacarlo de mi cabeza?

 

- ¿Qué estás haciendo Brenda? ¿Tirarás todo a la basura por un amor prohibido? - gritaba mi interior, mientras me alejaba de la habitación de Alan.

 

Estaba en mi habitación, absorta en mis pensamientos, cuando alguien tocó la puerta.

 

- ¿Quién es? - pregunté, alterada.

 

- Brenda, soy yo... necesito hablar contigo - dijo Alan, apenado.

 

Dudé en abrir la puerta, pero después de un minuto lo hice.

 

- ¿Qué quiere, profesor Freeman? - dije, bajando la mirada.

 

- Necesito hablar contigo sobre lo que pasó. ¿Puedo pasar? - preguntó él, también bajando la mirada.

 

Dudé un poco, pero finalmente me corrí de la puerta para que pudiera pasar. Alan entró y yo cerré la puerta detrás de él.

 

- Lamento ponerte incómoda, Brenda - dijo, bajando la mirada.

 

- No pasa nada... supongo que no volverá a pasar y que está arrepentido - dije con tono melancólico.

 

- No, Brenda, estás equivocada... No me arrepiento y anhelo que pase de nuevo - dijo, mirándome a los ojos.

 

- ¿Qué está diciendo? - pregunté, sorprendida.

 

- Digo... - suspiró - QUE TE AMO, BRENDA - dijo, acariciando mi nombre con su voz - TE AMO DESDE EL PRIMER DÍA QUE TE VI.

 

- Yo... yo... - tartamudeé - YO TAMBIÉN LO AMO, PROFESOR - dije, elevando la voz.

 

Él sonrió cuando dije eso.

 

- Pero no podemos estar juntos - dije, intentando evadir su mirada - Por favor, olvídese de mí - dije, con tono melancólico.

 

Alan intentó fijar su mirada en la mía, pero yo hacía todo lo posible para evadirla.

 

- No podemos estar juntos... Ni siquiera deberíamos tutearnos... La realidad es que somos - suspiré - profesor y alumna.

 

Alan bajó la mirada y yo continué hablando, tratando de mantener la compostura.

 

- Será mejor que olvidemos lo que pasó... Podemos tener problemas por esto, más usted que yo, profesor - dije, bajando la mirada.

 

Alan parecía desanimado y respondió:

 

- ¿Así que eso es lo que propones? ¿Que olvidemos todo y ya? Debe haber otra opción

 

- ¿Y entonces qué propone usted? - pregunté, elevando un poco la voz.

 

Alan se acercó a mí con cautela y secó mis lágrimas con sus manos.

 

- Realmente siento que eres alguien especial. ¿Tú no sientes lo mismo? - me preguntó, mirándome a los ojos.

 

- Ya te dije lo que siento por ti... Y no voy a repetirlo, porque decirlo me duele - dije, derramando algunas lágrimas.

 

Alan suspiró y acarició mi cara.

 

- A mí también me duele... Tener que llamarte Señorita Brown cuando en realidad quiero que seas mi novia - confesó.

 

Aparté sus manos y di un paso atrás.

 

- Por favor... No volvamos a hacer eso - dije, mirándolo a los ojos. - Cada vez que te acercas, mi corazón comienza a latir a mil

 

Alan asintió con la cabeza y propuso que fuéramos a estudiar al café del hotel. Aunque tratamos de estudiar, la confesión había dejado un ambiente incómodo y ninguno de los dos podía concentrarse en nada más.

 

Lo único que quería era besarlo, pero evitaba mirarlo directamente, tratando de concentrarme en mis libros de estudio.

 

Unos minutos después, él habló.

 

- ¿Vamos a estar así mucho tiempo más? - preguntó, con la voz quebrada.

 

- ¿Así cómo? - pregunté, tratando de mantener la calma.

 

- Así... reprimiendo nuestros sentimientos - respondió.

 

- Ya te dije... No tenemos opción - dije, intentando sonar convincente.

 

- Pero esto no nos está haciendo bien... Ni a ti, ni a mí - dijo, con la voz temblorosa.

 

Después, cerró el libro y se puso enfrente de mí.

 

- A mí me está matando tener que enterrar mis sentimientos - dijo, mirándome a los ojos.

 

Me quedé muda, sin saber qué hacer ni qué decir. Él tenía razón, a mí también me estaba consumiendo por dentro.




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