Un regalo a la niña mejor portada

Un regalo a la niña mejor portada

—Un día antes de navidad todo es ajetreado, regalos que envolver, renos que alimentar, galletas que comer y juguetes que hay que crear. Como cada año, elegimos al mejor niño portado, siendo nuestra ganadora tú, Melissa Goodman, y yo tu guía, Reyna Moonstruck —mencionó la ayudante de Santa de pelo naranja y ojos perlados.
—No lo puedo creer aún, estar en el taller de Santa es tan maravilloso —gritó emocionada la niña viendo así alrededor.
—Por supuesto que lo es, de seguro debes preguntarte muchas cosas, pero no te preocupes todo será respondido a su tiempo —dijo caminando seguida de la niña.
—¿Mis padres no se preocuparán? —preguntó preocupada la niña castaña.
—No, ahorita mismo los pusimos a dormir hasta mañana, así que ellos no sabrán que fuiste teletransportada aquí.
—¡Oh bueno! Si es así está bien, ¿a dónde vamos?
—Como la mejor niña portada, yo seré tu guía en este tour por el taller de Santa, explicándote como funciona y respondiendo tus dudas, ¿me entendiste? —explicó con una sonrisa.
—¡Entendido!
La ayudante y Melissa entraron a un establo con el letrero de “Rodolfo y los renos”. Al entrar Melissa no pudo no soltar un grito de emoción al ver al reno de nariz roja enfrente de ella, comiendo zanahorias al igual que sus compañeros renos.
—¿Puedo tocarlos Reyna? —Miró a la ayudante con ingenuidad y alegra en sus ojos.
—¡Por supuesto! De paso ten, sales de comer a los renos de tu mano —dijo dándoles tres zanahorias en la mano a la niña, mientras hacia un gesto para que pasara con ellos.
Melissa pasó al frente con cierto miedo, pero también emocionada, con suavidad acercó su mano a la boca del reno que, gentilmente empezó a comer de ella, provocándole cosquillas a la niña al sentir su lengua lamiendo su mano.
Después de darles de comer, intentó acariciar al reno, haciéndolo delicadamente, logrando que el reno se sintiera tranquilo y en calma, provocando una sonrisa en la niña.
—Es hora de ir al siguiente lugar, seguro que te gustará mucho.
—¡Ya voy!
Se despidió de los renos, acariciando sus cabezas para luego salir del establo. Su siguiente parada fue nada más y nada menos que el país de jengibre, una pequeña ciudad donde las galletas cobraban vida.
Como si fuera magia, las personitas podían hablar, al igual que hacer cosas cotidianas como un humano normal lo haría, la niña miró con asombro viendo cómo se movían las personitas.
Luego de mirar un largo rato, Reyna llamó a Melissa para seguir el tour, llegando al maravillo mundo navideño, la zona central del polo norte y hogar de todos los ayudantes de Santa.
Tan pronto llegaron a la plaza, Melissa jaló a Reyna a viajar por todos los puestos, iniciando por el de bizcochos y bastones de caramelos, duros pero deliciosos de lamer.
Luego fueron al puesto de ropa, donde después de probarse más de 300 atuendos, Melissa encontró un atuendo de abrigo celeste con detalles blancos, que, al no poder dejarlo, Reyna lo pagó, siendo una alegría para ella ver la felicidad de la niña.
Posteriormente, fueron a la villa navideña, lugar donde se hospedan todos los ayudantes, incluyendo a Reyna. Allí todo el ambiente se encontraba vacío, pues los ayudantes se encontraban en el taller de Santa, preparándose para la navidad.
Aunque no era su intención, Melissa se desanimó un poco al no poder ver la villa como quería, sin embargo, todo ese desanimo se fue cuando Reyna le mencionó que irían al taller.
Una vez llegaron ahí, sus ojos se iluminaron, era todo un mundo dentro de la instalación. Se encontraban miles y miles de ayudantes, cada uno haciendo alguna actividad, algunos ayudaban a hacer muñecos, otros coches, otros más hacían tecnológicos, y así, cada uno tenía una función.
Aún así, cuando vieron que Melissa entró, todos se pusieron felices y la empezaron a saludar con un abrazo para luego volver a su trabajo, no sin antes, desearle una feliz navidad.
—Reyna. ¿Cómo funciona el taller exactamente? ¿Los ayudantes trabajan todos los días? ¿Y Santa donde estaba por que no lo vi?
—El taller funciona todo el año excepto del 25 al 31 de diciembre, que es la semana de descanso después de la navidad. Los ayudantes trabajan todo el año 8 horas diarias, turnándose entre mañana, tarde y noche, las otras 16 horas son libres de hacer lo que quieran, pasar tiempo con sus familias, dormir, jugar o si así lo desean trabajar horas extras.
—¡Wow! Que impresionante.
—Lo es, con respecto a Santa, el viene cada fin de semana a supervisar que todo se haga en tiempo y forma, si hay algún error, el lo soluciona o si se requiere de su magia navideña, el la proporciona para lo que sea requerida. Pero, como es navidad, ahorita mismo debe estar ocupado, checando la ruta que tomara para entregar los regalos al igual para ver en que casa deja regalo y en cuales carbón.
—Oye…
—Si Melissa.
—¿Yo recibiré un regalo?
—¡Por supuesto que sí! Eres la mejor niña del mundo, ¿por qué no tendrías un regalo?
—Porque pensé que mi regalo había sido venir hasta acá… por eso creí que ya no me iban a regalar nada.
