Un recuerdo de la primavera

Capítulo 6: Sin retorno.

🎧Monster - Jorge Rivera-Herrans, Cast of EPIC: The Musical

Arek.

La furia, una vez liberada, no pide permiso. No discrimina. Solo quema. Y mi primera llamarada había sido débil, controlada. Ahora era el momento del incendio forestal.

No esperé a que Luther me diera más datos. No necesitaba un perfil psicológico para lo que iba a hacer. Solo necesitaba un blanco y un escenario. El blanco era Leonardo, un tipo grande y hueco cuyo único mérito era su lealtad canina a James Morgan. El escenario fue el pasillo central, justo antes del primer período, cuando el flujo de estudiantes era una marea imparable de testigos.

Leonardo estaba junto a su casillero, riendo con sus amigos. Me acerqué con una calma que era la antítesis del volcán que rugía en mi pecho.

-Leonardo -dije, y mi voz, aunque no alta, cortó su risa como un cuchillo.

Él se volvió, una sonrisa burlona still playing en sus labios.

-¿Qué quieres, Ríos? ¿Viniste a pedir disculpas?

Los que lo rodeaban se rieron, nerviosos.

-No -respondí, sin alterarme-. Vine a hacerte una pregunta. ¿Cómo va ese curso de recuperación de Cálculo? El que tu papá le suplicó al profesor Santino que te dejara tomar... a cambio de que arreglara el sistema de seguridad de su casa de campo después de ese... ¿"incidente" con el jardín?

La sonrisa de Leonardo se congeló y se desvaneció. El color se escurrió de su rostro. Los murmullos a su alrededor cesaron. Luther había desenterrado esa joya hace semanas, un secreto que Marco guardaba a muerte.

-Tú... no sabes de lo que hablas-tartamudeó.

-Lo sé todo, Leonardo-dije, y esta vez bajé la voz, solo para él y los más cercanos-. Sé que estás desesperado por pasar ese curso para que tu padre no te corte los fondos. Sé que James te prometió ayuda con eso a cambio de tu lealtad.

Hice una pausa, dejando que el clavo se hundiera.

-Pero la lealtad a un hombre que solo ve peones es un negocio ruinoso. Considera esto tu aviso de retirada. Antes de que tu nombre y tus fracasos sean lo único que quede de ti en esta escuela.

No esperé su respuesta. Me di la vuelta y me alejé, sintiendo el peso de docenas de miradas sobre mi espalda. El mensaje estaba enviado. James ya no era un fantasma que operaba en las sombras. Yo lo había arrastrado a la luz y le había escupido en la cara a uno de los suyos. Que el rumor se esparciera. Que todos supieran que el miedo a Morgan ahora tenía un contrapeso.

La respuesta no llegó con un golpe. Llegó con una calma aterradora.

Fue en la clase de Arte, un lugar que siempre me había parecido un santuario de inutilidad. Estaba guardando mis materiales cuando una presencia a mi espalda me hizo tensar todos los músculos. No necesitaba girarme para saber quién era. Su perfume, una mezcla limpia de jabón de sándalo y algo metálico y peligroso, lo delataba.

-Finalmente-la voz de James era un susurro suave justo detrás de mi oreja-. Estaba empezando a aburrirme.

Giré lentamente para enfrentarlo. Él estaba más cerca de lo que cualquier norma social permitiría. Demasiado cerca. Podía ver cada hebra de su flequillo negro perfecto, la textura casi porcelánica de su piel, la cicatriz delgada en su ceja. Sus ojos verdes, en lugar de mostrar enfado, brillaban con una curiosidad fría y aviesa, como un científico observando una reacción química particularmente violenta.

-¿Aburrirte? -logré decir, manteniendo mi voz estable a pesar de la proximidad agobiante.

-Sí. Los perros que ladran son predecibles. Pero es mucho más interesante cuando la presa muestra los dientes.

Sonrió, una curva lenta y deliberada de sus labios que no transmitía calidez, solo un desafío intelectual.

-Admito que subestimé tu... capacidad para la bajeza, Ríos. Fue un movimiento sucio. Me gusta.

Sentí un calor repentino subirme por el cuello hasta mis mejillas. Él lo notó. Su sonrisa se ensanchó un milímetro.

-Pero el fuego es un arma peligrosa -continuó, su voz aún baja, íntima y violatoria-. Ciega. Y mientras tú estabas ocupado quemando a mi peón...

Se inclinó un poco más, su aliento rozó mi mejilla

-¿Qué crees que estaba haciendo yo?

Se enderezó, me guiñó un ojo con una familiaridad que me hizo hervir la sangre, y se alejó con su andar felino, dejándome plantado con el corazón martilleándome en el pecho y las mejillas ardiendo de humillación y odio. No había sido una confrontación. Había sido un recordatorio de su superioridad. Y había funcionado.

La verdadera jugada de James se reveló menos de una hora después. La encontré a Valeria sentada en las gradas del auditorio vacío, con la cabeza entre las manos. Cuando me acerqué, alzó la vista. No había fatiga en sus ojos ahora. Solo un odio cristalino y afilado que me atravesó.

-¿Qué quieres? -escupió, antes de que yo pudiera decir una palabra.

-Valeria, escucha...

-¡No!-cortó, levantándose. Su voz temblaba, pero de rabia-. ¡Tú escucha! Mi padre acaba de recibir una llamada. El plazo para pagar la deuda se redujo a la mitad. ¿Sabes por qué? Porque tu pequeño espectáculo con Leonardo enfureció a la persona equivocada. O le dio la excusa perfecta, no sé y me importa un bledo.

-Él lo hizo a propósito-intenté razonar, pero era inútil.

-¡Claro que lo hizo a propósito! ¡Y tú le diste el motivo!

Sus ojos se llenaron de lágrimas de furia.

-¿Sabes qué es lo más irónico de todo esto, Arek? Que después de todo el daño que le hiciste a Elisa, después de acosarla y humillarla hasta que no pudo soportar más y se fue... ahora vengas tú, el verdugo, a pretender que eres mi salvador. ¡Eres patético!

Cada palabra fue un latigazo. "Acosarla y humillarla". "El verdugo". Era la verdad, una verdad que yo me negaba a mirar de frente, ahora gritada en mi cara por la única persona cuyo juicio, en ese momento, parecía importar.

-No estoy intentando ser un héroe-dije, y mi voz sonó ronca, defendiéndose de una acusación que merecía-. Esto se está saliendo de control. Tienes que alejarte de él.




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