Un reino de luz y sombras

Capítulo 8

Me despierto en la oscuridad de mi habitación, el silencio del palacio me rodea. El cansancio de los últimos días me envuelve en una calma extraña; cierro los ojos de nuevo, pensando en la biblioteca, en los libros, en aquel noble que parecía saber demasiado. Sin darme cuenta, me siento de nuevo allí. Pero algo es distinto: la biblioteca no es exactamente igual que la recordaba.

La luz que entra por los ventanales ya no quema mis ojos; los envuelve con un calor tenue, como si el aire respirara suavemente. Avanzo con pasos cautelosos, y cada uno resuena con un eco que parece seguirme, pero que no incomoda. Hay algo familiar y a la vez extraño en este lugar, como si la biblioteca me reconociera, pero también me advirtiera.

Entonces lo veo. Entre las estanterías interminables, el noble aparece sosteniendo aquel libro antiguo, el mismo que llevaba la primera vez que lo encontré. Sus ojos azules me atraviesan, evaluando, observando, y su presencia llena la habitación como un peso invisible.

- ¿Qué haces aquí? - pregunta, más para sí mismo que para mí.

- Yo… no lo sé - respondo, dudando -estaba aquí… creo.

Él ladea la cabeza, y una ligera sonrisa asoma en sus labios. Me mira como quien evalúa algo frágil y precioso a la vez; su presencia me incomoda, pero también me atrae, y una corriente de calor sube por mi espalda sin que pueda explicarlo.

Avanzo unos pasos, rozando los estantes con los dedos. La luz se aparta de ciertos lugares, dejando pasillos más oscuros y fríos, y siento que esos espacios parecen llamarme, aunque no sé por qué. Mi atención se detiene en el tapiz antiguo donde la luz enfrenta y vence a la oscuridad; siento un calor extraño resonando dentro de mí, un eco que no comprendo pero que parece reconocerme.

Él permanece en silencio, acercándose poco a poco, el libro aún entre sus manos. El aire se vuelve más denso, como si su presencia comprimiera el espacio.

- Cuidado con lo que buscas - dice finalmente, con voz grave y firme -, hay secretos que no permiten volver atrás.

Un escalofrío recorre mi espalda. Estoy segura de que esto es solo un sueño, y sin embargo, cada palabra pesa como si fuera verdad. Él se inclina, y con un gesto suave aparta mi cabello del cuello. Mis dedos se tensan al sentirlo rozar la piel justo debajo de la oreja, donde mi marca de nacimiento forma una media luna. Él la observa unos segundos, y entonces se aparta, como si hubiera descubierto algo que no esperaba.

- Algunas cosas se descubren solas, cuando estás preparada. Otras… cuando alguien está dispuesto a mostrarlas.

La sensación de su toque permanece en mi piel, cálida, ligera, como un eco que no desaparece. Antes de que pueda preguntar nada más, una brisa recorre la biblioteca y siento que me arrastra. Los estantes parecen moverse ligeramente, las luces parpadean y un murmullo de páginas se escucha, como si los libros respiraran.

Y entonces despierto. Estoy de nuevo en mi cama, el intenso sol colándose por las ventanas del palacio. Mi corazón late con fuerza, y la mano tiembla al tocar mi cuello, como recordando la caricia que nunca ocurrió… o que solo ocurrió en ese sueño. Todo parece tan real que dudo de mí misma: ¿fue un sueño casual o algo más?

Recuerdo cada detalle: la biblioteca, los pasillos oscuros, la voz del noble, la advertencia. Sé una cosa: debo volver a esa biblioteca. Debo averiguar qué secretos guarda entre sus paredes y si, de alguna manera, ese sueño me estaba mostrando lo que aún no comprendo de mí misma.



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En el texto hay: luz y oscuridad, magia, slowburn

Editado: 17.03.2026

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