La biblioteca me llama de manera inexplicable, y mis pasos me llevan por corredores silenciosos, siguiendo un instinto que no comprendo del todo.
—Elora, querida —su voz resuena en el pasillo y me sobresalta—. ¿Te diriges a la biblioteca?
—Buenas tardes, majestad —respondo, intentando mostrar seguridad—. Sí, quería buscar algún libro de historia, para conocer este lugar.
El rey Magnus aparece de la nada, pero su sonrisa comedida y calculada no revela si hay curiosidad, precaución o algo más. Una sensación extraña se instala en mi pecho. Su presencia me hace sentir observada, aunque no de manera explícita, sino como si el aire mismo supiera mis pasos.
—Claro, déjame acompañarte, puedo recomendarte algunas lecturas —dice, y aunque intento parecer tranquila, un escalofrío recorre mi espalda.
Caminamos juntos hasta la sección bien iluminada de la biblioteca. Magnus escoge un libro dorado, no demasiado largo, y me lo ofrece:
—Tómalo, creo que este te vendrá bien para conocer la historia, para entender por qué la oscuridad siempre ha sido peligrosa.
Solo puedo dedicarle una leve sonrisa. ¿Por qué este interés en que lea eso ahora? Algo en la forma en que pronuncia “oscuridad” me pone nerviosa.
—Gracias, majestad. Lo leeré con celeridad, quiero conocer este lugar, integrarme —respondo, tratando de ocultar mi inquietud.
El rey asiente, se da media vuelta y desaparece entre los estantes. Me quedo sola, pero no me siento completamente libre; un hilo invisible parece seguirme, recordándome que mis pasos ya no son enteramente míos.
Al sentarme en una de las mesas, observo el libro dorado. Historia Ilustrada del Reino, dice la portada. Al abrirlo, las páginas muestran mapas, relatos de guerras y héroes gloriosos… pero algo me incomoda. La verdadera oscuridad, la amenaza de la que tanto había oído hablar, apenas se menciona. La historia parece cómoda, controlada, como si evitara mostrar los peligros reales del reino.
Un escalofrío me recorre. La versión oficial de la historia oculta algo, y sé que la verdad está en otro lugar. Entonces recuerdo aquel libro oscuro, el mismo que sostenía Kael cuando lo vi por primera vez en esta biblioteca.
Debo encontrarlo.
Sigo los estantes de la biblioteca, mis dedos rozando los lomos de los libros, hasta que llego a la sección donde recuerdo haber visto aquel volumen. Allí, colocado del revés y casi oculto entre otros libros, lo encuentro. Su cubierta de cuero oscuro refleja débilmente la luz de las velas, y unos símbolos grabados parecen moverse sutilmente, como si respiraran.
Lo tomo con cuidado. Al abrirlo, un aroma a papel antiguo y cera de velas me golpea, mezclándose con una sensación extraña, como si el propio libro me advirtiera que no todo debe ser revelado.
Las páginas contienen historias de guerras antiguas y eventos que no aparecen en el libro dorado del rey. Aquí, la oscuridad no es simplemente una fuerza a derrotar; es compleja, ambigua, incluso necesaria en ciertos momentos. Los relatos de héroes y villanos no están idealizados, y los errores, traiciones y sombras que acechaban al reino se muestran sin adornos.
Cierro los ojos un instante, y en mi mente aparece Kael, distante, serio, como este libro. Mi corazón se acelera al pensar en él, en el misterio que lo rodea, y en lo que él me había mostrado sin decir una sola palabra.
Abro los ojos de nuevo, y el libro parece casi susurrar secretos que el palacio y el rey quieren ocultar. Siento que al leerlo, cruzo una línea: un paso hacia lo desconocido, hacia verdades que no debería conocer.
Aun así, no puedo evitarlo. Abrazo el volumen contra mí y decido llevármelo a mi cuarto. Debo leerlo en privado, sin miradas vigilantes ni juicios. La verdad que contiene puede ser incómoda, incluso peligrosa, para quienes se creen dueños de la historia.
Mientras camino de regreso, el corazón me late con fuerza, y la sensación de que algo en el palacio empieza a observarme de manera más cercana se intensifica. Pero no puedo detenerme. No puedo ignorar la llamada de aquel libro, ni la voz silenciosa de Kael que parece susurrarme entre las páginas: “Descubre lo que otros quieren esconder.”
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