Un recuerdo de la primavera

Capítulo 10: Choque de realidades.

🎧bad idea right? - Olivia Rodrigo

Arek.

La victoria tiene el sabor de la ceniza fría y el sonido del silencio.

Mi habitación, otro refugio de rabia garabateada, se ha transformado en la cámara de un estratega frío. Los dibujos de marionetas y soles enjaulados yacen bajo un plano de la escuela y los informes de Luther. El cuaderno ya no es un diario de mis debilidades; es el bestiario donde catalogó a mis enemigos, y ahora, a mis aliados. Porque la partida de James Morgan no ha traído paz. Ha traído un vacío. Y la naturaleza, como mi padre tan amablemente me recordó, aborrece el vacío.

El mensaje anónimo arde en mi pantalla, un fantasma digital más persistente que cualquier amenaza física: "Un árbol cae, pero el bosque no olvida. Te estamos observando, Ríos." No es la voz de James. Es la del sistema, del entramado de lealtades y miedos que él comandaba y que ahora, sin su guía, se convierte en una hidra de mil cabezas mirándome fijamente desde la oscuridad.

Ajustó el nudo de mi corbata frente al espejo. El joven que me devuelve la mirada tiene los ojos de mi padre. Fríos, calculadores, vacíos de todo excepto de una determinación glacial. He intercambiado el fuego de mi rabia por el hielo de esta… resolución. Es un precio que estoy dispuesto a pagar. Por Cameron. Por Camille. Por sobrevivir.

Pero en el centro congelado de mi pecho, un nombre late con una persistencia enfermiza: Elisa.

No es un suspiro de remordimiento. Es el aguijón de la obsesión. James quería su melodía. Yo… yo anhelo su silencio. Necesito demostrar que su huida fue un error, una ilusión. Que en este mundo, nadie escapa. Todos tenemos un precio, una grieta. Y yo la encontraré. Es la única cacería que me pertenece por completo, lejos de los designios de mi padre o los juegos de Selene.

La sala de reuniones del consejo estudiantil huele a desinfectante y tensión reprimida. La reunión de hoy era especial, no solo nuestros miembros estaban presentes, también estaban presentes algunos otros alumnos destacados que apoyaran y aportaran la voz voz de los que no están aquí, Tomo mi asiento a la cabecera, sintiendo el peso de las miradas. Luther, a mi izquierda, es una estatua de eficiencia silenciosa. Selene, a mi derecha, una virgen de serenidad tallada en hielo perfecto. Pero son los otros los que delatan el cambio en la atmósfera.

Claude ni siquiera me mira cuando entro. Sus dedos golpean un ritmo impaciente sobre su carpeta de cuero. La “cara de malo” que tanto lo caracteriza hoy no es una máscara accidental; es un muro deliberado. Elián, en cambio, despliega su sonrisa de candidato, pero es un gesto tenso, como si le costara mantenerla pegada al rostro.

—El punto principal —anuncio, sin preámbulos— es el evento de integración para segundo año. Necesitamos una propuesta. Algo que demuestre estabilidad. Normalidad.

—¡El Festival del Solsticio de Otoño! —lanza Elián de inmediato, como si soltara un comodín ganador—. Es perfecto. Temático, inclusivo, una plataforma ideal para la sinergia grupal y la reintegración del alumnado tras los… incidentes recientes. Podemos tener stands, una exposición, tal vez un baile. Los datos demuestran que los eventos que fomentan la interacción orgánica aumentan la satisfacción estudiantil en un-

—Suena costoso —lo corta Claude, sin levantar la vista de sus papeles. Su voz es un escalpelo frío—. El comité de supervisión, aunque desprovisto de su miembro externo, sigue activo. Cada peso gastado será examinado. Propongo algo más austero. Una jornada de debates académicos. Funcional. Económico.

El aire se espesa. Es la primera vez que Claude se opone abiertamente, no por los números, sino por el principio. Por desconfianza.

—Un debate —digo, manteniendo mi tono plano— no proyecta la imagen de unidad que necesitamos.

—¿Unidad? —Claude por fin alza la mirada, y sus ojos castaños chocan con los míos. Hay un desafío ahí, silencioso pero firme—. ¿O es una fachada, Ríos? Porque las fachadas, como bien sabemos, son caras de mantener.

La punzada es rápida y certera. Sabe. Sabe que todo esto, incluido yo, es una construcción. Claris, sentada a su lado como asistente, baja la mirada, incomoda. Veo cómo su mano se acerca un centímetro a la de Claude, un gesto diminuto de apoyo que él no rechaza.

Es Selene quien rompe el tenso silencio, su voz un hilo de seda envenenada.
—Ambas ideas tienen mérito—dice, sonriendo—. Pero quizás lo que necesitamos es una metáfora. Un baile de máscaras. Permitiría a todos liberarse de las… etiquetas del año pasado. Dejar atrás los dramas y reinventarse.

Sus ojos se clavan en mí, invitándome a su juego, a reconocer que las máscaras son el único lenguaje que dominamos.

Antes de que pueda responder, una voz suave pero firme se alza desde el otro extremo de la mesa.

—El otoño no se trata de reinventarse.

Todos giramos hacia Rowena. Está sentada junto a Elián, con un cuaderno de bocetos abierto. Sus dedos manchados de carbón se aferran a los bordes del papel.

—Se trata de dejar ir —continúa, su voz ganando una claridad sorprendente—. De aceptar la decadencia. De encontrar belleza en lo que se marchita y cae.

Abre su cuaderno y muestra unos trazos rápidos, poderosos. Árboles desnudos contra un cielo crepuscular, hojas muertas formando un mosaico en el suelo, una melancolía profunda y serena que impregna cada línea.

—Eso es el otoño. No un disfraz. Un adiós.

Quedó un momento en silencio, observándola. Hay una verdad cruda en sus palabras, una autenticidad que hace que las propuestas de Elián y Selene suenen a plástico barato.

Elián se inclina hacia adelante, su sonrisa se suaviza en una expresión de condescendencia calculada.

—Una perspectiva fascinante,Rowena. Realmente poética. Pero debemos considerar la psicología de masas. Una narrativa puramente… decadente podría percibirse como derrotista.




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