Al despertarme encontré en la ventana una bonita vasija diminuta. Pintada con motivos florales, vacía y con una letra en un alfabeto antiguo.
Decidí no tocarla, pues no tomo jamás lo que no me pertenece, eso y la sensación extraña que me causa recibir algo. No se recibir obsequios. Mi familia siempre me los entrega sin mayores protocolos, sin celebraciones, envolturas o felicitaciones. Dejé de amar los bonitos regalos desde que un hombre de aquellos que uno cree amar, me terminó con una hermosa caja de flores y una nota en la que decía que nuestro tiempo juntos había sido maravilloso, que las cosas buenas a veces tienen que terminar antes de que el tiempo y la costumbre las dañen. Días después lo vi con su nueva maravillosa experiencia comiendo un helado en el campus.
De ahí que, un regalo nunca sería una tentación ni una forma de conquistarme, además, ¿por qué estoy pensando en eso si llevo años sin pretendientes? Es una simple vasija extraña que no recibiré ni de bromas, me da un cosquilleo de solo mirarla.
Después del desayuno, voy con papá hasta el taller. En ocasiones me siento en el computador e intento organizarle los gastos y las entradas, hasta donde mi mínimo conocimiento contable permite.
Cerca de la hora del almuerzo llega Peter. Se dirige directo donde está papá con quien revisa el automóvil. Papá le muestra el resultado del arreglo y se van a probarlo. Saliendo ellos del taller llega Cecil, mi querido amigo de la universidad que posee un excelente trabajo de investigador en historia local en el Instituto de estudios del caribe.
Él sabe que si no me encuentra en casa puede buscarme en mi otro escondite favorito: detrás del computador de mesa del taller de papá.
- No veo a Fabio- dice sonriente- por ende, toca hablar con mi mejor amiga en todo el mundo, la que más me ama, extraña y llama incasablemente para saber de mi vida.
- Hola Cecil- digo sonriendo y poniéndome de pie para darle un abrazo- creo que la última vez que hablamos fue hace apenas 3 días.
- Y en tu apretada agenda no hay espacio para llamar a contarme del resultado de tu última entrevista- dice tomando una silla para sentarse a mi lado.
- Creo que la ausencia de información y llamadas te deja los resultados esclarecidos- respondo sin apartar la vista del documento.
- Y ahora estas de una depresión absoluta, dedicándote a evadir el tema- expresa con su sonrisa ensanchada.
- Cecil, no es un tema que vaya a discutir contigo –reconozco amablemente- no estás en mi lugar y yo soy incapaz de colocarme en el tuyo. Sencillamente no me dieron el empleo. Punto final.
Y de esas casualidades de telenovela, mi padre entra, el mundo se me derrumba mentalmente.
- Hola Fabio, ¿cómo me le va? – le saluda mi amigo.
- Bien Cecil, ratos sin verte por estos lugares- devolviendole el saludo- Peter, Cecil; Cecil, Peter. - Hizo las presentaciones.
Saludos, formalidades, mi silencio, las miradas inquisitivas de papá. Sé que él no me va a reprochar nada, solo que no deseo que sienta que su hija es una perdedora.
- Muñeca, entrégale una factura a Peter, por favor.
Inmediatamente me puse a teclear sin perder de vista a Cecil quien dialogaba aparte con papá. Peter se sentó en el lugar donde mi amigo estaba antes.
- ¿Guardas secretos a tu padre? - pregunta.
-- No- respondo a secas.
- Él le está pidiendo explicaciones a tu…¿?
- Amigo.
- Amigo. Esas explicaciones ¿no deberías dárselas tú? - suspiro para no responder, encogiéndome de hombros- es raro ver como las personas se mienten aun cuando se aman.
- No le miento, solo le evito una decepción.
- ¿No tener un empleo decepcionaría a tu padre?
- Eso creo.
- No parece ese tipo.
- No lo es.
- ¿Entonces por qué le mientes?
- ¡Que no le he mentido! - respondo exaltada.
Al levantar la cabeza el individuo de mi desesperación me miraba con una insoportable cara de mofa. Seguro que si tuviera la fuerza de mi hermano José Arcadio le borraba la sonrisa de un solo puñetazo en su linda cara de muchachito travieso.
Estoy segura de que mis ojos arrojan llamas volcánicas devoradoras de clientes metiches cuando él me responde.
- No es para tanto, si me matas con esa mirada no vas a tener otra oportunidad de forma tan inmediata- dice entregándome una tarjeta- diré a mi jefe que te aparte una cita para la semana entrante, es buena onda y siempre anda necesitando nuevos empleados antes de la temporada.
- Es que quiero más que trabajos de ventas en las temporadas, nunca me quedo en ninguno- suspiro.
- No es de ventas, te aseguro que mi jefe puede encontrar algo para una diminuta jovencita con fuego en su mirada- sonríe; carajo, no deja de hacerlo, me resulta enervante.
He aceptado la tarjeta solo por la buena educación recibida por parte de papá, mientras entrego la factura. La conversación de Cecil con mi progenitor se ha extendió y alejado. Lo que me da tiempo de cerrar el sistema y largarme.
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elfos, una chica que descubre lo desconocido, una novela romntica
Editado: 13.03.2026