Un recuerdo de la primavera

Capítulo 7: Titiriteros.

🎧Puppeteer - Jorge Rivera-Herrans, Armando Julían, Tayla Sindel, Cast of EPIC: The Musical.

Selene.

La elegancia no es solo una cuestión de apariencia; es un arma. Y esta noche, en la recaudación de fondos para el Museo de Arte Contemporáneo, iba a ser mi bala.

El vestido era negro, simple, tan caro que era invisible para quienes no tenían educación para reconocerlo. Mi sonrisa, una curva perfecta y vacía. Observé a Francis Morgan desde la distancia. Era un hombre que se vestía con el mismo silencio amenazante con el que operaba: traje oscuro, impecable, una presencia que absorbía la luz de la habitación en lugar de reflejarla. No se acercaba a nadie; la gente se acercaba a él, con la reverencia temerosa que se le tiene a un volcán inactivo.

Esperé el momento preciso. Cuando se separó de un senador con una inclinación de cabeza que era un despido, me deslicé a su lado, como si la corriente de la habitación me hubiera llevado hasta allí.

-Señor Morgan-dije, mi voz un susurro de seda-. Disculpe la intrusión. Selene Benson. Mi padre, Armand Benson, habla tan bien de su... discreción.

Sus ojos, del mismo verde gélido que los de su hijo pero cubiertos por el hielo de décadas de poder, se posaron en mí. No mostró reconocimiento, pero tampoco desdén. Yo era otro elemento en su ecosistema, uno que debía evaluar.

-Señorita Benson-respondió, su voz un bajo retumbar-. Su padre es un hombre de gustos refinados.

-Y de información precisa -añadí, manteniendo la sonrisa. Bajé aún más la voz-. A veces, la información más valiosa no es la que se busca, sino la que llega sin pedirla. Como ciertas... desviaciones de recursos menores dentro de estructuras que se creen herméticas. Desviaciones motivadas por... asuntos del corazón. Un riesgo tan innecesario como poco profesional.

No le entregué ningún documento. No mencioné nombres. Solo planté la semilla del veneno, envuelta en el lenguaje de su mundo. "Desviaciones de recursos". "Asuntos del corazón". "Poco profesional". Vi cómo sus ojos, por una fracción de segundo, se estrechaban. No con ira, sino con el frío cálculo de un hombre que acaba de descubrir una grieta en su fortaleza.

-La lealtad familiar es un activo-murmuró, como para sí mismo-. Pero la sentimentalidad es un pasivo. Agradezco su... perspectiva, señorita Benson.

Incliné la cabeza y me alejé, sintiendo su mirada en mi espalda. No había atacado a James. Le había mostrado a su dueño que el perro guardián tenía un punto débil. Ahora, Francis Morgan haría lo que mejor sabía hacer: podar la debilidad.

<No ataco a tu hijo, Francis. Solo te muestro su punto débil. Un halcón como tú no tolerará que su heredero tenga un corazón blando. Ahora, ve y recorta sus alas>.

Arek.

La primera reunión del Comité de Supervisión Financiera era el cadalso donde mi antigua vida sería ejecutada públicamente. Ya no sentía rabia. La había drenado toda en el dibujo manchado de grafito. Lo que quedaba era un vacío, un frío polar que se había instalado en mis huesos.

James ya estaba en la sala cuando entré, sentado al otro lado de la mesa, junto a Claude. Llevaba su sonrisa de depredador educado, pero hoy detecté una tensión nueva en sus hombros, una dureza alrededor de los ojos que no estaba allí antes. Bien, pensé. Algo ya ha cambiado.

Claude, pálido y con los nudillos blancos, comenzó a presentar el primer punto: el gasto en materiales para el periódico escolar.

-Parece un gasto excesivo para una publicación que nadie lee-interrumpió James, su voz suave como una cuchillada-. Sugiero recortarlo a la mitad.

Todos miraron hacia mí. Esperaban una réplica, un debate, el Arek de siempre que defendía su territorio con lógica mordaz.

Los miré, uno por uno, y luego me dirigí a Claude, ignorando por completo a James.

-Apuntado-dije, mi voz era plana, sin tono, como la lectura de un informe meteorológico-. Procedamos. El siguiente punto.

El silencio fue absoluto. Claude parpadeó, confundido. James perdió su sonrisa por un segundo. No era la reacción que esperaba. No era una reacción en absoluto. Era un muro de hielo.

La reunión continuó. Cada vez que James intentaba objetar, interferir, o hacer un comentario sarcástico, yo simplemente asentía, lo anotaba ficticiamente o, en un movimiento que sabía que lo enfurecería, me dirigía a otro miembro del comité para continuar, tratándolo como lo que era en ese espacio: ruido de fondo.

-Claude -dije en un momento, cortando una de sus intervenciones-, ignora el ruido de fondo y continúa con el desglose de los costos de impresión.

Vi cómo la mandíbula de James se apretaba. Sus dedos, largos y pálidos, se crisparon sobre la mesa. No le importaba el periódico escolar. Le importaba el juego. Y yo me había salido del tablero, negándome a jugar.

<Si quieren un monstruo, lo tendrán. No uno que ruge, sino uno que congela. Mi desdén será mi arma. Mi indiferencia, mi escudo.>

La reunión terminó. James se levantó y se fue sin una palabra, su espalda rígida. Claude me miró, y por primera vez, vi algo que no era decepción en sus ojos: era miedo.

-¿Estás bien, Arek?-preguntó Adeline en voz baja, mientras recogíamos.

-Nunca mejor -respondí, y la frialdad de mi propia voz me sorprendió incluso a mí.

Al salir, encontré a Leonardo, el peón al que había humillado, hablando con James en el pasillo. Leonardo estaba agitado, gesticulando, su rostro estaba desencajado.

-¡Fue él! ¡Fue Ríos! -escuché que decía, su voz quebrada por el pánico-. ¡Mi padre... el banco... llamaron! ¡Pusieron en pausa todo! ¡Me está destruyendo!

James no lo miraba a él. Sus ojos verdes, cargados de una furia contenida y nueva, estaban clavados en mí.

-No-dijo James, y su voz era tan fría como la mía-. Ríos es un toro cargando contra una puerta. Esto... esto es un cirujano. Alguien más se está divirtiendo.




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