Por la mañana no puedo evitar volver al jardín.
Mis ojos buscan de inmediato las flores. Siguen ahí.
Pequeñas. Azules. Brillando tenuemente entre la hierba húmeda.
No estaban cuando llegué.
Las observo fijamente, intentando comprender por qué me inquietan tanto.
—Buenos días, Elora. Pareces abstraída.
La voz de Iseva me sorprende. No la había oído acercarse. Está a mi lado, con su sonrisa tranquila de siempre.
—Buenos días, Iseva —respondo—. ¿Conoces estas flores? Juraría que no estaban aquí cuando llegué.
Iseva sigue la dirección de mi mano. Sus ojos se detienen en el pequeño grupo de flores.
Su expresión cambia.
—Oh… Lumina noctis.
Pronuncia el nombre con suavidad, como si se tratara de algo frágil.
Permanece en silencio un momento.
—Pensaba que no volvería a verlas.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué?
Iseva se agacha un poco para observarlas mejor.
—Estas flores desaparecieron cuando lo hicieron los últimos portadores de sombra. Cuando el equilibrio del mundo se rompió definitivamente y el letargo empezó a extenderse.
Levanta la mirada hacia mí.
—Supongo que ahora que estás aquí… que las sombras han regresado… ellas también han encontrado el camino de vuelta.
Es un buen presagio.
Sus palabras tardan unos segundos en asentarse dentro de mí.
Miro las flores otra vez.
No puedo creer que estén relacionadas conmigo.
Sé lo que soy. Sé lo que significa ser una portadora de sombras. Sé que desaparecieron.
Pero ver esto… ver algo vivo surgir por mi presencia…
Hace que todo se vuelva más real.
Más serio.
Como si el mundo entero me estuviera recordando que mi existencia tiene peso. Que hay algo esperando de mí.
Una responsabilidad.
Un destino.
Trago saliva.
—¿Hay algún libro que hable de ellas? —pregunto finalmente.
Iseva sonríe, como si hubiera esperado esa pregunta.
—En la biblioteca hay algunos manuscritos antiguos. No te será difícil encontrarlos. Muchos tienen dibujos y garabatos de flores en los márgenes.
Hace un pequeño gesto con la cabeza.
—Busca entre esos. Estoy segura de que ahí encontrarás lo que buscas.
Me despido de Iseva y recorro con pasos apresurados el camino hacia la biblioteca. Entro y busco esos manuscritos, miro entre un montón de libros, papeles, pergaminos, hasta que finalmente halló un pergamino con una flor pintada en su parte inferior. Lo cojo con cuidado.
Otrora las lumina noctis ocupaban grandes extensiones de terreno, tanto como aquellas flores que son alimentadas por el sol. Las lumina se alimentan de la luz de la luna, de las sombras que las protegen. Son flores sensibles, casi sintientes, que necesitan de la presencia de las sombras para sobrevivir.
La escasez de estas flores parece estar relacionada con la desaparición progresiva de los portadores de sombra. Con la guerra que ha acabado con ellos.
El texto sigue, pero parece escrito en momentos diferentes, la tinta es diferente en las siguientes frases.
Así como han desaparecido las lumina noctis se reportan en los confines del reino desaparición de toda vida sintiente. En estos lugares, no son solo las flores nocturnas las que han desaparecido, sino todo ser vivo, flores, animales, incluso el agua empieza a escasear en esos lugares. El letargo parece fruto del desequilibrio del mundo y todos los esfuerzos de los habitantes de estos lugares, así como los del Rey parecen abocados al fracaso”
Parecen las notas de un estudioso. Sigo buscando.
Encuentro un manuscrito más antiguo que los demás. El pergamino está desgastado por el tiempo, los bordes quebradizos. Lo abro con cuidado, temiendo que se deshaga entre mis dedos.
Las primeras líneas apenas se distinguen.
“Cuando la última sombra abrace su verdadero poder,
las flores nocturnas despertarán del olvido.”
Frunzo el ceño y acerco el pergamino a la luz.
Hay partes tan deterioradas que apenas puedo descifrar algunas palabras.
“…la señal del cielo roto…”
Paso la página con cuidado.
“La media luna no pertenece a un solo velo.
No se rige por la luz,
ni es esclava de la oscuridad.”
Mis dedos suben lentamente hasta mi cuello.
Hasta la cicatriz en forma de media luna que siempre ha estado ahí.
La he tenido desde que tengo memoria.
Nunca había significado nada.