“El pneuma está presente en todos los seres vivos, aunque algunos no logren identificarlo como propio. A veces, su despertar se da tras la observación; otras, cuando su intensidad ya no le permite ocultarse.”
Leo las palabras con atención. Parece que todo el mundo en este lugar posee eso llamado pneuma, aunque algunos puedan desconocer su poder… o su intensidad.
Sigo leyendo, enfrascada en la lectura, buscando refugio en el saber. Tomo un pergamino gastado y lo manipulo con cuidado, temiendo que se deshaga entre mis dedos.
“En un mundo en el que existen dos fuerzas complementarias, no todo el mundo está dispuesto a ceder parte de su poder al contrario. Algunos buscan poseerlo todo, incluso aunque anular el equilibrio suponga un grave daño para el mundo.”
Estos pergaminos no son simples tratados: parecen relatos, fragmentos de una historia antigua, de un mundo atravesado por la magia.
“El equilibrio es necesario, siempre lo ha sido. Pero aquellos que anhelan gobernar por encima de todo no entienden de compartir, de equilibrio ni de paz.”
“Lo que ignoran es que el equilibrio siempre busca su lugar. Su fuerza es innegable, aunque no sea eterna ni invencible.”
La magia necesita equilibrio. Esa idea choca de frente con todo lo que me enseñaron: que lo correcto es destruir la sombra para alcanzar la paz. Con lo que cuentan los libros del palacio. Con las palabras del rey Magnus. Incluso con las de Helena.
Quiero leer más. Entenderlo todo.
Entonces lo siento.
Un libro me llama desde el fondo de la biblioteca. No sé cómo explicarlo; no es un sonido ni una imagen, sino una certeza. Está oculto entre sombras que parecen protegerlo de miradas indiscretas y, al mismo tiempo, invitarme a acercarme.
Lo tomo con sumo cuidado, como si el conocimiento que guarda pudiera romperse con un solo gesto torpe.
Lo abro guiada por el instinto. Por una sensación extraña que me recorre el pecho. Mi corazón late con fuerza, tan fuerte que parece ahogar el resto del mundo. Solo existe el libro.
“La oscuridad, a menudo tildada de negativa o malvada, no es sino otra expresión del pneuma: más pura, más sutil. Igualmente necesaria. Aquellos que portan la oscuridad, a veces incomprendidos y muchas veces temidos, son clave para el equilibrio. La manifestación del pneuma en forma de oscuridad es menos común, no solo por su poder, sino por la dificultad de su control.”
Las palabras resuenan en mi mente. No las comprendo del todo, pero algo en mí responde. Un cosquilleo me recorre la piel, como si cada letra hubiera encontrado un lugar que ya conocía.
Los nervios me desbordan. Apenas soy consciente de que la puerta de la biblioteca se abre. La luz que entra me revela que ha pasado la noche entera, que no he dormido ni un instante. Y, aun así, me siento más despierta que nunca. Más alerta. Como si algo hubiera estado aguardando este momento.
—Eso que sientes… —dice una voz a mi espalda— no es la biblioteca.
Me sobresalto.
—Tampoco es miedo —continúa—. Aunque se le parezca.
Me giro lentamente.
Kael.
—Es algo que siempre ha estado ahí —añade—. Solo que ya no puede ocultarse.
Mi respiración se acelera. Siento el pulso en las sienes, en las manos, en el pecho. La biblioteca parece contener el aliento.
—Todos lo tienen —prosigue—, pero no todos llegan a reconocerlo. El tuyo… —me observa con atención, como si midiera algo invisible— es intenso. Y ya no puedes fingir que no existe.
Lo que hasta ahora era solo un eco dentro de mí adquiere peso, forma. Nombre.
Pneuma.
—Debes aprender a controlarlo —dice—. No porque sea peligroso… sino porque lo es cuando se ignora.
Da un paso más cerca.
—Puedo enseñarte —añade—. Pero no será fácil. Y a partir de ahora deberás tener cuidado con en quién confías.
Dudo.
—Helena te protege —continúa, como si leyera mis pensamientos—. Pero hay cosas que incluso ella cree comprender… y no comprende del todo.
Las palabras me golpean con más fuerza de la que esperaba.
Cierro los ojos un instante, intentando asimilarlo todo. Cada frase leída. Cada sensación acumulada durante este tiempo en este mundo extraño. De pronto, la luz a nuestro alrededor se apaga.
No de golpe.
Como si fuera absorbida.
Una oscuridad más densa que la noche nos envuelve. Apenas soy capaz de distinguir el rostro de Kael. Todo lo demás queda sumido en sombras que no parecen vacías, sino expectantes. Como un escudo… o como una cárcel.
Hiperventilo. Nunca me ha gustado la oscuridad. La sensación de estar atrapada en ella siempre me ha hecho sentir pequeña, indefensa.
No sé si responde a mi miedo, a mis pensamientos… o a algo más profundo.
Estoy a punto de sucumbir al pánico cuando una mano suave roza la mía.
Kael.
Poco a poco, la oscuridad se disipa. Las sombras se recogen en el espacio al que pertenecen y la biblioteca vuelve a teñirse de una luz tenue, casi respetuosa.