🎧Bones - Imagine Dragons
Arek.
Sabía que su primer movimiento sería rápido y eficiente, pero la oportunidad que creo fue una de sus primeras grietas en mi mundo.
La presión era un tornillo de banco apretándose lentamente alrededor de mis sienes. La reunión en "La Pérgola" tenía un aire funerario. Luther acababa de soltar la bomba.
-El presupuesto para la gala -dijo, su voz tan plana como siempre, pero con un tenue subtono de alarma-. Ha sido congelado por la oficina del director. "Revisión de fondos sorpresa".
Claude, cuyo mundo era el orden numérico, palideció visiblemente.
-Es imposible. Mi contabilidad es impecable. Esto es un sabotaje.
—Morgan -espetó Adeline, clavando la mirada en mí.
-Es su primer movimiento. Nos está mostrando que puede paralizarnos sin ensuciarse las manos.
Elián forcejeaba por mantener su fachada de optimismo.
-¡Bueno, un desafío logístico! Podemos reorganizar, optimizar recursos... la sinergia grupal encontrará una solución.
-La sinergia grupal -murmuró Claude, secamente.
-No puede hacer aparecer dinero de la nada.
Mi padre. La palabra resonó en mi cabeza como un martillazo. Él ya lo sabría. Esta no era una derrota escolar; era un fracaso personal, una grieta en la fachada de control que estaba obligado a proyectar.
-Luther -ordené, ignorando el debate-. Encuentra un fondo alternativo, una partida subutilizada, cualquier cosa. Claude, prepara un contrainforme. Frío, detallado. Que el director vea la irregularidad, sin acusaciones. Adeline, asegura que esto no se filtre. No podemos mostrar debilidad.
-Elián...-su nombre se atascó en mi garganta-. Haz tu magia con lo que haya. Ajusten el tema, recorten lo superfluo. La gala se hará.
Eran órdenes vacías, parches sobre una herida arterial. Pero era lo único que podía hacer: proyectar control mientras por dentro todo se desmoronaba. El problema no era el dinero; era el mensaje. James Morgan me había jaqueado en la primera jugada, y yo no tenía un contraataque listo.
La siguiente vuelta del tornillo llegó en el patio interior. Necesitaba aire, un momento para que el mundo dejara de girar. Y allí la vi. Valeria, sentada sola en un banco, alejada de todos. Los auriculares estaban puestos, pero su mirada estaba perdida en el horizonte, vacía. Era un espectro de la baterista energética que una vez fue. La disolución de la banda le había robado algo más que un pasatiempo; le había robado un pedazo de su identidad. Elisa, siempre era ella, ella solo era el detonante del caos que provoca su misma existencia.
Y entonces, él apareció.
James Morgan se acercó a ella con la elegancia depredadora de un pantera. Su postura era impecable, sus modales, a distancia, parecían los de un caballero. Se detuvo a una distancia respetuosa, esperando. Cuando Valeria lo vio, no hubo sorpresa, solo una profunda y resignada fatiga. Él dijo algo. Ella negó con la cabeza, con una firmeza que parecía costarle un esfuerzo monumental. Él insistió, su sonrisa era una lámina de hielo perfecto. Le ofreció algo pequeño, quizás un USB. Ella volvió a negar.
Desde mi posición, no podía oír las palabras, pero la intensidad en la mirada de James era inconfundible. No era la lujuria burda de un matón. Era algo más frío, más posesivo, más... obsesivo. La miraba como un coleccionista mira una pieza única que debe tener. Para mi mente entrenada en el cálculo, la conclusión era obvia: Valeria era un eslabón débil, la amiga más cercana de Elisa. Acercarse a ella era la forma de Morgan de tantear el terreno, de encontrar una grieta, de jugar su juego retorcido. ¿Acaso Elisa habia cometido alguna estupidez y ahora mafiosos la buscan?, no lo sabia pero era obvio que habia gato encerrado. Ella era ingenua, siempre veía al mundo con ojos repletos de maravillas y sonrisas.
Finalmente, James inclinó la cabeza en un gesto de falsa aquiescencia y se retiró, no sin lanzar una última mirada a Valeria que la hizo encogerse aún más. Ella se quedó allí, consumida por una soledad que yo, contra todo pronóstico, entendía perfectamente.
La citación de mi padre esa noche fue tan predecible como humillante. Su estudio olía a victoria anticipada y a decepción.
-Morgan -dijo, sin preámbulos, de espaldas a mí-. Un problema interesante. Los problemas, Arek, o se convierten en herramientas o se eliminan. No hay una tercera opción.
Se giró, y sus ojos marrones me escudriñaron.
-Has permitido que un elemento externo desestabilice tu reino de juguete. La gala es ahora tu campo de batalla. Demuestra que tu influencia es más tangible que su chequera. Y averigua qué busca aquí. Conviértelo en una ventaja o destrúyelo. Pero ese obstáculo no permanecerá.
-Sí, padre.
-Y Arek -su voz bajó a un susurro peligroso-, deja de divagar. He oído comentarios. Los fantasmas son un lujo para hombres débiles. Los Ríos no somos débiles. ¿Lo entiendes?
El mensaje era claro. No solo debía vencer a Morgan, sino aplastarlo. Y debía hacerlo mientras ahogaba cualquier atisbo de la crisis que me consumía por dentro.
Esa noche, en el silencio opresivo de mi habitación, la batalla interna estalló. Por un lado, la fría estrategia: analizar los movimientos de Morgan, encontrarle un punto ciego, usar a Valeria como carnada si era necesario. Por el otro, un ruido ensordecedor: la envidia por la huida de Elisa, el peso asfixiante de mi apellido, la atracción fatal por la libertad que ella representaba.
Abrí el cuaderno secreto. Ya no dibujé su rostro. Mis dedos, tensos y febriles, garabatearon palabras, un torrente de conciencia desesperado.
"Presupuesto congelado. Primer movimiento. Él juega ajedrez con el dinero y el miedo. Yo... ¿con qué juego?"
"Él la mira como un objeto de valor. ¿Qué valor tiene Valeria para él? ¿Es solo por Elisa? ¿O hay algo más? No importa. Es un punto débil. Suyo o mío, no lo sé."
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Editado: 16.01.2026