Por la mañana Helena me cuenta que durante el tiempo que ha estado aquí se le ha asignado un tutor para enseñarle sobre el pneuma, sobre su control y sobre la historia del reino. Alterna días de estudio teórico con días de entrenamiento físico y mental, para poder desarrollar su pneuma y usarlo como portadora de luz. Sin saber que otra cosa hacer, decido acompañarla.
Llegamos a una sala de entrenamiento amplia, de color blanco. El Rey se encuentra en el centro, solo. Desprovisto de sus ropajes reales, con una ropa mucho más holgada y cómoda. En su cabeza, sin embargo, sigue luciendo la corona que marca su posición.
- Hel… ¿entrenas con el mismísimo Rey? - le pregunto en un susurro a Helena. El rey levanta la cabeza hacia nosotras, pero no hace ningún gesto para demostrar que nos ha oído.
- Yo… en realidad nunca he entrenado con él. Igual y es casualidad que esté aquí. De normal mis entrenamientos los dirige una joven portadora de luz, una noble menor que vive en palacio también - dice ella, buscando con la mirada tratando de encontrar a su habitual profesora.
- Buenos días. Hoy seré el encargado de guiaros en vuestro entrenamiento - habla en plural - Elora, aunque seas humana, debes aprender a defenderte, por eso quiero que participes del entrenamiento junto a Helena - indica que nos acerquemos con un sutil gesto de su mano.
Yo me quedo mirando a Helena, paralizada, sin saber qué es lo que debo hacer. Helena asiente sutilmente y me guía hacia el centro de la sala.
- Como Elora no cuenta con pneuma quiero que este entrenamiento sea físico - mira a Helena - no debes usar el pneuma si no sientes que es verdaderamente necesario, que no puedes defenderte de otra forma - me mira de soslayo - asi aprendereis a defenderos en el cuerpo a cuerpo, incluso sin la ventaja del pneuma.
Dicho esto, el rey con un movimiento extremadamente rápido, que no me da tiempo a prever, me coge con sus brazos, aprisionando mi cuerpo contra una pared cercana. Siento miedo, también siento ese hormigueo que sentí al darle la mano, en cada una de las partes que su piel desnuda roza contra la mía. El Rey espera que me defienda, pero mi cuerpo está paralizado. Al final, tras un suspiro, me suelta.
- Elora, debes estar preparada para un ataque inesperado - dice mirándome a los ojos con un gesto de duda, de contrariedad que no sé explicar. Incapaz de aguantar la mirada, bajo la mía hacia el suelo.
A continuación se centra en Helena que debe haber tenido más entrenamientos físicos porque le resulta mucho más fácil esquivar sus golpes, e incluso llega a lanzar alguno. Se nota, aún así, que el Rey no se está esforzando lo más mínimo, y que si quisiera lastimarnos, no le resultaría difícil.
- Ahora, voy a atacar a ambas a la vez, ¡defendeos! - es lo último que dice antes de asestar el primer golpe. El golpe me da en el costado, me quedo sin respiración - Elora, debes estar preparada, esto es una lucha por la supervivencia - y arremete esta vez contra Helena, que esquiva su golpe por apenas unos centímetros. El Rey Magnus sigue lanzando golpes indiscriminadamente, haciéndonos retroceder y esquivarlo, sin ser capaces de lanzar ningún contraataque. Cada vez que ve que hemos logrado esquivar, aumenta su intensidad en el ataque.
Permanecemos en esta especie de danza durante lo que me parece demasiado tiempo, el Rey atacándonos, nosotras tratando de recibir el menor daño posible. Estamos agotadas, cada vez somos más lentas y el Rey lo nota, nota que vamos a ceder en cualquier momento. Estamos contra la pared. Helena cierra los ojos, está extenuada, tanto que parece que vaya a perder el conocimiento de un momento a otro. Entonces, observo que el Rey Magnus crea un orbe de energía, de pneuma, que sé, aún sin saberlo, que podría destruir a cualquiera. Lo lanza hacia Helena, lo veo recorrer el camino hacia ella de manera lenta, como en cámara lenta, sin saber que hacer, sin saber cómo evitar que la alcance. Desde mi lugar no alcanzo a apartarla de la trayectoría. Helena no lo ha visto y aunque grite, no va a moverse lo suficientemente rápido para esquivarlo. Cuando está a punto de alcanzarla, un viento helado que parece provenir de las sombras que proyectan los escudos colgados en las paredes consigue apagar el orbe a escasos centímetros de la cabeza de Helena.
Respiro aliviada, doy gracias a Dios o a lo que quiera que haya hecho que ese orbe no impacte contra Helena. El Rey murmura - interesante - alternando su mirada entre Helena y yo y ella parece que ni siquiera ha sido consciente de lo cercano que ha estado un golpe que parecía letal - El entrenamiento finaliza aquí, id a descansad - es lo único que dice el Rey antes de marcharse.
Me acerco a Helena, sin entender qué ha pasado. Me tiro al suelo a su lado. Ella hace lo propio. No sé el tiempo que pasamos ahí tiradas en ese suelo frío y brillante, extenuadas.