Un reino de luz y sombras

Capítulo 11

Helena se aleja con pasos decididos, y durante unos segundos sigo el movimiento de su vestido entre la multitud hasta que la pierdo de vista. Me quedo sola, rodeada de música, murmullos y miradas que parecen pesar más de lo que deberían.

Respiro hondo.

El salón sigue deslumbrante, pero ahora sin la presencia de Helena lo siento distinto, como si la luz me observara en vez de iluminar. Me muevo despacio hacia uno de los laterales, fingiendo interés por un cuadro antiguo, por los músicos, por cualquier cosa que no sean las personas que me rodean. Sin embargo, no tardo en sentirlo: esa presión leve en la nuca, ese cosquilleo incómodo que me advierte que estoy siendo observada.

No necesito buscar demasiado para encontrarlo.

El noble del cual aún desconozco el nombre está apoyado cerca de una de las columnas, con una copa en la mano, el cuerpo relajado y la atención aparentemente dispersa. Aparentemente. Sus ojos azules, sin embargo, están fijos en mí. No con descaro, sino con una intensidad tranquila, calculada, como si me estuviera midiendo. Como si intentara recordar algo que no termina de encajar.

Siento que el aire entre nosotros se tensa, aunque no nos acercamos.

Desvío la mirada… y entonces lo noto también a él.

El Rey Magus se encuentra en el centro del salón, rodeado de nobles que ríen demasiado fuerte. Su presencia no necesita imponerse: la luz que parece emanar de él lo hace inevitable. Habla, asiente, sonríe. Pero en algún momento - no se cuándo - sus ojos se posan en mi.

Mi pulso se acelera sin razón aparente. Me digo que es normal, que estoy nerviosa, que este no es mi mundo. Pero hay algo más.

La música cambia. Un compás más lento, más profundo. Algunas parejas comienzan a bailar. Un camarero se acerca con la bandeja llena de esas elegantes copas de cristal con un líquido dorado y espumoso.

Entonces ocurre.

Una sensación violenta me atraviesa el pecho.
Las sombras se alargan.
La luz parpadea.
Escucho el sonido del cristal rompiéndose.

Parpadeo.

—¡Cuidado! —grito.

La pareja que baila a mi lado se detiene en seco. El camarero tropieza, y la bandeja se vuelca justo donde ellos habrían estado un segundo después. Las copas se hacen añicos contra el suelo.

El Rey Magnus se queda inmóvil durante una fracción de segundo. Apenas un gesto: su sonrisa se congela, sus dedos se afinan. No me mira. Observa el espacio a mi alrededor, como si pudiera percibir alguna cosa en él. La luz a su alrededor no se altera, pero su atención está completamente despierta.

Luego, alza la vista hacia mí.

Y sonríe. Una sonrisa satisfecha.

Da una breve orden a los camareros para que limpien el suelo, parece tener la intención de acercarse cuando noto una presencia a mi lado. El rey retoma la conversación con los nobles, como si nada hubiera ocurrido.

- No deberías quedarte tan cerca de los bordes - dice una voz baja, tranquila - siempre es ahí donde ocurren las cosas que nadie espera.

Levanto la vista.

El noble de ojos azules.

Está más cerca de lo que recordaba. Su traje oscuro contrasta con la luz del salón. Sus ojos azules me observan con atención abierta, sin la arrogancia habitual, sin burla. Su mirada busca disimuladamente mi cuello oculto por el recogido de Gisela.

- Yo - empiezo, pero no sé qué decir - no ha sido nada.

- No - responde - no lo ha sido.

No habla del camarero.

Se inclina ligeramente, ofreciéndome la mano.

- ¿Bailas?

Miro a mi alrededor buscando a Helena, una excusa, a cualquiera. Pero no está. Y rechazarlo ahora se siente más peligroso que aceptar.

Asiento.

Su mano es cálida cuando toma la mía. No me aprieta, no intenta imponerse. Me guía hacia el centro del salón con una naturalidad que me desarma. La música nos envuelve, lenta, profunda.

- Soy Kael - por fin conozco su nombre.

No soy buena bailando, no es una habilidad que se aprenda en el lugar de donde vengo. Aún así mis pies se mueven, guiados por él. En un giro, me inclina ligeramente, mi cuello queda al descubierto.

Kael ve la marca.

Pierde el paso, solo un instante.

- No pareces sorprendida - dice en voz baja - por lo que ha ocurrido. Este lugar no es tan seguro como parece - continúa - la luz puede cegar.

Mi respiración se vuelve más lenta, más consciente. Siento una presión extraña en el pecho.

- ¿Por qué me dices esto? - pregunto.

- Porque tú también lo sientes.

No es una pregunta.

Giramos lentamente. A nuestro alrededor, las risas continúan, la música sigue, los nobles conversan. Pero sé que el Rey Magnus me observa.

Kael parece saberlo también. Su mano se ajusta apenas en mi espalda, un gesto casi imperceptible. Protector. De advertencia. No lo sé.



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En el texto hay: luz y oscuridad, magia, slowburn

Editado: 17.03.2026

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