🎧Everybody Wants to Rule the World - Lorde
Arek.
La paranoia es un animal que se alimenta de silencios y se hidrata con miradas furtivas. Después de descubrir la intrusión en mis archivos, cada clic en el teclado, cada susurro en los pasillos, cada sombra en el borde de mi visión se convirtió en una potencial amenaza. El mundo que había construido con tanto cuidado se revelaba como un castillo de naipers en un terremoto.
Luther y yo pasamos horas en la biblioteca, rastreando el acceso fantasma. Su usual compostura se resquebrajó por primera vez desde que lo conozco.
—Es imposible —murmuró, pasándose una mano por el cabello—. El nivel de sofisticación… Esto no es un hacker adolescente. Es trabajo de inteligencia corporativa o…
Hizo una pausa, y en sus ojos vi el mismo reconocimiento frío que sentía yo, algo más oscuro.
—Los Morgan —concluí, la palabra sabiendo a veneno.
—No puedo probarlo. Pero las huellas están demasiado limpias. Demasiado profesionales. Como si quisieran que supiéramos que estuvieron aquí, pero no dejar rastro para señalarlos.
La violación era más profunda de lo que imaginé. No solo habían visto los documentos del consejo y los planes del festival. Habían hurgado en carpetas encriptadas, en mis archivos personales. Mis dibujos. Mis garabatos nocturnos de soles enjaulados y marionetas rotas. Y, lo más perturbador, mis búsquedas privadas sobre Elisa. Mi obsesión más íntima, ahora expuesta a ojos que no debían verla jamás.
Mientras Luther intentaba reforzar los sistemas de seguridad, las consecuencias de mi "cirugía" contra Emilio y su pandilla comenzaron a manifestarse. Y funcionaron con una eficiencia aterradora.
Emilio fue expulsado dos días después de que "evidencia anónima" de plagio en tres asignaturas llegara al comité disciplinario. No hubo apelación. Simplemente desapareció, como si nunca hubiera existido. Los padres de Diego lo sacaron de Aurora una semana más tarde, después de que recibieran un paquete detallando su historial de trampas académicas. Sofia… Sofia simplemente dejó de venir. Los rumores decían que su familia había tenido una "visita" inesperada, y que decidieron que era mejor empezar de nuevo en otra ciudad.
El silencio que dejaron no era de alivio, sino de terror. Los estudiantes ya no me miraban con desafío o evaluación. Ahora me miraban con el miedo respetuoso que se le tiene a un verdugo eficiente. Los mismos problemas de desorden que habían plagado los pasillos se desvanecieron. Pero el precio fue la humanidad que me quedaba. Me había convertido en el monstruo que mi padre quería que fuera.
Claude se me acercó después de que se confirmó la expulsión de Emilio. Su "cara de malo" estaba presente, pero había algo diferente en su mirada.
—Eficiente—dijo, sin preámbulos—. Brutal, pero eficiente. Supongo que es lo que se necesitaba.
—No me felicites, Claude—respondí, amargamente—. Solo estaba limpiando el desorden que yo mismo creé.
—Tal vez —asintió—. Pero ahora saben que cuando mueves una pieza, no la mueves a un costado. La sacas del tablero. Eso tiene… un cierto valor disuasivo.
No era aprobación lo que escuchaba en su voz. Era reconocimiento. Un entendimiento frío y práctico de la nueva realidad que había forjado. Me ofreció un café de la máquina, un gesto sorprendentemente humano, y por un momento, sentí que quizás no estaba completamente solo en este nuevo y sombrío panorama.
Mientras tanto, el festival "Otoño: Eco de lo que fue" avanzaba, y con él, la extraña alquimia entre Elián y Rowena. Donde antes había choque, ahora había una tensión creativa fascinante. En una reunión de planificación, vi a Elián observando a Rowena mientras ella explicaba su visión para el mural central, árboles desnudos contra un cielo crepuscular, hojas formando un mosaico de pérdida y belleza.
—Los datos —comenzó Elián, y todos nos preparamos para la objeción lógica—. Los datos —repitió, pero su voz era diferente.
—Sugieren que la autenticidad emocional, incluso cuando es melancólica, puede crear una conexión más profunda que el optimismo forzado. Tal vez… tal vez el Ave Fénix puede esperar a la primavera.
Rowena lo miró, y por primera vez, su expresión no fue de frustración, sino de genuina sorpresa. Un leve rubor, de nuevo, lleno sus mejillas. Elián, por su parte, parecía haber descubierto un nuevo conjunto de datos para analizar: los matices en el rostro de una artista cuando alguien finalmente la comprende.
Selene, como siempre, observaba desde las sombras. Se deslizó a mi lado durante un descanso, su perfume una nube dulce y tranquilizadora
—¿Ves, querido Arek? —susurró—. A veces hay que podar el jardín para que crezca más fuerte. —Su mano tocó mi brazo—. Pero el jardín todavía tiene maleza. Esa nueva becada…Nelia. Y ese transferido, Benjamín. No encajan. Huelen a problemas.
—Yo me encargo de mis propias evaluaciones, Selene.
Su sonrisa se endureció.
—Por supuesto. Solo recuerda que los hilos sueltos se enredan en los pies. Y una caída desde tu altura… sería muy dolorosa.
La nueva amenaza, como Selene había señalado, se materializó en dos frentes. Benjamín, el transferido, era alto, de modales impecables y una calma que resultaba inquietante. Se movía por los pasillos con la seguridad de quien conoce el terreno, y sus ojos, de un gris casi metálico, parecían ver más allá de las fachadas.
Un día, se me acercó en el patio, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Los ecos de un árbol caído pueden durar mucho tiempo, Ríos—dijo, su voz serena—. Especialmente cuando las raíces siguen vivas. Es una metáfora, por supuesto. Me encanta la botánica.
No esperó mi respuesta. Se alejó, dejándome con la certeza de que era un peón de los Morgan, colocado para recordarme que la partida estaba lejos de terminar.
Y luego estaba Nelia. La becada. Era lo opuesto a Benjamín: callada pero habladora cuando le convenía, observadora, casi invisible como si tratara de borrar sus ratros mientras planeaba algo. Llevaba ropa con una modestia que parecía calculada, y sus ojos oscuros absorbían todo a su alrededor sin revelar nada. No buscaba amistades, no buscaba contactos. Pero cuando lo hacía, sus respuestas eran tan precisas y cortantes que dejaban a todos desconcertados. Era una grieta en el tejido predecible de Aurora, una variable que no podía cuantificar. Y en mi mundo, las variables no cuantificables eran peligrosas.
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Editado: 16.01.2026