Un Profesor Encantador

Capítulo 61: Amor Eterno

Narra Brenda

 

Alan me miró dulcemente y se acercó a mí. Rodeó mi cuello con sus manos y me dio un tierno beso.

 

- ¿Lloras porque amas? - preguntó.

 

- Lloro porque me da miedo sufrir. ¿Acaso nunca lloré cuando estuvimos juntos? - respondí.

 

- No estoy aquí para hacerte sufrir... estoy aquí para hacerte feliz - dijo con convicción.

 

Terminamos de hablar y él me acompañó a pedir un taxi para que me llevara a casa. Antes de subir al taxi, nos besamos. Era algo tarde, así que decidí subir despacio. Pasé por el cuarto de mis padres y estaban durmiendo. Parecía que creían que había pasado todo el día en mi habitación.

 

En mi cuarto, me puse a reflexionar sobre cuántas cosas habían pasado mientras estaba en coma. Cuando tuve el accidente, apenas comenzaba el invierno, por lo que me había perdido la Navidad, el Año Nuevo, mi cumpleaños y casi la mitad del nuevo semestre de clases. Era mi último semestre para terminar la preparatoria. Me sentí muy nostálgica, tratando de arreglar el pasado.

 

Comencé a pensar que antes de mi accidente solo tenía 17 años... y ahora, sin darme cuenta, ya cumplí 18 y me lo perdí.

 

Pasaron varios días y poco a poco iba recordando más cosas. Estaba segura de que había recuperado al menos el 80% de mis recuerdos de mi relación con Alan. La forma en que los recuerdos volvían era extraña, llegaban a mí mientras dormía en forma de sueños, pero estos sueños se habían hecho realidad. Era curioso, todo lo que recordaba eran momentos alegres, no había ni una sola discusión ni pelea, solo amor. Con cada recuerdo, sentía que me enamoraba más de él.

 

Por las tardes, Alan y yo siempre encontrábamos la manera de vernos. Tenía que seguir mintiéndoles a mis padres y amigos, pero ya me había acostumbrado a eso.

 

Era lunes otra vez y tenía unas enormes ganas de ver a Alan. La escuela ya no era divertida ahora que sabía que él ya no era mi profesor.

 

Habíamos acordado que yo llevaría la cena a su departamento, así que salí de la escuela, fui a mi casa a cambiarme y dejé una nota a mi mamá diciéndole que me quedaría en la biblioteca hasta tarde. Luego, pasé por la comida y llegué al departamento de Alan. Sin embargo, parecía como si nadie estuviera ahí.

 

- ¡Alan! ¡Amor! ¿Dónde estás? - llamé al entrar a su departamento.

 

No escuché ninguna respuesta, así que decidí ir a su habitación.

 

- ¡Alan! ¡Cariño! ¿Estás aquí? - pregunté.

 

Entonces, escuché su voz que venía de su oficina.

 

- Estoy aquí, amor... - gritó.

 

Fui hasta allá y lo encontré sentado frente a un pequeño escritorio. Su rostro lucía un poco desmejorado, con ojeras y el cabello despeinado.

 

- ¿Qué haces aquí? Creí que íbamos a cenar juntos - le dije.

 

- Y lo haremos, es solo que tengo mucho trabajo. No he salido de aquí desde ayer a las 10 pm - respondió.

 

- ¿Puedo ayudarte en algo? - le ofrecí mi ayuda mientras me acercaba a él.

 

- No, en realidad no - contestó.

 

- Bueno, al menos puedo saludarte apropiadamente - dije con una sonrisa.

 

- Sí, eso sí - respondió, levantando la cabeza. Me acerqué y le di un beso en la frente.

 

- Necesitas un masaje... te ves muy tenso - le comenté mientras ponía mis manos en sus hombros.

 

- Necesito terminar... ¿Quieres ir a poner la mesa mientras termino esto y en unos minutos cenaremos juntos? - propuso.

 

- Bueno - acepté.

 

Me fui a la cocina, saqué la comida, algunos platos, cubiertos y vasos, y me senté a esperar. Lo llamé, pero no me contestó. Pasaron 10 minutos más y volví a llamarlo, pero seguía sin responder ni aparecer para cenar. Decidí esperar un poco más y, después de casi 15 minutos adicionales, determiné que era suficiente. La cena ya estaba fría y él nunca apareció.

 

Tomé mis cosas.

 

- Te amo, Alan - dije y salí de su departamento. Estaba un poco molesta por haberme ignorado de esa manera, así que cerré la puerta con fuerza al salir.

 

Estaba a punto de bajar las escaleras cuando escuché a alguien acercándose corriendo.

 

- ¿Qué pasó? ¿Por qué te vas? - preguntó cuando logró estar frente a mí.

 

- Porque la comida ya se enfrió y ya me cansé de esperar - respondí, frustrada.

 

- No puedes entender que tengo mucho trabajo y muchas responsabilidades" - dijo molesto.

 

- ¿Estás diciendo que yo no tengo responsabilidades? También tengo mucho trabajo en la escuela, sobre todo después de haber perdido medio semestre por el accidente - dije enojada. - Si me hubieras dicho que no podías, no habría venido, pero te estuve esperando durante mucho tiempo.

 

- Solo porque hoy no pudimos estar juntos, no significa que no tengo tiempo para ti - intentó explicar.

 

- Esto no ha sido solo hoy, toda la semana has estado ocupado, cortante y distante. Solo quería hacer que te distrajeras un poco - dije con tristeza.

 

- Tienes razón, discúlpame por hablarte así. Estoy muy estresado, odio el empleo que tengo - admitió.

 

- No sabía eso - respondí sorprendida.

 

- No quería decírtelo. No puedo quejarme ni renunciar porque no tengo otro empleo al que ir. Me gustaba dar clases y ahora... - explicó.

 

- Y ahora es culpa mía... - interrumpí.

 

- No, no es tu culpa - negó rápidamente.

 

- Si lo es... - interrumpí nuevamente - Si yo nunca me hubiera accidentado, mis padres nunca habrían descubierto nuestra relación y no te habrían obligado a renunciar. ¿Ves cómo es mi culpa?

 

- Fui yo quien aceptó salir con una alumna, a pesar de saber que estaba prohibido y que tarde o temprano tendría que renunciar.




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