—Cosita, no te preocupes, este es un regalo adicional a tu regalo, por ser la niña mejor portada, ¿te parece si vamos al siguiente lugar?
—¡Por supuesto!
Las dos chicas siguieron caminando por el taller, el cual era extenso y largo, tardando cerca de media hora a pie para cruzar todo el lugar, al salir del taller caminaron un poco más hasta llegar a una cabaña algo alejada de la ciudad maravilloso mundo navideño.
Curiosamente aquella cabaña era muy grande midiendo posiblemente tres casas grandes en una, Reyna tocó despacio la puerta para luego entrar junto con Melissa. Al entrar, Melissa sintió un calor abrazador y amigable, junto con un ambiente familiar de una cabaña hogareña.
Al mirar, Melissa vio en una pared miles de retratos de ayudantes, e incluso logro ver el de su guía.
—Mira Reyna es tu retrato.
—Así es pequeñita —respondió una voz suave y cálida.
—¿Quién esta ahí? —dijo asustada la niña.
—Tranquila Melissa, ella es la Señora Klaus —dijo señalando a la mujer.
—¡Wow! Se ve mucho más joven de lo que pensaba —expresó viendo a la mujer de cabellera rubia larga, ojos azules como el cielo despejado y un cuerpo de reloj envidiable.
—Jo, jo, jo, que niña tan dulce y gentil, no por nada eres la mejor portada —Acarició la cabeza de la niña con una sonrisa—. Vengan, tengo galletas y chocolate caliente en la mesa —Se fue en dirección a la cocina.
—¡Viva!
—Con su permiso señora.
Las dos chicas se sentaron en la mesa, mientras la Señora Klaus servía en unas tazas con forma de Santa, a su vez que ponía galletas de chocolate y donas glaseadas en una bandeja en el centro.
—¡Esto esta deliciosa señora! —agradeció Melissa comiendo una dona.
—Le agradezco mucho estos bocadillos señora —agradeció Reyna haciendo una reverencia con la cabeza.
—No tienen que agradecerme, Melissa tu eres mi invitada especial, y Reyna tu eres una de mis ayudantes más especiales, así que no tienen por qué agradecer tanto —dijo con una sonrisa la señora comiendo una galleta.
—Por cierto, Señora Klaus, venimos porque ya es hora del ultimo destino de Melissa antes de regresar a casa.
—Por supuesto, coman un rato mientras yo le llamó —dijo la Señora Klaus levantándose de la silla, yendo a la otra habitación.
—¡Esto es muy divertido Reyna, me la estoy pasando genial!
—Me alegra mucho el saber eso.
—Antes de mí. ¿Cuántos niños han venido?
—Han venido cerca de 128 niños y niñas.
—¿Y todas las cuidas tu?
—Así es, esa es mi función, dada por los Señores Klaus.
—Oye Reyna, entonces Santa Claus es muy viejo, ¿Cómo sigue vivo a pesar de su edad?
—Veras, lo que pasa es que el Señor Klaus fue un hombre amable junto con su esposa, ambos no pudieron tener hijos, pero, gracias a ello, regalaban regalos el 25 de diciembre, todo era felicidad hasta que un día, mientras empacaban los regalos, un hombre cruel y despiadado los asesinó.
—O sea, ¿qué ellos están muertos? —preguntó asustada.
—No, sino que, sus almas no pudieron descansar en paz y la vida les dio una segunda oportunidad, de ahí ellos empezaron a crear todo esto que ves, al igual consiguieron sus poderes navideños para repartir felicidad a todos los niños, como tú.
—¡Woah! Ellos dos son tan geniales, ¿verdad?
—Así es pequeñita.
—Y más porque traje al invitado especial —dijo la Señora Klaus llegando con un hombre joven y delgado.
—Jo, jo, jo, espero no interrumpir nada.
—¿Eres… eres… Santa Klaus? —preguntó con lágrimas la niña.
—Así es Melissa, yo soy Santa Klaus.
—¡Santa! —gritó de felicidad corriendo a abrazarlo.
Después de que la Señora Klaus sirviera más chocolate caliente y pusiera nuevas galletas en la bandeja, todos se sentaron a comer. El ambiente era cálido y acogedor, una familia hogareña fácilmente, las risas acompañadas del fuego de la leña, hacia todo tan hermoso, difícil de olvidar.
Pero, era hora de regresar a casa, el tiempo de Melissa estaba por terminar, así que con lágrimas saliendo, se despidió de la Señora Klaus, la cual le regaló una bolsa grande galletas de jengibre y fondant.
Luego se despidió de Santa Klaus con un abrazo, a lo que el con una sonrisa detrás de esa barba, le extendió su mano con el regalo de ella, una linda muñeca rockstar junto con una nota de él, para que la recordara siempre.
Por último, se despidió de Reyna, con lagrimas la ayudante se despidió de ella con un abrazo, abrazo que duró un largo rato. La doceava campanada sonó, Melissa empezó a flotar entre brillos mientras veía como todos la despedían, y así, en un parpadeo fue teletransportada su casa, donde tan solo al llegar, cayó dormida en su cama, haciendo parecer todo un sueño.
Cada año, un día antes de la navidad, el infante mejor portado del mundo es llevado al polo norte, donde vive experiencias únicas e inigualables, con personas peculiares y un ambiente sin igual, que nunca logran ser contadas, pues los niños al despertar piensan que es un sueño, mientras los adultos nunca lo creen pues su espíritu navideño no les permite creer eso, ¿será que tu fuiste uno de esos niños y aún no lo logras recordar?



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En el texto hay: navidad, santa claus, polo norte

Editado: 16.01.2026

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