Un reino de luz y sombras

Capítulo 1

Me despierto en mi cama del orfanato, en un cuarto que comparto con otras tres compañeras de habitación. Estoy sola, ellas deben haber bajado ya a desayunar, tienen la costumbre de levantarse muy pronto y siempre van juntas a todos lados. A mi, por el contrario, me gusta remolonear en la cama, taparme con las mantas y pensar en cómo sería mi vida si tuviera una familia que me arropara con ellas, que me despertara con un beso o me preparara el desayuno. De todas formas, no me quejo de mi vida en este lugar, tengo comida, un lugar donde dormir y algo parecido a unas amigas que comparten este lugar conmigo; o lo compartían hasta hoy.

Porque hoy es 23 de octubre, y eso significa que es oficialmente mi cumpleaños, mi decimoctavo cumpleaños; el día en que paso a ser oficialmente mayor de edad. El problema de este día, es que la sociedad estipula que ya soy una persona adulta y que, por tanto, no necesito la plaza en el orfanato, que puedo valerme por mi misma, que, de alguna forma, puedo sobrevivir en un mundo totalmente desconocido para mi.

Por el contrario, yo no me siento diferente, para mi sería un día cualquiera si no fuera por ese pequeño gran detalle, por eso, en busca de mantener la normalidad de mi vida hasta el último momento que me sea posible, me levanto de la cama y voy hacia el baño, me miro en el espejo, mi metro sesenta de estatura, mi constitución delgada, forjada en un orfanato donde, en ocasiones, escaseaba la comida y abundaban los problemas entre los niños y niñas. Porque, en las raras ocasiones en las que había algo dulce que llevarse a la boca, en esos días especiales de cumpleaños o celebraciones de navidad, se aplicaba la ley del más fuerte y esos suculentos premios siempre recaian en las manos de los más mayores, los más fuertes o los más despiadados. Nunca me interesó meterme en problemas con los demás; aunque es cierto que tampoco pude nunca resistirme si veia como uno de esos niños despiadados le robaba su minúsculo trozo de tarta de cumpleaños a alguna de mis compañeras de cuarto, y más de una vez me he metido en problemas por ello, me han castigado sin cenar y me han obligado a pedir disculpas por mis actos.

Sigo con la exploración de mis rasgos en el espejo, porque quiero recordarme tal como me veo ahora, porque el futuro es incierto para mi, porque desde esta tarde no sé qué será de mi vida. Veo mi pelo ondulado y oscuro, mi piel color marfil, y sobre todo me fijo en mis ojos grises, casi blancos, de un color brillante, esos que siempre han desconcertado a las monjas que me acogieron en el orfanato. La mayoría de mis compañeros preferían guardar las distancias conmigo porque decían que estaba maldita y que podía maldecir a los demás. En mi cuello, detrás de mi oreja, descansa una marca de nacimiento en forma de media luna. Todo en mi es igual que ayer, no ha cambiado nada y, lo que es seguro, es que no me siento preparada para abandonar el lugar en el que me he criado, el que ha sido mi hogar, mi refugio y mi mundo.

En realidad las monjas estipularon este día como el día de mi cumpleaños,al no saber que día nací, me encontraron en la puerta hace 17 años y 362 días, un bebé de apenas unos días. A mi lado, se encontraba la que siempre ha sido mi hermana, Helena. Con ella he compartido mi vida aquí hasta que, hace dos años ella cumplió los 18 años y, aunque prometió venir de visita, no he vuelto a saber de ella. Helena no es mi hermana de sangre, no nos parecemos en nada, ella es rubia, su pelo rizado que siempre llevaba recogido en una coleta alta, su complexión más musculosa que la mía y su altura que hace que me saque una cabeza. Las diferencias entre nosotras no son solo físicas, ella es alocada y risueña, yo siempre introspectiva y callada: su vitalidad parecía acallar mis oscuras pesadillas. Aún así encajamos, y nos mantuvimos juntas desde el día que nos encontraron en la puerta del orfanato. Ella cruzó las puertas de este lugar hace dos años de la misma forma que me espera a mi, con las pocas pertenencias que había podido acumular y con un futuro incierto por delante.

Bajo al comedor dispuesta a desayunar con mis compañeras por última vez. Sé que hoy me espera un trozo de tarta, de chocolate si tengo suerte, y pienso disfrutar hasta el último mordisco. Si no se lo que me depara el futuro, al menos pienso disfrutar de las pequeñas cosas que me ofrece el presente. Al llegar al salón saludo a mis compañeras con una sonrisa, les robo mi trozo de tarta y las miro levantando una ceja:

- Si vais a robar tarta, será mejor que no os dejéis toda la cara llena de chocolate, es la prueba del delito. Aún así sonrio, ellas se ríen con su risa todavía aniñada, me cantan el cumpleaños feliz por última vez y me despido de ellas con un abrazo; no me gustan las despedidas así que decido no alargar el momento. Poco después. cojo las pocas pertenencias que atesoro y me dirijo a la puerta, sin atreverme a mirar atrás y aterrada de mirar hacia delante.



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En el texto hay: luz y oscuridad, magia, slowburn

Editado: 23.02.2026

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