🎧Way Down We Go – KALEO
Arek.
El silencio era mi nuevo uniforme. Lo llevaba puesto como una armadura, ahogando el estruendo de la culpa y la duda bajo una capa de hielo perpetuo. Mi plan estaba en marcha, y cada movimiento era calculado, frío, desprovisto del veneno emocional que me había llevado a fracasar antes.
La primera fase fue simple. No requería de mi presencia, solo de los recursos que mi apellido podía mover en las sombras. A través de Luther,quien sospechaba, estaba siendo sutilmente dirigido por los hilos de Selene, se filtró una oferta de trabajo. Un puesto de consultoría bien remunerado y de horarios flexibles para el padre de Valeria. La empresa era una fachada creíble, el contacto, impecable. No era una solución, era un salvavidas de juguete, diseñado para mostrarle quién sostenía la cuerda.
La segunda fase fue asegurarme de que ella supiera la fuente de ese "alivio". No me jacté. Eso habría sido propio del Arek viejo, el que necesitaba validación. En su lugar, un "error" en la cadena de comunicación, orquestado con la precisión de un relojero suizo, dejó mi nombre en el camino. Ella lo encontraría. Los desesperados siempre buscan patrones, significados.
<No le pido nada. Solo le muestro que tengo el poder de dar y quitar. Que su alivio depende de mi voluntad. La gratitud es una cadena más fuerte que el miedo>.
Funcionó. La encontré en la biblioteca, pretendiendo estudiar, pero sus ojos delataban la tormenta interna. Se acercó a mi mesa, sus manos temblorosas apoyadas en el borde de madera.
—¿Por qué?—su voz era un hilo de sonido, cargado de una rabia impotente—. ¿Por qué hiciste eso? ¿Es otro de tus juegos?
Alcé la vista del libro que fingía leer. Mi expresión era una página en blanco.
—No todos los movimientos son un juego, Valeria—dije, manteniendo mi tono plano, profesional—. A veces, es simple pragmatismo. Tu familia es un activo para la comunidad. Su quiebra sería... inconveniente para la estabilidad general. Un riesgo que puedo mitigar.
La traté como un problema logístico, un dato en una hoja de cálculo. Vi cómo mis palabras, frías y carentes de toda emoción, la golpeaban con más fuerza que un grito. Su rostro palideció. No había encontrado a un aliado, ni siquiera a un verdugo caprichoso. Había encontrado a un arquitecto, y eso era infinitamente más aterrador.
Valeria.
<Es un monstruo. Pero es un monstruo que, por primera vez, me dio un respiro. ¿A qué precio?>
Arek.
Fue en ese preciso momento, mientras la confusión y el miedo nublaban los ojos de Valeria, cuando él apareció. No era James. Era Alan Díaz. Llegaba con una sonrisa fácil y un libro de física bajo el brazo, su cabello castaño rebelde y esas pecas dándole un aire de genuina despreocupación que parecía de otro planeta.
—Oye, Val, ¿sigue en pie ir con Dayna a...?—comenzó a decir, pero se detuvo al notar la tensión. Sus ojos avellana, expresivos y claros, barrieron la escena: a Valeria, vulnerable y alterada, y a mí, sentado como un bloque de hielo. Su sonrisa se desvaneció. No hubo agresividad, pero su postura relajada se tensó ligeramente. No era una amenaza, era una presencia. Una vigilancia silenciosa.
—¿Todo bien?—preguntó, y su mirada se clavó en mí, no con desafío, sino con una evaluación protectora y firme.
Ese simple gesto, esa muestra de lealtad instintiva y sana, me produjo una irritación profunda e irracional. Era un recordatorio de un mundo donde la gente se cuidaba, un mundo del que yo estaba eternamente excluido.
—Todo está bajo control, Alan —respondió Valeria rápidamente, apartándose de mi mesa—. Ya voy.
Él asintió, sin apartar sus ojos de mí por un segundo más, antes de seguirla con la mirada mientras se alejaba. Su hipervigilancia, esa que describía su perfil, no era paranoia de estratega; era el instinto de un protector. Y en ese momento, me protegía de mí.
Fue la chispa que James necesitaba para explotar.
Él había observado toda la escena desde la puerta de la biblioteca. Había visto a Valeria hablando conmigo, había visto la llegada de Alan, había visto la dinámica que se formaba. Y para James, acorralado por la presión de su padre y su propia obsesión enfermiza, aquello no fue una estrategia. Fue una afrenta personal. Una invasión de su territorio.
Se acercó a Valeria justo cuando ella salía, interceptándola antes de que pudiera reunirse con Alan. Su elegancia habitual estaba teñida de una rigidez furiosa.
—¿Ahora aceptas migajas del verdugo de tu amiga?—su voz era un susurro venenoso, diseñado para cortar lo más profundo—. Qué bajo has caído, Val. Pensé que tenías más orgullo. Pensé que nosotros teníamos mas confianza, o algo más…
Sus palabras no eran solo crueles; estaban empapadas de unos celos posesivos que lo delataban por completo. No le importaba solo la deuda. Le importaba ella. Y al verla interactuar conmigo y luego ser "rescatada" por Alan, su control se estaba resquebrajando.
La tormenta que Selene había sembrado estaba a punto de desatarse.
Valeria.
—De verdad lo siento. Te puse en una situación incómoda.
—No te preocupes, el es un idiota asi que ya lo esperaba, pero… ¿ya tienes todo listo?
—¡Ja! ¿Quién me crees? Todo va a la perfección. Lo único que debes hacer es evitar algún problema inesperado, y no creo que sea difícil, son amigos de la infancia así que todo irá a la perfección.
—Eso espero…
<Valla parece que todos seguimos con nuestras vidas pero… ¿cuándo podremos ayudarte amiga mía? ¿cómo te sacaremos de la oscuridad que te inunda?
Lo vamos a conseguir, solo espera y te encontraremos….>
Arek.
Horas después, en la última clase del día, la puerta del aula se abrió. No era el profesor. Eran dos hombres con trajes oscuros y rostros impasibles. Su presencia era tan ajena al entorno escolar como un buque de guerra en un estanque. El aire se cortó. Caminaron directamente hacia el asiento de James.
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Editado: 16.01.2026